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Así como las frutas, los trabajadores maduran principalmente en el calor, solo que en el calor de las luchas. Las direcciones reformistas y traidoras, al contrario de esto, crecen y maduran en el frío, en la estabilidad, distantes de las luchas y con acuerdos espurios con la burguesía. Cuando las luchas crecen, se pudren. Elaboran sus tesis e hipótesis robando oxígeno y emitiendo gas carbónico para el pulmón político del proletariado. Si dependiese de esta fotosíntesis, muchas luchas recientes ni siquiera habrían ocurrido.

Por: Hertz Dias*

Esas direcciones y sus intelectuales no consiguen ver miedo y fragilidad en los “de arriba” incluso cuando los “de abajo” se mueven, cuando lo “de abajo” salen a las calles, cuando hacen huelgas históricas o cuando arriesgan sus empleos y sus vidas para derrotar a gobiernos y patrones.

Si diesen oídos a esos narradores de sus derrotas, el proletariado brasileño ni siquiera habría construido los días 8 y 15 de marzo, la huelga general del 28 de abril o el “Ocupa Brasilia” del 24 de mayo… nada habría ocurrido. Si dependiese de aquellos, las paralizaciones del 30 de junio también habrían sido un fracaso total.

Esas organizaciones y sus dirigentes menosprecian la fuerza y la capacidad del proletariado con preguntas caricaturescas: “muéstrennos las huelgas insurreccionales”, desafían. “¿Dónde están los Consejos Populares?”, ¡preguntan en tono de ironía! Hacen falsas polémicas para presentar falsas alternativas: una de las cuales, caminar siempre al lado del PT.

La cuestión es que el PT, en tanto capataz de la burguesía, se fue alejando completamente de los intereses históricos de los trabajadores, pues ya había asumido el programa de la burguesía. A cada nueva gestión atacaba con mucha más fuerza a la clase trabajadora y a la juventud pobre. Emblemática fue la reforma de la previsión que Lula aprobó en 2003, expulsando del interior de su propio partido a parlamentarios que votaron en contra. Por otro lado, el gobierno petista todavía compró votos del PSDB y del DEM (antiguo PFL) para aprobar esa misma reforma en el llamado escándalo del mensalão[1].

El año en que ese escándalo salió a la luz, o sea, en 2005, Lula aprobó la Ley 11.343, conocida como Ley Antidrogas, que elevó el tiempo de cárcel por “tráfico”. En diciembre de 2006, 384.000 era el número de la población carcelaria en el Brasil; en diciembre de 2014 saltó a 622.000, de estos 147.000 solo por tráfico (fuente Infopen). De las mujeres encarceladas en el Brasil, 70% fueron encuadradas en la ley que Lula creó para encarcelar a pobres y no a traficantes de la lumpenburguesía. Rafael Braga, por ejemplo, es apenas uno entre los millares de jóvenes negros condenados por la Ley Antiterror aprobada por Dilma en 2013.

En la semana que se inició la campaña por las “Directas Ya” se cumplían exactamente 13 años que el PT había cometido uno de sus mayores crímenes: la ocupación militar de Haití al mando del entonces presidente de los Estados Unidos, George W. Bush. Según un informe de investigación interna de la propia ONU, aproximadamente 2.000 mujeres negras, de las cuales centenas eran niñas, fueron abusadas sexualmente por los soldados de estas tropas. En los shows por las “Directas Ya”, amnesia y silencio hablaron en nombre de nuestras hermanas haitianas.

En realidad, desde el punto de vista de los intereses de la mayoría de los trabajadores y de los sectores oprimidos, el PT fue muriendo de a poco, antes incluso de la caída de Dilma. Sin embargo, continuó caminando como un ‘“muerto vivo” porque todavía tenía alguna utilidad para la burguesía y para el imperialismo.

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No obstante, las “Jornadas de Junio” de 2013 encendieron la señal roja. Los trabajadores y la juventud, y sus sectores medios, salieron a la calles por millones, y eso ocurrió por fuera de las amarras que la burocracia petista imponía a las luchas sindicales, populares y estudiantiles. El año siguiente, Dilma vencería las elecciones por un hilo de cabello al frente del corrupto Aécio Neves, del PSDB. El número de abstenciones y votos nulos solo crecía y, más que eso, crecía el odio de los trabajadores contra todos los partido del orden.

Las luchas fueron ganando más fuerza a medida que los trabajadores rompían con el PT. La caída de Dilma fue, antes que todo, resultado de este proceso. En realidad, el gobierno Dilma tuvo una duración superior a las fuerzas populares que lo llevaron al poder. Conforme recuerda Trotsky, incluso cuando el proletariado rompe con gobiernos de este tipo, ellos no caen inmediatamente porque son superiores “a las relaciones de fuerza que produjeron”.

