Compartir

El presente texto está tomado del libro “Pan, Paz y Tierra”, realizado por la Editora Lorca en 2017 junto con el filme del mismo nombre, con motivo de la conmemoración de los 100 años de la Revolución Rusa. El capítulo 5, que reproducimos aquí, muestra con toda su crudeza las consecuencias del desmonte amazónico en el capitalismo, que Osmarino relata en todos sus violentos detalles de persecución y muerte, y en el que, sin embargo, enciende una luz de esperanza a partir de la organización de los trabajadores y los pueblos, también para la defensa de los recursos naturales, tan caros a la supervivencia de los “siringueros” y los pueblos indígenas que habitan la Amazonia.

Mi nombre es Osmarino Amâncio Rodrigues, soy siringuero[1] nací en la siringa Bela Flor, Colocación Revolta[2], y hoy estoy viviendo en la siringa Humaitá, Colocación Pega Fogo, dentro de la reserva extractiva Chico Mendes.

Durante la Revolución Rusa, los bolcheviques defendían una alianza entre los obreros de la ciudad y los campesinos. Después de la caída de la monarquía continuaron luchando hasta que los soviets tomaron el poder.

Los bolcheviques también condonaron las deudas de todos los campesinos que podían perder sus tierras. Rusia tenía cuatro veces el tamaño del Brasil: tenía 128 millones de habitantes y de ellos 100 millones eran campesinos. Pero Rusia era muy pobre y, como en el Brasil, las tierras estaban concentradas en las manos de pocos. La nobleza controlaba más de 50% de las tierras en Rusia, a pesar de ser menos de 1%. Podemos hacer un paralelo con la Amazonia, principalmente en Acre, donde solo 10 personas dominaron más de la mitad del Estado de Acre con el latifundio, igual a como la nobleza controlaba las tierras en Rusia.

Aquí en la Amazonia, en el Brasil, vivimos mucho eso, las tierras están concentradas por el agronegocio y la UDR[3]. Podemos dar el ejemplo de aquí, de Acre, donde controlaron más de ocho millones de las tierras en este Estado que tiene quince millones, es decir, el latifundio improductivo del Brasil controló más de la mitad de las tierras del Estado.

Para Lenin y los bolcheviques la burguesía no era una aliada en la lucha por la reforma agraria en Rusia. Acá igual. Nosotros aquí no podemos pensar que el agronegocio ni la UDR sean aliados en la lucha por la reforma agraria. Tampoco las centrales sindicales CUT, Força Sindical, CTB, etc., aunque hablen de reforma agraria. Ese es un elemento en común que tenemos con la Rusia de esa época.

Allá en Rusia, para los bolcheviques y Lenin solo con la alianza entre campesinos pobres y obreros era posible derrocar la monarquía y sacar la tierra a los latifundistas, los estancieros; aquí, solo con la alianza de los obreros, los campesinos pobres y los estudiantes es posible hacer la reforma agraria.

En Rusia, existía además la servidumbre, que exigía a los campesinos quedarse en las tierras sin poseerlas ni usufructuarlas. Aquí en la Amazonia brasileña y en muchos lugares del Brasil no existía la servidumbre sino la esclavitud.

Los primeros siringueros vinimos del Nordeste para la Amazonia y fuimos entregados para los siringalistas, los arrendatarios de esta gran selva. Después fuimos vendidos para el latifundio, que se apropió de las tierras de la Amazonia, con los siringueros, los indios y la población campesina que estaba aquí. Luego, expulsaron a millares de esas personas de la selva y del campo a las periferias de las ciudades; fue donde comenzó la resistencia de los siringueros, que hicieron la reforma agraria adecuada a la Amazonia, contra el latifundio.

Acre hoy tiene áreas de tierras –de las que los siringueros se apropiaron– de un millón, o de 800.000 hectáreas.

Entonces, yo creo que existe esa comparación entre la servidumbre en Rusia y la esclavitud en la Amazonia. Es una cuestión semejante, cuya lucha es igual. Esta es una comparación importante de entender, porque en todo el mundo la lucha por la tierra tiene el mismo dolor y el mismo gemido.

Los ataques que sufrimos

Nosotros vivíamos aquí un tipo de esclavitud. Los siringalistas arrendaban estos siringales y dominaban. Por ejemplo, en Humaitá un siringalista mandaba en 150 familias de siringueros que ellos traían del Nordeste para aquí. Durante la Segunda Guerra Mundial vinieron para acá 90.000 familias de siringueros del Nordeste y la mitad murieron en el viaje, de paludismo, de malaria…

En esa época de la II Guerra, nos tomaron por sorpresa y fueron contrabandeadas millares de semillas de la Amazonia y llevadas para los países asiáticos, para la Malasia, así el imperialismo se apropió del caucho. Se invirtió mucha tecnología para apropiarse de todo esto.

Y en la década del ’70 llegó una “raza mala” que en la época nosotros llamábamos los «hacendados», los “sureños”, los “paulistas”. Ellos conseguían dinero de los bancos, y el gobierno de la dictadura hizo un gran comercial diciendo que la Amazonia era un “vacío demográfico” y que era preciso “ocuparlo” para que hubiese progreso y desarrollo.

Solo que esa Amazonia estaba ocupada por los siringueros. Nosotros fuimos ignorados por el IBGE [Instituto Brasileño de Geografía y Estadística]. En las estadísticas, no fuimos contados hasta las décadas del ’70 y del ’80, porque no éramos considerados personas. Nosotros no teníamos educación, no teníamos salud, no teníamos documentos. Estábamos en la periferia de la sociedad de este país. Entonces, los paulistas llegaron, trajeron un documento del gobierno de la dictadura y, con ese documento, ocuparon varios siringales diciendo que “iba a llegar el progreso”; ellos nos decían que teníamos que desocupar la selva porque ellos iban a implementar la actividad agropecuaria porque tenía que haber riqueza, y que iban a acabar con la pobreza del pueblo.

