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The Oxford Handbook de Karl Marx, editado por Matt Vidal, Tomas Rotta, Tony Smith y Paul Prew, reúne una serie de capítulos de preeminentes estudiosos marxistas que cubren todos los aspectos de la teoría marxista, del materialismo histórico, de la dialéctica, de la economía política, de la reproducción social y de los modelos poscapitalistas.

Por: Michael Roberts

Los editores hicieron un excelente trabajo al organizar las varias contribuciones en secciones sobre los fundamentos del marxismo; trabajo y clases sociales, la naturaleza de las crisis capitalistas y las alternativas poscapitalistas. Y en una introducción, los editores ofrecen un relato sucinto e informativo de la vida y del desarrollo intelectual de Marx, así como resúmenes de las contribuciones.

No es posible comentar sobre todas las contribuciones de este manual de 870 páginas, entonces voy a concentrarme en los capítulos que más me interesan; como es de esperarse, esas son las contribuciones sobre la teoría de las crisis en Marx y los desarrollos modernos del capitalismo, como la llamada “tesis de la financierización” y la economía digital. Eso, por sí solo, es suficiente.

Yo estaba particularmente interesado en el capítulo sobre Reproducción y Crisis en las Economías Capitalistas, de Deepankar Basu, de la Universidad de Massachusetts. Basu desarrolla algunos argumentos sobre la teoría de las crisis de Marx. Según Basu, “La tradición marxista conceptúa dos tipos de tendencias de crisis en el capitalismo: una crisis de reducción de la plusvalía y una crisis de exceso de plusvalía. Dos mecanismos que se tornan importantes en crisis de reducción de la plusvalía son la creciente composición orgánica del capital y la compresión de los lucros. Dos mecanismos que se destacan en las crisis de exceso de plusvalía son problemas de demanda agregada insuficiente y mayor fragilidad financiera. Este capítulo ofrece un relato sintético y sinóptico de la literatura marxista sobre la crisis capitalista”.

En otras palabras, Basu busca conciliar la ley de lucratividad de Marx con la teoría de la “compresión de los lucros”, en particular con el teorema de Nobuo Okishio, que discute la ley de Marx y la teoría poskeynesiana de crisis de subconsumo. En mi opinión, Basu falló en este objetivo ambicioso. Él afirma que “la controversia entre proponentes de la tendencia a la crisis por la “tasa decreciente de ganancia” y la tendencia a la crisis por “problemas de demanda”, que se prolongó por décadas, parece, desde el punto de vista del análisis de este capítulo, bastante improductiva y hasta innecesaria. Las economías capitalistas son propensas a ambos tipos de crisis: la primera cuando el sistema genera poca plusvalía y la segunda cuando genera de más. No hay razón teórica para creer que las economías capitalistas serán afectadas por apenas una o apenas la otra”.

En particular, Basu argumenta que “gran parte de esa controversia también parece (con el beneficio de la retrospectiva) innecesaria. No hay bases teóricas para afirmar que, debido al cambio tecnológico, la tasa de ganancia tendrá una tendencia a caer siempre (como Marx afirmó) o que tendrá una tendencia a subir siempre (como alegó Okishio). Un análisis cuidadoso muestra que el impacto del cambio tecnológico en la tasa de ganancia depende crucialmente de lo que ocurre en el mercado de trabajo. Si la tasa real de salario aumenta acentuadamente durante el período de cambio tecnológico, entonces la tasa de ganancia tiende a caer; por otro lado, si la tasa de salario real no sube rápido y suficiente, entonces la tasa de ganancia podrá aumentar”.

En mi libro, Marx 200, discuto detalladamente la refutación de Marx por Okishio. Pero vamos a disecar el argumento de Basu aquí. Hay buenos fundamentos teóricos para afirmar que la rentabilidad media del capital en una economía capitalista tenderá a caer a lo largo del tiempo. Marx sostuvo esa visión y proveyó sólidos fundamentos teóricos para eso; esto es, si el valor (y la plusvalía) es creado solo por la explotación de la fuerza de trabajo y si la ley general de acumulación de Marx sostiene que hay una tendencia para que la composición orgánica del capital (o sea, mayor inversión en máquinas y tecnología en relación con la fuerza de trabajo) aumente con el tiempo, entonces la tasa de ganancia tenderá a caer.

