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Cuando hablamos de la legalización del aborto, no podemos dejar de referirnos al papel que la Iglesia católica cumple en esa cuestión. En todos los países en que el catolicismo tiene peso, la cúpula de la Iglesia, junto con los seguidores más ortodoxos, interfiere no solo en la discusión que se da en la sociedad sino principalmente mueven sus contactos para influenciar las instancias de resolución sobre la legalización, como fue el caso de la Argentina en los últimos meses.

Por: Lena Souza, de la Secretaría de Mujeres de San Pablo – PSTU

Aunque en el Brasil, entre las mujeres que ya tuvieron la necesidad de hacerse un aborto, exista un gran porcentaje de católicas, el tema es un tabú y la posición actual de la Iglesia en relación con la legalización del aborto hace que la gran mayoría de esas mujeres, aunque con grados diferenciados, carguen la culpa del pecado en sus espaldas.

Como con cualquier otro tema, no obstante, no debemos esconder y ceder a la presión de aquellos/as que, en nombre de la “defensa de la vida” no se abren al conocimiento ni siquiera del histórico de la Iglesia Católica sobre el tema. Actualmente, el acceso a las informaciones se tornó más fácil, haciendo que posiciones dogmáticas puedan ser conocidas, deconstruidas o, como mínimo, cuestionadas.

Siendo así, vale la pena hablar un poco sobre el histórico del posicionamiento de la Iglesia católica sobre el tema del aborto. La divulgación de ese histórico por sectores de la propia Iglesia, que no son reconocidos y no tiene voz en la institución, como las Católicas por el Derecho a Decidir, es cercada, pues aquellos que están en la cúpula o permiten la difusión de las informaciones prefieren la ignorancia para imponer su posición.

La actitud de la Iglesia católica en relación con el aborto no siempre fue la misma, y hay autores que incluso defienden que su posicionamiento actual es resultado de negociaciones políticas de su cúpula y no de posicionamientos religiosos.

En realidad, la Iglesia católica en 2000 años nunca tuvo consenso sobre la cuestión del aborto y, en ese período, su parecer osciló entre la flexibilidad y la prohibición.

Estudios sobre la opinión de los teólogos muestran que “San Agustín, todavía en el siglo IV, defendía que solo era posible hablar de vida después de 40 días de gestación (seis semanas). Mil años después, otro intelectual católico, Tomás de Aquino, reafirmó que no reconocía como humano el embrión que no hubiese completado 40 días en el vientre de la madre”[1]

“El estudio de los primeros escritos cristianos –de los llamados Padres de la Iglesia y de los teólogos de los siglos iniciales del cristianismo– muestra un panorama bastante diversificado. Hurst, analizando la tradición de la Iglesia en ese campo del aborto, encuentra que la razón de la condena del mismo era, de inicio, ligada al problema del adulterio que la interrupción de un embarazo ocultaría, y al pecado de fornicación, esto es, del sexo realizado sin la finalidad procreadora”[2].

Solamente en 1869, el papa Pío IX adoptó la teoría de que el alma humana es incorporada en la concepción y pasó a condenar el aborto en cualquier estadio. Pero, la adopción de su posicionamiento, que perdura hasta la actualidad, es revelado por varios autores, que afirman que el Papa adoptó ese posicionamiento como resultado de una negociación política:

“Para darle un barniz “teológico” a una decisión puramente política, el Papa utilizó textos del emperador Tertuliano (siglo III) y de San Alberto Magno (siglo XIII), que defendían la hominización inmediata, o sea, el ser humano existe desde el momento de la fecundación”[3].

“Y eso ocurrió porque Francia pasaba por una crisis de baja natalidad que incomodaba los planes de industrialización del gobernante. Entonces, motivado por cuestiones políticas, el Papa dijo a la población que a partir de aquel momento el aborto –en cualquier fase del embarazo– era pecado”[4].

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Esos mismos autores agregan que el acuerdo habría sido hecho porque el papa Pío IX necesitaba del apoyo francés para no permitir la anexión de Roma en la guerra de unificación de Italia.

Quien conoce la historia de la Iglesia católica y todas las atrocidades a las cuales adhirió, apoyó u ocultó para mantener el poder, no duda de que tal hecho sea verdadero, y que la pena de excomunión que vino junto con esa medida del Papa sobre el aborto haya sido con intereses políticos y no de “defensa de la vida”, como nos quieren hacer creer.

La hipocresía y la dictadura presentes en la posición de la Iglesia

No faltan ejemplos para confrontar, cuestionar y dudar de la gran “verdad” contenida en la posición de la Iglesia católica sobre la “defensa de la vida”.