Entonces, los hacendados llegaron queriéndonos decir cómo deberíamos vivir aquí. Y, según ellos, no se podía vivir con la selva en pie. Ella tenía que caer, porque el progreso solo llegaría si la selva se destruía, si se desmontaba. Nosotros no entendíamos ese progreso que eliminaba a millares de familias que vivían aquí hacía muchos años. Fue muy agresivo. Mucha gente perdió todo, porque sacar a los siringueros y a los indios de adentro de la selva es como sacar un pez de adentro del agua, porque acaban con su vida. No tienen como sobrevivir: si van a la ciudad, principalmente hoy, los narcotraficantes están disputando a cualquier siringuero que se va de aquí. Los traficantes transforman a los siringueros en “mulas”, los usan para cruzar toda la frontera con la cocaína. Y esta es una cuestión muy complicada.

Comienza nuestra respuesta

Los indios y los siringueros fuimos tomados por sorpresa y ahí comenzó la expulsión, porque tanto unos como otros nos rehusábamos a salir. Nosotros nos considerábamos dueños. Mi padre, que vino del Nordeste, se preguntaba: “¿A dónde vamos a ir?”. Ellos expulsaron 5.000 familias, que se fueron a Bolivia. Incendiaron aproximadamente 4.000 casas dentro de esta selva, violaron, asesinaron. La dictadura militar hizo desaparecer a muchos compañeros, mucha gente fue torturada.

La UDR se organizó como una entidad que realizaba fiestas para juntar dinero para pagar a pistoleros para matar curas, monjas, sindicalistas y diputados que estuviesen del lado de los siringueros, luchando por la reforma agraria.

Nosotros creíamos que nos teníamos que liberar de las garras del latifundio. Un grupo de siringueros de Asís Brasil, de Brasiléia, de Xapurí y de Boca do Acre, de Tarabacá, de varios lugares, decidimos actuar.

Integrantes del “Empate”.

Resolvimos “vamos a hacer un ‘Empate’”[4]. Nosotros no desmontamos y tampoco vamos a dejarlos desmontar, y fue organizado ese movimiento. El primero fue en Brasiléia, en la siringa Carmo y en la siringa Poví, liderado por Wilson Pinheiro, Chico Mendes y otros compañeros, como Ivaí, como Zé Pretinho y tantos otros. Todos asesinados. Ellos nos eliminaron a catorce grandes sindicalistas de nuestra región.

En esa época había varias compañeras que estaban dirigiendo, como Dercy Teles, que asumió la presidencia del Sindicato de Trabajadores Rurales de Xapurí. Fue la primera mujer en dirigir un sindicato rural. Después vino Chico Mendes, que fue el primer Secretario de los Trabajadores Rurales de Brasiléia. De aquí, él fue a organizar otros ocho sindicatos en el Estado de Acre.

Yo creo que el “Empate” fue un movimiento que se transformó en cultura. Fue politizado porque nosotros comenzamos a discutir la reforma agraria, a comprender esa cuestión ecológica, porque los ambientalistas llegaron y dijeron que aquí estaban los mayores ambientalistas y ecologistas del mundo.

Yo dije: “Chico, nos están poniendo un apodo. ¿Será que eso es un postre?” Ahí una persona nos explicó, porque nosotros no entendíamos nada de eso de “ambientalismo”. Pero Chico tenía una sabiduría muy grande. Él escuchaba, y cuando las personas de afuera se iban, nos reuníamos para discutir las ventajas que tenían las discusiones que habíamos hecho con esas personas que venían de afuera a ver nuestro movimiento, que eran estudiantes, ambientalistas, intelectuales, etc.

Ellos decían: “ustedes son los verdaderos ambientalistas”. Pero a nosotros nos parecía bonito decir que éramos sindicalistas. Ahí escuchábamos la palabra socialismo y para nosotros el socialismo era el paraíso, porque el capitalismo solo traía violencia, el capitalismo para nosotros era lo que venía a eliminar a las personas de la selva, y también lo que los hacendados decían: eso de que había que desmontar para que llegara el progreso. Entonces, la palabra socialismo encajó con nosotros, y también el sindicalismo. Fue un arma importante el movimiento sindical de la época, y también las comunidades eclesiásticas de base, en la metodología introducida por Clodovis Boff, por Leonardo Boff, que era la Teología de la Liberación. Ellos tenían sus límites, pero nos daban apoyo, asesorándonos. En la época de la dictadura, la Iglesia nos daba el salón parroquial para reunirnos y discutir el sindicato que la dictadura prohibía.

Y los ambientalistas llegaron aquí, vieron ese movimiento y pasaron a decir: “nosotros necesitamos hacer una alianza con ustedes porque en el mundo hay una capa de hielo que se disuelve por el aumento de la temperatura –y ella va a aumentar cada año si la selva es desmontada, incendiada–, el mar va subir entre 8 y 12 metros”. Nosotros estamos lejos del mar, entonces para nosotros eso no era problema. Ahí ellos nos dijeron: “hay una capa en el espacio, llamada ozono, que tiene un agujero como el de una sábana. Ese agujero va aumentando y los rayos solares van a ocasionar cáncer de piel, en particular en las personas blancas”. Pero nosotros trabajábamos en la sombra, entonces tampoco eso era un problema. Nos dieron una serie de explicaciones que luego nosotros evaluamos y dijimos: “Bueno, ellos no quieren el monte para ellos como sí lo quieren los paulistas, alguna cosa en este monte tiene un significado allá afuera”. Pasamos entonces a discutir la política internacional de toda esta cuestión.

Chico Mendes, líder de los siringueros, sindicalista, ambientalista y activista político, símbolo de la lucha por la preservación de la Amazonia, fue asesinado en 1988.

Y fue ahí que Chico Mendes se destacó. Porque él fue a una asamblea de la ONU adonde iban a discutir la inversión de millones de dólares en un proyecto de deforestación que se extendía de Rondônia hasta Acre para construir una gran autopista (la BR 249).

