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Millones de hectáreas de las de las zonas boscosas más amplias del planeta, la Amazonia y el Ártico (Alaska, Siberia, Groenlandia) se consumen en incendios provocados por la acción humana.

Por: Juan Connolly

Ciudades tan distintas como Sao Paulo o Yakutia (Rusia) han visto sus cielos oscurecerse en pleno día debido al humo y polvo que empujan los vientos.

Nos encontramos ante una crisis ecológica global en la que la acumulación de los factores destructivos de la naturaleza propios del sistema capitalista y sus consecuencias no solo están destruyendo poco a poco el planeta y las especies que lo habitan, sino que nos conducen a un curso de extinción global ya casi irreversible.

Esta dimensión ambiental de la crítica al capitalismo nunca fue ajena a Marx, Lenin, ni a los Bolcheviques Rusos. En sus escritos y experiencias encontramos una perspectiva que hoy más que nunca urge recuperar y desarrollar aún más.      

En Marx y Engels, por ejemplo, existe toda una crítica al saqueo sistemático de la riqueza natural que opera el capitalismo y la interferencia que causa en el equilibrio de la naturaleza.

Esta crítica es sintetizada por John Bellamy Foster mediante el concepto de Fractura Metabólica.

Para Marx la especie humana depende de su trabajo sobre la naturaleza para vivir.

Durante este trabajo se da una relación metabólica entre el ser humano y la naturaleza en donde el primero se alimenta de la naturaleza para vivir y luego desecha en ella nutrientes que ya no requiere pero que la naturaleza sí necesita para seguir desarrollándose.

En El Capital, Marx denuncia a la industria y la agricultura capitalistas por fracturar el adecuado balance que debe existir entre los nutrientes que el ser humano toma de los suelos para alimentarse y lo que devuelve a los mismos para que puedan seguir produciendo:

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La producción capitalista congrega a la población en grandes centros, y hace que la población urbana alcance una preponderancia siempre creciente… perturba la interacción metabólica entre el hombre y la tierra, es decir, impide que se devuelvan a la tierra los elementos constituyentes consumidos por el hombre en forma de alimentos y ropa, e impide por lo tanto el funcionamiento del eterno estado natural para la fertilidad permanente del suelo … Pero, al destruir las circunstancias que rodean al metabolismo … obliga a su sistemática restauración como ley reguladora de la producción social, en una forma adecuada al pleno desarrollo de la raza humana… Todo progreso en la agricultura capitalista es un progreso en el arte, no de robar al trabajador, sino de robar al suelo; todo progreso en el aumento de la fertilidad del suelo durante un cierto tiempo es un progreso hacia el arruinamiento de las fuentes duraderas de esa fertilidad … La producción capitalista, en consecuencia, sólo desarrolla la técnica y el grado de combinación del proceso social de producción socavando simultáneamente las fuentes originales de toda riqueza: el suelo y el trabajador.[1]

Marx escribía este pasaje basándose en un disciplinado estudio sobre los conocimientos más modernos de la química agrícola de la época y en un contexto de crisis agroalimentaria en Europa y Estados Unidos, en el que las prácticas agrícolas capitalistas habían drenado los nutrientes de los suelos dejándolos infértiles para la agricultura.

Ya en el siglo XIX tenía claro como la falta de planificación en la producción y la frenética competencia entre capitalistas por la consecución de ganancias (es decir la propiedad privada) implicaba no sólo la ruina para la clase trabajadora, sino que tendía a desequilibrar la relación del ser humano y la naturaleza y a destruir esta última.

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Muchos de los problemas que hoy amenazan a nuestro planeta tienen la misma raíz. Podemos citar por ejemplo como la deforestación, la urbanización descontrolada y el exceso de uso en los combustibles fósiles agotan la capacidad del ecosistema terrestre para absorber los gases de efecto invernadero y con ello su temperatura aumenta.

Por eso, para Marx el socialismo debía restablecer el ciclo material como “ley reguladora de la producción” y, mediante la apropiación colectiva de los medios de producción, gestionar los recursos y la economía para “regular racionalmente su metabolismo con la naturaleza”, en lugar de ser arrastrados por el mecanismo ciego de la búsqueda del beneficio individual y privado.[2]


[1] Marx, K. El Capital Tomo I. Citado en Bellamy,J. La Ecologia de Marx. P249.

[2] Parodi, Juan. “Capitalismo y Crisis Ecológica”.