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“¿Quién podría creer que un empleado de tribunales o un guardián del Palacio de Justicia hayan podido convertirse de repente en presidentes del Congreso de los jueces de paz?”

Zaleski, general zarista citado por León Trotsky en Historia de la Revolución Rusa.

Jafet Soto y Gustavo Román Jacobo.

Por Roberto Herrera

¿Qué pensaríamos de un entrenador de futbol infantil, que escribiera un artículo titulado: “los bullys importan” y que el artículo defienda que los “bullys” son importantes porque Jafet Soto ganó el campeonato nacional y obviamente él es un matón? Nos habría indignado y probablemente pediríamos que tal entrenador, nunca vuelva a dirigir un equipo deportivo, ni este cerca de ningún niño.

Si Ted Bundy hubiera escrito un artículo intitulado “los asesinos en serie importan” diciendo que son útiles para perfeccionar el sistema de justicia, ningún diario se hubiera atrevido a publicar tal artículo, se consideraría la obra de un demente.

Pues bueno, nuestro mundo no es tan cuerdo.

En vísperas de Navidad ese “pozo de infinita sabiduría” que es la sección de opinión del diario La Nación S.A. ha publicado un artículo intitulado: “Las élites importan” el artículo está firmado por Gustavo Román Jacobo, asesor político del Tribunal Supremo de Elecciones, quién pasa y posa de ser parte de una “joven generación de intelectuales costarricenses” (cómo alguna vez pasaron y posaron en ese lugar Kevin Casas y Fernando Sánchez).

El artículo es un alegato “sobre la importancia de las élites sociales costarricenses”. Lejos de provocar indignación como provocó el chiste machista de Francisco Blanco, el artículo está siendo celebrado como un texto “incomodo” pero “necesario”, útil para entender “el sentido necesario de nuestra vida política” según escribió Leonardo Garnier.

Yo creo que lo único que debería provocar el artículo es indignación. Si viviéramos en la Grecia clásica, el ostracismo sería el único destino de Román Jacobo (RJ), es decir el destierro por mala conducta o mal gobierno, el destierro por proteger a los tiranos contra la democracia.

Pero no es el caso, vivimos en la América Latina del neoliberalismo, no en la Grecia clásica, aquí gente como Román Jacobo pasa por intelectual respetable y no por esbirro de los tiranos.

¿Cuáles son los argumentos de Román Jacobo?

El argumento de Román Jacobo no es nuevo, de hecho es bastante viejo. Los “mejores” deben gobernar y los “promedio” y los “mediocres” no deben gobernar.

Para Román Jacobo las élites sociales son: “las minorías dirigentes de las sociedades, esas personas que, al destacar por sus capacidades y virtudes superiores, ejercen de hecho (y a veces también por derecho) posiciones de liderazgo en los distintos ámbitos de la sociedad”, continúa afirmando: “Lo “natural”, lo “saludable” para una sociedad, es que, en las posiciones más prominentes, no solo del gobierno sino también de la judicatura, los medios, el mundo cultural, el empresarial, etc., estén los mejores, y que las mayorías, los peores y “los promedio” reconozcan esa nobleza de espíritu y no solo acepten, sino que busquen la guía de las élites”.

El tema es viejo y manido como una canción de Luis Miguel. Las élites aristocráticas de los mejores o los más inteligentes (según el caso) y las clases peligrosas, la turba, la chusma, los descamisados, los cabecita negra,  la gradería de sol.

El artículo es muy expresivo porque Román Jacobo, supongo que sin quererlo, nos cuenta la génesis personal y social de su artículo: Le da miedo la gente plebeya. Le da miedo el pueblo. Le dio miedo un taxista.

Nuestro “refinado” politólogo reaccionó asustado por los razonamientos políticos bruscos y toscos de un taxista, de un pequeño transportista arruinado por la crisis social que han producido las élites tan queridas por Román Jacobo. Por lo visto lo sucedido es que RJ se subió a un taxi y en el “small talk” el chofer le espetó: “No, si Costa Rica es pura vida, el problema es que los políticos se lo roban todo” (…) “Hemos estado dormidos, pero cuando el pueblo se levante este país va a cambiar”.

