En Estados Unidos, cerca de 2.6 millones de trabajadores ya no buscan empleo y unos 40.000 trabajadores adicionales dejaron ya de intentar encontrar trabajo.


Con el fin del año 2013 acercándose rápidamente, economistas y periodistas dicen que la recesión económica sigue en EEUU.

Más que eso: ellos dicen que esta crisis no es una crisis sólo de tasas de crecimiento y de desempleo sino también de las condiciones laborales y de bienestar. Lo que vemos ahora es que en este segundo territorio, las condiciones han empeorado mucho.


En el llamado “corazón de Estados Unidos”, New York City (NYC), muchos trabajadores que tienen más de un empleo todavía no tienen hogar y viven día a día en el metro. En NYC, esta situación se puso aún más precaria después del huracán Sandy. De los afectados por el huracán, alrededor de 22.000 hogares siguen todavía desamparados (New York Times, 9-11-2013).

Además, en la última década, New York City perdió cientos de miles de empleos en industrias de medio y alto sueldo, según el Fiscal Policy Institute. Esta tendencia incluye despidos y reubicaciones en otras industrias. Como resultado, el número de trabajos de sueldo bajo aumentó mucho en el mismo periodo. El número absoluto de trabajadores desempleados buscando empleo creció también de 50.000 en 2008 a 177.000 en 2012 (The Nation, 6-5-2013).

La experiencia traumática de los años de neoliberalismo en EEUU entre los ’80 y los ’90 fue repetido, pero peor, entre 2008 y 2009, cuando EEUU entró en una recesión económica fuerte. Esto sucedió después de una crisis económica, y por eso el mercado de trabajo fue duramente apretado, empujando a millones de trabajadores a una situación de desempleo constante, de trabajo precario, de sueldos bajos, y de derechos y beneficios reducidos.

Podemos ver el enorme impacto de este ataque laboral en el número de solicitantes aceptados por Medicaid (un programa de seguridad de médico público para personas con bajos recursos): ¡la tasa aumentó 15% solo en este año!

Según las estadísticas oficiales del Censo de 2012, 87 millones de trabajadores de sueldo por hora y de salario mensual ganaron menos de US$40.000 anuales. El número total de trabajadores en los EEUU es de 157 millones, de acuerdo con estadísticas del Censo. Otra estadística impresionante: 74 millones de trabajadores dependen de uno de los programas públicos [de ayuda] del gobierno para sobrevivir, con 47 millones viviendo completamente de los beneficios de la Seguridad Social.

Unos dicen que hemos experimentado una recuperación económica desde 2008 (subrayando las cotizaciones bursátiles, las cuales hemos visto subir a niveles históricos); esto no ha cambiado la tendencia destructiva de precarización de las condiciones laborales de la clase obrera estadounidense. Aproximadamente 46,5 millones de personas estaban viviendo en la pobreza en EEUU, en 2012 (según el gobierno, la línea de pobreza es una familia de cuatro personas que viven con 22.000 dólares anuales o menos, ¡un ingreso muy, muy bajo!). Actualmente, esta cifra representa 15% de la población total, y más que esto, ¡incluye 10 millones de trabajadores de tiempo completo!
 
Ellos quieren arrastrarnos de nuevo a la…. esclavitud
 
A pesar de que el modelo económico principal en Estados Unidos no ha cambiado para nada en los últimos cinco años, el gobierno, los patrones, y los economistas más conocidos siguen hablando de la necesidad de “una manera de salir de la crisis”. Ellos están poniendo todos sus esfuerzos en intentar rescatar el sistema financiero. Con estos esfuerzos, sus tasas de ganancias han sido recuperadas, pero ¿qué pasa con la clase obrera?

Incluso el análisis de la propia burguesía confiesa que el desempleo y la precariedad del trabajo son unos de los problemas más grandes de una crisis económica. Es por eso que la escasez de empleos afecta directamente el futuro del crecimiento capitalista; claro que no es sólo del mercado bursátil y sus inversiones virtuales que depende este crecimiento. La última paralización nacional del gobierno estadounidense, en octubre pasado, sólo agravó el problema, con su solución de más recortes y más austeridad como el único acuerdo posible entre los demócratas y los republicanos.

Sin embargo, ambos partidos políticos saben [por] su experiencia vivida que la austeridad social tiene sus límites, y que el tiempo ya casi se acabó. Pues los 85 billones de dólares pagados por la Reserva Federal para salvar la economía nunca van a ser suficientes en un país cuyas fuerzas productivas ya están siendo destruidas. Además, el gobierno sigue tratando a la clase trabajadora como su enemigo principal.
 
 
MCDONALD’S:
¡UN ATAQUE FRONTAL CONTRA TRABAJADORES E INMIGRANTES POBRES!

Una de las compañías más grandes de comida rápida, McDonald’s Corp., ya ha anunciado el apoyo para una campaña de respaldo a la reforma migratoria propuesta por los demócratas, que está siendo discutida ahora en el Congreso. No es una coincidencia, porque viene de uno de los peores explotadores del trabajo inmigrante y de sueldos bajos. En las últimas semanas salió una noticia de una pobre trabajadora que fue detenida durante una reunión oficial de la compañía, en presencia del CEO [presidente], sólo por el delito de preguntar por qué, después de casi una década trabajando para ellos, no había ganado ni una vez un aumento de sueldo.

McDonald’s es un ejemplo de compañía que depende abiertamente de la destrucción de la clase obrera. Adentro del restaurante de comida rápida es posible encontrar un servicio corporativo, “la línea McResource”, creada para empujar y asistir a los empleados a aplicar en programas sociales como fuente de sobrevivencia. Por lo tanto, mantienen abiertamente su rentabilidad como empresa cuando empujan afuera la tarea de mantener a sus trabajadores a través de estos programas, que son la única cosa que permite que esta fuerza de trabajo pueda sobrevivir y continuar estando disponible para su uso. De esta manera, esta corporación se libera de cualquier compromiso con las condiciones de vida o los derechos sociales de sus trabajadores.

En realidad, no es coincidencia que más de 50% de las familias de los trabajadores de esta industria sean parte de uno o más programas de asistencia pública (comparado con 25% de la clase trabajadora estadounidense en su conjunto). Además, una de cuatro familias de trabajadores de comida rápida están viviendo bajo la línea de pobreza y 43% de ellos tienen un salario menor del doble de esta línea.

El apoyo que McDonald’s está dando a la nueva reforma migratoria es una expresión más de su apoyo al status quo en este país: la extensión del desempleo a un sector amplio de los trabajadores jóvenes y la propagación de la desesperación entre ellos, hasta el punto que están listos para aceptar cualquier empleo para sobrevivir. Con la política de la nueva reforma migratoria viene también la expectativa [de] que ayudaría a mejorar las relaciones entre trabajadores con ciudadanía e inmigrantes, bajo nuevas condiciones de competencia entre ellos.