Entonces, esa alianza que hicimos con el movimiento ambientalista, ecologista, lo hicimos con un programa bien pensado, queríamos llevar lo que pasaba para afuera de aquí, porque nadie sabía sobre esto. Y la primera cuestión era ese proyecto de deforestación, porque él iba a acabar con los siringueros y los indios, iba a destruir las aldeas indígenas, los siringales, desde Rondônia hasta Brasiléia.

Los ambientalistas hicieron una credencial de periodista para Chico Mendes, para que participara de la asamblea de banqueros en Estados Unidos. Y Chico fue, se presentó como periodista de la Amazonia con su credencial. Claro que Chico Mendes era un siringuero, pero todo había sido organizado para que pudiésemos entrar en el nido de ellos, del gran capital, que quería venir aquí a acabar con nosotros.

Chico fue para allá provisto de muchos documentos, pruebas concretas de lo que era la implementación del proyecto del Banco Mundial en la Amazonia: que no servía para traer progreso ni desarrollo sino para destruir la vida, la cultura, y el gran potencial natural. Y fue ahí que Chico comenzó a hablar y presentó esta posición y la asamblea de los banqueros se partió al medio. Los banqueros suizos ya retiraban el recurso, igual los de Suecia y otros banqueros de Europa para estudiar eso bien, ver los documentos. Eso hizo que se suspendiera el proyecto por un año y permitió que el movimiento tomara un nuevo aliento para organizar y preparar el “desempate”.

Lea también  ¿Salvar el clima sin acabar con el capitalismo?

Así, creamos una serie de reglas que debían cumplir para que pudiera hacerse esa autopista (BR). Pero ahí el mundo cayó encima nuestro, porque fuimos considerados como los grandes obstáculos para el progreso y el desarrollo.

Ahora, nosotros los siringueros no teníamos automóviles, entonces, ¿para qué una BR en la Amazonia?; no andábamos en avión, entonces, ¿para qué un aeropuerto aquí en la Amazonia? No teníamos navíos, entonces, ¿para qué organizar tantos puertos aquí?

Entendimos que todo era con un objetivo, que ellos tenían un objetivo: introducir aquí los garimpos[5], introducir la soja y la agropecuaria aquí en la Amazonia para la exportación, introducir el manejo maderero. Por la forma como ellos traían ese proyecto de gran expansión para la región, nosotros tuvimos que enfrentarlo, y eso fue muy violento.

Ellos llegaron a tirar agente naranja desde los aviones, encima de los siringueros, en los siringales de Brasiléia, en la siringa Carmo y en la siringa Poví, para desmontar la selva y hacernos abandonar nuestras Colocaciones. Mucha gente murió en esa época, mucha agricultura de subsistencia se acabó en aquella región.

Nosotros no sabíamos qué diablos era eso de agente naranja. Después acabamos sabiendo que es un veneno, y que había sido tirado en las selvas vietnamitas por los americanos, cuando los vietnamitas les estaban ganando la guerra. Los estancieros, los hacendados, usaban eso acá, tenían toda la libertad para comprarlo porque no había ninguna regla. En los siringales Carmo y Poví fueron hallados 92 tambores de 200 litros de agente naranja, que ellos ya habían derramado.

Por ejemplo, yo quedé ciego por un año y eso que no había estado en contacto directo con el veneno sino solo aspiré el olor. Muchas personas murieron, incluso niños, y se destruyó la caza y la pesca, todo. Fue barbarie lo que ocurrió a los siringueros. Muchas personas fueron empujadas a las periferias de las ciudades.

Dicen que no somos siringueros

Esto aquí [ver imagen] se llama «plancha de caucho» (caucho crudo) y es el “principio” del caucho final, que es mucho mayor, de aproximadamente 50 kilos. Cuando está de este tamaño pesa entre 12 a 15 kilos. Yo me quedé con esta porque fue un intercambio que hice con Chico Mendes.

Cuando llegó la modernización estábamos, en la época, tanto aquí en el Brasil como en Bolivia, con un “principio” para trabajar el caucho, que se hace con hojas ahumadas y se prensa. Ahí yo le dije a Chico: “vamos a guardar una plancha de caucho porque de aquí a un tiempo nadie más va a oír hablar de esto”.

Una vez yo fui secuestrado en Rio de Janeiro, me llevaron a un edificio y a medianoche llegó un “tipo” al lugar donde yo estaba preso en un cuarto, y dijo:

“Chico Mendes era un vago, era un traidor, nunca fue castañero, nunca fue siringuero; fue siempre un representante de los americanos y fue siempre un entorpecedor del desarrollo, del progreso”. Y agregó: “Yo soy dueño de dos millones de plantas de café”.

Era un hacendado que había llegado al edificio donde yo estaba y quería hacer la discusión de Chico conmigo, llamándolo traidor y un montón de cosas.

En ese momento, ahí secuestrado, me acordé de esta plancha de caucho… Él, que cree que nosotros no somos siringueros, castañeros, campesinos, debería venir aquí, a ver dónde vivo, cómo vivo, porque hay mucha gente que dice que no soy castañero, que no sé quebrar castañas, que no soy campesino. Las personas de derecha siempre dicen eso y yo siempre recuerdo aquello, porque cuando el “tipo” aquel dijo que Chico Mendes nunca fue un extractivista, esto aquí es una prueba, porque esto aquí fue hecho por las manos de Chico Mendes. Él se quedó con uno hecho por mí junto con el compañero Jaquiro, que fue del movimiento con nosotros y que ya falleció hace 3 o 4 años. Nadie sabe de eso, porque es la primera vez que lo estoy mostrando, presentando, y nadie en ningún lugar trabaja ya con esto en la Amazonia, con este proceso tan primitivo. Pero ustedes van a conocer un trabajo hecho por Chico Mendes, un hombre que no fue solo un siringuero sino también un militante político.

Chico Mendes nunca fue un ecologista, fue un sindicalista, un político, él defendía el socialismo. Muchas veces en las discusiones políticas, él decía – nosotros sufríamos mucho de preconcepto porque no teníamos ninguna lectura, no teníamos formación académica– que teníamos una cosa que era muy importante, teníamos voluntad de vivir y sabíamos que para vivir solo dependíamos de nosotros, y que para garantizar nuestra sobrevivencia teníamos que garantizar nuestra permanencia en la selva.

