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“Al comienzo pensé que estaba luchando para salvar siringueras*, después pensé que estaba luchando para salvar la Selva Amazónica. Ahora, percibo que estoy luchando por la humanidad”[1]. Chico Mendes

Por: Lena Souza

Nada más oportuno que recordar esta frase de Chico Mendes en el mes del medio ambiente y en el momento que estamos viviendo. En cada frente de lucha, sea por la menor o mayor reivindicación, las cortinas se van abriendo y la cara nefasta del capitalismo va apareciendo. Y, con eso, la confirmación de que con este sistema la humanidad será llevada a la barbarie, incluso corriendo el riesgo de extinción. Por eso, es muy importante que todos los movimientos de lucha, contra la opresión, contra la explotación, en defensa del medio ambiente, tengan muy definido que la lucha es por la humanidad. Pero también es necesario enfocarse en quién es el enemigo.

En cuanto al medio ambiente, aunque las manifestaciones hayan disminuido en función del coronavirus y de las emergencias derivadas de la pandemia, las conclusiones son cada vez más cabales: el sistema capitalista es el enemigo, y la clase que lo dirige, la burguesía, no quiere y no puede resolver el problema.

Los alertas están planteados: la preservación ambiental es vital

Lo que vemos son cada vez más alertas sobre las posibilidades de más pandemias y problemas ambientales que afectan directamente a los/as pobres y trabajadores/as, poniendo en riesgo nuestras vidas.

Así como varios científicos y la propia OMS alertaron en varios momentos, la posibilidad de que surja una pandemia proveniente de un agente desconocido, las catástrofes derivadas del calentamiento global y de la pérdida de biodiversidad, ya son alertadas hace muchos años y vienen concretándose con más fuerza cada año y teniendo efectos directos en nuestra salud y en nuestra vida.

De acuerdo con la OMS, “más allá de las emergencias de salud derivadas de eventos climáticos extremos, los cambios climáticos exacerban la desnutrición, extienden enfermedades infecciosas, y llevan a la contaminación del aire que está ligada a aproximadamente siete millones de muertes en todo el mundo cada año[2].

Además de llamar la atención para la devastación de las selvas, que nos pone cada vez en mayor contacto con los virus presentes en la naturaleza, los alertas también llaman la atención sobre que el sistema climático no es lineal, lo que puede significar que sobrepasando un determinado punto de la temperatura global, muchos fenómenos imprevisibles puedan desencadenarse.

Las señales vienen apareciendo en el mundo cada año y se presentan de forma sistémica. Y todos afectan directamente la vida. Sea a través de enfermedades como el dengue y otras, que tienen su transmisión aumentada debido al calentamiento del planeta, sea a través de eventos climáticos extremos, como tempestades tropicales, inundaciones, ondas de calor, sequías, nevascas, huracanes, tornados y tsunamis que afectan igualmente de lleno la vida de millares de personas que, cuando no la pierden directamente, pierden su calidad sufriendo con la falta de alimentos, con la devastación por el fuego, por los huracanes, por la falta de un lugar seguro para vivir, etc.

El cambio climático es lento y podemos no notarlo de un día para el otro, pero es un proceso insostenible y puede llevarnos al colapso. De hecho, algunos científicos hablan de la sexta extinción (o de la séptima)[3] en masa de la vida en la Tierra, que según ellos ya está ocurriendo. La pregunta es: ¿los seres humanos serán víctimas de esa extinción en masa? Los números y las actitudes de quienes gobiernan el planeta dicen que sí.

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Hace décadas, desde 1970, científicos vienen alertando sobre el calentamiento global, o sea, el aumento de la temperatura media de los océanos y de la atmósfera terrestre causados por emisiones de gases que provocan el efecto invernadero. Esos gases se originan principalmente en la quema de combustibles fósiles, el desmonte, y otras fuentes como la agropecuaria, por ejemplo.

Actualmente ya enfrentamos un grado Celsius de aumento de la temperatura global comparado con los niveles preindustriales. Investigadores argumentan que estamos muy próximos de alcanzar 1,5 grados e incluso hasta 2° Celsius hasta 2050.

