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Hace cincuenta años, tuvieron lugar las movilizaciones de Mayo de 1968 en Francia. No llegó a ser una revolución, pero tuvo repercusiones revolucionarias, que hasta hoy son discutidas y estudiadas. ¿Por qué los acontecimientos del mayo francés fueron tan importantes?

Por Bernardo Cerdeira, de São Paulo

Protestas estudiantiles que se transformaron

El 22 de abril, 1500 estudiantes protestaron en Nanterre, un suburbio de París, contra la prisión de varios de ellos, que participaban de un comité contra la Guerra de Vietnam. Una semana después, la Facultad de Nanterre cerró y grupos de ultraderecha atacaron a los estudiantes.

El día 3 de mayo, ocho estudiantes implicados en las protestas fueron llamados para dar sus declaraciones. Fueron acompañados por una manifestación en la Plaza de la Sorbonne, la famosa Universidad de París. La policía reprimió la manifestación y, ante esta situación, la Unión Nacional de Estudiantes de Francia (UNEF) y el sindicato de los profesores llamaron una huelga, exigiendo la retirada de la policía, la reapertura de la universidad y la liberación de los estudiantes presos.

Entre los días 6 y 10 de mayo, hubo manifestaciones, que fueron violentamente reprimidas por la policía. Hubo enfrentamientos entre estudiantes y policías, además de un levantamiento de barricadas en el Quartier Latin (barrio latino, donde está la Sorbonne y viven millares de estudiantes).

La noche del 10 de mayo pasó a ser conocida como la “noche de las barricadas”, levantadas por decenas de millares de estudiantes. La policía disolvió las barricadas a la fuerza y comenzó a usar blindados para patrullar París. Sin embargo, la violencia de la policía provocó un sentimiento de solidaridad en la sociedad francesa: 61% de los franceses simpatizaban con los estudiantes en aquel momento.

…en una huelga general

Ante estos acontecimientos, se convocó una huelga general para el día 13 de mayo. Nueve millones de trabajadores adhirieron. Fue la mayor huelga de Francia hasta hoy. La manifestación de ese día reunió 200 mil personas. Después de la marcha, los estudiantes ocuparon la Sorbonne.

Al día siguiente, los trabajadores ocuparon las fábricas de la Sud Aviation, en Nantes, y de la Renault. Poco a poco, la huelga se extendió, paralizando la mayor parte de la industria. Los próximos días, adhirieron a la huelga controladores aéreos, mineros de carbón, trabajadores del transporte, el gas, la electricidad y periodistas de radio y televisión.

El movimiento estudiantil procuró crear una unión con los trabajadores. Millares marcharon para encontrarse con los obreros que ocupaban la Renault. Ambas concentraciones cantaban juntas “La internacional”, pero los sindicatos no permitieron que los portones de la fábrica se abrieran y que los dos movimientos se juntasen.

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La ocupación de fábricas colocó la cuestión del poder obrero y cuestionó la autoridad del Estado. Ante esa situación, el ministro Georges Pompidou aceptó abrir las negociaciones entre el gobierno, los patrones y los representantes de los obreros, principalmente la CGT, central sindical dirigida por el Partido Comunista Francés (PCF).

El 27 de mayo, la CGT firmó los Acuerdos de Grenelle, en que el gobierno y los patrones aceptaron un aumento de 35% del salario base industrial y de 12%, como promedio, para todos los trabajadores. La mayor parte de los trabajadores rechazó el acuerdo y continuó en huelga. Querían la caída del gobierno.
A pesar de eso, la traición del Partido Comunista Francés ya estaba consumada. Las huelgas, abandonadas por la CGT, fueron quedando aisladas, siendo reprimidas por la intervención policial o terminaron con acuerdos parciales. El presidente De Gaulle convocó elecciones para el día 30 de mayo.

1968: levantes y protestas en todo el mundo

El Mayo Francés fue el detonante o se combinó con varios levantes revolucionarios en todo el mundo. Fue, sin dudas, influenciado por los movimientos contra la Guerra de Vietnam en los Estados Unidos. Muchos sectores del movimiento estudiantil de 1968, así como los profesores, también fueron influenciados ideológicamente por la Revolución Cultural china.

El Mayo del ‘68 fue la primera gran movilización revolucionaria de masas en Europa Occidental después de la Segunda Guerra Mundial. Por eso, fue ejemplo para las luchas de los trabajadores de Italia el verano de 1969 y para las luchas de la clase obrera inglesa de comienzos de los años 1970. También inspiró o fortaleció el movimiento estudiantil en varios países latinoamericanos, principalmente las movilizaciones contra la dictadura en Brasil y las movilizaciones estudiantiles en México, que terminaron con la Masacre de la Plaza Tlatelolco.  