Como vimos arriba, la gran defensa sobre la cual se basa es la cuestión de que el ser humano existe desde el momento de la fecundación. Y, aunque la Iglesia intente justificar sus posiciones divergentes en el pasado apegándose al argumento de que la ciencia tenía menos conocimiento, la afirmación de la existencia de la vida en el momento de la concepción actualmente continúa sin tener consenso entre los científicos.

“La defensa del derecho a la vida desde la concepción –antes justificado por los más altos mandatarios de la Iglesia católica por el hecho de que la vida se inicia en el momento de la concepción y de ser un don divino sobre el cual no se tiene ningún derecho de interferencia– gana nuevos contornos en las disputas actuales. Se busca en las Ciencias Biológicas, en la Medicina y en la Filosofía la justificación para la localización del inicio de la vida en la fecundación…[5]

Ese argumento, sin embargo, no se sostiene, pues como plantea Roberto Goldim, profesor de bioética de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul: “hay por lo menos 19 formas médicas para decidir cuándo reconocer ese embrión como una persona”[6].

En conclusión: “Esa es una discusión llena de contradicciones y respuestas diferentes. Un debate en que la medicina queda más cerca de ser una ciencia humana que biológica y en el que frecuentemente se encuentran científicos usando argumentos religiosos y religiosos valiéndose de argumentos científicos”.

E incluso si hubiese unanimidad científica de que existe vida a partir de la concepción, los pesos y valores de la Iglesia, que tanto se aferra a la “defensa de la vida” cuando dice: “Explícitamente manifestamos nuestro irrenunciable compromiso con la vida desde la concepción hasta la muerte natural, con especial atención a la vida más fragilizada… condición indispensable para que la democracia sea consolidada”[7], no aparecen con tamaña devoción e interferencia en asuntos de Estado, cuando se trata de enfrentar el poder de la clase dominante. Pues, si la “defensa de la vida” es tan importante, ¿por qué la Iglesia nunca entró con tamaña vehemencia y resolución en el enfrentamiento con los gobiernos en una discusión tan actual como la de los migrantes, donde la vida de millares de seres humanos, entre ellos niños de todas las edades, incluso aún en el vientre de su madre, son literalmente perdidas por no tener el derecho a un lugar para vivir? No vemos a la Iglesia haciendo lobby con parlamentarios o gobiernos de ningún país cuando se trata de votar leyes para liberar la entrada de migrantes a través de las fronteras de esos países.

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Tampoco se ve a la Iglesia entrar en la discusión sobre la verdadera guerra que mata a millares de niños, adolescentes, jóvenes, principalmente pobres y negros de la periferia, como en el Brasil, donde la pobreza es la principal responsable. O incluso, ¿alguien vio ya a la Iglesia entrar en la discusión del feminicidio que saca la vida a millares de mujeres en el Brasil y en el mundo? Por el contrario, la Iglesia, con su posición machista sobre las mujeres, en verdad lo que hace es incentivar la violencia y el feminicidio. Podríamos hablar de un sinnúmero de ejemplos actuales sobre la defensa de la vida (sin comillas), donde no vemos a la Iglesia cumpliendo ese papel.

Eso sin hablar de que históricamente la Iglesia fue actor principal, cómplice, o se calló frente a verdaderos genocidios como el colonialismo, la esclavitud, el nazismo, las dictaduras o, nuevamente, un largo etcétera… O incluso, cuando cumplió directamente el papel de torturar y sacar vidas a través de la inquisición, matando y mutilando a millares de seres humanos que, a su juicio, eran herejes, brujas, etc.

Tampoco vemos a esa misma Iglesia ser radical en el juzgamiento de los padres pedófilos que, con sus acciones, causan la destrucción de vidas individuales y familiares. Y todavía somos obligadas/os a oír dentro de la iglesia voces como la del arzobispo Fabio Martínez Castilla, de la Arquidiócesis de Tuxtla Gutiérrez, México, diciendo que aborto es mucho más grave que un padre abusar de un niño.

De esa posición y de muchas otras expresiones y prácticas que vemos en el día a día, podemos sacar concusiones sobre la verdadera posición de la Iglesia en la “defensa de la vida”.

Defendemos el Estado laico… y más: defendemos una sociedad socialista

La religión o la creencia de cada uno debe ser un asunto privado en relación con el Estado. Nadie debe ser discriminado o perseguido por el Estado debido a sus creencias religiosas. Eso significa ser un Estado laico, aquel que no discrimina y tampoco apoya ninguna religión. Garantiza la existencia del culto a cualquier religión y también la no interferencia de cualquier culto religioso en asuntos sociales, políticos o económicos del Estado; mucho menos, que religiones que tienen mayoría de fieles puedan imponerse sobre las minoritarias o sobre aquellas personas que no tienen ninguna religión o incluso se declaran ateos. No obstante, la Iglesia católica, disfrazando sus argumentos bajo el manto de la ciencia, cuando defiende que el derecho al aborto debe ser negado a las mujeres está obligando a que todos/as se sometan a su opinión.