Y esta selva estaba disputada por el gran latifundio. La dictadura trajo el latifundio aquí para exterminar a los siringueros, a los indios, a los castañeros, a los quiebra-cocos y babaçu[6], todo lo que era natural, y a los que hacíamos este producto y otros artesanales, como paneras, vasijas, ollas de barro. Todo eso nosotros lo trabajábamos.

Entonces, en nuestras reuniones, yo recuerdo que Chico decía: “Gente, nosotros no tenemos ningún valor para esa sociedad allá afuera, nadie allá nos considera como seres humanos, no somos de esa sociedad, estamos más allá incluso de la periferia de la sociedad”.

Yo nunca me olvidé de cuando él decía esas cosas, porque yo no tenía ninguna lectura, no sabía leer, no tenía ni un solo documento, no era contado por el IBGE, no figuraba en el censo de este país. Entonces, en aquella época ellos podían eliminarnos que no iba a haber ningún problema para ese sistema que implantaron los militares y el gran capital. Porque no éramos ni siquiera reconocidos por la sociedad; no teníamos escuela ni documentos, no votábamos…

IV Encuentr‹o de Pueblos y Comunidades Tradicionales del Maranh‹ão reunió cerca de 600 personas de la comunidad y contó con la presencia del líder siringuero Osmarino Amâncio.

Pero lo que prevaleció fue esa voluntad de organización de los siringueros, de los indios, de resistir, de no aceptar ser esclavos de los hacendados, de no vivir en la sumisión a esa política que el sistema implantaba para nosotros aquí.

Nosotros vivimos un proceso de esclavitud, un proceso de preconcepto, fuimos ignorados, pero resistimos.

Cuando ellos llegaron para eliminarnos, nosotros no aceptamos ser derrotados y así estos siringueros se levantaron.

Entonces, cuando Chico decía que solo de nosotros dependía nuestra sobrevivencia, cuando organizamos ese “Empate”, vino toda esa energía que era transmitida por Wilson Pinheiro, por Raimundo Rocha, por Zé Pretinho, por Chico Mendes, por Ivaí, por Jesús Matías y varios otros dirigentes sindicales que yo cuento entre catorce o dieciséis, y que fueron asesinados.

Esta selva aquí tuvo casi 4.000 casas incendiadas por el personal de la dictadura militar, por el personal de la UDR, por el gran latifundio que dejó de ser la UDR para tornarse ahora del agronegocio, que organizaba la violencia aquí.

Entonces, esta es una plancha de caucho histórica, porque la gente decía que Chico Mendes era un ecologista (intentaron hacer creer eso), cuando nadie entendía en esa época la cuestión de la ecología. Pero Chico Mendes tenía noción de nuestra importancia en el movimiento, y del aislamiento en que vivíamos.

No teníamos poder económico ni poder político, éramos analfabetos y no teníamos ninguna entidad que nos representase, la CUT ignoró nuestra forma de vida y la forma que teníamos de sobrevivir aquí adentro.

Entonces nosotros teníamos que crear conciencia nacional; tuvimos que crear los “Empates” aquí en la Amazonia para demostrar allá afuera que el gran productor del caucho, que hace las ruedas de los aviones, que hace la goma de las ollas de presión, que hace la “camisinha de Venus” [preservativos] es el siringuero, el extractivista natural. El caucho sintético no sirve para las ollas de presión ni para los preservativos; es el caucho natural es el que sirve.

La vida del siringuero

Bueno, en la vida de un siringuero, de las personas que vivimos aquí en las áreas rurales, en la selva, la primera cosa que hacemos por la mañana es encender el fuego y hacer comida para las gallinas, puercos, cachorros, dar alimento a los animales, y hacer café. Creo que el lugar más importante para nosotros es el fogón, porque él nos da la sustentabilidad que precisamos: comida y calor.

Y aquí hacemos todo natural. Era mucho más independiente todo hasta que el sulista [del Sur] vino para acá. Los europeos vinieron aquí e invadieron el país. Y nosotros nunca imaginamos que la Amazonia iba a sufrir esa tamaña violencia, porque si bien la Amazonia es un monstruo, es un monstruo delicado. Si no se sabe lidiar con ese monstruo o se lo destruye o él te devora, porque hay muchas cosas aquí que dependen de que usted sepa respetarlas. Por ejemplo, la mordida de una cobra: aquí nosotros inventamos un remedio, casero le llamamos, que tiene bilis de paca[7], que sirve para mordida de cobra, un té de nambú[8], plumas de nambú azul[9], tripa de gallina. Entonces, para quien viene de afuera, este es un lugar monstruoso; para nosotros es una cosa simple, por el hecho de que estamos muy arraigados aquí, y no logramos vivir fuera de aquí.

Voy a cumplir 60 años, tengo más de 40 años de militancia y gracias a la naturaleza estoy lúcido todavía para intentar mostrar que la lucha solo tiene sentido cuando nos organizamos por nuestros ideales. Yo considero que tenemos derecho de estar en esta selva, aquí, aunque sin energía eléctrica, con esta lumbre o con una linterna, sin sentir falta de las otras cosas.

El ser humano no precisa tanto, pero el sistema pone muchas cosas para que las personas consuman… y son cosas tan superfluas. La energía eléctrica es superflua, pero muchas personas no viven hoy si no tienen energía eléctrica, es imposible vivir sin internet. Si el sistema no hubiera traído a nosotros ese tal “progreso”, esa tal “civilización”, no hubiéramos sufrido toda esa violencia que pasamos aquí: todas esas miles de casas que fueron incendiadas aquí adentro en la Amazonia, en Acre, Pará, Rondônia, el Estado de la Amazonia todo, que en las décadas de 1970, 1980 y 1990 tuvieron más de mil campesinos asesinados.

Agresión para nosotros es salir de aquí. Porque cuando un siringuero sale de aquí para ir a la ciudad –y nunca estudió, no tiene ninguna formación–, lo primero que pierde es la identidad. Los siringueros, colonos, personal de la agricultura familiar, castañeros, ribereños, quiebra-cocos, para nosotros son todos campesinos, porque viven de la tierra.

