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En las polémicas con las diferentes corrientes de izquierda, suelen discutirse las políticas frente al gobierno de Maduro, la constituyente o el imperialismo. Pero lamentablemente poco se dice de la profundidad de la crisis económica y social, (además de la crisis política) que padece el pueblo venezolano. En estas líneas trataremos de aportar algunos datos para una mayor comprensión de la situación y el poco sustento que tienen las corrientes que defienden el régimen y el gobierno de Maduro, su constituyente y el PSUV.

Por: Víctor Quiroga

Debemos arrancar por reconocer que los trabajadores y sectores populares en los primeros años del gobierno de Hugo Chávez Frías obtuvieron algunas concesiones que les permitieron acceder a un mejor nivel de vida. Esto se dio sin que se produjera ningún cambio estructural de dependencia de la economía al imperialismo y sin ninguna ruptura con la burguesía. Por eso las concesiones tuvieron duración hasta la profunda caída del precio del petróleo y la crisis capitalista mundial y su refracción en Venezuela. A partir de ahí comenzó la pérdida de cada una de las concesiones. Trataremos de explicar la situación actual.

El gobierno de Maduro ataca el salario

Para ver la dimensión de los ataques al nivel de vida de los trabajadores asalariados basta con ver la evolución del salario. En el 2012, en vida de Chávez, el salario mínimo equivalía a unos 400 dólares, incluso tomando el dólar paralelo el salario se acercaba a esa cifra. La inflación rondaba un dígito y aunque insuficiente un trabajador podía comer tres veces por día.

Hoy las cosas son diferentes. El salario, mínimo al 18/8/2017 es de 256.000 bolívares, según el precio del dólar oficial DICOM que es de 2.970 bolívares, es decir 84 dólares, aunque las malas lenguas dicen que ese dólar que va a una subasta pública ronda los 4.500 bolívares. Pero si se toma en cuenta el dólar “negro” que se publica en dólar Today está en 14.140 (14/8/2017): ¡el salario estaría en los 18 dólares! Junto con esto hay que ver dos datos de importancia: la Cesta Básica (o Canasta familiar) llegó en agosto a los 2.400.000 bolívares (¡9 veces un salario mínimo). La inflación del 2016 llegó a 600% y, según el FMI, este año llegaría al 1000%. Pero más allá de estos datos fundamentales, hay otro: ¿cuál es el poder adquisitivo de esos 256 mil bolívares? Diremos al pasar que ese es un salario compuesto de un salario mínimo de 97.531 bolívares y un Bono Alimentario, no remunerable (no sirve para calcular vacaciones, jubilación, etc.) de 153.000 bolívares.

La familia tipo venezolana se compones de cinco personas. Un kilo de arroz puede durar tres o cuatro días, un kilo de harina pre-cocida otro tanto. Un kilo de azúcar quizás una semana. En el mercado “normal”, no el “negro” sino en el súper mercado de la esquina de cualquier barrio o urbanización, el kilo de arroz se cotiza en aproximadamente 15 mil bolívares (pueden ser mil más o mil menos); la harina pre-cocida ronda los 15 mil bolívares; una botella de aceite de soya 18 mil, un kilo de azúcar 12 mil y un kilo de pasta (fideos) 18 mil. ¡Un cartón de huevos ha llegado a 30 mil bolívares! (cuando se consigue). A esto no le agregamos siquiera las proteínas de carne de res, pollo o cochino que están por las nubes. ¿Cómo se llega a sobrevivir con estos precios liberados por el gobierno?

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Por eso, no es de extrañar estos datos de la ENCOVI (Encuesta Nacional de condiciones de Vida) del 2016, compuesta por un equipo de investigadores de la UCV (Universidad Central de Venezuela), la USB (Universidad Simón Bolívar) y la UCAB (Universidad Católica) determinó que el 52% de los hogares del país no tiene el ingreso necesario para comprar la cesta de alimentos. Es por ello que se consideran en pobreza extrema. Más aún, un 30% adicional, aunque tiene los ingresos para comprar los alimentos, no tiene los ingresos para otros rubros de gastos básicos del hogar. En consecuencia, el 82% de los hogares del país se encuentra en situación de pobreza. La pobreza estructural, que en el 2014 estaba en el 16% en dos años, 2016 llega al 31%

El abandono de la salud popular

Con las Misiones, hubo un avance para los sectores más marginales que nunca habían tenido acceso a un centro de diagnóstico. La Misión “Barrio Adentro”, con una mayoría de médicos cubanos, ayudó a que esos sectores tuvieran acceso a una atención primaria. Aunque no hubo un cambio profundo, estructural, en relación a una medicina más compleja en los hospitales, estos tuvieron algún avance.

Hoy la salud ha retrocedido a niveles de 1998 o peor. El Ministerio Popular para la Salud, publicó (9 de mayo de 2017) el informe epidemiológico correspondiente a 2015-2016. Es un tipo de informe que alerta sobre las enfermedades y su posible impacto en la población. En él, se destaca por sus niveles la mortandad materna. Este índice, que en la región latinoamericana estaba bajando en los últimos años a razón de un 2%, en Venezuela ha venido aumentando a razón de un 12%. Pero en los años analizados pegó un salto: entre 2015 y 2016 aumentó al 65%. En solo un año pasó de 456 mujeres fallecidas en 2015 a 756 en 2016.

