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“Ya está claro que estamos en una recesión igual o peor que la de 2009”, sentenció Kristalina Georgieva, directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), a finales de marzo[1]. En realidad, el anuncio solo confirmó una tendencia que estaba sobre la mesa mucho antes de la pandemia pero que ahora es inocultable.

Por Daniel Sugasti

El 14 de abril, un informe del mismo organismo pronosticó una caída de 3% del PIB mundial en 2020, la peor desde 1929, a raíz de lo que ellos llaman la “gran paralización” económica [Great Lockdown] que suponen las cuarentenas más o menos estrictas que los gobiernos decretaron para contener o ralentizar la escalada contaminante del nuevo coronavirus.

De hecho, los pronósticos giraron 180 grados en menos de tres meses. A fines de 2019, el Fondo estimaba un crecimiento mundial de 3,4%. De tal suerte que esta revisión implica una proyección de retroceso de más de seis puntos. Un hecho inédito en la historia reciente, “peor que en 2008 y 2009”, de acuerdo con el informe Panorama Económico Mundial. Por cierto, el FMI compara los efectos de la pandemia con las consecuencias propias de una guerra, pero en escala global. Según sus cálculos, entre 2020 y 2021, el PIB mundial perderá 9 billones de dólares. El panorama es realmente espeluznante.

Estados Unidos, el imperialismo hegemónico, sufriría una reducción de 5,6% de su PIB. La situación allí es crítica. No solo es el epicentro de la pandemia, sino que los efectos de la recesión llaman cada vez más fuerte a la puerta: más de 22 millones de estadounidenses pidieron seguro de desempleo en el último mes. Por otra parte, 73% asegura que sus ingresos cayeron en los últimos meses. La propia reelección de Trump, que parecía probable debido a ciertos indicadores económicos, ahora está en discusión.

China crecerá solo 1,2%, una cifra tan pequeña para los padrones chinos que en la práctica equivaldría a una recesión. Los “países desarrollados”, siempre según el FMI, retrocederían 6,1%. La Eurozona caería 7,5% en su conjunto, pero, en ese porcentaje de conjunto, Italia y el Estado español sufrirían un batacazo de -9,1% y -8%, respectivamente. La economía griega, por su parte, caería 10%.

Latinoamérica registraría una caída de 5,2%. Si nos enfocamos en sus dos principales economías, Brasil retrocedería 5,3% y México sufriría un derretimiento de 6,6% de su PIB. Ambos países, según estimaciones “optimistas”, solo recuperarían en 2023 lo que se está esfumando con esta crisis acentuada por el Covid-19.

Más datos: el comercio mundial caería 11% en 2020. La producción industrial se desplomaría 10,2%[2].

Evidentemente, no es posible asegurar que este escenario sombrío se concretará tal cual establecen los pronósticos. Primero, porque el FMI y otros organismos imperialistas hacen previsiones que no necesariamente se confirman y en buena parte están al servicio de la especulación. Sin embargo, teniendo esto en mente, hay que entender que la situación actual es diferente. Es un hecho que la economía mundial se desploma. Esta es una verdad difícil de cuestionar a esta altura. Es decir, la recesión que auguran los economistas del imperialismo no solo puede tener esa dimensión “catastrófica” sino que puede ser todavía peor. En otras palabras, lo más probable no es que estas previsiones mejoren sino que empeoren.

Partiendo de esa premisa, entre los interrogantes más importantes son cómo y cuándo se daría la recuperación. El FMI, el Banco Mundial, el BID, así como otras instituciones, dicen que la recuperación sería “rápida”, con un efecto rebote que comenzaría ya en 2021. Ellos apuestan en una curva tipo “V”, es decir, caída y recuperación acentuadas y aceleradas. El FMI, por ejemplo, pronostica que el PIB global se elevaría “solo parcialmente” 5,8% el año que viene, si se cumplen las expectativas que suponen el fin de la pandemia en el segundo semestre de 2020 y si se aplican las medidas que ellos proponen, sus conocidas “recetas”. En el mismo sentido apuntan otros organismos.

Hasta aquí, dos primeras conclusiones: 1) la economía mundial entrará en una recesión brutal, incluso abriéndose la posibilidad de una curva en “L”, esto es, una caída acentuada y un largo período de depresión; 2) una vez contenida la pandemia –que la burguesía internacional supone que esto será relativamente rápido– el peso de la crisis, cualquiera sea su dimensión, intentará ser descargado –como ya ocurre– sobre las espaldas de la clase trabajadora.

