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La pandemia de coronavirus puede tener consecuencias desastrosas, reeditando los millones de muertos de la gripe española de 1918. Pero la amenaza no para ahí. Está comenzando una nueva recesión mundial que puede ser igual o aún peor que la de 2007-2009. Puede evolucionar hacia una depresión como la ocurrida en 1929. Una pandemia pocas veces vista en la historia, una brutal recesión mundial. Dos pestes causadas por el capital. Ese es el capitalismo “moderno”, que trae muerte y miseria en dimensiones gigantescas.

Por: Eduardo de Almeida Neto y José Welmowicki

La pandemia va a mostrar su verdadera cara: el genocidio de los pobres

De China, la pandemia se extendió por el mundo afectando primero a los principales países imperialistas. Europa y los Estados Unidos, los centros imperialistas más poderosos, son hoy dos focos centrales de la enfermedad. Están semiparalizados.

En esos países, la pandemia ya muestra el carácter de clase de los gobiernos. Incluso donde existe un aislamiento social, se obliga a los obreros de las fábricas a trabajar, como a los esclavos de aquella época.

En los Estados Unidos, con treinta millones de personas sin ningún plan de salud, un adolescente de 17 años murió porque no fue atendido por no tener plan de salud y ser rechazado en un hospital.

Ahora, el coronavirus está llegado con toda fuerza a los países semicoloniales. En algunas semanas estará arrasando los barrios pobres de toda América Latina, Asia y África.

La pandemia está asumiendo su verdadera cara, de genocidio de los trabajadores y del pueblo pobre de todo el mundo, desde los países imperialistas a los pueblos de las semicolonias.

Junto con eso, la recesión mundial va a llevar a un enorme desempleo en esos bolsones de miseria.

Las señales de barbarie para los trabajadores van a extenderse. Nunca la disyuntiva socialismo o barbarie estuvo tan explícita.

El mundo está parando…

En diciembre de 2019 se detectó el primer caso de coronavirus Covid-19, en Wuhan, China. El alto grado de internacionalización de la economía llevó a que eso se transformase en una pandemia afectando a todos los países del mundo en tres meses.

La epidemia determinó la paralización de una parte importante de China, con pesadas consecuencias sobre su economía.

El gobierno chino siempre fue acusado de maquillar los datos de la economía. Ahora tuvo que divulgar datos pesadísimos, con caída en la producción industrial de 13,5% en enero-febrero, caída de inversiones en capital fijo de 24,5%, en las exportaciones (-17%) e importaciones (-4%).

Aly Song/Reuters

Enseguida, ocurrió una ruptura de la cadena de producción mundial de la cual China es parte importante. Fábricas del mundo todo sintieron la falta de piezas. La Jaguar Land Rover llegó a divulgar que tuvo que transportar piezas en valijas para intentar mantener la producción.

Ahora, acompañando la evolución de la pandemia, está ocurriendo una paralización parcial de la economía en muchos países claves en nivel mundial.

Es posible que, en este momento, entre 30 y 40% de la población mundial esté confinada, algo inédito en la historia.

El rey está desnudo

El capitalismo mundial fue sacudido por un virus. Eso tiene una explicación.

Durante décadas, los planes neoliberales y de austeridad rebajaran duramente las condiciones de vida de los trabajadores de todo el mundo. Fueron precarizadas las relaciones de trabajo, llevando a una gran parte de los trabajadores a tener que trabajar todos los días para poder comer al siguiente.

Fueron generadas megalópolis con gigantescas periferias de barrios pobres, con casas en pésimas condiciones de higiene, muchas sin agua ni cloacas. La salud pública fue destruida con los cortes de presupuesto y las privatizaciones.

Es sobre esa realidad social que se está abatiendo ahora la mayor pandemia de décadas y décadas, una de las mayores de la historia.

Para empeorar, los gobiernos reaccionaron tardía y erróneamente contra la pandemia.

La dictadura china, primero desconoció el coronavirus. Li Wenliang, el médico de 32 anos que primero denunció la epidemia, fue obligado a firmar una carta en la que “reconocía” hacer “comentarios falsos que perturbaban severamente el orden social”. Un mes después, murió por el propio coronavirus.