La mayor parte de la burguesía todavía apostó en Dilma en las elecciones de 2014, siguió apostando con menos fuerza en 2015, pero cambió de opinión en 2016 bajo el impacto de la crisis económica y la necesidad de profundizar las reformas anti-pueblo.

A diferencia del reformismo, que habla de “golpe” y retrocesos, la burguesía sabía que Dilma no tenía más fuerzas para hacer las reformas e incluso podía provocar convulsiones sociales. Preventivamente la sacaron del poder, antes que los trabajadores la tirasen.

Fue la creciente indignación de los trabajadores frente a los ataques del PT lo que hizo que ese partido se sumergiese como un cadáver que hace años había sido ahogado en las aguas de la conciliación de clases y en el lodazal de la corrupta burguesía brasileña.

Con mirar clínico, en tanto clase social lúcida, la burguesía fue la primera en avistar el cuerpo pútrido del PT boyando en sus aguas fétidas. El mal olor invadió también las narinas de gran parte del proletariado, excepto de las direcciones reformistas. La condena de Lula, que de inocente no tiene nada, es la prueba de que, por lo menos por ahora, la burguesía no precisa más de los servicios sucios del PT.

Así, las rupturas nacen de este tipo de percepción, y no necesariamente de la supuesta “madurez absoluta” del proletariado o de la existencia de Consejos Populares, pues de estos hasta los reformistas y contrarrevolucionarios pueden participar. Organismos de “doble poder” muchas veces surgen solamente después de la toma del poder.

En Rusia, los bolcheviques solo pasaron a ser mayoría en los soviets en vísperas de la toma del poder. Lo que en realidad los reformistas esconden es que antes de pasar por los Consejos Populares, las revoluciones pasan necesariamente por arriba de las direcciones reformistas que actúan como frenos de las luchas del proletariado.

En períodos de profundas tensiones sociales, la clase trabajadora se ve obligada a librarse de esas direcciones, pero también a hacer aquello que los obreros más detestan hacer en las fábricas y en la política, ¡las improvisaciones!

Así, antes de forjar nuevas direcciones en las que puedan confiar sus luchas, siguen sintiendo odio por los traidores más que por sus opresores, porque ven en los traidores a los responsables por el aumento de su opresión y explotación. Se sienten huérfanos, desconfiados, escépticos con todas las organizaciones, incluso con las revolucionarias.

Los revolucionarios, por su parte, deben entender eso, dialogar con ese sentimiento para elevarlos a un nivel superior, pero jamás arrojar en las masas las responsabilidades que emanan de las direcciones traidoras, como hacen el propio PT y sus satélites políticos.

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Para estos, el análisis más fácil de hacer sobre la lucha de clases es aquel que siempre prevé derrotas en función de la indisposición o miedo de la clase a luchar. Como casi siempre los trabajadores son derrotados, los pesimistas difícilmente erran en sus pronósticos y casi siempre sobresalen como grandes sabios, sobre todo para los más desavisados.

Restan importancia al problema de fondo, el de las direcciones vacilantes y arrogantes que se apegan a la caracterización de eterna inmadurez del proletariado y de su conciencia atrasada para capitular al Frente Popular con la alegación de que es preciso primero derrotar a la derecha y, solamente después derrotar a los “amiguitos” del Frente Popular.

En el Brasil, esa postura raya lo ridículo, pues la capitulación de casi toda la izquierda al Frente Popular ocurre justamente en el momento de mayor debilidad del PT.

Esa no es una característica particular de las izquierdas brasileñas y sus intelectuales de escritorio. En Europa, millares de intelectuales miraban para Rusia esperando la confirmación de sus hipótesis pesimistas sobre los destinos de la revolución, para después arrojar uno a uno los cadáveres del proletariado en la cuenta de los “irresponsables” bolcheviques:

“Si el Partido Bolchevique hubiese fracasado en esta tarea, no se podría ni hablar del triunfo de la revolución proletaria. Los soviets habrían sido destruidos por la contrarrevolución y los minúsculos sabios de todos los países habrían escrito artículos y libros diciendo que solo visionarios sin fundamento podrían soñar con la dictadura del proletariado en Rusia, siendo el proletariado, como era, tan pequeño numéricamente y tan inmaduro” (Trotsky, en la obra Clase, Partido y Dirección, agosto de 1940).