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Es importante insistir en que el nuevo coronavirus solo fue el detonante de la futura recesión. La pandemia se abatió sobre una economía mundial que venía dando señales de debilidad; atacó un organismo con dolencias preexistentes: los males y contradicciones del propio capitalismo. La verdadera peste no es el Covid-19 sino el propio sistema burgués de producción y organización social. Es ese sistema el que nos está llevando, una vez más, a un período más o menos prolongado de recesión –quizás, una depresión– que hará que la de 2008 parezca un chiste de mal gusto.

El hecho de que EEUU, la nación más poderosa del mundo, sea el epicentro de la pandemia desnuda completamente la incapacidad del capitalismo para garantizar la sobrevivencia de la humanidad ante crisis (anunciadas) de este calibre. El imperialismo europeo no se queda atrás: en pocas semanas sus sistemas de sanidad fueron completamente superados por el avance del Covid-19. La mercantilización de la salud –como todo en el capitalismo– está cobrando un alto precio en vidas, principalmente entre los sectores más pauperizados de la clase trabajadora.

El caso de EEUU es quizás el que mejor ilustra esto último: sin contar con un sistema de sanidad pública propiamente dicho, la enfermedad se ceba en negros, latinos, informales, en suma, en millones de personas que no pueden pagar un seguro médico privado. Solo en Nueva York, 62% de los muertos son negros o latinos[3].

Muchos de los seguros médicos son “beneficios” que las empresas otorgan a sus empleados. Entonces, si se pierde el empleo, es casi seguro que se pierda también la cobertura sanitaria. Así, los millones de nuevos desempleados presionan todavía más un sistema de salud que de por sí se encuentra en cuidados intensivos. Y esto sin contar a los más de 10 millones de inmigrantes indocumentados y otros sectores que están completamente al margen de la economía y de la sociedad estadounidense. Las fosas comunes en Hart Island, distrito de Bronx de la ciudad de Nueva York, revelan el rostro cruel del capitalismo “más desarrollado y democrático” del mundo. El “sueño americano” acabó.

Pero la forma como la pandemia golpea a los países ricos no nos puede hacer perder de vista que los más castigados son y serán los países pobres. Tanto por la crisis sanitaria como por su contraparte, la recesión económica.

La crisis en Latinoamérica

En el caso latinoamericano, podemos contrastar las previsiones del FMI con las de otros organismos. El Banco Mundial, por ejemplo, prevé una caída del PIB de 4,6% para América Latina, la mayor desde que existen registros. La cifra supera las proyecciones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que estima un desplome de entre 1,8% y 5,5%. Si se confirman, estos números dejarían muy atrás la contracción de 2,5% de 1983 –asociada a la crisis de la deuda latinoamericana y detonante de lo que después se daría en llamar “década perdida”–. Lo mismo puede decirse de la contracción experimentada en 2009, cuando la economía latinoamericana cayó “solo” 1,9%[4].

Eric Parrado, economista jefe del BID, afirmó que: “la región va a sufrir un choque de proporciones históricas”. Dependiendo del impacto económico que sufran los EEUU y China (los dos mayores socios comerciales de los latinoamericanos), el escenario más extremo previsto para el período 2020-2022 es de un derrumbe de -5,5% y -14,4%[5]. Sobre todo porque a la aceleración de la crisis económica suscitada por la pandemia se suma un mercado de trabajo informal cercano a 60%, la caída de los precios de las materias primas, y la fuga de capitales en toda América Latina. Solo entre febrero y marzo se habían fugado aproximadamente 53.000 millones de dólares de esos países, más del doble de la salida de capitales de esos mercados que sucedió inmediatamente a la crisis de 2008, cuando la fuga alcanzó 26.700 millones de dólares[6]. Brasil, la principal economía latinoamericana, no solo es el epicentro de la pandemia en la región sino también de la fuga de capitales: más de 12.000 millones de dólares en dos meses[7]. Si a la fuga de capitales se suma la caída de 37% de los precios de las commodities desde el inicio de la crisis, la situación empeora[8]. Según un informe de la ONU, los llamados “países en desarrollo” como un todo (sin incluir a China) perderán casi 800.000 millones de dólares en términos de ingresos por exportaciones[9]. Entre ellos, los llamados “emergentes”, que, según la misma entidad, necesitarán más de 2,5 billones de dólares para recuperarse del desastre. Las recomendaciones del organismo se centran en utilizar recursos de los Estados –no del mercado, por supuesto– para rescatar empresas de la quiebra y aumentar el peso de las conocidas medidas compensatorias, asistencialistas, llamados “programas de transferencias”.

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Crisis social y lucha de clases

La recesión económica está mostrando consecuencias sociales espantosas. La precarización de las condiciones de trabajo y el desempleo crecen en todo el mundo, un drama que va de la mano con el aumento de la miseria y el hambre. En algunos países, la combinación entre Covid-19 y recesión creará crisis humanitarias en toda la regla.