De acuerdo con el informe del IPCC de 2019, “si el calentamiento global sobrepasase el límite de 2° Celsius establecido en el Acuerdo de París, probablemente las tierras fértiles se transformarán en desiertos. Las infraestructuras van a desmoronarse con el deshielo del permafrost ­–tipo de suelo encontrado en el región del Ártico, constituido por tierra, hielo y rocas permanentemente congelados–, y la sequía y los fenómenos meteorológicos extremos pondrán en riesgo el sistema alimentario”[4].

¿Cuánto puede empeorar?
Emisiones* y calentamiento esperado hasta 2100

Banda roja: Si los países no actuasen, 4,1 – 4,8 C; Banda verde: Siguiendo las actuales políticas, 2,8 – 3,2 C; Banda celeste: Siguiendo las actuales promesas, 2,5 – 2,8 C.
*Las emisiones están en gigatoneladas de CO2 equivalente
Fuente: Climate Action Tracker – Gráfico de la BBC

Las metas capitalistas no pasan de una mentira. El calentamiento global continúa

En 2019, la temperatura mundial continuó aumentando; fue el segundo año más caliente ya registrado después de 2016 y fueron las temperaturas más altas registradas para los períodos de cinco años (2015-2019) y de diez años (2010-2019). Desde los años 1980, cada década es más caliente que la anterior. Además, el mes de mayo de 2020 alcanzó el récord de lectura por haber sido el más caliente, sobrepasando en 0,63 grados la media de temperatura de los meses de mayo entre los años 1981 y 2010.

Ya estamos cansados de ver el calentamiento mundial superándose cada año que pasa y, cada año, la temperatura media sobrepasar los niveles preindustriales en algunos décimos de grados más. También sabemos que para limitar el aumento de temperatura a 1,5 o 2 grados centígrados es preciso reducir las emisiones en 45% (considerando el año 2010) hasta el año 2030, y llegar a cero emisiones hasta 2050.

Pero, a pesar de todos los alertas, cada año, en cada Cúpula Ambiental, la inoperancia y la verdadera intención de los gobernantes del planeta quedan declaradas.

Y, después de la aparición del coronavirus, líderes mundiales aparecen con otra mentira, diciendo que es necesario aprovechar la coyuntura de la pandemia para recuperar la economía de una manera más verde y que considere el futuro del planeta.

No nos ilusionemos: para la burguesía, la lucha no es por la humanidad, es por la ganancia

Así como con el coronavirus, existen los negacionistas del calentamiento global, pero en el caso del clima ellos son en mayor número, pues los negacionistas de la pandemia fueron perdiendo fuerzas a medida que esta iba llevándose millares de vidas.

De la misma forma que en el caso del coronavirus, donde la mayoría de los gobernantes aparecen como preocupados pero hacen cuarentenas fakes, abren la economía y empujan a la población al genocidio, en el caso del calentamiento global ocurre lo mismo.

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La lógica es la misma. Lo que orienta las decisiones es la búsqueda de ganancias. Y no importa cuántas vidas están en juego o cuántas vidas están perdiéndose. El camino va directo a un precipicio, donde los ricos llevan paracaídas y los pobres van todos a una fosa común.

Basta de engaños: no estamos todos en el mismo barco

Una vez más, en el día mundial del medio ambiente, el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, lanza una frase de efecto y dice que la Naturaleza está mandándonos un “mensaje claro”. Y para resolver el problema, propone:

“Precisamos de toda nuestra comunidad global para cambiar de rumbo. Vamos a repensar lo que compramos y utilizamos. Adoptar hábitos y modelos agrícolas y de negocios sostenibles. Salvaguardar los espacios y la vida salvaje que aún existen. Y comprometernos con un futuro verde y resiliente”.

La plática de que la responsabilidad está en cada uno de nosotros es una tentativa más de mantener todo como está, con el poder en las manos de los ricos y la culpa en las espaldas de los pobres.

Y mientras tanto, los muertos son de nuestro lado. Así como con la pandemia, los ricos tienen condiciones infinitamente mejores para protegerse de las catástrofes ambientales. Mientras el pobre vive en lugares que se inundan con las lluvias provocadas por el desequilibrio ambiental, el rico está muy bien protegido en su mansión construida en lugar seguro. Mientras el pobre corre el riesgo de quedarse sin alimento por causa de las disminución de las áreas de cultivo, el rico se sirve los alimentos más caros y saludables en su mesa.