Además, el factor contrario de una tasa creciente de plusvalía resultante del aumento de la productividad de la fuerza de trabajo por el uso de maquinaria no acompañará, a lo largo del tiempo, el aumento de la composición orgánica y, por lo tanto, la tasa de ganancia realmente caerá. Si la tasa de ganancia cae de forma suficiente y por un período sostenido, entonces, finalmente, habrá superacumulación, una caída de masa de ganancia, resultando en una crisis en la producción. La recesión desvalorizará el valor de los activos fijos, liquidará el capital no competitivo y reducirá los costos del trabajo con el aumento del desempleo, estableciendo así las bases para un nuevo aumento de la rentabilidad. Y todo el ciclo recomenzará.

Esta es la teoría de la crisis de Marx, de la cual Basu dice que “no hay bases teóricas para reivindicar”. Esta conclusión fue precisamente el punto del teorema de Okishio, que pretendía argumentar que los capitalistas nunca invierten en tecnologías, a menos que les traiga una mayor tasa de ganancia. El aumento de la tecnología llevaría a una mayor productividad del trabajo, que sería inmediatamente transformada en una tasa más alta de plusvalía para cada unidad de producción. Así, la tasa de ganancia no caería, al contrario, aumentaría. Solamente la lucha de clases, provocando un aumento del salario real, contrabalancearía eso y haría que la tasa de ganancia cayese.

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El teorema de Okishio fue refutado decisivamente por muchos autores –me refiero a los siguientes, incluyendo a autores recientes y los del propio Manual (Guglielmo Carchedi, Andrew Kliman, Fred Moseley, Murray Smith, David Yaffe, Jim Miller, Ed George, Michel Roberts). Y hay también muchas evidencias empíricas mostrando la conexión causal entre la creciente composición orgánica del capital y la caída de la lucratividad.

Aún así, Basu afirma que puede reconciliar la teoría de Marx con el teorema de Okishio: “La idea de que no hay contradicción necesaria entre las alegaciones avanzadas por Marx y Okishio” porque “la tasa de ganancia cae y aumenta después de la adopción de una nueva técnica de producción, depende de cómo el salario real se comporta”. Pero el argumento de que el salario real decide la dirección de la lucratividad no es de Marx. De hecho, está más cerca de Ricardo, razón por la cual Okishio y los teóricos anteriores que argumentan algo semejante fueron llamados “neorricardianos”. No hay cómo la teoría de la crisis de Marx se reconcilie con la teoría del “salario real” o la “compresión de ganancia” de Ricardo.

Basu sugiere que la teoría de la crisis de Marx también puede ser conciliada con la teoría poskeynesiana de que las crisis son causadas por bajos salarios que llevan a un colapso en el consumo o a ganancias bajas que llevan a un colapso de inversión. No hay espacio para lidiar con la teoría poskeynesiana de distribución de la renta –es una variante más de la desacreditada visión de las crisis por consumo–. Todo lo que puedo adicionar ahora es confirmar por los hechos.

En los Estados Unidos, en todas las crisis de posguerra, fue la inversión, y no el consumo, que llevó a la economía a la recesión, y fue la caída en el lucro y en la lucratividad que llevó a la caída de inversión. Continúo intrigado por qué Basu considera necesario reconciliar la teoría neorricardiana de compresión de ganancias y la teoría poskeynesiana del subconsumo con la teoría de las crisis de Marx, que en mi opinión es teóricamente clara y empíricamente apoyada.

Por lo menos, Basu está intentando desarrollar una teoría marxista de las crisis en el capitalismo. Leo Panitch y Sam Grindin, en su capítulo sobre las crisis capitalistas y el Estado, niegan que exista cualquier teoría de crisis: “la génesis, la naturaleza y el resultado de las cuales son históricamente imprevisibles y la resolución de la cual cambia el terreno para el desarrollo de crisis futuras. Las crisis son siempre históricamente específicas”. Esa visión fue expresada antes por Panitch y Gindin (P&G), y por otros como David Harvey.