La Iglesia y los poderosos dicen que los socialistas son ateos y que quieren imponer su convicción sobre la sociedad, obligándola a no creer en Dios. Es verdad que la concepción socialista defiende el ateísmo, pero ese no es el criterio utilizado para desarrollar la lucha por el socialismo.

Defendemos, a diferencia de la práctica de la Iglesia y de la burguesía, que, como decía Lenin: “cualquier discriminación de los derechos de los ciudadanos relacionada con sus creencias religiosas es completamente inadmisible. Incluso toda mención en los documentos oficiales sobre tal o cual creencia religiosa de los ciudadanos debe ser incuestionablemente suprimida”.

Continúa Lenin: “En lo que se relaciona con el partido del proletariado socialista, la religión es un asunto privado… pero… no vamos a desviarnos en dirección a una defensa abstracta, idealista, de la cuestión religiosa por la “razón en sí” fuera de la lucha de clases… sería absurdo creer que en una sociedad basada en la infinita opresión y el embrutecimiento de las masas obreras, es posible apartar los preconceptos religiosos exclusivamente por la vía del pregón”.

Y, hablando sobre el socialismo en Rusia, dice: “Y en ese régimen político, liberado del modo medieval, el proletariado emprenderá una lucha amplia, abierta, por la liquidación de la esclavitud económica, que es la fuente verdadera del engaño religioso de la humanidad”[8]

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La Iglesia, en palabras hace el siguiente cuestionamiento a los que defienden el aborto: “nos preguntamos, mientras tanto, si la solución para ellas se encuentra en la interrupción del embarazo o en el empeño de todos por una nación en que los derechos fundamentales sean efectivamente reconocidos y cumplidos”[9].

La repuesta de la propia Iglesia a ese cuestionamiento es el pregón de la humildad y la resignación en la vida en la Tierra para esperar una recompensa en la vida celestial.

Nosotros defendemos la lucha por una vida digna aquí en la Tierra, y ahora. Al contrario de la Iglesia, no pregonamos la resignación, defendemos la lucha revolucionaria por una sociedad socialista donde podamos acabar con la explotación para garantizar los derechos fundamentales de sobrevivencia y también nuestras libertades. Una sociedad en que podamos garantizar la vida en todas sus dimensiones, donde no tengamos ni niños ni adultos muriendo de hambre, sin un lugar donde vivir, sin empleo o sin lugar para vivir en el caso de los refugiados.

Defendemos la vida en todos sus momentos y sus dimensiones, no como la Iglesia que en nombre de la moral y de la “defensa de la vida” quiere prohibir el aborto matando así a millones de mujeres que practican el aborto inseguro, o que “defiende la vida” pero no hace nada en relación con la causas que llevan a millones de seres humanos a la muerte todos los años, por falta de una vida digna.

Queremos una sociedad socialista que garantice la libertad de la mujer a decidir sobre su maternidad, si quiere ser madre, y el momento de ser madre. Y que aquellas mujeres que libremente decidan ser madres puedan tener garantizado ese derecho con asistencia del Estado en el ámbito de la salud, de la educación, de la vivienda, del empleo, etc., para que ellas y sus hijos/as sean tratados como verdaderos seres humanos.

Y que, para aquellas que decidan no ser madres, pero que por cualquier razón necesiten hacerse un aborto, ese derecho también sea garantizado, con libertad y sin culpa.

Por eso llamamos a todas las mujeres y hombres de la clase trabajadora a luchar por la legalización del aborto, y más que eso, a luchar por una sociedad socialista, la única que puede garantizar de hecho las condiciones para la verdadera emancipación de las mujeres.

[1] https://www.revistaforum.com.br/igreja-catolica-nem-sempre-foi-contra-o-aborto/

[2] http://cienciaecultura.bvs.br/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0009-67252012000200012

[3] Ídem.

[4] https://super.abril.com.br/blog/superblog/uma-verdade-inconveniente-a-igreja-catolica-ja-tolerou-o-aborto/

[5]http://repositorio.unicamp.br/jspui/bitstream/REPOSIP/324992/1/Souza_GedalvaDe_M.pdf

[6] https://super.abril.com.br/ciencia/vida-o-primeiro-instante/

[7] https://www.vaticannews.va/pt/igreja/news/2018-07/igreja-catolica-orani-joao-tempesta-despenalizacao-aborto-brasil.html

[8] “El marxismo y la religión”, Revista Marxismo Vivo n.° 2, 2011. Liga Internacional de los Trabajadores.

[9] https://www.vaticannews.va/pt/igreja/news/2018-07/igreja-catolica-orani-joao-tempesta-despenalizacao-aborto-brasil.html

Artículo publicado en: www.pstu.org.br

Traducción: Natalia Estrada.