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Declaración conjunta del PSTU-Brasil y del PT-Paraguay

El presidente Jair Bolsonaro elogió las dictaduras militares de Brasil y Paraguay, en una ceremonia de posesión del general Joaquim Silva y Luna -ex ministro de Defensa de Temer- nombrado por él como presidente de la usina de Itaipú.

Dijo que el gobierno del Mariscal Castelo Branco fue «electo a la luz de la Constitución vigente en aquel momento». En realidad! Castelo Branco no fue electo. Fue designado, de forma indirecta, después del golpe de Estado de 1964, que destituyó a João Goulart e instaló una dictadura militar por 21 años en Brasil.

Bolsonaro elogió a los demás presidentes militares de Brasil y también al ex dictador paraguayo Alfredo Stroessner, que controló a Paraguay con mano de hierro por 35 años.

No es casualidad que Bolsonaro, que es totalmente subserviente a Trump, elogie a Stroessner por que tiene enorme afinidad con dictadores, pero también es por el tratado de Itaipú, ya que el mismo es totalmente conveniente al Brasil específicamente a las multinacionales asentadas en Brasil y a los grandes capitales paulistas. Los términos del tratado perjudican la soberanía energética del Paraguay que debe ceder a Brasil su energía excedente recibiendo sólo una compensación que está a años luz del «justo precio» del que habla el Acta de Foz de Iguazú.

Si bien, en el año 2023 se debe revisar el anexo C que contemplan las bases financieras y de prestación de servicios de electricidad de Itaipú, es menester la revisión total del Tratado para que se restituya al Paraguay su soberanía, con la libre disponibilidad de su Energía.

Bolsonaro con su adhesión colonial a Trump, con su hago «homenaje a nuestro general Alfredo Stroessner» también no es otra cosa que para homenajear un tratado de la inequidad, de deudas espurias, de despojo y de sometimiento del Paraguay a los intereses del Brasil en los intereses del Brasil a favor de los países ricos, sus multinacionales y los capitalistas brasileños.

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El de Stroessner fue un gobierno dictatorial, marcado por acusaciones de corrupción, sumisión extremada a los intereses de EEUU y que no oculta sus simpatías por ex-nazis, habiendo dado asilo a muchos de ellos, incluso al famoso doctor Mengele. Al menos 150 mil personas fueron perseguidas, y casi 4.000 fueron los muertas y desaparecidos bajo Stroessner.

La dictadura brasileña, como la paraguaya, impuso la censura, acabó con la libertad de expresión, de opinión, de organización, instituyó el arbitrio, la tortura y la muerte de opositores. Casi mil personas fueron muertas y desaparecidas en Brasil, sin hablar del genocidio de indígenas.

Además, la dictadura brasileña también fue corrupta y acentuó enormemente la desigualdad social en el país, haciendo a los ricos más ricos y los pobres mucho más pobres. El 10% más rico poseía el 38% de la renta nacional en 1960, casi 20 años de dictadura después pasaron a tener el 51%, y los más pobres que tenían el 17% de la renta del país, cayeron al 12%.

El actual presidente de Paraguay, Mario Abdo Benítez, de derecha, conservador y conocido por ser de una familia muy cercana al ex-dictador Stroessner, intenta esforzarse para probar credenciales democráticas y republicanas. Pero, aplaudió fervoroso las palabras de elogio al dictador paraguayo y no el incomodo en lo mínimo el discurso de Bolsonaro en defensa de las dictaduras.

Ambos, Bolsonaro y Benítez, están comprometidos con un plan económico ultraliberal, contra los trabajadores y el pueblo.

Los trabajadores y la juventud brasileña y paraguaya, no tienen nada que celebrar o aplaudir de estos dos gobiernos y deben rechazar cualquier alabanza a las dictaduras derribadas por el pueblo, después de años de sufrimiento.

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¡DICTADURA, NUNCA MÁS!

PSTU – Brasil

PT – Paraguay