Como P&G plantearon: “La debilidad de una teoría general que intenta abrazar cada una de esas crisis se apoya en lo que queda oscuro. Como David Harvey (2008: 24-25) advirtió: ‘No existe una teoría única de formación de crisis en el capitalismo, apenas una serie de barreras que lanzan múltiples posibilidades para diferentes tipos de crisis’, cada una determinada por una combinación de condiciones específicas en un ‘momento histórico particular’. Eso no significa retroceder hacia una descripción ecléctica de las condiciones en los momentos históricos designados como crisis. Significa, antes, reconocer que el desarrollo capitalista es un proceso contradictorio propenso a crisis –la génesis, la naturaleza y el resultado son históricamente imprevisibles y precisan ser investigados con las herramientas del materialismo histórico”.

En la opinión de ellos, están adoptando una visión mucho más sofisticada de las crisis capitalistas con sus camadas que un abordaje crudo de teoría única. Yo lidié con ese argumento en muchos lugares. Pero déjeme agregar el simple comentario de Mino Carchedi sobre ese sofisticado abordaje: “si las crisis son recurrentes y si ellas tienen causas diferentes, esas diferentes causas pueden explicar las diferentes crisis, pero no su recurrencia. Si ellas son recurrentes, ellas deben tener una causa común que se manifiesta recurrentemente como causas diferentes de diferentes crisis. No hay manera de evitar la ‘monocausalidad’ de las crisis”. Nosotros, teóricos monocausales, nunca negamos que cada crisis del capitalismo tenga sus propias características.

Vea mi artículo de Ámsterdam, Presentación para el tercer seminario de la FI sobre la crisis económica y mi post Tendencies, Triggers and Tulips (Tendencias, Gatillos y Tulipas). El gatillo en 2008 fue la enorme expansión del capital ficticio, que acabó entrando en colapso cuando la expansión del valor real no pudo más sostenerlo, ya que la relación entre los precios de la habitación y la renta de las familias llegó a extremos. No digo que “gatillos” tan diferentes no sean “causas”, pero argumento que por detrás de ellos hay una causa general de la crisis: la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia.

Pero P&G van más lejos. Ellos niegan cualquier papel de la ley de lucratividad de Marx en las crisis: “siempre hubo un problema básico con ese concepto; las muchas “contratendencias”, que el propio Marx propuso para explicar por qué la tendencia no siempre se manifiesta, eran, frecuentemente, la propia sustancia de la dinámica del capitalismo: esto es, el desarrollo de nuevas tecnologías y mercaderías, el surgimiento de nuevos mercados, expansión internacional, innovaciones en la previsión de crédito, sin mencionar las intervenciones estatales de varios tipos. Sobre todo, dependía de la posibilidad de contar con la extracción de una mayor plusvalía del trabajo para compensar la caída de las ganancias. En la medida en que eso no podía ser asegurado, entonces “la tendencia de caída no es más que la expansión de las luchas populares contra la explotación”.

En otras palabras, como en Basu, la ley de acumulación de Marx de una composición orgánica creciente del capital es contrabalanceada por una tasa creciente de plusvalía y el resultado es “indeterminado”, o sea, no hay razón teórica para que la primera supere a la segunda y lleve a la caída de la lucratividad. Marx estaba equivocado. Y “mecánicamente” hablar pomposamente e intentar medir la tasa de ganancia (como algunos de nosotros) es un ejercicio desperdiciado. Nuevamente, esa idea de la indeterminación, propagada por Paul Sweezy en los años 1940, por los neorricardianos en los años 1970, y por Michel Heinrich y David Harvey actualmente, puede ser refutada y lo ha sido por muchos autores (como arriba).