Cuando las muertes ya pasaban de centenas, la dictadura china vio que no tenía cómo esconder la epidemia. Reaccionó entonces duramente con el aislamiento total de la provincia de Hubei, donde queda Wuhan, para que el resultado no fuese aún más catastrófico. Consiguió contener la pandemia, a menos temporalmente. Existen grandes dudas sobre si la dictadura china no está, una vez más, escondiendo datos de ampliación de la pandemia hacia otras regiones para “volver a la normalidad”.

En otros países, el aislamiento social fue aplicado solo parcialmente, por el simple motivo de que la paralización de las empresas afecta las ganancias de la burguesía. En la mayoría absoluta de los países la producción industrial fue mantenida, y en buena parte de ellos también los servicios.

La lógica del capital entiende que la paralización de las actividades, necesaria para contener la pandemia, afecta la “economía”, o sea, la ganancias de la burguesía.

Ningún gobierno, desde la China hasta Italia, EEUU, etc., tuvo la postura de defender la vida de los trabajadores. Como máximo, algunas migajas parciales y temporales. Como en el naufragio del Titanic, solo existen balsas para los ricos.

El capitalismo mata, a través del coronavirus. La pandemia muestra, con la dureza de las muertes, el origen social de la enfermedad. Como en la fábula infantil, el rey está desnudo.

La salud como mercadería

En pleno siglo XXI, la humanidad no tiene defensa contra un virus. Eso tiene una explicación. En el capitalismo, la salud es considerada como una mercadería. Se invierte en lo que da ganancia.

¿Por qué  no se tiene una vacuna para una dolencia tan común como la gripe? Porque lo remedios contra la tos, el catarro y la fiebre rinden miles y miles de millones de dólares todos los años para las grandes multinacionales farmacéuticas. No interesa invertir en la producción de una vacuna que sirva para los distintos tipos de virus de la gripe, que cambian todos los años. No porque sea imposible, sino porque da más lucros tratar los síntomas.

No interesó producir una vacuna contra el coronavirus, incluso después de las epidemias de SARS y MERS de 2002 y 2012 (con otros tipos de coronavirus), porque los países imperialistas fueron poco afectados.

Ahora, con el caos instalado, se están investigando las vacunas, que deben estar listas de aquí a un año, probablemente después del fin de la pandemia.

La economía mundial en caída libre

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¿Cuáles son los reflejos de esta catástrofe sobre la economía? Una caída durísima. La previsión del Instituto Internacional de Finanzas es de que haya una caída de la economía en los Estados Unidos de 10% en el primer semestre, y en Europa, de 18%. El banco Goldman Sachs, prevé una caída de 24% del PIB de los EEUU en el próximo trimestre. Por su parte, el banco Morgan Stanley prevé una caída de 30,1% en el mismo período en los EEUU. China debe tener una pesada caída en la economía del primer trimestre por primera vez desde 1976.

La previsión de Michael Roberts es de una caída en la producción de los principales países imperialistas y emergentes en 2020 de 15% o más. Eso es muy superior a la caída de 6% en 2008. Según el Deutsche Bank, la caída de la economía mundial en este primer semestre será la peor desde la depresión de 1929.

Para empeorar todo, además de la pandemia, hubo una asociación con la fuerte caída de los precios del petróleo, por la disputa entre la OPEP y Rusia, abriendo una crisis en los países productores de petróleo.

Las caídas en las bolsas fueron durísimas. En Wall Street el índice Dow Jones bajó 23% desde el inicio del año. En otros países europeos, la caída llegó a 30%.

Existe un retiro de capitales de muchos países emergentes, llevando a una fuerte caída de sus monedas. En el Brasil, desde el inicio del año, existió la mayor fuga de capitales de toda la historia.

El FMI acaba de divulgar la previsión de que la pandemia “provocará una recesión global este año, que puede ser tan mala como la crisis financiera global o peor”. O sea, el FMI también prevé una recesión mundial igual o peor que la de 2007-2009.

Pero los distintos institutos de la burguesía prevén una recuperación rápida de la economía. Algunos hablan de recuperación ya en el segundo semestre. Otros para 2021. ¿Será verdad?