Y nuestro politólogo de esta conversación sacó la conclusión que lo mejor que podemos hacer es restringir la democracia y ser gobernados de manera aristocrática. Es decir si RJ se hubiera tomado una limosina o el helicóptero de Juan Carlos Bolaños, nos habría ahorrado sus tonterías y probablemente no se habría enterado que hay mucho malestar social en la calle.

Los instintos de clase.

RJ lo único que hace es actuar inconscientemente según su instinto de clase. A la gente privilegiada siempre le da miedo o le incomoda cuando un plebeyo alza la voz, si el taxista se hubiese quedado callado nada habría pasado por la mente de RJ.

Nuestro politólogo paso del miedo a la racionalización. Su miedo a la plebe se transformó en un artículo que repite los lugares comunes del mainstrem de la ciencia política estadounidense y de toda la filosofía política aristocrática de Hutcheson a Hamilton.

Después de las revoluciones inglesa y francesa. Las élites estadounidenses heredaron el problema de: ¿Qué hacer con la democracia? ¿Qué hacer con ese montón de granjeros y milicianos que realmente creían que había conquistado una República de iguales, donde podían autogobernarse sin los designios del Rey? Y la respuesta fue sencilla: Hay que hacerlos entender que las palabras de los panfletos revolucionarios y las constituciones no son verdad. Que no pueden gobernar, ni gobernarse directamente, que va a gobernar una aristocracia, el gobierno de “los mejores” y que este gobierno tiene la posibilidad de actuar en contra de la opinión pública, en contra de los resultados electorales y eventualmente en contra de la Constitución.

Este actitud antidemocrática era posible siempre y cuando las “masas ignorantes” de granjeros iletrados, luego consintieran lo actuado por las élites, consintiera que fue actuado “en su mejor interés”, en su “mejor beneficio”.

Ese fue probablemente el gran aporte de Hamilton a la teoría política conservadora. RJ solo repite sin gracia y aparentando originalidad los argumentos de Hamilton.

RJ dice: “se puede ser un millonario asentado en la oficina oval y encarnar a la perfección al patán hombre masa”. La referencia claramente es por Donald Trump. Pero…Hamilton es el Trump del siglo XVIII, toda la campaña y las actitudes de Trump a lo que recuerda es justamente a Hamilton. En el fondo Trump y RJ comparten ideas políticas: el odio por la democracia y el odio por los plebeyos, el pavor que produce que los “perdedores” puedan usar la democracia para conquistar el poder político.

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A veces lo que más odias, está dentro de ti mismo. “el sueño populista del pueblo gobernando directamente es la utopía de la barbarie”, una frase que podría ser firmada por igual por Trump o por Hamilton.

El odio de clase. Las víctimas. 

Uno de los rasgos centrales de los argumentos aristocráticos, es su completa falta de empatía hacia quienes sufren. La Reina María Antonieta diciendo: “que coman pasteles” frente al hambre del pueblo parisino, ha quedado como el gesto aristocrático por antonomasia.

Nuestro politólogo es incapaz de sentir empatía por la frustración de un trabajador que ha vivido los últimos años sabiendo que sus medio de vida va a ser destruido por la acción conjunta de una transnacional voraz e irresponsable y un gobierno complaciente con los ricos y “los ganadores” de la economía global. Considera que su dolor es un “discurso victimizante”, no le regaló un pastel, pero probablemente le sugirió una sesión de “coaching” para reinventarse.

Que uno no sienta empatía por un taxista en específico lo puedo comprender. Muchas veces son rudos y groseros. Lo que no puedo comprender es la absoluta falta de empatía de Román Jacobo por las víctimas del neoliberalismo

A propósito de los discursos “populistas” dice RJ: “ese discurso victimista, que le dice al ciudadano que es un santo y un genio gobernado por unos corruptos incompetentes (a los que, sin embargo, sistemáticamente elige por quién sabe Dios qué curiosa razón)”, más adelante: “Ese eterno combustible del populismo que le dice a la gente que (por alguna suerte de derecho natural, porque el bienestar, la dicha y la riqueza brotan de los árboles o caen del cielo), su vida sería maravillosa de no ser por esos truhanes que, desde el gobierno y desde los poderes fácticos, “manejan los hilos”.

