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Existen fenómenos naturales que son literalmente inevitables. Por ejemplo, los terremotos y erupciones volcánicas, no tienen relación con el cambio climático de la industria capitalista sino con la propia geología (son propios de la Tierra). De ahí que les llamemos desastres naturales, que dejan una secuela de miles de víctimas obreras y populares, no solo por la negligencia y preparación de los gobiernos burgueses sino por el evento catastrófico mismo y su objetividad natural. Los humanos no podemos evitar estos desastres, tan solo podemos minimizar sus efectos. ¿La pandemia del COVID-19 hace parte de esta inevitabilidad natural? ¿Deberíamos ocuparnos de contener los efectos de los virus, no sus causas, ya que, como algunos denominan, son desastres biológicos inevitables? Veámoslo más de cerca.

Por Natalia Marinaleda

Enfermedades zoonóticas

Los socialistas consideramos categóricamente que las pandemias son evitables. Si bien en el mundo natural y social proliferan millones de bacterias y virus, y el SARS-CoV-2 (virus que ocasiona la COVID-19) es natural, pues el consenso parcial científico haya su proveniencia genética de un animal salvaje (murciélago) con otro animal (pangolín u otro). De modo que pudo gestarse por la ingesta de ellos o mezcla en un mercado popular en Huanan, Wuhan, por el contacto humano con ellos u otra causa fortuita y aleatoria, de todos modos, la actual pandemia no era inevitable. Las razones para sostener esto van mucho más allá de la irresponsabilidad de gobiernos y empresarios, al no cerrar a tiempo fronteras aéreas, terrestres y fluviales, déficit de sistemas de sanidad pública universal, de libre acceso y gratuitos, o por no parar la economía no esencial, cuarentenas duraderas y no garantizar un sustento básico a las mayorías. Hay otro factor para tener en cuenta.

Las zoonosis son enfermedades infecciosas (producidas por virus, parásitos, etc.) transmitidas de animales a humanos y viceversa. Según la Organización Mundial de la Salud, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, la Organización Mundial de la Salud Animal y el Fondo Mundial de la Naturaleza, más del 60 % de las enfermedades humanas son zoonosis y provienen de los animales. Según sus fuentes oficiales, la influencia zoonótica puede potencializarse debido a factores sistémicos tales como: la crisis climática y la deforestación, la ganadería y la agricultura, la caza furtiva de animales, la pérdida de hábitats y diversidad, infraestructura y actividades industriales, neocolonialismo y la globalización, entre otras.

Esto quiere decir que los propios organismos del imperialismo “democrático”, sus expertos y la comunidad científica mundial reconocen el impacto negativo antrópico (humano) de la producción capitalista en la destrucción del medio ambiente y los animales, como un factor relevante y crucial para la recurrencia de emergencias sanitarias de zoonosis como el COVID-19. No obstante, en esta coyuntura, gobiernos burgueses como el de Trump y el chino de Xi Jinping, haciendo caso omiso, quieren hacerlo pasar como un accidente natural más o bien como un accidente social debido a un supuesto escape del virus de un laboratorio de investigación. Hasta el momento, basados en la evidencia disponible, ambas hipótesis son improbables, más bien, ocultan la responsabilidad de la burguesía y su sistema social. Las teorías conspirativas que pretenden mostrar lo que está oculto, más bien sirven para ayudar a ocultar aun más lo que está a la vista pero no se quiere o no conviene ver.

Las enfermedades zoonóticas modernas, es decir, propias de la actual sociedad burguesa, las cuales afectan a los trabajadores y pueblos, pueden tener distintos orígenes. Por ejemplo, la gripe aviar y la gripe porcina de 1918 y 2009 surgieron en la agroindustria alimentaria intensiva de carnes, leche y huevos, por ende, en ambientes insalubres de la explotación inmisericorde e inhumana de animales domésticos, confinados y medicados con antibióticos que hacen resistir las bacterias y patógenos. En este orden de ideas, no siempre ocurren zoonosis por comer animales sino también por el ambiente insalubre que transmite y contagia a los trabajadores y de estos al resto de la gente.

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Algunos coronavirus, como el MERS de 2013 y el SARS de 2002, vienen de los murciélagos e intermediarios (camellos y civetas, etc.) y pueden surgir por la ingesta directa del animal (el caso de algunos países asiáticos) u otras formas más accidentales como comer una fruta infectada con residuos o por tener un contacto con un animal silvestre en un viaje, o por vivir y trabajar cerca de zonas silvestres. Otras zoonosis como el VIH-SIDA, instaladas en el mundo humano en los 80’s y causante de millones de muertos, trasmitidas por relaciones sexuales o flujos sanguíneos, tienen algunos tratamientos pero no vacunas efectivas. Esta proviene del contacto con algunos primates en África y pudo haberse generado debido a la caza para el consumo local y experimentación, el contacto ocasional o intromisión en sus hábitats, etc.