Para mantenerse aquí, usted debe hacer un esfuerzo monstruoso, porque no hay educación de calidad ni una política de salud. Muchas personas se curan aquí las mordidas de cobra o el dolor de dientes con remedios caseros. Ahora imagine: las infecciones, los tipos de bacterias, los tipos de fiebres, todas las enfermedades tropicales de esta región son enfrentadas con la sabiduría del caboclo[10], de mi madre, de mi padre, que la transmitieron para mí, y que yo voy transmitiendo a los otros, y eso mantiene nuestra independencia.

La selva es un monstruo delicado, no obstante, este monstruo delicado fue ofendido a partir de que llegaron aquí los intereses económicos, y aquí hay muchas cosas que dan mucho dinero. Así, vinieron los garimpos de la casiterita [estaño], luego los del oro, los del diamante. Ahora la disputa es por el agua, y con un interés cada vez mayor porque escasea. Hay muchas inundaciones pero cuando llega aquí, nosotros ya sufrimos una sequía de dos años, donde no queda nada de agua.

Lea también  Mujer, cambio climático y socialismo

Es ahí donde nosotros percibimos la importancia, porque aquí en mi Colocación no hubo un igarapé[11] que no se haya secado. Queda aquí a seis kilómetros, pero es dentro de mi Colocación. Yo iba a buscar agua allá. Pero aquí donde estoy, yo cavé una fuente y descubrí que estoy encima de una napa freática. Una vez tuvimos una sequía de once meses sin llover y tuvimos agua a un metro y medio de profundidad.

Esta es una región que tiene que ser tratada de forma diferenciada. No se puede tomar la tierra de la Amazonia y repartirla en pequeños lotes y llenar esto de gente, porque las tierras no son buenas para la agricultura; la agricultura no se desplaza; y nosotros estamos en un lugar totalmente aislado. En época de lluvias aquí nadie sale, no tiene cómo salir a la ciudad para llevar un producto para vender. Entonces, para nosotros es importante poder diversificar nuestros productos.

La castaña puede ser almacenada y un carretero con un burro puede ir a buscar las castañas a la siringa, pero él no va a buscar arroz ni maíz ni las otras cosas. Entonces, lo que vino fue un incentivo a la ganadería, un incentivo a la agricultura, un incentivo a la maderera, y eso está agrediendo mucho nuestra región.

¿Por qué la Amazonia tiene una vida propia? Ella no logra vivir con ciertos proyectos que se implementan y que van a sacarle su naturalidad. Nosotros la llamamos “monstruo” porque las personas aquí tienen que sobrevivir de una forma muy independiente. Aquí usted no tiene cómo depender de políticas de gobierno, es decir, es un monstruo en todos los sentidos, en la educación, la salud, en nuestra economía…

Es una área vasta, una selva densa, donde hay árboles con más de 1.500 años y los árboles más nuevos tienen 200 años de existencia, y nosotros conseguimos superar todas esas epidemias que vienen, como malaria, hepatitis, fiebre tifus, sarampión, paludismo, viruela, etc.

Es un monstruo delicado porque usted tiene que tratarla con respeto. La Amazonia necesita que la respetemos. No se la debe agredir. Por ejemplo, al desmatar la cabecera de un igarapé se la está agrediendo, porque de esa forma se está acabando con el agua. Si desmata a la vera del igarapé, está acabando con la vida. El agua que yo bebo es del igarapé de mi Colocación, que no tiene un solo desmonte. A partir del momento en que se comienza a querer hacer aquí un lucro inmediato, como vemos ahora, este monstruo va a ser afectado y entonces va a sentir las consecuencias, y nosotros vamos a padecer con este monstruo.

La Amazonia puede ser considerada el mayor aire acondicionado, el mayor ventilador de la Tierra. Ella consigue refrescar la Tierra y a nosotros. Entonces, a partir del momento que usted destruye ese monstruo, todos vamos a sufrir consecuencias irreversibles.

Nuestra lucha es más actual que nunca

Es importante que los trabajadores y la población comprendan que para nosotros la reforma agraria es la selva. Por eso, la reforma agraria tenía que ser adaptada a nuestro medio de vida aquí. A nuestra cultura, nuestras costumbres y nuestra forma de vivir aquí. Nosotros trabajábamos en la sombra, no sabíamos trabajar al sol. La reforma agraria de la Amazonia no puede ser la reforma agraria de Rio Grande do Sul, porque allá ellos precisan del título, allá el campesino solo sobrevive si él tiene un título de propiedad para, por ejemplo, pedir un préstamos en el banco, y muchas veces él pierde la tierra por una hipoteca.

La lucha por la reforma agraria aquí es un proceso totalmente diferente que el de la lucha en el centro oeste o en el sur del país. Porque solo garantizaremos la permanencia del campesino en la tierra si desapropiamos la tierra, hacemos la expropiación colectiva como hicimos aquí, donde una siringa suele tener 500 familias y en ella está la Colocación, y en esa Colocación está la vivienda del siringuero. Como está la mía, por ejemplo. Y la siringa está dentro del municipio de la Amazonia. Si hiciéramos una comparación sería como un conjunto habitacional dentro de una gran ciudad. Una siringa es así: dentro del conjunto hay las cuadras y dentro de ellas, las viviendas. La siringa es un conjunto: dentro de él están las Colocaciones y dentro de ellas, las viviendas, y entre ellas están los “varadouros” [veredas o carriles abiertos en la mata], que son los caminos por donde las personas andamos, y que en las ciudades se llaman calles. Y nuestro principal medio de vida y sobrevivencia –por eso ese movimiento– era la caza, la pesca, el caucho, el açaí[12], solo productos bien nativos. La agropecuaria vino después, pero antes llegó el garimpo, el mercurio, el randape[13]. Llegaron acá no con el objetivo de ayudar al indio y al campesino sino con el objetivo de ayudar al gran latifundio improductivo y a los grandes empresarios.

