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Hace 60 años, el dictador Fulgencio Batista huía de La Habana y abandonaba Cuba, sellando el triunfo de los sectores rebeldes, encabezados por Fidel Castro y su Movimiento 26 de Julio; quienes realizarían la primera revolución socialista triunfante de nuestro continente, liberando a su isla de las garras del imperio, y garantizándole al pueblo trabajador una vida digna por primera vez en su historia. Una lección que sobrevive al rumbo que tomaron los dirigentes de aquella gesta heroica.


Por PSTU-Argentina

Un 1° de enero de 1959, con la mitad de la isla bajo control de las fuerzas revolucionarias y su ejército en desbandada; el dictador Batista abandonaba la capital de Cuba. En ese momento, ese hecho parecía un simple cambio de gobierno, festejado incluso por el diario La Nación en Argentina, dado que el movimiento encabezado por Fidel Castro en ese momento no era políticamente muy diferente al radicalismo argentino, como le declaró el Che Guevara a Ernesto Sábato.

Pero no pasó mucho tiempo hasta que la cosa fuera tomando otro color. Considerando a Cuba casi como una colonia, el gobierno yanqui no veía con buenos ojos a esos barbudos; pese a que su programa político estaba lejos del socialismo, y apenas se limitara a la reforma agraria.

Así que, de entrada, intentaron imponer sus términos al nuevo gobierno, mediante ataques de todo tipo.
Pero el gobierno revolucionario respondió cada ataque con medidas cada vez más duras; primero repartiendo las grandes propiedades, luego imponiendo el monopolio estatal del comercio con el extranjero, y más tarde expropiando las grandes propiedades, empresas y fortunas norteamericanas, extranjeras y de los millonarios de la isla. Estas medidas no solo hicieron que Cuba se transformara en el primer país verdaderamente independiente de nuestro continente en más de un siglo, al quitarle a los capitales extranjeros el control de su economía; sino que, al frenar la sangría de riquezas que salían del país y ponerlas al servicio de las necesidades de la población, permitirían grandes avances en el nivel de vida del pueblo trabajador.
De la revolución socialista a la restauración del capitalismo
Con estas medidas, y sin ser su plan político inicial, Fidel y el M-26 transformaron a su revolución en una revolución socialista. Y también sin proponérselo, demostraron que la revolución socialista es el único camino para romper con el dominio imperialista y sacar a nuestros países del atraso. De este modo, el 1 de enero de 1959 se transformó en la fecha más importante del siglo XX en América Latina.

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Desgraciadamente, los “defectos de origen” de la revolución, llevaron a que estas enormes conquistas fueran revertidas por los mismos dirigentes que habían hecho posible alcanzarlas.

Como al frente de la revolución no estuvo la clase trabajadora, sino un ejército guerrillero, el Estado surgido de la revolución no tuvo como base a la democracia obrera, sino a la disciplina militar.

Atornillados a sus puestos, los comandantes guerrilleros se encargaron de preservar sus posiciones, primero alineándose sin críticas a la URSS y luego haciendo todo lo posible para frenar las revoluciones en el continente.

El propio Fidel Castro fue la cabeza de este nuevo proceso; conduciendo a la isla de regreso al orden capitalista, hasta tener una economía que en la actualidad está cada día más controlada por capitales europeos y canadienses.
Pero la enseñanza de que solo la revolución socialista puede liberar a nuestros países del dominio imperialista y a nuestros pueblos de la miseria, sigue completamente vigente. Y es el centro de la propuesta del PSTU al pueblo trabajador: acabar con los males que nos imponen el FMI, y los multimillonarios locales y extranjeros, haciendo lo que se hizo en Cuba en 1959.