¿Usted se acuerda de lo que podía comprar con R$ 100 hace unos años, en comparación con hoy? Si compra un paquete de café y un paquete de arroz hoy, ya habrá gastado la mitad de esos R$ 100. La crisis está trayendo de vuelta a la vida cotidiana de los brasileños una palabra muy utilizada a finales de la década de 1970 y en la década siguiente: carestía. El aumento del costo de vida, la inflación y los salarios más bajos no son solo noticias, son una realidad que grita con cada ida al supermercado, con cada recibo de alquiler o cada vez que se acaba la garrafa de gas.

Por: Redacción Opinião Socialista, PSTU-Brasil

Lo que también está aumentando son las ganancias de los bancos y de las grandes empresas. El multimillonario Benjamin Steinbruch, presidente de la Compañía Siderúrgica Nacional (CSN), celebra la ganancia récord de la empresa en 80 años: R$ 13.000 millones en plena pandemia. Mientras tanto, los obreros de la minera luchan por tener al menos una reposición de la inflación. Por su parte, la Vale, solo en el primer trimestre, obtuvo una ganancia de R$ 23.000 millones, y la indemnización pagada a las víctimas del mayor crimen de la historia, la ruptura de la represa de Brumadinho (MG), fue una décima parte de eso.

La ganancia del Itaú, por su parte, creció 15% en el primer trimestre de 2022, cerrando en R$ 7,3 mil millones. Petrobras, por otro lado, sostiene las ganancias y dividendos multimillonarios a los grandes extranjeros al aumentar los precios de la gasolina, el diésel y el gas para cocinar.

Inflación, precios altos y salarios más bajos para la clase trabajadora, ganancias para las grandes empresas, los banqueros y los 315 multimillonarios del país.

¡Militares fuera de las elecciones! ¡Dictadura no más!

Al mismo tiempo que empeora cada vez más la vida de la clase trabajadora, destruye el medio ambiente y masacra a los pueblos indígenas, el gobierno de Bolsonaro aumenta el tono de las amenazas golpistas. Su intención de imponer un autogolpe si no gana las elecciones es cada vez más abierta. Para ello se apoya en parte en las Fuerzas Armadas, en el servilismo del Congreso Nacional y del centrão [partidos de centro-derecha], y en la cobardía de las demás instituciones de la democracia burguesa, como el Supremo Tribunal Federal.

El PT, en lugar de denunciar el intento de tutela de las Fuerzas Armadas en las elecciones, se alía a la derecha y juega todo en las urnas. Así como frenaron las movilizaciones por el “Fuera Bolsonaro” para capitalizar electoralmente, ahora dicen: “voten a Lula por la democracia”. Y hasta entonces, Bolsonaro se mantiene libre y suelto para organizar su versión nacional de la invasión del Capitolio en los Estados Unidos.

Hoy, la mayoría de la burguesía y el imperialismo no están a favor de un golpe. Pero no se puede confiar en ellos frente a un intento de golpe de Estado, o frente al accionar de sectores armados del bolsonarismo más adelante. Incluso porque, como dijo el banquero de BNY Mellon, Daniel Tenengauzer, cuando se le preguntó sobre las ridiculeces de Bolsonaro, “lo que importa aquí es Guedes”. Para esta gente, no importa una pandemia o un caos social, mucho menos si tienen o no una dictadura. Lo que importa es si el gobierno garantiza las ganancias de los multimillonarios.

Solo la clase obrera puede, con su propia fuerza y ​​movilización, oponerse hasta el final a cualquier ataque a las libertades democráticas, así como extirpar de raíz las condiciones sociales que dan base para el desarrollo de la extrema derecha.

Tomar de los multimillonarios

Brasil es, a pesar de toda la decadencia de las últimas décadas, un país rico. No tendría por qué haber 20 millones pasando hambre y mucho menos que la mayoría de los trabajadores carezcan de empleo formal, salarios dignos y derechos. Pero esto sucede, precisamente, porque toda la economía está dominada por un puñado de grandes bancos y empresas multinacionales que controlan el grueso de la economía, incluido el agronegocio, en el que los grandes empresarios brasileños son socios menores y los políticos burgueses, capataces.

Solo hay multimillonarios porque hay gente pasando hambre, desempleo y carestía. Una cosa depende de la otra. Por eso, para acabar con la inflación, el desempleo, el hambre y garantizar una vida digna a la mayoría de la población, con salarios, derechos, pleno empleo y servicios públicos de calidad, es necesario quitarle a los superricos.

Vamos Vera

Lula y Alckmin no son la receta de cambio del país. Por el contrario, para derrotar a Bolsonaro y cualquier intento de golpe, y conquistar el pleno empleo, salarios y derechos, es necesario atacar las ganancias y propiedades de los superricos. Es necesario derogar las reformas laboral y previsional, garantizando empleo con contrato formal, con plenos derechos para todos. Para garantizar el empleo y los ingresos es necesario disponer de un gatillo móvil de jornada y salarios, es decir, reducir la jornada ahora y siempre que aumente el desempleo (repartir el trabajo disponible a todos los que necesiten trabajar), y aumentar los salarios ya, y de acuerdo con la inflación. También es necesario duplicar inmediatamente el salario mínimo, hacia el mínimo indicado por el Departamento Intersindical de Estadística y Estudios Socioeconómicos (Dieese).

Para que esto sea posible, tenemos que dejar de pagar la deuda a los banqueros y expropiar a los 315 multimillonarios y las 100 empresas más grandes.

Para cambiar de verdad, es imprescindible que avancemos en la movilización y autoorganización de la clase trabajadora, hacia un proyecto de clase para el país, en el que gobiernen los trabajadores, y para garantizar su propia autodefensa frente a la ultraderecha y el golpismo.

La gente solo quiere lo que es suyo

La precandidatura de Vera, del Polo Socialista y Revolucionario y del PSTU, representa una alternativa revolucionaria y socialista, y es necesario que haya una voz al servicio de los intereses de la clase trabajadora y un proyecto de la clase, socialista, independiente y contra la burguesía, que pueda ser una alternativa para el avance de la conciencia y organización de los trabajadores y del pueblo pobre.

Notas:

El título original de la nota es: “Lula com chuchu, receita aguada e ineficaz contra desemprego, arrocho e tentativa de golpe“[1]

[1] Lula com chuchu [Lula con yuyú] es un juego de palabras muy popular en el Brasil para significar un plato que sería en su traducción literal “Camarón con legumbre”: Lula-camarón y Alckmin-chuchu, una legumbre sosa, sin gracia, desabrida, sin gusto a nada [N.de T.].

Artículo publicado en www.pstu.org.br, 11/5/2022.-
Traducción: Natalia Estrada.