En 1968, también ocurrió la Primavera de Praga, movimiento que buscaba humanizar el régimen estalinista en Checoslovaquia y que se anegó en sangre como resultado de la invasión de los tanques del ejército soviético.

Apenas seis o siete años después, ocurrirían la Revolución Portuguesa (1974) y la derrota de los Estados Unidos en la Guerra de Vietnam (1975), la primera derrota militar del imperialismo.

Esa situación revolucionaria mundial puede explicarse a partir de múltiples factores. El primero fue el fin del boom económico del período que siguió la Segunda Guerra Mundial, principalmente la recuperación económica de Europa con el Plan Marshall. Acababa el período de los llamados “30 años gloriosos” y el mundo entraba en una crisis económica que, en breve, resultaría en la crisis del petróleo (1973).

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Otro elemento fue la revolución en los países coloniales y semicoloniales como China, Indochina, Cuba, Argelia, varios países de África y Vietnam, que había derrotado a los países imperialistas, debilitando su dominación. Por último, pero no menos importante, expresaba también la crisis del aparato estalinista mundial que ya había enfrentado procesos de revolución política en la Alemania Oriental (1953), en Polonia (1956) y en Hungría (1956).

Sin embargo, el proceso abierto en mayo de 1968, a pesar de su fuerza innovadora y de la repercusión internacional, no consiguió avanzar hasta un proceso revolucionario mundial que pusiese en jaque el poder de la burguesía imperialista en el mundo. Con el paso de las décadas de 1980 y 1990, el imperialismo consiguió controlar la Revolución Portuguesa, el proceso revolucionario en América Central y en otros países. ¿Por qué?

Las derrotas y la crisis de dirección

En primer lugar, todas las revoluciones citadas fueron derrotadas. Las revoluciones políticas en el Este europeo (Alemania Oriental, Polonia, Hungría y Checoslovaquia) fueron  aplastadas por la Unión Soviética (URSS). La mayoría de las revoluciones en países semicoloniales terminó reconduciéndolos hacia la condición de semicolonial de antiguas o nuevas metrópolis.

El proceso de derrota de la revolución política, combinado con la crisis económica de los estados obreros burocratizados, los mal llamados países del socialismo real, terminó con la decisión de la burocracia estalinista de restaurar el capitalismo en China (a partir de 1978) y en la URSS (a partir de 1985 en el gobierno de Gorbachov). La restauración sin dudas le dio un nuevo aliento al imperialismo.

Lo que llevó a esas derrotas fue, en primer lugar, la traición de los Partidos Comunistas en los procesos revolucionarios, como fue el caso evidente del Mayo Francés, o la acción contrarrevolucionaria del estalinismo en los países que gobernaban, como fue el caso de la invasión de Checoslovaquia y de Hungría. Otros aparatos burocráticos también contribuyeron con esas derrotas, pero el estalinismo fue el principal. La otra cara de la moneda fue la ausencia de una dirección revolucionaria.

El drama de 1968: la falta de un partido revolucionario

El movimiento estudiantil que brotó en mayo del ‘68 en Francia cuestionó ampliamente el PCF, reflejando la creciente conciencia sobre el papel traidor del estalinismo. Infelizmente, la mayor parte del movimiento estudiantil fue ganada por los nuevos aparatos burocráticos, como el maoísmo, que después revelaron su carácter oportunista. Otro sector fue traicionado por posiciones anarquistas y espontaneístas, que al final fueron impotentes en el enfrentamiento al estalinismo.

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Ese proceso tan rico y tan fértil de movilizaciones obreras y estudiantiles, de luchas y debates políticos decisivos, mostró esa enorme contradicción: el drama de la ausencia o de la extrema debilidad de un partido revolucionario, que pudiese dirigir la revolución, enfrentando el estalinismo en el interior del movimiento obrero y derrotando su política oportunista.

Si la ausencia de una dirección revolucionaria nacional e internacional es, en general, una de las características centrales de la lucha de clases en nuestra época, esa misma ausencia en una situación revolucionaria concreta, como la de mayo del ‘68, muestra toda su intensidad y urgencia.

Recordar esa fecha, por tanto, no debe tener un carácter festivo o superficial. Debe servir para extraer las lecciones para fortalecer la lucha estratégica del movimiento obrero, principalmente la lucha por la construcción de partidos revolucionarios que sean parte de una internacional y que luchen por la revolución socialista mundial.
Publicado originalmente en el periódico Opinião Socialista nº 554 .

Traducción: Danis