Sáb Feb 04, 2023
4 febrero, 2023

Los desafíos de la clase trabajadora después de derrotar a Bolsonaro en las urnas

La derrota electoral de Bolsonaro en la segunda vuelta fue recibida con celebración y, sobre todo, con alivio por parte de los trabajadores y las trabajadoras, la juventud y los sectores más oprimidos. Con mucha razón.

Por: Redacción PSTU Brasil

Bolsonaro expresa un proyecto autoritario, que amenaza las pocas libertades democráticas que tenemos hoy. Por eso, el PSTU hizo campaña por un voto crítico a Lula en esta segunda vuelta.

La fórmula Lula-Alckmin, sin embargo, no representa una alternativa real a Bolsonaro desde el punto de vista de la política económica, ni será capaz de derrotar definitivamente a la ultraderecha. Pero, si Bolsonaro permaneciese al frente del aparato del estado, eso facilitaría su proyecto autoritario.

Una muestra de lo que vendrá de la extrema derecha

El día de las elecciones y las 48 horas que siguieron fueron una pequeña muestra de ello. Primero, el gobierno coordinó una acción de sabotaje, a través de la Policía Federal de Carreteras (PRF), para impedir o retrasar el ejercicio del derecho democrático al voto de miles de personas, especialmente en el Nordeste.

Luego, con la confirmación de su derrota en las urnas, movilizó a su base más feroz, a través de las redes sociales, para cerrar carreteras y protestar frente a los cuarteles, contestando las elecciones y pidiendo la intervención de las Fuerzas Armadas.

A través de dudosas declaraciones, Bolsonaro intentó equilibrar la presión de sectores que exigían un reconocimiento público de la derrota y el núcleo más radical de la extrema derecha. Y solo aceptó iniciar la transición luego de consultar al comando del Ejército sobre el apoyo a una eventual aventura golpista.

Estas elecciones y los días que siguieron confirmaron lo que ya había alertado el PSTU. Después de jugarse todas las fichas para ganar el voto en las urnas, su prioridad, Bolsonaro no descartaba iniciar un intento de golpista, aunque no tuviese fuerzas para hacerlo. No contó con el apoyo de sectores mayoritarios de la burguesía y principalmente del imperialismo, ni tiene de su lado a la mayoría del pueblo para eso.

Él, sin embargo, buscó movilizar a su base para intentar crear un clima de conflagración, mantener la narrativa de fraude, como hizo Trump en EE.UU., y, una vez fuera de la Presidencia, negociar la amnistía por sus crímenes. Y, sin embargo, mantener a su electorado movilizado y conservar su influencia política en el futuro.

Ahora, estamos en un momento en que ya ha comenzado la transición al nuevo gobierno. Bolsonaro, por supuesto, todavía puede hacer algo. Pero el equipo de Lula ya está tomando medidas.

Después de que derrotamos a Bolsonaro en las urnas, es hora de preparar los próximos pasos. Se hizo aún más evidente que esta extrema derecha llegó para quedarse, y solo será verdaderamente derrotada con la organización y la movilización independiente de la clase trabajadora. Enfrentarlo en las calles y cambiar las condiciones que hicieron posible su surgimiento y ascenso: el hambre, el desempleo, la precariedad y el proceso de degradación, retroceso y entrega del país.

La alianza con la burguesía no es el camino para derrotar a la ultraderecha ni para resolver nuestros problemas

El nuevo gobierno aún no asumió, sin embargo, los primeros pasos de la transición entre los gobiernos de Bolsonaro y Lula ya indican lo que nos espera. Confirma el mantenimiento de la actual política económica, recortando apenas las aristas de los arrebatos ultraliberales de Paulo Guedes, pero dando continuidad a un gobierno con y para los multimillonarios.

Si el programa del PT y el amplio arco de alianzas firmado en la primera vuelta ya mostraban esta tendencia, ahora la vemos concretarse. La elección de Geraldo Alckmin para dirigir este proceso ya era una forma de indicarle al mercado que sus intereses permanecerían intactos.

Luego, el acercamiento con sectores del Centrão, como el Partido Social Democrático (PSD), de Kassab, o el propio Arthur Lira. Esto se vio reforzado por la invitación a los banqueros Pérsio Arida y André Lara Resende a formar parte del equipo económico, con el apoyo de Henrique Meirelles, hombre de confianza de los banqueros nacionales e internacionales.