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Lo que importa para P&G en la explicación de las crisis es la fuerza de la clase trabajadora y no la rentabilidad del capital: “un factor clave en la generación de las condiciones que llevaron en 2007-2008 a la mayor crisis financiera desde 1929 fue la debilidad de la clase trabajadora. Eso es importante para entender que, en contraste con las otras tres crisis, esta crisis no fue causada por una compresión de ganancias o un colapso de inversión debido a la superacumulación, como muchos economistas marxistas insisten. La “Gran Crisis Financiera” fue desencadenada en los Estados Unidos donde los lucros e inversiones se habían recuperado hacia finales de la década de 1990, y fue solamente después del colapso financiero de 2007-2008 que las ganancias y la inversión disminuyeron”.

Aquí, P&G argumentan que la rentabilidad era irrelevante para la Gran Recesión y solo cayó después como resultado y no como causa. Este es un argumento empírico y está equivocado. Hay una abundancia de evidencias de que hubo una caída en la rentabilidad del capital de los Estados Unidos y de la masa de lucros antes del inicio de la Gran Recesión –de hecho, las ganancias gobiernan las inversiones y las inversiones gobiernan la producción y el empleo dentro y fuera de la Gran Recesión–.

Uno de los editores del Handbook, Matt Vidal, en su capítulo Geriatric capital: stagnation and crisis in Western Capitalism, usa la ley de Marx de la lucratividad en su explicación del colapso del “fordismo”, la producción en masa de las fábricas a partir de la década de 1970. Pero él también parece querer conciliar la “complicada” ley de lucratividad de Marx con las alternativas de desproporción y de subconsumo para encontrar tendencias “estagnacionistas” en las economías capitalistas de posguerra.

Por lo menos, Vidal muestra que la ley de la caída de la lucratividad de Marx es apoyada por evidencias empíricas. Como él dice: “Las evidencias demuestran que el declive de la tasa de ganancia fue impulsado en parte por la creciente composición orgánica del capital en los Estados Unidos (Shaikh, 1987), Alemania, Reino Unido y Francia (Duménil y Lévy, 2004). Las evidencias también indican que una compresión de ganancias debido a una creciente participación del trabajo en la distribución de la renta también contribuyó para la caída de la tasa de ganancia en los Estados Unidos (Wolff 2003), Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y Japón (Glyn et. al. 2007)”.

Vidal argumenta (correctamente, en mi opinión) que la razón por la cual las economías no restauran las tasas reales de crecimiento del PIB, de la inversión y de la productividad desde la “edad de oro” del “fordismo” en los años ’60 es que la rentabilidad del capital permanece baja. Así, inyecciones de crédito y flexibilización monetaria pueden haber impedido al capitalismo entrar en colapso, pero esencialmente la estagnación es el tema principal, expresando los “problemas estructurales de un capitalismo envejecido”.

Y después está la valiente tentativa de Jeff Powell en su capítulo, de conciliar la “tesis de la financierización” con la teoría económica marxista. Los lectores de este blog sabrán que la tesis de la financierización es que el capitalismo cambió desde los días del ‘fordismo’ cuando la inversión en activos productivos era la fuerza motriz de la acumulación capitalista para la ganancia. Ahora, en la era “neoliberal”, los capitalistas no invierten más tanto en activos productivos y no explotan mano de obra en el proceso de producción, sino que procuran especular y lucrar en el sector financiero y explotar trabajadores por medio de la “usura”, o sea, hipotecas, instrumentos de ahorro, alquileres e impuestos.

El sector financiero ahora domina y es el verdadero enemigo del pueblo trabajador, y los sectores productivos de los capitalistas han sido relegados por el poder del capital financiero, así, las crisis en el capitalismo no se encuentran ahora en la caída de la lucratividad del capitalismo sino en la “fragilidad” de las instituciones financieras imprudentes, endeudadas, que sufren “momentos Minsky”[1] y no “momentos de Marx”.

Así, Powell dice: “La rentabilidad decreciente puede, en la mejor de las hipótesis, ser una contribución, pero [está] lejos de ser un factor determinante de la financierización. De hecho, la preocupación primordial de los propios defensores de la Ley de la Tendencia decreciente de la Tasa de Ganancia (TRPF) parece ser menos sobre afirmar que la caída de las ganancias causa financierización que argumentar contra la narrativa poskeynesiana, diametralmente opuesta, de que la financierización causa ganancias decrecientes”. Creo que debemos discutir los dos.