Ese fue un tema que atravesó los análisis de muchos marxistas brasileños, especialmente los estalinistas, durante todo el siglo XX. País atrasado, proletariado pequeño, inmaduro y mestizo (léase: negro), solo restaba una alternativa: alianza de los trabajadores (incultos) con los sectores más progresistas (y diría, más cultos) de la burguesía (la industrial) para llevar a cabo una revolución democrático-burguesa contra el enemigo interno (el latifundio) y el externo (el imperialismo). Era lo máximo que podían esperar de una clase social nacida de las entrañas de más de 350 años de esclavitud, o sea, la de ser conducida por la burguesía industrial. El golpe de 1964 mostró la incoherencia de esta tesis ya que la burguesía industrial se alió al imperialismo y al latifundio contra el proletariado y el campesinado.

Pero la tesis sigue viva. Revolución socialista para un país inmaduro de proletariado verde, ¡jamás! No por casualidad, el vice de Lula en sus dos mandatos (2002/2006 y 2006/2010) fue José Alencar, del Partido Liberal, un gran burgués, propietario de industrias que explotan trabajo semiesclavo en Haití. Al proletariado que elevó a Lula a ser el mayor dirigentes sindical de América Latina, ni siquiera le fue dado el debido crédito. Por el contrario, al participar de la fiesta que nombró a José Alencar como presidente emérito de la FIESP [Federación de Industrias del Estado de San Pablo], Lula estuvo encantado de recordar que “Alencar, por simplicidad y compañerismo, nunca va a reconocerlo, pero yo ya estaba cansado de tener 30% de votos en las elecciones […] Usted fue una especie de fondo de garantía que yo precisaba”.

Es importante recordar que la derrota más importante de la historia de la revoluciones del siglo XX se dio justamente en la Alemania industrializada y con uno de los proletariados más numerosos y fuertes del mundo. Y eso no ocurrió por culpa de la pigmentación de sus pieles ni mucho menos por el nivel tecnológico del país, sino por el papel cumplido por las direcciones vacilantes y traidoras.

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En Rusia, atrasada y con una clase obrera que constituía menos de 3% de la población, la revolución fue victoriosa porque tenía dirección revolucionaria, que ayudó al proletariado a atropellar a todas las direcciones reformistas y traidoras para derrotar a la burguesía y el imperialismo. Lo que fundamentalmente está en debate en el Brasil y en el mundo es el papel de las direcciones.

Una semana después de la tentativa de desmonte de la huelga general del 30 de junio por las centrales sindicales ligadas al Frente Brasil Popular (FBP) y el Frente Pueblo Sin Miedo (FPSM), Lula se sintió bastante a voluntad para declarar abiertamente que de ser electo no anulará ninguna de las reformas realizadas por Temer.

En nuestra opinión, si la clase trabajadora fuera derrotada en el Brasil, no solo será por la fuerza de la derecha o por las traiciones de la cúpula del PT. Será igualmente responsabilidad de las direcciones de todas las organizaciones que se colocan como una azucarada cobertura de la torta vencida llamada PT.

La capitulación descarada de muchas de esas organizaciones a las “Directas Ya”, que debilitó la huelga general del 30 de junio, fue solo un ejemplo más de ese crimen anunciado. Ni siquiera osan convocar Elecciones Generales, ya que el PT perdería parte de los mandatos que tiene hoy en el parlamento nacional.

Para esa gente, proteger o elegir a Lula pasó a ser la prioridad número uno, incluso que las reformas sean aprobadas por Temer, por el Congreso de políticos corruptos, o por el propio PT, tal como hizo repetidas veces durante el tiempo en que estuvo en el poder.

Para las centenas de militantes revolucionarios y honestos de esas organizaciones, sigue un alerta: ¡miren con más atención para las decisiones de sus direcciones que para la supuesta “inmadurez” de nuestra clase!

Referencias

MINISTERIO DE JUSTICIA. Levantamiento Nacional de Informaciones Penitenciarias: INFOPEN – Julio de 2014. Consultado el 12 de julio de 2014.

TROTSKY, León. Clase, Partido y Dirección. ¿Por qué el proletariado español fue derrotado?, en: “Cuestiones de teoría marxista” [1940].

Notas

[1] Mensalão [mensalón], escándalo de corrupción por las “mensualidades” [de ahí el nombre] recibidas por miembros del parlamento para que votaran determinadas leyes durante el gobierno de Lula, en 2005 [N. de T.].

* Hertz Dias es miembro de la Secretaría de Negros del PSTU y vocalista del grupo de rap Gíria Vermelha.

Traducción: Natalia Estrada.