La curva descendente de la economía mundial

Los altibajos en la economía, provocados por la pandemia, no se abatió sobre una economía en ascenso. Todo lo contrario.

La economía capitalista evoluciona a través de ciclos, con ascensos, caídas y crisis. Esos ciclos cortos, entre 5 y 7 años, tienen sus períodos determinados por la evolución de la tasa de ganancia. Podemos decir, de forma simplificada, que cuando existe una caída importante de la tasa de ganancia, la burguesía para de invertir y el resultado es una crisis. Cuando la recesión ya destruyó una parte importante de las fuerzas productivas, se restablecen las condiciones para la elevación de la tasa de ganancia. La burguesía entonces vuelve a invertir y la economía entra de nuevo en ascenso.

Este sistema, en su estructura, no tiene ninguna preocupación por las necesidades de la población. Se produce lo que da ganancias para los capitalistas. Las crisis son partes necesarias y “normales” en el capitalismo.

Además de esos ciclos cortos, existen también los períodos más largos de la economía que incorporan varios ciclos cortos. Trotsky las llamaba “curvas del desarrollo capitalista”. En esos períodos largos de ascenso, los momentos de crecimiento son mayores y los de crisis, menores. En los períodos largos de descenso, las crisis son mayores y los de crecimientos son anémicos. Esas curvas largas no tienen duración predeterminada, en general duran 30 a 50 años. Son determinadas por factores extra económicos relacionados con la lucha de clases (revoluciones, guerras), expansión (obtención de nuevos territorios), o evolución tecnológica.

La gran curva que estamos viviendo tuvo un período ascendente que fue conocido como “globalización de la economía”, en las décadas de 1980 y 1990 del siglo XX. Ese momento fue marcado por la restauración capitalista en China y en el Este europeo y las derrotas del ascenso revolucionario de los años 1960 y 1970.

La gran recesión mundial de 2007-2009 marca el inicio de la fase descendente de esa onda larga, que fue la más grave crisis desde la depresión de 1929. Desde allá hasta acá, nada fue igual en la economía capitalista.

Esa es la base de la realidad mundial antes de la pandemia, que ya venía llevando a regiones enteras y crecientes del mundo a la decadencia económica y el crecimiento de la miseria de las masas. Las crisis interburguesas se agravaron con el Brexit, la guerra comercial EEUU-China, etc.

La pandemia de coronavirus se abate, por lo tanto, sobre una onda descendente de la economía mundial, lo que ya sería grave.

Pero, y dentro de esa curva larga descendente, ¿en qué parte del ciclo corto de la economía mundial estábamos, antes de la pandemia?

Ya estábamos al borde de una nueva recesión mundial. Europa ya tenía su economía en clara decadencia. Con el estancamiento de Alemania –su carro jefe, con crecimiento de 0% en el último trimestre de 2019– toda Europa venía hacia abajo. Japón estaba iniciando un proceso recesivo. Los llamados países emergentes, como Rusia, Brasil, Turquía, México, Argentina y África del Sur, ya tenían un crecimiento anémico o ya estaban en recesión. China ya tenía la menor tasa de crecimiento (6%) de los últimos años. Y Estados Unidos, que aún estaba creciendo, ya vivía una caída en la producción industrial a inicios de este año.

Comenzó una nueva recesión mundial, tal vez peor que la de 2007-2009

Esa era la realidad a inicios del año, apuntando la proximidad de una nueva recesión mundial. El impacto de la pandemia fue brutal. Tanto por la gravedad de la pandemia como por la fragilidad de la economía.

Comenzó una nueva recesión mundial. En este momento no se pueden prever con claridad las dimensiones de la catástrofe que se inicia. Ni de la pandemia ni de la crisis económica. Se puede, únicamente, abrir varias hipótesis sobre su evolución.

La pandemia va a causar pesadas pérdidas en vidas humanas, que pueden variar de centenas de miles a los millones de la epidemia de gripe española, en 1918.

La recesión mundial puede ser semejante o peor que la de 2007-2009, e incluso evolucionar hacia una depresión como en 1929.