RJ no escribe en la Grecia clásica, escribe en la Costa Rica del año 2018, sometida a 35 años de neoliberalismo. Lo primero que habría que preguntarle a RJ es: ¿Hay víctimas? La tesis de RJ es que el populismo se alimenta de un discurso vìctimista, pero lo central es responder: ¿En estos 35 años de abierto deterioro de la esfera pública han existido víctimas entre los ciudadanos y la sociedad? ¿Quiénes odiamos a las élites que nos han gobernado tenemos razón para sentir que las víctimas que hemos sufrido han sido sacrificadas injustamente y que la sociedad y las elites han de repararnos? ¿Es “populista” pedir reparación a las víctimas del neoliberalismo costarricense?

Los datos son muy fríos y contundentes: Hay víctimas, muchas. Y si alguien quiere considerarse “un intelectual” lo primero que debe hacer es ponerse del lado de las víctimas, RJ es incapaz de ello.

El país en el que escribe RJ tiene 220 mil personas subalimentadas (entre 2015-2017), es decir que padecen hambre física, tiene 229 mil personas desempleadas (9%-10% de la población desde hace 10 años) 1 142 069 personas pobres, el 21,1% de los hogares. De cada 10 trabajadores a 4 se les viola algún derecho laboral.  Según el último Informe del Estado de la Región (2016) Costa Rica es hoy en día más desigual que  El Salvador, Nicaragua o Panamá.

Para conseguir esos números miles de personas y vidas fueron sacrificadas en el altar de la “democracia de mercado”. RJ ni piensa en tener simpatía por ellos, son “resentidos”, “perdedores”  que deben “buscar la guía de los mejores”. La verdad es que han sido “los mejores economistas” los que nos han llevado a este genocidio social.

Democracia de los ricos.

Para RJ la principal amenaza a la democracia es la actitud de las élites políticas demasiado tentadas por el pecado populista. Pero la verdad categórica es que no. La principal amenaza a la democracia es la desigualdad. La concentración de poder, prestigio, dinero y fuerza que han realizado las élites sociales y políticas.

No hay democracia, allí donde hay plutocracia (el gobierno de los ricos). La plutocracia no es más que la timocracia (el gobierno de los ladrones).

¿O es falso el sentimiento popular que el sistema político sirve para enriquecerse? ¿Qué la democracia está secuestrada por los banqueros y sus políticos a sueldo? ¿Ha existido o no han existido los peores escándalos de corrupción en los últimos 20 años? Con el resultado que nadie de la élite social ha sido juzgado y condenado.

Los ladrones de picaritas, atunes y bicicletas reciben todo el peso de la ley. Mientras Miguel Ángel Rodríguez, Rafael Ángel Calderón, Oscar Arias, José María Figueres, Gloria Benjarano, Víctor Morales Zapata, Roberto Dobles se pasean por los medios de comunicación, hacen entrevistas en horario estelar, reciben premios de las universidades, dan conferencias en el extranjero impunemente como si fueran personas dignas de admirar, como si fueran “mejores”.

Es obvio que el sentimiento de ofensa por la impunidad, este sentimiento de odio de clase, es un sentimiento que florece en estas condiciones de desigualdad económica y social.

En los años setentas el economista alemán Jan Pen, diseñó una demostración que llamó metafóricamente: “la marcha de los enanos y algunos gigantes” es una comparación de los ingresos de las personas si estos se transformaran en tamaño físico. Los datos son impresionantes, si trasladamos los ingresos a tamaño, la mayoría de nosotros seríamos personas pequeñas o de estatura normal. Mientras que el 1% más rico o el 0,1% más rico tendrían el tamaño de rascacielos o de montañas. ¿Cómo va a funcionar la democracia entre millones que miden un metro y una persona que mide 6 kilómetros? Ni siquiera podrían escucharse. No hay democracia con semejante concentración de dinero y poder.

Las elites sociales y políticas de este país en los últimos treinta y cinco años, no han hecho más que concentrar en el tope de la cima social todo el dinero, la educación, la riqueza y el poder político.