Los siringueros, los pueblos tradicionales, y los campesinos todavía continúan enfrentando los grandes proyectos de expansión. Esos proyectos son implementados por el agronegocio y no traen ningún resultado para que ocurra la reforma agraria. Esos proyectos concentran la tierra, son proyectos tipo hidroeléctricas, aeropuertos, grandes rutas y autopistas. Son proyectos que destruyen la cultura de las poblaciones de aquí y que concentran la riqueza. La energía de esas hidroeléctricas que se están construyendo en la Amazonia va a inundar millones de hectáreas de la selva y no va a traer energía para las grandes poblaciones sino para dos o tres empresarios, por lo tanto, es un proyecto del agronegocio. Y lo que es más triste es que esos proyectos tienen el aval de personas como Marina [Silva], que hace una fiesta con el agronegocio diciendo que va a gobernar con ellos.

El PT y el PSDB[14] hacen coro y llevan a sus ministerios a los que dirigen el agronegocio, y eso es complicado porque la lucha por la reforma agraria está hoy totalmente olvidada. Los únicos que tienen una propuesta de reforma agraria, y la están implementando –y que ya dio un paso importante– son los siringueros.

El MST [Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra] comenzó en 1985 junto con nosotros, los siringueros, pero abandonó esa lucha. Pensó que el gobierno del PT iba a hacer esa reforma agraria, pero este no la hizo. Ahora la quiere hacer con las ONGs que solo hacen discursos.

Pero los siringueros crearon las reservas extractivas como una propuesta de reforma agraria adecuada para la región. Fue una propuesta que incluso era discutida internamente en el movimiento, en la época. Una propuesta socialista, de tener una tierra colectiva para evitar el éxodo del campo para la ciudad.

Primero empezamos a discutir la expropiación de esos grandes siringales en la región, que estaba llena de siringales: 500.000 hectáreas, que tenían 1.500 familias. Siringales de 100.000 hectáreas, de 50.000 hectáreas. Si fuese loteada y nosotros reivindicásemos el título de propiedad de esa tierra, en poco tiempo volvería a manos del latifundio. Porque cuando uno entrega el título de propiedad y esa persona no se adapta al área rural, ella vende. Por eso nosotros solo exigíamos el derecho al usufructo y que el título fuese de la Unión [el Estado brasileño]. Era una propuesta socialista, discutida dentro del movimiento. Solo que nosotros sufrimos una traición muy grande. Los militantes que confiaron en el gobierno del PT sufrieron una traición muy grande. Las centrales sindicales traicionaron esa propuesta.

Para nosotros, la importancia de llevar a los obreros la lucha por la reforma agraria, para que se junten a los siringueros, a los campesinos, es para sacar la concentración de la tierra del agronegocio, el latifundio, el gran capital. Es importante que se diga: hoy el dueño de la tierra no es solo el dueño de la tierra. El dueño de la tierra es también el dueño de la televisión; es el dueño del hidronegocio; es el dueño del agronegocio. Es el dueño de la mercantilización. Y la logística que fue aplicada en la Amazonia para implementar ese proyecto fue brutal.

Uno ve cómo el PT, Marina, organizaron eso que fue una continuación de lo que hizo el PSDB. Fernando Henrique Cardoso (FHC) comenzó esos proyectos. Nosotros creamos el Consejo Nacional de Siringueros y ellos crearon la ley del SNUC [Sistema Nacional de Unidades de Conservación]. Porque antes todo era decidido por los siringueros. El SNUC sacó el poder de los siringueros para decidir las cosas. Marina, como ministra de Lula, llegó allá y creó el SNUC, y quien hoy dirige las reservas que antes eran de los siringueros es el SNUC, junto con el ministro. Y el jefe actualmente es una persona indicada por el ministro de la Reforma Agraria. Así, nosotros fuimos traicionados, con todas esas consecuencias.

Entonces, cuando los obreros comiencen a comprender a estos trabajadores informales, el movimiento académico, principalmente aquellos que tienen el poder de escribir, de transmitir estas cuestiones, que ellos [el SNUC] adoptaron el discurso de nuestros enemigos, de Marina junto con el gobierno de Acre principalmente, [entenderán] qué es la nueva propuesta de una “economía verde”…

Es el nuevo proyecto que vienen implementando con la REDE[15], es un proyecto de reducción de emisiones por degradación. Esto hace que los siringueros que no están dentro de la reserva firmen un acuerdo por el cual se establece que los empresarios van a entrar, dicen que para ayudarlos. Ellos firman ese acuerdo y los empresarios vienen y comienzan a expulsarlos, porque ellos no van a poder más cazar ni pescar. No van poder usar la madera para construir las casas, nada. Todo queda intocable.

Entonces, hoy, el proyecto sobre el manejo maderero es el proyecto de la REDE, el proyecto de las hidroeléctricas, y todo está en disputa. La conquista de la tierra de la Amazonia está dando un trabajo grande al Estado. El Estado quiere vender esta selva. Precisa mercantilizar estos productos naturales. Pero para eso va a tener que expulsar a los indios, a los siringueros, va a tener que expulsar a los campesinos, a los quebraderos de coco de babaçu. Es un proyecto brutal y violento, porque el Estado no mide las consecuencias para incriminar y criminalizar.

Yo fui criminalizado, procesado, incluso. Fui absuelto por la justicia pero fui condenado a pagar 80.000 reales de multa. Podía sufrir no sé cuántos años de prisión porque dije que no iba a pagar la multa. Yo hubiese ido preso si no hubiese sido defendido por el movimiento sindical, por la CONLUTAS, el movimiento de los obreros de San Pablo y de Rio de Janeiro. Todo el mundo se juntó y salieron en mi defensa porque sabían que yo soy uno de los mentores de la creación de la reserva extractiva. Yo jamás degradaría este monte porque tengo el mayor cariño por él.