Con banqueros y el neoliberalismo

Tanto Pérsio Arida como Lara Resende fueron formuladores del Plan Real y formaron parte del gobierno de FHC, responsable por la política de apertura de la economía al capital internacional, desnacionalización de empresas, privatizaciones, contrarreformas neoliberales, endurecimiento y desempleo.

Arida incluso ocupó el Banco Central cuando cayó, tras la revelación de que se filtró (a un socio banquero) que se devaluaría el Real, en una maniobra que, ciertamente, le garantizó unos cuantos millones.

Después de este escándalo, Pérsio Arida todavía trabajó para el banco Opportunity, de Daniel Dantas, y ayudó a fundar el BTG Pactual, junto con Guedes. También fue uno de los fundadores del grupo Livres, una especie de laboratorio de ideas liberales, con actuación multipartidaria en siglas de derecha, al estilo del MBL.

Comenzó la transición

Las propuestas que ya avanzan entre el equipo de transición y el Congreso Nacional, para el próximo año, muestran que la orientación es dejar todo como está. Se discute una PEC [Proyecto de Enmienda Constitucional] o autorización del TCU (Tribunal de Cuentas de la Unión) para acomodar los R$ 600 del Auxílio Brasil a 21 millones de familias. Como resultado, 46 ​​de las 67 millones de familias que recibían ayuda de emergencia seguirán excluidas de cualquier programa de transferencia de ingresos.

El salario mínimo, una de las principales promesas de Lula, será reajustado en un valor de apenas 1,4% por encima de lo previsto en el presupuesto de Bolsonaro. El presupuesto enviado por el actual gobierno preveía un aumento de los actuales R$ 1.212 para R$ 1.302. La propuesta divulgada por el PT es de R$ 1.320, una diferencia de menos de R$ 20, que ni siquiera compra un paquete de arroz. Según el Dieese [Departamento Intersindical de Estadística y Estudios Socioeconómicos], el mínimo debería ser de R$ 6.306,97, para cumplir con la Constitución.

La actualización de la tabla del Impuesto de Renta y la promesa de eximir a quienes ganen hasta cinco salarios mínimos, solo será para 2024. La regla del Techo de Gastos debe ser reemplazada por otra, más flexible, pero con el mismo contenido: mantener el ajuste fiscal y priorizar el pago de la deuda a los banqueros.

Por otro lado, la Reforma Laboral no solo no será derogada, sino que las organizaciones y confederaciones patronales presionan para que se avance en la Reforma Administrativa en el sector público, medida, por cierto, cuyo mayor defensor es precisamente Meirelles.

Independencia: ninguna confianza con el gobierno de Lula-Alckmin

Para derrotar de una vez por todas a la ultraderecha y garantizar las reivindicaciones de la clase trabajadora contra la patronal, debemos exigir nuestras reivindicaciones al nuevo gobierno y organizar una lucha unificada por ellas. Confiar en la fuerza de los trabajadores(as) y organizar la lucha de forma independiente y por la base.

Por trabajo, salario y tierra

Debemos organizarnos para la derogación total de las reformas laboral y previsional. En el mismo sentido, en defensa del empleo, exigir la reducción de la jornada laboral sin reducir los salarios, con la garantía de pleno empleo y contrato formal para todos, incluidos los trabajadores a través de apps, y un aumento general de salarios.

Necesitamos luchar por la Petrobras 100% estatal, bajo control de los trabajadores, y la reestatización de las empresas privatizadas, como la Vale y la CSN [siderúrgica]. Asimismo, detener el proceso de entrega del país y todas las privatizaciones en curso.

Es necesario exigir la demarcación de las tierras indígenas, la reforma agraria y el apoyo a la agricultura familiar, contra el agronegocio. La protección del medio ambiente y de los pueblos originarios, contra el Marco Temporal, así como la reparación para el pueblo negro y la garantía de los derechos de las mujeres y LGBTI, además del fin de la violencia contra estos sectores.

Por educación, salud, vivienda y servicios públicos de calidad, necesitamos acabar con la Ley de Responsabilidad Fiscal, reemplazándola por una Ley de Responsabilidad Social, suspendiendo el pago de la deuda a los banqueros. Acabar con el techo de gastos y sin ninguna ley que aplique el ajuste para beneficiar a los banqueros.

También es necesario exigir la investigación y el castigo ejemplar de Bolsonaro y su familia, así como de todos los cómplices de los crímenes cometidos al frente del gobierno.

