El Salvador comienza a calentar los motores para adentrarse en otro ciclo electoral. El sistema salvadoreño está diseñado de tal manera que constantemente estamos en periodo de elecciones y esto no es casual: es el mecanismo a través del cual se contiene y se diluye el descontento de la gente, pues se vuelve a crear la falsa ilusión o la falsa esperanza de que con las elecciones podemos cambiar las cosas y de esa manera se apaciguan, por decirlo de alguna manera, los deseos de lucha y búsqueda de verdaderos cambios en nuestra gente.

Por: Plataforma de la Clase Trabajadora- El Salvador

Pero esta realidad no nos abstrae ni nos aparta a aquellos que creemos que se pueden hacer las cosas de una manera diferente. Estamos en esta realidad y participamos de ella. Por esa razón es que debemos tener nuestra propia conducta y propuesta ante las elecciones.

Lo primero que tenemos que hacer siempre es, con mucha paciencia, dedicarnos a explicar que las elecciones no resuelven los problemas de la gente. Esta es quizá la meta que no debemos olvidar, pero mientras la conseguimos debemos también desenmascarar a los que tratan de engañar a la gente ya sea para mantener sus privilegios o para acceder a ellos. Hay que explicar con paciencia que existen múltiples contradicciones en esta forma de democracia que nos enseña que el primer órgano del Estado es el parlamento, la Asamblea Legislativa. Una de esas contradicciones es que, mientras por un lado el derecho a votar en la democracia parlamentaria es una conquista de la clase trabajadora que le facilita expresarse, manifestarse y organizarse con mucha más amplitud que en una dictadura, por otro lado, la democracia parlamentaria no termina con la dominación de la clase capitalista sino que, al mismo tiempo, esta clase intentará usar los mecanismos parlamentarios para asimilar y desmovilizar las fuerzas políticas y sociales de la clase trabajadora.

No se debe olvidar que los mecanismos de la democracia burguesa hacen que el parlamentarismo no pueda ser una herramienta apta para la emancipación de la clase trabajadora: un sistema electoral que privilegia los partidos más grandes y conservadores y que fomenta el voto útil; campañas electorales que necesitan de grandes cantidades de dinero para financiarse; ausencia de mecanismos de participación y decisión más allá de esas elecciones; falta de poder y de decisión del sistema parlamentario sobre la economía y las empresas; y una hegemonía de las ideas de la clase dirigente, a través de los medios de comunicación, las instituciones y el tejido económico, que beneficia a los partidos más moderados.

Para los revolucionarios, la participación en las elecciones permite una divulgación masiva de su ideario a los trabajadores y al pueblo, en forma paciente y clara, intentando elevar el nivel de su conciencia política pero dejando en claro los límites de las elecciones y del parlamentarismo, y llamando a los trabajadores, desde estas tribunas parlamentarias, a organizarse para enfrentar el gobierno.

No hay que confundir estas posiciones con las de la izquierda reformista, que hace de la participación en las elecciones su razón de ser. Para la izquierda revolucionaria, que entiende que el parlamento no tiene poder para cambiar la sociedad, presentarse es una cuestión táctica a decidir en cada momento. Tanto es así que la historia nos recuerda casos en los que hemos encontrando organizaciones revolucionarias presentándose en las elecciones, otras absteniéndose, y otras pidiendo el voto para fuerzas de la izquierda reformista o llamando a anular el voto. Incluso encontramos organizaciones que cambiaron la posición según el momento, esto es así porque la posición a adoptar dependerá del momento concreto y de la caracterización que hagamos de ese momento concreto en el que vivimos.

Se abre, entonces, la discusión para los revolucionarios salvadoreños frente a las elecciones del próximo año, y debemos asumir el reto que se nos plantea, pues del éxito de nuestra caracterización sobre el actual gobierno dependerá asimismo el éxito de la política que adoptemos en ese abanico de opciones tácticas que se nos presentan.

Este tema no está aún agotado y menos decidido, pero queremos dar comienzo a la discusión interna y a la discusión con la clase trabajadora, para concretar el papel que jugaremos en las elecciones municipales y legislativas de febrero del próximo año.

Ante semejante escenario, no podemos olvidar que nos encontramos con la posibilidad de reconstruir el espacio político de la izquierda combativa, ese mismo que hoy está vacío y en el que la clase trabajadora salvadoreña viene estando huérfana desde la claudicación del FMLN.

Somos nosotros los llamados a llenar ese espacio, no solo con nuestro discurso sino también acompañando las luchas de la clase trabajadora, en la cual estamos insertos.

 

CONTINUARÁ…