El gobierno de Carlos Alvarado es un ejemplo de ello, tiene entre sus ministros a la gente más rica, todos con doctorados europeos y es un gobierno impopular, que gobierna para los ricos y para los grandes empresarios y no con argumentos, sino a la fuerza (1 preso político y 15 acusado dejó la aprobación del plan fiscal), por qué “las turbas” no saben que les conviene y se puede usar la fuerza contra ellos “por su propio bien”. Así que tenemos razones de sobra para estar enojados.

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El enojo es superior porque hoy por hoy Costa Rica es un país más rico, más productivo, más escolarizado, con más participación femenina en el trabajo remunerado, que hace 35 años.  Los de abajo han hecho la tarea de sobra y sin embargo la riqueza, el prestigio y el poder político se concentra en la cima social.

RJ se burla de las “teorías de la conspiración”, de la idea que “los truhanes (…) desde el gobierno y desde los poderes fácticos, “manejan los hilos”.

No creo en las teorías de la conspiración, sobretodo porque eso que describe RJ no es una teoría de la conspiración, es la descripción precisa de cómo funciona el sistema-mundo, nada más que eso es público notorio, conocido y publicado. ¿O es que el escándalo de Odebrecht es una mentira conspiranoica? ¿Los Panamá Papers son una teoría conspiranoica? ¿El escándalo de Cambridge Analytica? ¿ El asesinato de  Jamal Khashoggi? ¿La actividad de la CIA para derribar a Jacobo Arbenz o a Salvador Allende?

Todas estas historias son ciertas, conocidas, publicitadas y confirmadas. No hay que hacer una gran investigación para conocerlas, basta leer el periódico y buscar en Google.

Los ricos, los gobernantes, “los mejores” pueden driblar y manipular las leyes, las elecciones y el Estado de Derecho. Eso no es una teoría de la conspiración son las noticias de todos los días. Lo extraño es que lo toleremos, lo despreciable es que “intelectuales” tachen estos hechos de mentalidad conspiranoica y resentimiento.

¿Quiénes son los mejores bajo el capitalismo?

A estas alturas RJ me dirá que estoy confundiendo “los ricos y poderosos” con los mejores y que no es lo mismo. Pero el problema es que bajo el capitalismo, si lo son. Los privilegiados se consideran a sí mismos, con “virtudes superiores”, los “mejores”.

El argumento de RJ al igual que todos los argumentos aristocráticos después de la revolución inglesa, francesa y rusa, tiene una falla fundamental, es que nunca dicen: ¿los “mejores” en qué? Y sobretodo ¿Quién designa a “los mejores”?

La mayor parte del tiempo “los mejores”, “los ganadores” se designan entre ellos mismos. Por lo visto RJ se considera “de los mejores” y yo me preguntó: ¿Quién lo designo allí? ¿La sangre, la cuna, la Universidad, el Estado?

Al igual que en las múltiples Comisiones de Notables que hemos tenido uno se pregunta: ¿Son notables en qué? y sobretodo: ¿con que criterio se designa esta notabilidad?  “Notables” es en realidad, una forma eufemística para referirse a la casta política y a los tecnócratas.

Así como la casta política se nombra así misma “notable”, parece ser que de “los mejores” son designados por RJ, nadie los nombró allí, se auto designaron.

Los gobernantes y los ricos se auto designan como “los mejores”. La elite social siempre se considera “la mejor” y siempre considera que “los perdedores” deberíamos estar agradecidos con el pan y el circo.

Los argumentos aristocráticos antiguos eran mejores. Alguien era un “Grande de España” por la sangre o por la espada, nació “Grande” o el Rey lo nombró “Grande”.

Pero RJ es ¿mejor en qué?

Es obvio que no es el mejor haciendo deporte, es imposible que RJ le ganará en una prueba atlética a Andrea Vargas o a Nery Brenes.

Tampoco es el mejor construyendo casas, haciendo helados, recogiendo la basura de la ciudad o limpiando la caca de los niños.

Hay gente excelente que recoge basura, limpia la mierda de los niños y los ancianos, construye casas, vuelca montañas, produce electricidad.