Los gobiernos quieren salvar las empresas… y evitar nuevos procesos revolucionarios

El G-20, en su última reunión, definió una inyección de cinco billones de dólares para enfrentar las consecuencias de la pandemia y de la crisis económica. Se trata de un plan gigantesco, el mayor de la historia.

Súbitamente, los gobiernos imperialistas abandonaron los planes neoliberales y adoptaron fuertes planes keynesianos para salvar las grandes empresas y evitar nuevos procesos revolucionarios.

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Muchos gobiernos asumieron una postura de “defensa de la población” con esos planes. Muchos ganaron popularidad, incluidos Trump, Macron, Fernández (Argentina), y muchos otros. Pocos asumieron la postura provocativa de Bolsonaro. Todos están mintiendo.

Los planes dedican sumas billonarias, inéditas en la historia, para evitar la bancarrota de las grandes empresas. E incorporan también una serie de pequeñas concesiones para los trabajadores, para enmascarar la esencia patronal de esos planes. Quieren evitar las convulsiones sociales que pueden ocurrir en función de la crisis.

Estados Unidos anunció un plan de dos billones de dólares con gran parte de ese dinero destinado a las grandes empresas. Solo una parte menor, de 500.000 millones serán destinados a pagar 1.200 dólares mensuales a cada familia de baja renta y desempleada por tres meses.

Alemania definió un plan de 1,1 billón de euros (un tercio del PIB), con 600.000 millones para salvar las empresas y solo 50.000 millones para ayudar a los desempleados.

El FMI promete nuevos préstamos para los países semicoloniales, que elevarán nuevamente su deuda externa.

Las “concesiones” a los trabajadores no revertirán la miseria que se aproxima. Son mucho más bajos que lo necesario para mantener a las familias. Además, son solo temporales, de uno a tres meses. El desempleo en masa de los trabajadores no va a ser revertido. Las muertes de millones serán lloradas principalmente por las familias pobres.

Esos planes sirven para engañar al pueblo con un clima de “unidad nacional” completamente falso. En poco tiempo, esas nuevas farsas entrarán en crisis.

De la misma forma, el “aislamiento social” es una farsa, porque mantiene a los obreros trabajando. Condena a los trabajadores informales a la miseria. Los pobres que no tienen casas apropiadas seguirán condenados al contagio, sin defensas.

Muchos de esos gobiernos, por algún tiempo, consiguen engañar. Pero, en realidad, están cometiendo un genocidio contra los trabajadores.

Una misma respuesta para una crisis mucho mayor

Los gobiernos están repitiendo, en cierta medida, lo que hicieron para frenar la crisis de 2007-2009. Lo que cambió fue el tamaño de los planes, no su calidad. Sacan aún más dinero del Estado para entregar a los bancos, grandes industrias, etc.

Los paquetes afectan alrededor de 9-10% de los PIBs de los países imperialistas, mientras en 2008 afectaron 2%. Se trata de una suma brutal, inédita en la historia. Si fuese aplicada al servicio de la defensa de los trabajadores tendría consecuencias diferentes, con la salvación de millones de personas.

Con eso, consiguieron evitar una bancarrota mucho mayor de las empresas y evitar el camino hacia una depresión en 2008. Puede ser que consigan lo mismo ahora. Pero no nos parece que puedan evitar la recesión ya iniciada.

Las grandes empresas se apropiaron de ese capital en 2008 y no lo reinvirtieron en la producción. Al final, son guiadas por la tasa de ganancia y nos les parecía atrayente la inversión productiva. Por eso, desplazaron gran parte de ese capital para incentivar en niveles aún mayores la especulación financiera.

El resultado es que así se amplió el capital viejo en la economía, manteniendo artificialmente empresas en crisis. Las burbujas financieras, que ya eran enormes en 2007-2009 se ampliaron aún más. La deuda global pasó de 177 billones de dólares en 2008 a 247 billones de dólares. Ahora va a ser aún mayor.

Esas burbujas financieras son parte del capital ficticio. No producen valor, que solo es generado por la producción fabril. Sirven para la disputa de la plusvalía generada por un sector de la burguesía para otro. En un momento de ascenso de la economía, fomentan uno u otro sector artificialmente.

