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El nuevo filme de Fernando Meirelles, más que abordar sobre las disensiones o proximidades entre los dos últimos Papas, como sugiere el título, defiende las ideas y el punto de vista del argentino Jorge Mario Bergoglio, conocido actualmente como Papa Francisco, al frente de la Iglesia católica.

Por: Otávio Aranha, Salvador-Bahia, 2/1/2020

El filme comienza con la muerte de Juan Pablo II, muestra el proceso de elección del cardenal alemán Joseph Ratzinger como Papa Bento XVI y concentra gran parte de la película en una conversación de dos momentos que ocurre entre él y el cardenal Bergoglio, futuro Papa Francisco. Mientras este último viaja hasta Roma para conseguir su retiro, la Iglesia católica se hunde en una profunda crisis que envuelve la filtración de documentos secretos del Vaticano por el mayordomo de Ratzinger, en el episodio conocido como “Vatileaks”. Meirelles no trata de los problemas de la Iglesia en sí, que sirven solo como un “paño de fondo” para explicar la crisis de espiritualidad de Bento XVI, que llevará a su renuncia del papado y a la ascensión de un latinoamericano como jefe mayor de la Iglesia católica apostólica romana por primera vez en la historia.

El filme se basa en hechos reales al mismo tiempo que construye mucha ficción. Escenas e imágenes de noticieros televisivos son mezclados con los actores con la intención de fortalecer los trazos de la realidad y convencer al espectador de la tesis ficticia construida por Meirelles. La conversación entre el alemán Joseph Ratzinger, en la condición de Papa Bento XVI, y el cardenal Bergoglio, futuro Papa Francisco, no ocurrió en aquel tiempo, a pesar de que el director afirme que los diálogos “beben de discursos, entrevistas y escritos (de los dos papas)… en algún momento de sus vidas”.

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Así como la conversación, el contenido de esta es más especulativo aún. En la narrativa construida en “Dos Papas”, Ratzinger y Bergoglio, al encontrarse, discuten sus concepciones divergentes sobre fe e Iglesia. Las intervenciones realmente parecen expresar la visión de los dos acerca de los problemas que cercan el catolicismo en la contemporaneidad, como el celibato y la homosexualidad; sin embargo, de antagónicos la conversación “evoluciona” hacia una comprensión común sobre espiritualidad y misión divina.

El conservador y ortodoxo defensor de las tradiciones seculares cede a la necesidad de cambio y adaptación de la Iglesia, defendida por Bergoglio, para dialogar con un mundo en transformación. Confesiones, perdones y reconciliaciones de ambos lados cierran un inicio tenso y terminan con el entendimiento mutuo del papel divino que Bergoglio puede cumplir al frente de la Iglesia. Curiosamente, cuando el Papa Bento XVI se confiesa para el futuro Papa Francisco, el audio se reduce hasta quedar inaudible, el silencio perdura durante la confesión de Ratzinger sobre sus pecados, con una mirada distante e indiferente de Bergoglio.

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Para Fernando Meirelles, no importa el contenido de lo que es dicho sino la intención del arrepentimiento, así, no importan los casos de abusos y pedofilia practicados por miembros de la Iglesia y encubiertos por el Vaticano, con lo cual Ratzinger inicia su confesión; no importan las negociaciones espurias, la venta de audiencias, el soborno, la corrupción y el favoritismo de grupos políticos en el interior de la Iglesia, filtrados por su mayordomo; todos estos son hechos despreciados por el director de “Ciudad de Dios”.

No aplica el mismo criterio en el caso de Bergoglio, cuyo pasado es rescatado y explicado minuciosamente para responder las acusaciones realizadas por movimientos sociales y grupos de defensa de los Derechos Humanos, como las Madres de Plaza de Mayo y el Centro de Estudios Legales y Sociales, que denunciaron las relaciones escondidas que hubo entre el actual Papa y la dictadura militar argentina (1976-1983). Sin negar el hecho de que Bergoglio retiró la protección sacerdotal de la Iglesia a los jesuitas Orlando Yorio y Francisco Jalics, lo que les causó la prisión y la tortura por parte de los militares, Fernando Meirelles reproduce la versión contada por el actual Papa sobre que sus relaciones y conversaciones con los generales fueron en el sentido de ayudar y proteger a los religiosos.