Y la lista de ejemplos no para por ahí. Todos los días vemos las consecuencias de las diferencias entre ricos y pobres aparecer de la forma más cruel en nuestros países y en el mundo en su conjunto.

No tengamos dudas, cada día queda más evidente que las vidas de los pobres no interesan, no importan.

Salvar la humanidad está en manos de la mayoría pobre y trabajadora y no de la burguesía. Falta que nos organicemos para eso

El movimiento ambientalista, los científicos junto con los/as trabajadores/as y el pueblo pobre del planeta solo pueden llegar a una conclusión, principalmente después de enfrentar la pandemia de coronavirus. Es necesario construir una sociedad regulada por una producción que esté controlada por aquellos/as que están interesados/as en satisfacer las necesidades básicas de la población, de forma equilibrada, sin que el interés esté centrado en la ganancia de algunos pocos como en la sociedad capitalista.

Individualmente, no somos los responsables por resolver los problemas ambientales, como algunos intentan hacernos creer. Aunque podemos y debemos tener actitudes individuales de preservación ambiental, estas no harán que cambie de manera profunda la relación que tiene el capitalismo con los recursos naturales. Las propuestas de “plante un árbol”, “haga la recolección selectiva de basura”, o “deje de ser consumista”, no resolverán nada mientras la burguesía controle la producción y las leyes.

Mientras plantamos un árbol, la Amazonía es devastada por los grandes pecuarios para aumentar el área de pasto, y los gobiernos cambian la legislación para permitir el desmonte. Mientras hacemos la recolección selectiva de basura, las grandes empresas de minería y las industrias de transformación explotan al máximo todo tipo de minerales existentes en la naturaleza para producir más y más mercaderías, pues eso garantiza más ganancias para hacer el reciclaje. Mientras reclamamos del consumismo de forma individual, los grandes industriales arrojan más y más productos al mercado y estimulan el consumo de forma de garantizar cada vez mayores ganancias.

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La responsabilidad es de aquellos que gobiernan, no obstante esta pandemia esté desenmascarando a todos esos gobernantes y a la clase a quien ellos sirven. Lo que esta pandemia nos está mostrando son las evidencias de que ellos no nos representan y no tomarán ninguna actitud para resolver los problemas ambientales que nos afectan y que pueden presentarse con fuerza muy superior en los próximos años.

El sistema capitalista es el mal que no expone a una crisis económica, una crisis de salud y una crisis ambiental que ponen en riesgo el mantenimiento de nuestra especie. El capitalismo es la causa, y no puede ni atenuarla ni resolverla. El capitalismo bien sucedido es una profunda destrucción de la naturaleza.

Estamos en una situación dramática como nunca en la historia. Está planteada la posibilidad de aniquilación de la vida en el planeta, y la sostenibilidad ambiental requiere la construcción de un nuevo modo de producción superior al capitalismo.

La conclusión de Chico Mendes es muy cierta, la lucha es por la humanidad. Pero es también una lucha contra una minoría de la humanidad que hoy la controla y ya muestra hace mucho tiempo que no tiene condiciones, capacidad e interés de preservar el planeta y nuestras vidas.

Nos falta organización; vemos las manifestaciones multiplicarse por el planeta, pero la ideología liberal, individualista, aún prevalece, y aun cuando el enemigo esté cada vez más visible, es necesario juntarnos, organizarnos, elaborar estrategias para derrotarlo.

Una nueva sociedad que pueda superar el capitalismo tiene que ser construida. Nosotros decimos que esa sociedad debe ser organizada sobre bases socialistas.

Usted, que no cree más en el capitalismo, que ya está cansado/a de ser engañado/a, venga a discutir y organizarse con nosotros.

*Siringueras son los árboles de donde se extrae el caucho.

Notas:

[1] https://exame.com/brasil/a-resistencia-dos-seringueiros-conheca-a-historia-de-chico-mendes/

[2] http://www.ihu.unisinos.br/78-noticias/595895-oms-alerta-para-13-ameacas-emergentes-a-saude-incluindo-possiveis-pandemias

[3] https://www.bbc.com/portuguese/geral-49689973

[4] https://cebds.org/ipcc-relatorio-mudanca-climatica-e-terra/?gclid=EAIaIQobChMI9rin__L86QIVjoSRCh005QUsEAAYASAAEgKlRvD_BwE#.XuPIaUVKjIU

Traducción: Natalia Estrada.