RJ jamás los consideraría “los mejores”, esos son “chusma”.

La verdad sea dicha yo nunca dejaría a mi hija bajo cuidado de RJ, la cuidó una inmigrante nicaragüense, tampoco dejaría que construyera mi casa, eso lo hace un obrero de mantenimiento.

Tampoco dejaría que recogiera la basura de mi barrio, porque obviamente no tiene lo que se requiere para llevar adelante tareas sociales tan importantes como la construcción de casas, el cuido de los niños o la recolección de basura.

Y por exactamente esas mismas razones, no quiero que dirija el país o que quienes dirigen el país lo tomen en serio. Porque no tiene idea de cómo hacerlo, porque no es el mejor para hacerlo.

Creo firmemente que son los profesores los mejores para dirigir el sistema nacional de educación pública, los obreros de la construcción los que deberían dirigir el MOPT, los recolectores de basura la gestión municipal. Justamente porque ya lo hacen, lo hacen todos los días y tienen que lidiar y resolver todos los días los entuertos y las ocurrencias que nos recetan “genios” y tecnócratas como RJ.

Normalmente para gente como RJ los mejores, quiere decir “los más escolarizados”. Eso es todo.

RJ es un vocero de la elite social que carece de riqueza, no es un oligarca, no es Rodolfo Jiménez o Ramón Mendiola, pero tampoco podría identificarse con los descamisados y la chusma, él no puede ser como Carmen Lyra. Así que tiene que buscar y justificar un lugar para él en la elite. La idea que él es “de los mejores”, porque está más escolarizado.

No es una idea nueva, ya lo habían sostenido en nuestro país Rodrigo Facio y Roberto Brenes Mesen. La idea que debe gobernar una élite ilustrada de clase media. Nada nuevo bajo el sol.

No tengo nada contra la escolarización, me parece bien. He luchado toda mi vida por la educación pública, gratuita y de calidad. Pero no se puede esconder un hecho real, material: la educación no contribuye a la igualdad social, no bajo el capitalismo. La educación bajo el capitalismo refuerza la desigualdad social.

Sistemáticamente como tendencia las personas más ricas, sacan los mejores resultados, van a los mejores colegios, consiguen los mejores trabajos. En los distritos y cantones más pobres hay peores resultados de desempeño escolar y de acceso a la educación universitaria. Donde RJ dice “los mejores” debería decir “los privilegiados”.

Se me dirá que hay ricos, que no son “los mejores”. Pero es que justamente bajo el capitalismo los ricos no necesitan demostrar que son “los mejores”. Los consideramos así de entrada, y si no lo son, siempre pueden comprar a “los mejores” para que hagan su trabajo.

Ya lo decía Goethe: “El dinero es el bien supremo, luego es bueno su poseedor; el dinero me evita, además, la molestia de ser deshonesto, luego se presume que soy honesto; soy estúpido, pero el dinero es el verdadero espíritu de todas las cosas, ¿cómo podría carecer de ingenio su poseedor? Él puede, por lo demás, comprarse gentes ingeniosas, ¿y no es quien tiene poder sobre las personas inteligentes más talentoso que el talentoso? ¿Es que no poseo yo, que mediante el dinero puedo todo lo que el corazón humano ansía, todos los poderes humanos? ¿Acaso no transforma mi dinero todas mis carencias en su contrario?”

En defensa de Carmen Lyra.

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Un último asunto que quería señalar. Es sobre Carmen Lyra, RJ dice: “Por ejemplo, así como se puede ser una líder obrera, como María Isabel Carvajal, y, claramente, pertenecer a esa minoría selecta que en un lugar y tiempo de la historia eleva el estándar y ejerce, con su trabajo y ejemplaridad pública, una influencia notable en la sociedad”.

Y este es por mucho el pasaje más infame que escribió este pretendido aristócrata.

La primera confusión es que Carmen Lyra no era una dirigente obrera, era una intelectual que vínculo su vida a la lucha de la clase obrera por el socialismo y eso es muy diferente.