Evitabilidad social e inevitabilidad social

Para el marxismo, lo correcto es sostener que algunos brotes de zoonosis (comienzo de un contagio en pocas personas) y virus naturales en las poblaciones humanas localizadas son menos inevitables que otros. También algunas epidemias (brotes más extendidos a más personas) a niveles locales y nacionales, pueden ser menos inevitables. Pese a esto, para el caso de las pandemias (epidemias extendidas a un grupo de países o continentes) y las zoonosis de origen socionatural (es decir, aquellas que tienen relación directa con la economía capitalista), de ninguna manera pueden considerarse como inevitables. Se pueden evitar que los brotes se vuelvan epidemias y estas pandemias e incluso muchas zoonosis producidas y potencializadas, no naturalmente, sino socialmente, por la producción capitalista y tendencias ecocidas, especistas y antihumanas de las economías y las políticas públicas de los estados, las cuales que pueden ser evitables y contenidas. Para que haya una auténtica evitabilidad social neta, la condición necesaria es la existencia de una nueva sociedad que proteja el medio ambiente y establezca relaciones triádicas menos contradictorias del ser humano con los animales (domésticos y salvajes) y el conjunto del planeta, en últimas, una sociedad socialista.

Ahora bien, lo que sí debemos reconocer con absoluta claridad es que, desde el punto del funcionamiento del sistema capitalista y sus leyes internas de acumulación y mercantilización de la naturaleza, las cuales implican arrasar con los ecosistemas y los animales en función de las ganancias de los ricos y el consumo desigual de mercancías por las clases, tal vez sí pudo ser inevitable –en sentido social, no natural– que sugiera la epidemia del COVID-19 en China u otro país, hecha pandemia por los circuitos mismos del capital. El sistema convirtió algo evitable natural en algo inevitable social, tal como lo venían advirtiendo varios científicos, si se continuaba expandiendo la sociedad capitalista a áreas silvestres, la ampliación de la frontera urbana y agroindustrial, etc. Estas pandemias iban a suceder como consecuencia inevitable de esta relación depredadora del hombre con la naturaleza.

Bajo el sistema actual, inevitablemente podrían aparecer con mucho más recurrencia y peligrosidad otras emergencias sanitarias de zoonosis y desastres de origen socionatural o antropogénico industrial, que pueden ser evitables y ser contenidas en sus grados cuantitativos y cualitativos en caso de suceder. El grado de virulencia, contagio, las tasas de letalidad y mortalidad de virus zoonóticos dependen, en lo fundamental, de la correlación de la lucha de clases y el flujo mercantil a nivel mundial. En pocas palabras, de la lucha política y social de acción y omisión por minimizar víctimas o maximizar costes negativos. En la actual crisis, podemos contener el número de muertos, contagios y desprotegidos.

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Basado en lo anterior, podemos comprender mejor las alertas que plantean algunos expertos (virólogos y epidemiólogos, etc.). Lejos de ser fatalistas o agoreros, estos científicos constatan que, si no se cambian la vida social y estructura económica, si vamos de “vuelta a la normalidad” y se mantiene la actual “anormalidad capitalista” en el campo y la ciudad, se podrían estar gestando ahora mismo pandemias futuras. Esto debido a la desregulación medioambiental y económica constitutiva de este sistema decadente e irracional que debemos cambiar de raíz, si queremos sobrevivir ya no solo como clase social trabajadora sino también como porvenir de la especie humana.

Plan de Emergencia

En estos primeros meses, varias lecciones orientadas a la acción pueden ser extraídas de la pandemia en curso con millones de contagios y decenas de miles de muertos. En orden de contener la COVID-19 y evitar nuevas catástrofes zoonóticas, algunas medidas anticapitalistas que el movimiento obrero y popular, junto a sus partidos de izquierda y las comunidades científicas podrían reivindicar, siguiendo el eje de la defensa proletaria de la salud integral, al igual que la defensa proletaria del medio ambiente, son las siguientes:

