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Este texto es una trascripción de una intervención hecha por Moreno en el I Congreso de la LIT de 1985.

El compañero Joaquín, del MPS dominicano, nos trajo un buen documento, que me emocionó bastante. Pero les confie­so que a medida que lo iba leyendo me pegaba un susto bár­baro. Era al revés de la intervención del compañero colom­biano [de Pan y Libertad], que nos pegaba duro, y eso me gustaba, y cuando después señaló que hay que unirse para militar ya me gustó del todo. En cambio confieso que en el documento de Joaquín leí una cosa medio anodina. Pero francamente la intervención del compañero Joaquín también fue de alto nivel político, que planteó un problema que se están planteando muchos compañeros de la LIT: ¿[si nuestra táctica privilegiada es] el frente único revolucionario, ¿por qué no sacamos lo de [llamar a construir] la Cuarta Interna­cional? O algo por el estilo.

Voy a responder al problema de “Cuarta Internacional” empezando por el número. Esta cuestión del número -‑Pri­mera, Segunda, Tercera y Cuarta Internacional-‑ no es caprichosa. Así como no es caprichoso que uno diga la edad que tiene cuando le preguntan; es para saber exactamente la cantidad de años que uno tiene. ¿Qué quiero decir con esto? ¿Proponemos o no fundar la Quinta Internacional? Los dos Problemas están íntimamente unidos. Lo primero en lo que hay que ponerse de acuerdo es en que debemos tener una Internacional. Lo segundo en lo que hay que ponerse de acuerdo es en el nombre. Todo el mundo tiene nombre, nombre y edad. Hay que ver el nombre y la edad que le ponemos. ¿Es la Cuarta o es la Quinta?

Las Internacionales se fundan porque obedecen a profun­das necesidades del proceso de la lucha de clases.

La Primera se fundó -‑casi independiente de Marx‑- por un proceso objetivo. En esa época Alemania era muy atrasa­da y Francia bastante. Los obreros iban para Inglaterra, sobre toda los alemanes, aunque también iban italianos. Alemania exportaba mano de obra, como actualmente [lo hacen] Colombia o Bolivia, o como ocurre con los turcos, por­tugueses o españoles.

Un año antes de fundarse la Primera Internacional, en Inglaterra había muchos obreros inmigrantes. Fueron obre­ros franceses de visita a Inglaterra, se vieron con los sindica­tos ingleses y empezaron a establecer relaciones alrededor de un problema importante, que eran los obreros emigrantes de Europa a Inglaterra. Empezó como una relación de ese tipo y llegó a la fundación de la Primera Internacional.

La Primera Internacional entonces es el resultado de un proceso objetivo, es el nacimiento del proletariado mundial, en este caso europeo. Es la primera organización internacio­nal de las organizaciones obreras nacionales que existían. Se formó en base a dirigentes sindicales y políticos, no sólo polí­ticos. Eso fue la Primera Internacional. Este movimiento obrero sufrió una derrota terrible en la Comuna de París. Fue su primera derrota tremenda, trastabilló. Y como consecuencia de esa primera derrota histórica desapareció la Pri­mera Internacional.

Y como parte de un proceso objetivo surgió la Segunda Internacional: todos los países capitalistas del mundo se lle­naron de partidos socialistas y marxistas. Fue la Internacio­nal de los partidos socialistas, de los partidos marxistas. Al principio muchos no se llamaban marxistas. La palabra “marxista” así, fanática, ortodoxa, la impone Kautsky (algún día habrá que reivindicar al Kautsky joven, que fue gran jefe de la corriente proletaria).

¿Por qué surge la Tercera Internacional? Porque la Gue­rra Mundial de 1914, otro hecho objetivo, destruye a la Segunda Internacional. Cada partido de la Segunda Interna­cional pelea contra el otro. Pelean a balazos limpios en ban­dos distintos. Es decir, el Partido Socialista alemán apoya a su gobierno a favor de la guerra. De hecho, objetivamente, los militantes de la Internacional se estaban matando a tiros unos contra otros. Miren si se destruyó. La destruyó un hecho objetivo, además del reformismo, la aristocracia obre­ra, etcétera.