Entonces, los siringueros están siendo criminalizados porque cortan una madera para hacer una cerca, porque cortan una tabla y sacan una paja para hacer una casa. Ahora, el gobierno está sacando toda la madera. Yo pienso que nuestra lucha aquí en la Amazonia es muy actual. Solo falta que nosotros implementemos la formación, la capacitación, para que los trabajadores comprendan que esta no es una lucha más de los extractivistas: es una lucha de toda la humanidad. Tiene que ser también una lucha de todos los estudiantes, de todos los intelectuales, del mundo académico.

Pero lo que más nos enfurece era que luego de crear la reserva extractiva, de que Chico Mendes y muchos otros fueran asesinados en esa lucha por la reforma agraria, por una vida dentro de la selva de la Amazonia, luego de toda esa lucha, vemos a gente que estaba con nosotros, como Lula en la década del ’80 cuando Wilson Pinheiro fue asesinado, o Marina Silva, que surgió de aquí, de la siringa Bagaço, luego estudió y se formó como profesora y en el movimiento popular se destacó y se convirtió en ministra… y después de todo eso, esas personas fueron para allá, hicieron alianza con el agronegocio, con la UDR. Pareciera que están locos, llevaron a Kátia Abreu[16] al gobierno de Dilma, se juntaron con Renán Calheiros, con Cunha, con Collor[17], con todo ese personal que nosotros enfrentamos en la época de la dictadura; se juntaron con Sarney, que asesinó a mucha gente en el Maranhão.

Lea también  El mar de petróleo y la desidia criminal de Bolsonaro

Yo siento una gran repulsión, porque no se entiende por qué Lula, por ejemplo, salió de la presidencia diciendo que los “usineros”[18] eran los grandes héroes. Cuando él vino acá en 1980 dijo que de un “plumazo” hacía la reforma agraria en este país. Sin embargo, la tierra se concentró aún más, y él dijo que nunca los banqueros y los empresarios habían ganado tanto como con él de presidente.

Es triste verlos privatizando nuestros recursos, porque Marina creó una Ley de Concesión de Selvas y Bosques Públicos que les da por 40 años el derecho de concesión de, digamos, un millón de hectáreas. Vencidos esos 40 años de contrato de concesión con el Estado Brasileño, el mismo puede ser prolongado por otros 30 años. Quiere decir: Marina privatizó la selva amazónica por 70 años, y Lula creó la ley que reglamenta todo el desmonte hecho por la UDR y el agronegocio, es decir, los que hicieron el gran desmonte hasta 2008 están perdonados.

Y, ¿quiénes fueron? La Volkswagen, los grandes empresarios y latifundistas que desmontaron para apropiarse de la tierra, sacando de los siringueros y de los indios todos esos recursos y perjudicando a toda la humanidad. Porque este es un terreno que puede servir para investigar, porque en esta selva puede estar la cura para muchos tipos de enfermedades, porque aquí solo se hizo el relevamiento de 20% del potencial natural de la selva, y solo fue estudiado 7% de ese porcentaje investigado.

Lo que tenemos que decir a la sociedad, a la humanidad entera es que primero tenemos que conocer este monstruo aquí para después poder decidir si se lo destruye, porque aquí el agua es providencial así como la selva, porque ambas resuelven nuestros problemas. Por eso, para nosotros la reforma agraria es una necesidad, pero dentro de la realidad de cada región. Aquí precisamos la reforma agraria con la selva en pie. Entonces, tenemos que implementar investigaciones pero para modernizar lo tradicional, tenemos que tener ingenios de castaña pero para dar castañas en la merienda escolar. El açaí se arruina todo, el babaçu lo mismo…, aquí se destruye todo, y eso no es posible. Aquí se puede trabajar todo eso.

Es importante que nosotros, los siringueros, los indios, mantengamos esa lucha por la reforma agraria, pero no adhiriendo a esos proyectos de manejos madereros, mercados de carbón, prospección de petróleo, gas… Todo eso es lo que destruye nuestro gran potencial, nuestros recursos.

Les voy a recitar el Padre Nuestro como los siringueros hacían en la época del “desempate”, esa lucha que los siringueros hicieron para no dejar que la selva se pierda. Fueron para adelante, enfrentaron a los hacendados y no los dejaron desmontar. Y también hicieron su poesía, porque la UDR tenía a Sérgio Reis que hacía shows para ellos aquí, con remate de 5.000 cabezas de ganado para comprar armas para matar sindicalistas, curas, periodistas, para matar a todos aquellos que estaban del lado del movimiento siringuero.

Y nuestro Padre Nuestro dice así:

Siringuera que estás en la selva
Multiplicada sean vuestros días
Venga a nosotros tu látex
Sea hecho nuestro caucho
en la prensa como en la caja,
para el sustento de nuestras familias.
Nos des hoy y todos los días
Perdona nuestra ingratitud
Así como nosotros enfrentamos
las maldades del patrón.
Ayúdanos a liberarnos
de las garras del «regatão»[19].
Amén!

Y luego el Ave María, que dice así:

Ave Madera qué desgracia
Si preciso cortarte
Bendita es tu leche
Para a mis hijos sustentar
Sin embargo, tu caucho
Hace a los barones fallar.
Santa Madera, madre de leche
Ruega por nuestra victoria
Para que consigamos
Más reservas extractivas en esta hora.
Amén!

Mirando hacia atrás

Es bueno ahora hacer un recuento, porque se cumplen 100 años de la Revolución Rusa, en la que los bolcheviques y los campesinos expropiaron e hicieron la reforma agraria en Rusia. Aquí en el Brasil, en aquella época, el siringuero vivía en lucha contra los grandes siringalistas.

Después de la Revolución Rusa, nosotros conseguimos hacer ese movimiento en la Amazonia y aunque no expropiamos la tierra, los siringueros la sacamos de las manos del latifundio aquí en el Estado de Acre. Conseguimos que más de 30 millones de hectáreas de selva y de tierra quedasen en manos de los indios y los siringueros en los Estados de la Amazonia –Pará, Acre, Rondônia, Tocantins, Maranhão, Amapá, todos–. El movimiento de los Sin-Tierra consiguió ocupar muchas haciendas en este país. Fueron dos movimientos importantes en Brasil luchando por la reforma agraria: el MST y los siringueros en la Amazonia.