  1. Apoyar la exigencia de sectores sociales (ecologistas y animalistas) y expertos de cerrar de inmediato y prohibir de modo definitivo los mercados húmedos de comercio y granjas industriales y criaderos de animales salvajes (por ejemplo, osos, murciélagos, pangolines, etc.) tanto en la China meridional como en el resto de países del mundo. No bastan las medidas sanitarias provisionales y paliativas tales como el manejo de cajas y jaulas, sangre y fluidos, estándares de calidad comercial, empaques y tipo de especies restringidas. Tampoco basta el cierre y clausura provisional, al modo de la dictadura china, para reanudarlos de nuevo, como lo hizo en años anteriores.
    Además de ello, hay que garantizar que los trabajadores del sector no sean despedidos sino indemnizados y reubicados. Que el Estado les dé trabajo con contratos laborales y seguridad social. Respecto a los pequeños empresarios y vendedores, ofrecerles la opción de cooperativas relacionadas con el sector público, indemnización mínima o volverse trabajadores. Esta crisis muestra que la ruina de parte del pequeño capital, su coexistencia masiva y absorción por el medio y gran capital no es causada por el Estado mismo sino por las propias leyes monopólicas inherentes del capital.
  2. Prohibir y derogar las licencias que permiten la caza legal o ilegal de animales salvajes. Darles trabajo a los sectores populares (cazadores, vendedores, intermediarios, campesinos) que comercian con especies exóticas. No a la criminalización de los pobres ni cárcel a los sectores populares que se vean forzados a vivir de esto. Persecución a las redes de tráfico, los mandos altos del negocio y las mafias de las burguesías lúmpenes y de cuello blanco.
  3. Basta del saqueo imperialista de nuestros recursos naturales. Derogar y reformar todas las leyes capitalistas nacionales que flexibilizan y permiten la comercialización de zonas ambientales de alto riesgo zoonótico. Hacer cumplir las leyes y tratados proteccionistas existentes, a su vez denunciar su inaplicabilidad e insuficiencia debido a la avaricia de los ricos.
    Establecimiento y ampliación de zonas ecológicas en los países tales como: áreas biodiversas, reservas naturales y forestales a cargo del Estado y bajo control de los trabajadores, los pueblos y comunidades nativas con estrecha colaboración con el personal científico. Declarar estos territorios patrimonio de la humanidad y de la naturaleza del planeta, como es el caso de la Amazonía. El objetivo sería proteger y monitorear la fauna, la flora y los ecosistemas, en especial en los limítrofes con áreas urbanas e industriales con riesgos de zoonosis peligrosas. Viviendas seguras. Cero intromisiones del capital privado y sus organismos de fachada. Fuertes sanciones monetarias, expropiación, cárcel perpetua y pena de muerte a los capitalistas quienes violen las normas y exploten estas zonas.
  4. Creación de un fondo mundial y nacional para la atención de emergencias sanitarias controlado por los trabajadores. Financiación de la educación pública, la ciencia y la tecnología. Los recursos para ello podrían venir de la suspensión del pago de la deuda externa e impuestos a las ganancias de las grandes transnacionales y nacionales. La desfinanciación y fracaso coordinador de la OMS se debe a la avaricia capitalista y la estrechez nacional competitiva de los estados burgueses. Necesitamos una nueva institución mundial de la salud en manos de los trabajadores, la actual no sirve pues asesora a los ricos y es limitada en su gestión.
  5. Control obrero de la producción ganadera y la agricultura. Ambientes más salubres para los animales y sostenibilidad en las empresas del sector. Sindicalización masiva del sector y comités de control de fábricas, cultivos y zonas productivas. Nacionalización de las grandes empresas nacionales y extranjeras de los alimentos. Reconversión estratégica a un nuevo modelo alimentario y viraje a dietas más sanas, más sostenibles y menos cárnicas, con acceso obrero y popular y control democrático de los precios. Pan para todos. Debate científico y social sobre vías alternativas que afecten lo menos posible a la salud humana, el medio ambiente, el bienestar y derechos de los animales.
  6. Control obrero de la producción minera, extractiva, agricultura y maderera. No a la intromisión y violación de las leyes ambientales existentes y reformas a la extensión irracional de la frontera productiva que vayan en desmedro de la salud humana, el bienestar animal y la sostenibilidad ambiental.
  7. Control obrero de la industria del transporte, la industria de los hidrocarburos y la industria energética. Nacionalización de las industrias estratégicas. Por una disminución radical de las emisiones de CO2 y cumplimiento de tratados ambientales. Hacia una reconversión estratégica y urgente que implique una transición energética y diversificada, control de tasas de población y planes de choque ante el colapso climático y ambiental.
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Revolución o extinción

El capitalismo del siglo XXI y todos sus modelos neoliberales y estatistas no pueden llevar a cabo esta transición. Las siete medidas anticapitalistas frente a las zoonosis y sus correlaciones solo pueden ser logradas mediante la lucha social de los trabajadores y sus aliados populares, con reformas parciales, al igual que a través de la lucha social por un nuevo sistema mundial conquistado mediante un gobierno de los trabajadores, con reformas profundas y radicales.

En vista de esto, te invitamos a unirte a los partidos la Liga Internacional de los Trabajadores – Cuarta Internacional (LIT-CI) y el Partido Socialista de los Trabajadores de Colombia (PST-C) para luchar junto a los pueblos por una nueva civilización socialista, a la altura de los retos y riesgos existenciales que enfrenta la humanidad y nuestro país.