Organizar a los trabajadores y los oprimidos

La derrota de Bolsonaro en estas elecciones abre la expectativa de que la vida mejore. Sin embargo, lamentablemente, es necesario advertir a los trabajadores que un gobierno que actúa con banqueros, grandes empresas y el agronegocio, como señala esta transición, no garantizará el fin del hambre ni del desempleo. Por el contrario, seguirá atacando y superexplotando a los trabajadores.

Más que eso, al no hacerle frente a los multimillonarios, terminará por perpetuar las bases económicas, políticas y sociales que posibilitaron el surgimiento y crecimiento de esta ultraderecha. Peor aún, además de no derrotarla, tenderá a fortalecerla.

Todo esto, combinado con las alianzas y compromisos que viene asumiendo Lula con sectores abiertamente reaccionarios y fundamentalistas, solo puede significar pésimas noticias para las mujeres, LGBTI, negros(as), indígenas y demás sectores oprimidos.

Para derrotar realmente a la extrema derecha, es necesario cambiar y revertir este proceso de degradación y retroceso en el país. Para ello, es necesaria la organización y la movilización independiente de la clase trabajadora. Esto implica organizar nuestra lucha, por la base, fortalecer toda nuestra organización independiente de la patronal y también nuestra autodefensa.

Desafío: organizar la oposición de izquierda y de clase

El próximo período será de grandes desafíos para la clase trabajadora. Tendremos un gobierno de alianza de clases que administrará la crisis capitalista.

A diferencia de 2003, durante el primer gobierno de Lula, el horizonte de la economía mundial apunta hacia la profundización de la crisis. Por otro lado, tendremos la oposición de una extrema derecha organizada, armada y radicalizada.

Las experiencias recientes en América Latina y la propia trayectoria de los gobiernos del PT, aquí, han demostrado que la desmoralización de los gobiernos de Frente Amplio, de alianza con la burguesía, termina por impulsar a la extrema derecha.

La decepción que tienen los trabajadores con estos gobiernos fortalece a sectores como el bolsonarismo. El peor error que puede cometer la izquierda socialista es colocarse como apéndice de un gobierno de alianza con la burguesía, justificándose por la amenaza de la ultraderecha.

Es lamentable, por lo tanto, la posición refrendada por la dirección del PSOL, de integrar la transición del futuro gobierno. Esto es, en la práctica, entrar y legitimar el gobierno Lula-Alckmin. O incluso la posición divulgada por una de sus corrientes internas, el MES, de no integrar formalmente al gobierno, sino apoyarlo desde afuera. Hacer esto es repetir la historia y ayuda, aunque sea sin querer, a llevar agua al molino del bolsonarismo.

Solo vamos a derrotar a la ultraderecha, de verdad, con independencia de clase, movilización y autodefensa, y luchando por cambiar las condiciones sociales, políticas y económicas que posibilitaron su surgimiento. Y eso no será posible con un gobierno de alianza con multimillonarios.

Derrotar a la extrema derecha y cambiar el país

El PSTU alerta: tenemos que organizar y fortalecer una oposición de izquierda que pueda batallar, en un frente único en las luchas y en las calles, para enfrentar a la extrema derecha y, también, los ataques que inevitablemente vendrán del nuevo gobierno.

Ya vimos que no podemos confiar en las instituciones de esta “ricocracia” para defender las libertades democráticas, como el STF o el propio Congreso, que será incluso más bolsonista. Tampoco podemos dejar a los trabajadores a remolque de sectores como la Federación de Industrias del Estado de São Paulo (Fiesp) y la Federación Nacional de Bancos (Febraban).

Solo la movilización independiente de la clase trabajadora puede defender consecuentemente las libertades democráticas, el fin de toda opresión, y acabar de una vez por todas con la extrema derecha, así como defender nuestras condiciones de vida, la soberanía del país y allanar el camino para que los trabajadores gobiernen y podamos acabar con el capitalismo.

Es necesario construir una oposición de clase y de izquierda al gobierno, en las luchas y en las calles, que pueda enfrentar tanto la ultraderecha como los embates del capital, impulsados por el nuevo gobierno, aliado a los multimillonarios.

Defendiendo y construyendo una organización socialista y revolucionaria, el PSTU estará junto a la clase trabajadora y sus sectores más oprimidos, en cada lucha y en esta batalla.

Artículo publicado en www.pstu.org.br, 10/11/2022.-

Traducción: Natalia Estrada.

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