El efecto en el empleo está siendo y será “devastador”, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Al inicio de la crisis sanitaria, este organismo estimó una destrucción de 25 millones de empleos en todo el mundo, más que durante la crisis económica de 2008. Pero un informe reciente prevé que “se perderán 195 millones de empleos en solo 3 meses”, refiriéndose al periodo entre abril y junio de este año. Considerando tanto los despidos como la reducción de horas trabajadas, la entidad estima que Latinoamérica y el Caribe perderá no menos de 14 millones de puestos de trabajo, mientras que Centroamérica verá destruidos 3 millones de empleos[10]. La referencia dejó de ser 2008 y hasta 1929. Los técnicos de la OIT apuntan que esta es “la crisis más severa desde la Segunda Guerra Mundial: las pérdidas de empleo están creciendo rápidamente en todo el mundo”[11]. Solo en EEUU podrían perderse 37 millones de puestos de trabajo[12]. Según la Oxfam, las consecuencias económicas de la pandemia de coronavirus podrían arrastrar a la pobreza a 500 millones de personas más. En síntesis, entre 6% y 8% de la población mundial podría precipitarse a la condición de pobre, sobre todo en los llamados “países en desarrollo”.

Estas estimaciones se basan en datos previos a la pandemia. Solo una de cada cuatro personas desempleadas en el mundo tiene acceso a prestaciones por desempleo. Dos mil millones de personas trabajan en el sector informal, sin acceso a licencias por enfermedad, sobre todo en los países en desarrollo, donde más de 60% de los empleos son informales, frente a 18% en los países ricos. Existen países con condiciones laborales tan precarias, como Bolivia o la India, donde la informalidad alcanza 80 y 90%, respectivamente.

De esta manera, el impacto del Covid-19 será más duro en países pobres que en países ricos. Una primera explicación para esto es el volumen de inversión en salud: mientras un Estado imperialista como Alemania destina en promedio 5.986 dólares per cápita al año, países como Haití destinan 37 dólares per cápita anualmente[13].

Dentro de los países pobres, quienes más sufrirán serán los sectores más explotados y oprimidos de la clase trabajadora de las regiones menos desarrolladas. Las mujeres, por ejemplo, que están en la primera línea en el combate al nuevo coronavirus, tienen más probabilidades de ser las más perjudicadas económicamente. Constituyen 70% de la fuerza de trabajo mundial en el sector de la salud. Además, asumen 75% del trabajo de cuidados no remunerado, que incluye el cuidado de los hijos, de los enfermos y de las personas mayores. A su vez, las mujeres tienen más probabilidades de tener empleos precarios y mal remunerados, que a su vez son los más amenazados por la crisis[14] Y esto sin contar el aumento de la violencia machista en medio de las medidas de confinamiento. Otro tanto puede decirse de los negros, indígenas, inmigrantes, etc.

La principal incógnita ante el escenario actual y las previsiones “lúgubres” de la economía mundial es cuál será la respuesta en el terreno de la lucha de clases. Es sabido que crisis económica no es necesariamente igual a estallidos sociales o revoluciones. No existe una relación mecánica. Es más, el desempleo, la desagregación o la desmoralización de amplios sectores de la clase obrera y sus aliados, podría generar condiciones para que se evidencie un reflujo, es decir, un escenario opuesto a la explosión de procesos revolucionarios. Nada puede descartarse a esta altura ni existe una receta para cada país. La lucha de clases es dinámica y tendrá la última palabra.

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Pero, si nos basamos en las protestas (como los cacerolazos contra varios gobiernos) y las huelgas en sectores que continúan activos, es posible apuntar una perspectiva de respuesta combativa ante los efectos de la crisis y los ataques que vendrán o que ya están en curso. No hay motivos serios para descartar que procesos álgidos de la lucha de clases previos a la pandemia –Chile, Ecuador, Hong Kong, Francia, Argelia, Líbano, Irak, etc.– puedan ser retomados con fuerza renovada cuando las condiciones lo permitan[15]. Es más, podrían sumarse otros países que están siendo duramente azotados tanto por la pandemia como por la desidia de los gobiernos, como Italia, el Estado español, o el propio EEUU. ¿Por qué no?

En ese contexto, las y los revolucionarios debemos estar preparados para grandes enfrentamientos. Hay que prepararse teórica, programática, política y organizativamente para pruebas decisivas.