Carmen Lyra ya era una intelectual y una escritora importante cuando se fundó el Partido Comunista de Costa Rica en 1931, ella renunció a ese lugar social privilegiado como “mujer de letras” para aventurarse con un grupo de muchachos, un grupo de “perdedores” que jamás darían clases en la universidad, que fueron expulsados de sus trabajos en el magisterio, de “chusma” que se ganaba la vida arreglando zapatos o fabricando botellas, de presos y exiliados que no tenían donde caer muertos, con esa gente despreciada y “mediocre” construyó el primer partido obrero de este país. El partido de “los promedio y los mediocres”, el partido que más contribuyó a la democracia social y política en la primera parte del siglo XX.

En el PCCR, Carmen Lyra defendió junto con Manuel Mora, que los candidatos del partido deberían ser obreros, no “intelectuales”. La “chusma” debía elegir “a la chusma”. Los trabajadores deberían ser representados por trabajadores. El pueblo debe autogobernarse. “No más salvadores supremos, ni Cesar, ni Burgués, ni Dios” dice la letra de La Internacional, canción que tantas veces entonó la voz de “Chabela”. Y aún hoy entonamos los socialistas, canción escrita por un obrero que aprendió a leer a los 14 años, otro “perdedor”.

Cuando ingresó al PCCR, Carmen Lyra dejó de escribir novelas y uso toda su inteligencia para desarrollar el periódico Trabajo y luego la Radio Ecos del 56. Y por eso fue odiada por todos los miembros de la elite política y económica de la época.

Por eso ella se convirtió en una víctima de la elite social y política que dirigía el país.

Carmen Lyra luchó contra la dictadura de los Tinoco, Roberto Brenes Meses uno de los primeros defensores del “gobierno de los mejores” fue el Ministro de Educación de la dictadura. Carmen Lyra fue la única que se opuso al acuerdo entre Manuel Mora y la Iglesia, no fue escuchada, ni siquiera por su propio partido.

El “gobierno de facto” de Figueres, Cardona y Martén la expulsó del país, ametralló el avión que la llevó al exilió y le prohibió venir a morir a Costa Rica, la obligó a morir lejos de su tierra y sus seres queridos, los trabajadores de su patria.

Carmen Lyra combatió con su palabra, con sus ideas y su hubiera tenido la fuerza con  las armas a todos aquellos que defendían el “gobierno de los mejores”, luchó contra Brenes Mesen y también contra Rodrigo Facio y Alberto Martén. Esa es la historia de Carmen Lyra, que RJ la ponga como ejemplo de elitismo y aristocratismo es uno de los peores insultos que he leído en mi vida, es un escupitajo sobre su memoria, una demostración de superficialidad, ignorancia y chabacanería digan de las élites que han dirigido este país y digna de sus tinteros a sueldo.

La respuesta que probablemente Carmen Lyra le habría dado a los RJ de su época es que identificar los logros de un país con su élite política, es una completa tontería. La democracia política fue defendida el 7 de noviembre 1889 por la peonada ignorante, los derechos laborales fueron conquistados no por el pacto Mora-Calderón, sino por la acción de miles de huelguistas que en 1934 derrotaron a la United Fruits y al gobierno de Ricardo Jiménez, la paz se conquistó porque los de “abajo” estaba hartos de los fraudes, los golpes de estado y las aventuras militares de los caudillos figueristas y calderonistas. La carbono neutralidad se conquistará no por Carlos Alvarado, sino por los miles de campesinos y ecologistas que han defendido los bosques y los mares de la voracidad extractivista de “los mejores”. Esa es la realidad.

Esperanza Aguirre, ministra española del Partido Popular, múltiples veces elegida y   múltiples veces imputada, intentado ser despectiva dijo: “la democracia no puede ser una coalición de perdedores”.

Es por mucho la mejor definición de democracia. La democracia allí donde se ha conquistado es un momento donde los perdedores, lo que no hemos tenido poder, prestigio, dinero, belleza, educación, nos juntamos a gobernar y gobernamos.

Esa idea ha llenado siempre de pavor a los privilegiados y esa idea, ese fantasma que no es más que el fantasma de la democracia y el comunismo, fue el fantasma que un buen día antes de navidad asustó a Juan Román Jacobo.