Meirelles no esconde las cobranzas que la propia comunidad argentina hacía en la época a la persona de Bergoglio, en la condición de superior de la Congregación Jesuita, de posicionarse frontalmente contra la dictadura en su país, lo que él nunca hizo; no esconde que la dictadura de Videla persiguió, detuvo y torturó a sus opositores, con el silencio de Bergoglio; por eso, Meirelles retrata una cardenal penitente y receloso con su pasado… ¡nada que una confesión no cure!

Incluso, el cineasta brasileño olvidó una segunda orden de denuncias envolviendo al Papa argentino y la dictadura militar, en la condición de arzobispo de Buenos Aires, cuando este escribió para la Justicia un auto de declaración negando saber sobre la existencia de secuestro de bebés practicado por militares, y fue acusado de mentir por los familiares de una víctima, que le escribieron cartas solicitándole auxilio en la época.

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Excluyendo la narrativa ficticia construida por Meirelles y Anthony McCarten, el filme es fabuloso en ricos detalles y sutilezas sobre los bastidores de la institución más antigua del mundo, como el proceso de elección de un Papa e incluso hasta las diferencias de personalidades entre Ratzinger y Bergoglio, desde preferencia por zapatos hasta una determinada marca de gaseosa, por ejemplo. La actuación notable de Anthony Hopkins como Bento XVI también impresiona, así como la perfección de Jonathan Pryce en el papel de Francisco I.

El filme no recibió el apoyo del Vaticano y está generando polémicas en el interior de la Iglesia católica, mientas que la crítica en general lo recibió de forma bastante positiva. “Dos Papas” concurre al Globo de Oro en categorías principales: mejor filme de drama, mejor guión, mejor actor de filme de drama y mejor actor coadyuvante; así como también se configura como un fuerte candidato al Oscar 2020 como mejor filme y por mejor director.

Aunque el brasileño esté en el pareo para el Oscar de este año con fuertes chances de ganar, lo que sería un hecho inédito por el cual estamos hinchando, no podemos dejar de apuntar los límites en una comprensión romántica y hasta idealista del tema. Para Fernando Meirelles, que no esconde su simpatía por el papa Francisco, la elección de un latino para comandar el Vaticano en el siglo XXI nada tiene que ver con las cuestiones del mundo material que dividieron las clases sociales en diversos continentes en el siglo que iniciaba, como Ecuador, Bolivia, Argentina, Brasil y Paraguay, donde emergían gobiernos de Frente Popular, por ejemplo; no posee ninguna relación con la revolución ecuatoriana de 2001, que derrocó el gobierno de Lucio Gutiérrez el mismo año de la bancarrota argentina, donde las masas desempleadas y desesperadas no encontraron una alternativa y ocuparon las calles, derribando a cinco presidentes seguidos como si fuesen mangas al viento, por ejemplo; no tiene relación alguna con la crisis económica mundial de 2008 y la bancarrota de los bancos, multinacionales y grandes empresas capitalistas; o con la Primavera Árabe de 2010, que barrió dictaduras del Norte de África y del Medio Oriente, etc.

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Para Meirelles, la crisis de una institución milenaria como la Iglesia católica se explica por una “concepción” de mundo atrasada, o sea, por el plano de las ideas. En este sentido, Jorge Bergoglio aparece, más que como un reformador mal comprendido o un simple líder popular y carismático, en realidad por arriba de las cuestiones materiales. Bergoglio llega a ser vendido como la “voz de Dios”, un “milagro” para salvar a la Iglesia de su perdición y egoísmo, interpretado de esta forma incluso hasta por el propio personaje de Ratzinger.

La deshonestidad intelectual de Fernando Meirelles para con la historia del papa Francisco solo no fue mayor que su visión romántica e ingenua sobre el papel de la Iglesia católica en el mundo, tal vez más romántica aún que su visión de los gobiernos Lula y Dilma Rousseff, homenajeada en la película.

Entender la crisis de la Iglesia católica como parte de la crisis general del modo de producción capitalista es un producción cinematográfica que aún está por venir, mientras tanto, es apreciar el diálogo de los “Dos Papas” e hinchar por el inédito Oscar.

Artículo publicado en www.pstu.org.br

Traducción: Natalia Estrada.