La cuestión que está planteada al rojo vivo es con qué programa intervenir en las protestas y revoluciones del mundo que sobrevendrán a la pandemia. Para nosotros, ese programa solo puede ser obrero, revolucionario y socialista. Un programa anticapitalista que, con la doble crisis sanitaria y económica, puede llegar a ser mejor comprendido por amplios sectores de activistas y hasta por las masas populares, que no solo pueda servir como armazón defensivo contra los ataques presentes y futuros, sino que sirva como guía para una ofensiva contra el puñado de la sociedad que conduce el mundo hacia la barbarie.

No existe término medio: o ellos o nosotros. Al mismo tiempo en que luchamos contra la propagación del nuevo coronavirus, habrá que luchar contra ese parásito que es la clase capitalista. Más que nunca debemos explicar, cuantas veces sea necesario, que solo el socialismo puede evitar que la burguesía internacional imponga la barbarie en el planeta.

En suma: hay y habrá que luchar para defenderse de los ataques de las burguesías y sus gobiernos, pero eso no será suficiente. Sin un objetivo estratégico, podremos incluso llegar a ganar ciertas batallas, pero seguiremos estando desorientados en esta guerra social. Ese objetivo estratégico no puede ser otro que encarar cada lucha, por mínima que sea, con la perspectiva de que la clase trabajadora derrote a la burguesía, tome en sus manos el poder de un nuevo tipo de Estado –un Estado obrero con democracia obrera– y emprenda la transición al socialismo.

Notas:

[1] Consultar: <https://www.france24.com/es/econom%C3%ADa-y-tecnolog%C3%ADa/20200328-economia-covid19-fmi-recesion-pandemia>.

[2] Consultar: <https://www1.folha.uol.com.br/mercado/2020/04/grande-paralisacao-levara-economia-global-a-pior-recessao-desde-29-diz-fmi.shtml?utm_source=mail&utm_medium=social&utm_campaign=compmail&fbclid=IwAR0LVHmTRJuevZEJJ5SCDCX7OmX5tfRNNbUgOzVcrPUprQgUcDi0ic_aM20>.

[3] Consultar: <https://www.clarin.com/internacional/estados-unidos/coronavirus-unidos-62-muertos-nueva-york-latinos-negros_0_Su6QK85oq.html?fbclid=IwAR3cnUfx9DZq5lklpHh1qtFfqB5qOkQ30ohEL_DcAih8aOk6k1kaPhUmFy8>.

[4] Consultar: < https://elpais.com/economia/2020-04-12/el-banco-mundial-proyecta-un-caida-del-pib-del-46-en-america-latina-la-mayor-desde-que-hay-registros.html?fbclid=IwAR1BFBzNH-03EX9nT_pcklZAu39Bm1AnqjZgpeX_c2VMrdfTIRl5mHPhpD8>.

[5] Consultar: < https://elpais.com/economia/2020-04-09/la-economia-latinoamericana-se-contraera-entre-un-18-y-un-55-este-ano-por-el-avance-la-pandemia.html?fbclid=IwAR2AjBJmlr84RelIWuT2PjsZ_JL5Xbl8bYoJO9u8RrSy_8eojlhQEWnksm0>.

[6] Consultar: <https://noticias.uol.com.br/colunas/jamil-chade/2020/03/30/brasil-tem-fuga-de-us-7-bi-e-onu-preve-crise-profunda-para-emergentes.htm>.

[7] Consultar: <https://brasil.elpais.com/economia/2020-03-26/brasil-perde-quase-12-bilhoes-de-dolares-em-dois-meses-e-vira-epicentro-da-fuga-de-capitais-na-america-latina.html>.

[8] Consultar: <https://nacoesunidas.org/onu-pede-pacote-de-us25-trilhoes-para-paises-em-desenvolvimento-superarem-crise-do-coronavirus/amp/>.

[9] Consultar: <https://noticias.uol.com.br/colunas/jamil-chade/2020/03/30/brasil-tem-fuga-de-us-7-bi-e-onu-preve-crise-profunda-para-emergentes.htm>.

[10] Consultar: < https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-52220090>.

[11] Consultar: < https://elpais.com/economia/2020-04-07/la-pandemia-provocara-una-caida-del-empleo-del-7-en-todo-el-mundo.html>.

[12] Consultar: < https://www.cronista.com/internacionales/Oxfam-coronavirus-dejara-en-la-pobreza-a-otros-500-millones-de-personas-20200409-0005.html>.

[13] Consultar: <https://www.facebook.com/watch/?v=245491906596091>.

[14] Consultar: <https://www.oxfamintermon.org/es/nota-de-prensa/coronavirus-podria-sumir-pobreza-500-millones-personas?fbclid=IwAR27qLgRXjIng3aBb1Ib-3wAWxk09Y22VwTcP499qqQ_A0dYjjwBtMutg8I>.

[15] Consultar: < https://elpais.com/internacional/2020-04-14/la-protesta-se-resiste-a-morir.html>.