En un momento de descenso, como ocurre ahora, las burbujas comienzan a derretirse, con una fuga gigantesca de capitales en el mundo, que agravan la crisis económica.

Reeditar los paquetes de estímulo a las empresas puede, nuevamente, salvar los bancos y uno u otro sector de la economía, puede también evitar el camino hacia una depresión. Pero no evitará la recesión que se está iniciando.

Lo que determina una reanimación de la economía es un aumento de las inversiones privadas de la burguesía, lo que no existe hoy ni parece estar en un horizonte próximo. Según Michael Roberts: “en la mayoría de las economías capitalistas, la inversión del sector público es cercano a 3% del PIB, mientras la inversión del sector capitalista es de 15%”.

Si la burguesía no se decide a invertir, no existirá una recuperación de la economía. Y las grandes empresas, probablemente, no van a invertir con peso mientras la tasa de ganancia no sea atrayente. Menos aún en un mundo parado por la pandemia y sacudido por convulsiones sociales y políticas. Nada que ver con la estabilidad que la burguesía necesita para sus inversiones.

Toda esa suma de capitales que será transferida para las grandes empresas no va a generar ningún New Deal ahora. Ninguna onda de inversiones en la producción. Va a ser usada, una vez más, para apagar el incendio, salvar de la bancarrota a las grandes empresas.

Además, al contrario de 2007-2009 cuando China fue un factor de reestabilización de la economía, ahora ella es parte de la crisis.

La recesión mundial ya comenzó. Será necesario ver si la burguesía mundial consigue evitar que ella sea tanto o más grave que la de 2007-2009. Puede ser que estemos yendo rumbo a una depresión como la de 1929.

Como en una guerra

Los reflejos sociales de la pandemia, asociados al desempleo y la baja de los salarios, determinados por la crisis económica serán brutales.

Las consecuencias pueden ser semejantes a las de una guerra.

En las guerras mundiales la destrucción física en los países directamente involucrados fue terrible. Las pérdidas humanas fueron gigantescas, en particular en la Segunda Guerra Mundial. Pero, ahora, aunque no sea probable la destrucción física de los medios de producción, la pérdida de vidas humanas y de recursos podrá tener una dimensión similar.

Puede ocurrir la destrucción de fuerzas productivas en escala gigantesca, comenzando por la mayor de ellas: la fuerza de trabajo humana, con la muerte de millones de trabajadores, y la condena de centenas de millones a una miseria aún mayor que la actual.

¿Vamos a nuevos procesos revolucionarios?

¿Cuáles van a ser los reflejos políticos de la combinación de la pandemia y la recesión económica mundial?

En primer lugar, están profundizándose las divisiones de la burguesía en nivel mundial y dentro de cada país.

Antes de la pandemia y de la abertura de la crisis económica, ya existía una situación de polarización e inestabilidad política crecientes en el mundo. Eso causó diversos procesos revolucionarios en Chile, Ecuador, Irak, Hong Kong, y otros países.

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Ahora, la situación de los trabajadores va a empeorar cualitativamente. En algunas semanas y meses, la pandemia y el desempleo alcanzarán las periferias de las grandes ciudades de todo el mundo.

No existe una relación mecánica entre crisis y aumento de las luchas. A veces, el miedo al desempleo traba las movilizaciones. Pero no parece ser eso lo que se va a dar.

La radicalización política de los trabajadores y de la juventud va a aumentar y mucho. Van a crecer las crisis de los gobiernos y regímenes. ¿Eso va a transformarse en nuevos grandes ascensos de las masas trabajadoras?

También en ese sentido, los escenarios tienen que mantenerse en abierto, por la multiplicidad de variables en juego. Pero, por la evolución inicial, con las huelgas obreras en Italia, los cacerolazos en el Brasil, Colombia y el Estado español, nos parece que la hipótesis de nuevos procesos revolucionarios abriéndose es cada vez más probable.

En el caso del proceso revolucionario de Chile, la llegada de la pandemia de coronavirus hizo que las movilizaciones masivas con enfrentamientos en las calles con la policía tuviesen que hacer un intervalo debido al peligro de contaminación. El proceso sigue, ahora centrado en la autoorganización en los barrios y con una radicalización del movimiento que se profundiza por la política criminal del gobierno Piñera en relación con la pandemia. Lo más probable es que cuando los efectos más duros de la pandemia pasen la revolución retome el proceso con fuerza.