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Powell reconoce que “hubo un cambio secular en el papel de las finanzas en el período del neoliberalismo tardío. Ese cambio marca el surgimiento de un nuevo estadio que puede ser llamado capitalismo financierizado, distinto (pero interconectado) con el proceso de financierización. Aunque los excesos especulativos de las finanzas que acompañaron esa transformación sean abundantes, el punto clave aquí es que esos excesos son, por naturaleza, de corta duración, mientras el surgimiento de un papel cualitativamente diferente para las finanzas representa un cambio estructural emblemático de una nueva etapa. Las finanzas están proveyendo un sistema de disciplina y control necesario para la acumulación de capital en una era de redes de producción globalizadas”. Por lo tanto, en ese análisis, la financierización es, en verdad, más que solo el aumento del tamaño del sector financiero y de las ganancias del sector financiero en el capitalismo neoliberal. Es una nueva etapa del capitalismo, particularmente expresada en flujos financieros y redes de producción internacionales.

No estoy convencido de la tentativa de Powell de distinguir entre financierización como proceso cíclico (lo que significa que tiene raíces históricas más antiguas) y capitalismo financierizado como un estadio secular (el capitalismo contemporáneo con sus supuestamente nuevas características).

Yo aún prefiero la explicación de Marx. Los capitalistas precisan de financiamiento y crédito para invertir y explotar el trabajo; es más eficiente tener operadores de crédito especializados para aumentar el financiamiento internamente o solo usar ganancias anteriores. Pero, cuando la rentabilidad cae, los capitalistas intentan cambiar para la especulación e inversión financieras para sostener la rentabilidad (como en los años ’80 en adelante). Pero, eso lleva a una explosión del “capital ficticio”, la compra y venta de títulos y acciones que son meros títulos de propiedad de ganancias potenciales en la producción. El capital ficticio puede extender el boom del mercado financiero y dar la impresión de que la finanza es todopoderosa. Pero el colapso de la lucratividad y de las ganancias en los sectores productivos enseguida acaba con ese mito.

Como dice Guglielmo Carchedi, en su excelente, pero muchas veces ignorado Behind the Crisis: “El punto básico es que las crisis financieras son causadas por la retracción de la base productiva de la economía. Se llega así a un punto en el que tiene que haber una deflación súbita y masiva en los sectores financiero y especulativo. Aunque parezca que la crisis haya sido generada en esos sectores, la causa última reside en la esfera productiva y en la consecuente caída de la tasa de ganancia en esa esfera”.

En cada recesión en los Estados Unidos en el período de posguerra, una caída en las ganancias de los sectores productivos provocó una caída en las ganancias en finanzas y una recesión. Si las finanzas controlan la crisis ahora, por qué las principales economías no recuperaron las tasas anteriores de crecimiento en la producción, las inversiones y los salarios luego de la Gran recesión, incluso cuando el sector financiero ciertamente se haya recuperado, con los mercados de acciones y títulos batiendo récords. No, los sectores productivos dominan las finanzas en las crisis, y no lo contrario.

Hay defensores de la teoría del valor de Marx y de su ley de lucratividad en el Manual, a saber: Andrew Kliman, Alan Freeman y Fred Moseley, pero sus capítulos están en explicaciones más fundamentales de la teoría del valor de Marx y de la naturaleza del capital. Pero, todos los autores marxistas que discuten las crisis bajo el capitalismo en el Manual están determinados a burlar la ley de la lucratividad de Marx como una explicación, en favor de otras, o negar que haya cualquier teoría general de las crisis.

Nota:

[1] Para Hyman Minsky el sector financiero es inherentemente inestable porque “el sistema financiero necesario para la vitalidad capitalista contiene el potencial para una expansión fuera de las vías, forzada por un boom de inversión”.

Fuente: Michael Roberts, The Handbook of Karl Marx: profitability, crises and financialisation, https://thenextrecession.wordpress.com/2019/08/06/the-handbook-of-karl-marx-profitability-crises-and-financialisation/

Traducción del original en inglés al portugués: Marcos Margarido.
Traducción al castellano: Natalia Estrada.