La Tercera Internacional se fundó debido a ese hecho objetivo. [Y se destruye porque] el estalinismo permitió que Hitler subiera al poder y se provocó la más grande derrota histórica del proletariado alemán. El problema del triunfo del nazismo en Alemania no es cualquier cosa. No es la subi­da de los militares como Pinochet en Chile, o algo por el esti­lo. Es la más grande derrota histórica que ha sufrido el pro­letariado mundial. El alemán era la vanguardia del proletariado mundial, junto con el ruso. Poco después de Hitler, la otra gran derrota del proletariado es la del ruso a manos de Stalin. Esto quiere decir que las dos falanges fun­damentales del proletariado mundial son derrotadas por la contrarrevolución. Una por la contrarrevolución capitalista y la otra por la contrarrevolución burocrática. De ese proceso objetivo surge el hundimiento de la Tercera Internacional.

[El hundimiento de] la Tercera Internacional y la necesi­dad de fundar una Cuarta es parte de este proceso contra­rrevolucionario. Es decir, son períodos. ¿Para qué fundar una Cuarta Internacional? Para dirigir la revolución socia­lista mundial, la revolución permanente, y para salvar los principios del internacionalismo marxista: la democracia obrera, el Programa de Transición, la moral proletaria… (eso lo había empezado a hacer la Tercera Internacional, la Inter­nacional Comunista en sus cuatro primeros Congresos). Sal­var la herencia del marxismo y la primera de todas: la de tener una Internacional. Que esta línea era correcta lo demuestra el hecho de que Stalin después disolvió la Tercera Internacional, dejando de lado el hecho de que no hizo Con­gresos. Bajo el estalinismo se hacían Congresos cada vez más alejados uno del otro. En plena época de guerra civil Lenin y Trotsky hacían un Congreso de la Internacional por año. A partir de que Stalin tomó la Tercera Internacional, los Con­gresos se hacían cada cinco, seis o siete años.

La Cuarta Internacional es, entonces, una necesidad, tiene que ver con la época actual. [No importa) que sea débil o no. Es un problema programático. Y se tiene que llamar Cuarta Internacional porque es la internacional de la revo­lución socialista mundial que se iba a abrir después de la segunda guerra imperialista. Esa es la esencia del trotskis­mo, del llamado de Trotsky a fundar la Cuarta Internacional. Tan importante [es esto] que Trotsky la quería fundar cuando [los internacionalistas] no eran casi nada.

Esto confirma una cuestión en la que nosotros insistíamos hoy; charlando con los compañeros de Lutte Ouvriére: no puede haber trotskistas que no pertenezcan, que no funden, que no hagan o que no intervengan o tiendan a intervenir orgánicamente en una organización internacional. Una liga [aunque sea] de sesenta: diez en un país, cuatro en otro, etcétera, pero internacional. El ejemplo nos lo muestra. Antes de la Primera Internacional [existieron] la Liga de los Comunistas y otras variantes. Esto hace a la esencia del marxismo, porque no puede haber ni siquiera elaboración nacional correcta si no hay organización internacional; si no, nos creemos dioses.

Si me toca dirigir al partido argentino sin la Internacio­nal, en todos mis informes al partido diría: “Esta dirección aislada, sin partido mundial, debe haber cometido una enor­me cantidad de errores; búsquenlos porque somos una direc­ción muy mala porque somos dirección sólo de un partido nacional. Esto lo he hecho. El compañero, que es de la vieja guardia, sabe bien que nosotros informábamos así y Posadas se reía. Sacaba boletines diciendo: “¿Quién puede ir a una organización en la que la propia dirección dice que es un desastre por tener esas características?”.

El problema de la Cuarta Internacional no es [tan simple como] que saquemos o pongamos [el nombre “Cuarta Inter­nacional”]. El problema de la Cuarta Internacional es una tarea histórica a hacer. Hay que ponerlo porque es programático. Es al revés: lo que podemos sacar es el nombre de “Liga Internacional de los Trabajadores”. Puede ser. Pode­mos buscar cualquier otro nombre. Lo que no podemos sacar es “Cuarta Internacional” hasta que no se den razones pro­fundas de tipo objetivo.

Supongamos que surjan grandes partidos de masas revo­lucionarios, no trotskistas, que llamen a hacer una Interna­cional. De acuerdo al consejo de Trotsky nosotros iríamos. Pero sólo si son de masas, aunque tuvieran errores o un pro­grama medio oportunista. Iríamos, porque hacia los partidos de masas hay que tener una política distinta que hacia los partidos de vanguardia. El problema teórico‑programático es muy importante pero no decisivo, porque están las masas que controlan todo. Pero pelearíamos porque se llame Cuar­ta. Y si ellos no lo aceptan, les exigiríamos que le pongan un número. Es decir, que digan si es la Cuarta o la Quinta y que expliquen la sucesión, que expliquen de qué árbol genealógi­co es, porque ese árbol genealógico es parte de la ciencia. 
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