La polarización entre revolución y contrarrevolución va a aumentar mucho en todo el mundo.

Socialismo o barbarie

El capitalismo es un sistema que privilegia a una minoría absoluta de la humanidad: la burguesía y la clase media alta. Condena a la miseria a la mayoría absoluta de la población: los trabajadores.

Pero, para mantenerse en el poder, los gobiernos de la burguesía se presentan como “representando a todos”. La ideología de la “unidad nacional” para enfrentar la pandemia es solo una nueva versión de esa farsa.

Pero, en algunos momentos de la historia, en algunos pocos países, la verdadera cara de este sistema brutal aparece. Estamos entrando en uno de esos momentos raros de la humanidad. Ahora, con una catástrofe y un genocidio en nivel mundial.

En algunas semanas o meses, en gran parte del mundo, con la pandemia en el pico y la recesión mundial iniciada, vamos a tener elementos de barbarie en los barrios pobres de todo el planeta.

Van a darse momentos de cambios rápidos y convulsivos también en la conciencia de los trabajadores de todo el mundo. Es importante enfrentar esa situación gravísima con un programa anticapitalista, que apunte una perspectiva socialista.

No existe alternativa real de cambio por dentro del capitalismo. Los gobiernos actuales, con sus mismos planes de siempre, no van a evitar la crisis. Por el contrario, es probable que queden explícitos, en muchos países, los genocidios que están cometiendo.

Las oposiciones burguesas, incluso las más “de izquierda” como Sanders, proponen medidas parciales, con la extensión de la salud pública para todos. Pero defienden que los obreros sigan trabajando. No apuntan ningún cambio real en la economía.

Los sectores reformistas de la socialdemocracia, PT, PSOL, Podemos, etc., de todo el mundo, apuntan también medidas parciales dentro del capitalismo. No escapan de los planes keynesianos, con inversiones públicas para salvar la economía.

Otros se ilusionan con la utopía de que esta crisis puede derribar el capitalismo sin que exista una intervención revolucionaria de las masas para derrumbarlo.

El capitalismo puede sí salir de esta crisis, después de algún tiempo, pero saldrá con una forma aún más brutal. Va a incorporar la forma de dictaduras más duras para mantener una explotación más salvaje. Va a aprovecharse del desempleo masivo para imponer salarios aún más bajos. Va a utilizar los avances en la represión y el control durante la pandemia para imponer gobiernos y regímenes más autoritarios.

No existen otras alternativas: socialismo o barbarie. Es preciso golpear de frente con el capitalismo, no intentar salvarlo, una vez más.

Defendemos que todos los trabajadores tengan derecho a cuarentena mientras dure la pandemia. Y que los trabajadores informales tengan un salario medio garantizado por todo el período de la pandemia y la crisis económica.

Es preciso que todos tengan derecho a cuarentena en condiciones dignas. Para eso deben ser ocupados los hoteles y las habitaciones necesarias.

Defendemos salud pública, gratuita y de calidad para todos los trabajadores. Eso significa la expropiación de los hospitales y clínicas privadas para ponerlos al servicio del conjunto de los trabajadores.

Defendemos la estatización de las grandes empresas fundamentales, comenzando por las que producen alimentos y remedios, bajo control de los trabajadores.

Para salir de la recesión mundial, defendemos que la economía sea planificada, con la estatización de sus sectores fundamentales. No puede ser que la humanidad siga sometida a los intereses de una ínfima minoría.

Es posible, con los avances tecnológicos de hoy, que no exista más hambre ni miseria en el mundo. Es posible una producción planificada que no destruya la naturaleza. Es posible evitar nuevas pandemias, si la industria farmacéutica se dedicara a investigaciones para crear vacunas y remedios para evitarlas. Es posible que no existan más las crisis económicas.

Pero nada de eso es posible por dentro del capitalismo. Es hora de levantar nuevamente las banderas rojas del socialismo. Y de integrarse en la construcción de partidos revolucionarios que defiendan esas banderas.

Traducción: Natalia Estrada.