Otro tanto está sucediendo con la mortandad infantil. La media de Venezuela era de entre 5 y 6%. Un índice que ya era alto porque el crecimiento poblacional es de 1,49% anual. Estar por encima de esa cifra ya significa un retroceso. Entre 2015 y 2016 la mortandad infantil se ubicó en el 29,5%.

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Las cifras del crecimiento de otras enfermedades también son impresionantes: la malaria pasó a 240.000 casos en 2016 comparados con 136.402, en 2015 y con 89.822 en 2014. Esta enfermedad en 2010 se situaba en 3 estados; hoy ya alcanza a 13. Otras enfermedades que se han generalizado son el zika, y la chikungunya, como nuevas epidemias, y la reaparición de viejas como la difteria. Un hecho “curioso” es que la ministra que reveló estos datos “renunció” a los pocos días de ser publicados.

Todo esto, se explica fundamentalmente por una gran desinversión del Estado y la destrucción de la salud pública: Los médicos y enfermeras vienen movilizándose desde hace mucho tiempo por salarios, falta de insumos y, fundamentalmente, ausencia de material descartable y falta de medicinas.

Según una encuesta publicada por la Asamblea Nacional y la organización “Médicos por la Salud” sobre “Hospitales de todo el país en 42 ciudades”: “el 51% de los quirófanos están inoperativos y un 78% de esos hospitales tienen escasez de medicinas; el 64% no tiene fórmulas lácteas para alimentar a los niños; más de la mitad de las cocinas no funcionan por falta de comida; prácticamente no funcionan los tomógrafos, y el 89% tienen fallas o no funcionan los rayos X”.

Estas cifras, dadas por la opositora Asamblea Nacional, pueden ser exageradas pero ayudan a explicar las cifras oficiales. Esta catástrofe en la salud pública, explica también el gran crecimiento de la salud privada: más del 55% de los pacientes se atienden en cínicas o consultorios privados.

A todo este drama hay que agregar la falta casi total de medicinas para enfermedades crónicas o terminales: no se hallan medicinas para la hipertensión, quimioterapia para el cáncer, HIV, enfermedades de la próstata, diabetes, etc. Estas medicinas solo se consiguen en el mercado negro, a pesar de que, según el gobierno, los laboratorios o los importadores, han recibido “dólares preferenciales”. ¿Quién se queda con los dólares y los medicamentos importados?

Avanza la crisis social

A los datos aportados sobre salarios y salud debemos agregar el hecho que casi 10 millones de personas acceden solamente a dos comidas diarias (un desayuno y un almuerzo o una cena). En ese marco, avanza la desnutrición infantil por falta de leche en polvo y proteínas.

La violencia y la inseguridad se han transformado en verdaderas pandemias: Venezuela tiene 7 ciudades entre las más violentas del mundo (Caracas, como la primera, Maturín, Ciudad Guayana, Valencia Barquisimeto, Cumaná y Barcelona) según el “Consejo Ciudadano para la Seguridad y la Justicia”, organización localizada en México.

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La cantidad de muertos por hechos violentos en el país pasó de 4.550 en 1998 a 28.479 en el 2016 (cifra última estimada por el Observatorio Venezolano de la Violencia). En total, estaríamos contando 287.926 víctimas en los últimos 18 años o, lo que es lo mismo, poco más de 43 fallecidos diariamente.

A todas estas penurias graves, hay que agregarle el sufrimiento de los sectores populares por falta de abastecimiento de las bombonas (garrafas) de gas (imprescindibles para preparar la comida): se deben hacer colas interminables desde la madrugada para lograr comprar una.

Todos los servicios se han deteriorado: los cortes de electricidad continúan siendo periódicos; el abastecimiento y calidad de agua potable es deficiente, incluso en estados como Bolívar con fuentes hídricas suficiente. El servicio de aseo urbano es inexistente en algunas ciudades, amontonándose la basura en las calles…

Las diferentes corrientes de izquierda que polemizan sobre la situación venezolana, deberían tomar en cuenta, aunque sea en parte, las cifras que aquí exponemos para tratar de comprender y explicar las verdaderas causas del enfrentamiento que las masas vienen teniendo con el gobierno de Nicolás Maduro y la ruptura con el mismo. A pesar de las diferentes coyunturas que se pueden abrir, este proceso de ruptura, desmoralización y crisis es irreversible. La experiencia que las masas están haciendo con el chavismo y el fracaso del proyecto nacionalista burgués, abrirá un proceso reflexivo que es importante tener en cuenta para ayudar a sacar conclusiones y poder construir una alternativa política independiente de la burguesía, de los militares falsamente “socialistas” y de la burocracia estatal y sindical.

Artículo publicado en la revista Correo Internacional n.° 18, octubre de 2017.-