Treinta días antes de morir, Chico Mendes estaba en una reunión con nosotros, discutiendo el socialismo y todas esas cuestiones, y escribe un sueño para los jóvenes del futuro, diciendo lo siguiente:

Atención, jóvenes del futuro. 6 de setiembre del año de 2120, aniversario del 1° centenario de la revolución socialista mundial, que unificó a todos los pueblos del planeta en un solo ideal y en un solo pensamiento de unidad socialista, y que puso fin a todos los enemigos de la nueva sociedad.

“Atención, joven del futuro, en el año 2120 va a ocurrir la primera revolución socialista mundial, que va a poner fin a todos los enemigos del planeta”. Y fue hablando de ese sueño, diciendo: “En esa sociedad no habrá tierra concentrada, prostitución, desigualdad social; será una tierra de una sola clase, no habrá lucha de clases…”. Chico al final dice: “Ustedes disculpen por describir estos acontecimientos que yo mismo no veré, pero tengo el placer de haberlos soñado”.

Entonces, para mí, nosotros soñamos con una sociedad mejor, pero para eso es necesario que no creamos en este sistema que ilusiona a la gran mayoría con limosnas. Con la Bolsa Familia y con otras Bolsas. Lo que están haciendo con nosotros, lo que hacen en la ex Unión Soviética ahora, no es lo que pensaron los bolcheviques ni Lenin ni Trotsky, ni Marx ni Rosa Luxemburgo… No es lo que pensaron todos los que lucharon por esa sociedad en la cual la clase tendría lo suyo y el enemigo desaparecería, una sociedad justa.

Y yo continúo soñando, creyendo en eso, como Chico. Para nosotros, Chico no murió, está aquí, en esta lucha que estamos haciendo, como no murió Wilson Pinheiro, que para mí fue un gran dirigente, secretario del Sindicato de los Trabajadores Rurales de Brasiléia, inventor de la palabra “empate”, porque cuando los siringueros llegaron diciendo que en el Carmo y en Poví estaban los hacendados mandando desocupar la siringa, Wilson dijo: “… nosotros no viviremos con la selva desmontada, solo viviremos con ella en pie; entonces, no la desmontaremos ni dejaremos que ellos lo hagan”

Fue una palabra de Wilson Pinheiro, y nosotros la agarramos y dijimos: vamos a hacer ese “empate”. Y Chico salió por el mundo entero diciendo esto, y luego yo y tantos otros compañeros hicimos lo mismo.

Hoy, nosotros que estamos haciendo esta discusión por los 100 años de la Revolución Rusa, vivimos esa realidad cruda y cruel, y sé que muchos siringueros la viven también, y muchos campesinos la viven aquí y en Rusia. Y están luchando, como también lo hacen en Siria, en Europa y en todo y cualquier rincón del mundo, y aquí en el Brasil, principalmente contra la concentración de la tierra.

Entonces, tenemos que hacer que los trabajadores ignoren este sistema y podamos dar continuidad a esa lucha por una sociedad justa. Yo pienso que la reforma agraria es una necesidad. La concentración de la tierra tiene que dejar de existir. Pero eso solo será posible cuando la población se levante y no crea más en esos partidos del sistema capitalista. La gente se tiene que indignar cada día contra el sistema, contra ese orden que para nosotros es desorden.

Notas

[1] Trabajador que extrae el caucho.

[2] Colocación es el lugar donde tienen sus viviendas los siringueros.

[3] La UDR (Unión Democrática Ruralista) agrupa a grandes propietarios rurales. Lucha contra la preservación de la selva amazónica y contra la reforma agraria. Es acusada, por muchas organizaciones campesinas, de mantener trabajo esclavo en sus estancias y por el asesinato de centenas de trabajadores rurales. Solo entre 1985 (año de su fundación) y 1989 fueron asesinados 640 campesinos.

[4] Un Empate consistía en la reunión de hombres, mujeres y niños en los siringales, bajo el liderazgo de los sindicatos, para tratar de impedir, con su presencia, la deforestación de la selva por parte de los hacendados ganaderos.

[5] Garimpo es la denominación dada a la exploración y extracción, tanto manual como mecanizada, de sustancias minerales como el oro, los diamantes, etc.

[6] Babaçu es una planta indígena, fruto de una especie de palmera.

[7] La paca es un tipo de roedor que habita en las matas tropicales y se alimenta de frutas, hojas, semillas y raíces.

[8] El té de nambú es una infusión que se hace vertiendo agua hirviendo sobre las plantas puestas en un recipiente, que luego se tapa y se deja reposar por unos minutos.

[9] Inhambu-gallina, conocida en el Brasil como nambú o lambú, y otras denominaciones, es un ave parecida con la perdiz, que habita diversas plantaciones y áreas de pasto, muy común en el Estado de Amazonas y otras regiones con características similares, y que pone huevos de color azul-verdosos.

[10] Término utilizado en el Brasil para designar al nacido de madre indígena y padre blanco, o viceversa.

[11] En términos geográficos, un igarapé es un pequeño río que corre entre islas formando brazos estrechos o canales, y que existe en gran cantidad en la cuenca amazónica.

[12] El açaí es el fruto de la palmera que crece en estado silvestre, en el Norte del Brasil.

[13] El veneno randape (de Roundap) es un herbicida a base de glifosato, también conocido como “mata-mato”, que absorbido por las hojas actúa en las raíces, matándolas.

[14] Partido del ex-presidente del Brasil, Fernando Henrique Cardoso.

[15] Partido de Marina Silva.

[16] Representante de los hacendados, fue ministro de Agricultura del último gobierno de Dilma.

[17] Renan Calheiros y Cunha, parlamentarios del PMDB partido al que pertenecen Temer y Collor de Melo, ex presidentes del Brasil

[18] Dueños de ingenios azucareros.

[19] Se refiere a barcos que eran supermercados y que recibían como pagamento el caucho, dando una muy pequeña cantidad de alimentos en relación con el precio del caucho, producto que después los dueños de los barcos vendían por su valor real.