Con el pronunciamiento del 24 de marzo, llamando la pandemia de “gripecita”, y arengando al pueblo a salir de casa, Bolsonaro colocó la crisis política en un nuevo nivel. Después de quedar a la defensiva a partir del 15 de marzo y de los cacerolazos, Bolsonaro decidió desatar una contraofensiva: movilizó a su base social en caravanas contra la cuarentena social. Apoyándose en un sector del empresariado y de la media y pequeña burguesía intenta incidir sobre el conjunto de los pequeños propietarios, del semiproletariado, e incluso del proletariado precarizado.

Editorial Opinião Socialista n.° 587

Busca polarizar el país para intentar mantener su base y un capital político mínimo. Quiere, con eso, mantener su mandato hasta 2022, e intentar llegar competitivo a la reelección; o si eso no funciona, estar en condiciones de un autogolpe.

La burguesía de conjunto quiere que la cuarentena termine lo más rápido posible y que el “mercado” vuelva a funcionar plenamente. La propia cuarentena, en el caso de la burguesía, no se da por razones humanitarias y sí por razones económicas y políticas. Pero hay una división táctica sobre cómo eso puede ocurrir. Un sector defiende el punto de vista de Bolsonaro, otro sector, mayoritario, sigue las orientaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), como Doria y la mayoría de los gobernadores (que implementan medidas insuficientes). Hasta Trump tuvo que decretar cuarentena hasta el final de abril en los Estados Unidos.

La mayoría del empresariado y el sistema financiero quieren volver lo más rápido posible, pero saben que no pueden volver de cualquier forma, a lo Bolsonaro, porque eso puede resultar en lo opuesto de lo que ellos desean. Miran a Italia y saben que no sirve volver y, una semana después, tener que parar de nuevo.

Por otro lado, la anarquía y la falta de preparación capitalista, son evidentes a cada paso. En el terreno de las medidas económicas contra la crisis hay improvisaciones, atraso y también diferencias en los pormenores. Innumerables sectores burgueses reclaman que hasta ahora “no hay plan”.

La verdad es que Guedes y Bolsonaro siguen aplicando el plan de ajuste y aprovechando la pandemia para arrojar la crisis en las espaldas de los trabajadores e incluso, cuando son obligados a tomar medidas para el gran empresariado, estas son anticíclicas o fuera de la receta neoliberal.

Desde el punto de vista de un colchón social –visando contener una explosión social– las medidas apuntadas, además de insuficientes no se concretan con la rapidez necesaria. Es el caso de los R$ 600 que Bolsonaro da vueltas y no paga, cuando ya tienen gente pasando hambre.

Indignación, cacerolazos, huelgas y lucha

La postura de Bolsonaro e incluso sus caravanas han sido repudiadas por la mayoría de la población. Creció la reprobación a su gobierno, mientras subió la aprobación de los gobernadores. La realidad es dinámica.

Creció su aislamiento político y, aparentemente, también su desgaste, con la “contraofensiva”; e incluso hay crisis en el interior del propio gobierno. En la medida en que el pico de la pandemia llegue, esa su posición será aún más insostenible. Pero él parece apostar a que la crisis social y el desempleo van a tornarse insoportables. Y espera arrojar eso sobre las espaldas de los gobernadores. Y de este gobierno nunca se puede descartar que busque la oportunidad para un autogolpe.

Los militares se preocupan con la posibilidad de explosión social. Algunos medios dicen que las Fuerzas Armadas se preparan para diversos escenarios: 1) Que hicieron llegar a Mourão que pueden apoyarlo en un eventual colapso de Bolsonaro; 2) Que barajaron o discutieron la posibilidad de proponer a Bolsonaro que renuncie a cambio de la garantía del fin de la investigación contra los hijos; 3) Hay una versión de que la posición actual de Bolsonaro de enfrentamiento a la pandemia es la misma de las Fuerzas Armadas (tal vez solo con una comunicación menos belicosa), y, en ese caso, incluso, una parte expresiva de los generales estaría apoyando y estimulando su “movilización” contra la cuarentena; 4) La posibilidad de que haya división en las Fuerzas Armadas. Mientras tanto, ninguna hipótesis debe ser descartada

Pero la debilidad del gobierno es evidente y, por eso, vuelve a hablarse sobre la discusión de sacar a Bolsonaro. Algunos sectores hablan incluso de su condena como genocida por el Tribunal de La Haya. Hasta los partidos de oposición parlamentaria, que hacen muy poco oposición, soltaron un manifiesto pidiendo su renuncia. Pero, de hecho, no es política de ninguno de estos sectores la caída del gobierno (o el impeachment) antes de 2022, por lo menos por ahora. Y no lo será si este año pierde la gobernabilidad y aún más base de apoyo social.

Pero, en el movimiento y en los cacerolazos, la consigna es “Fuera Bolsonaro”. Fuera Bolsonaro y Mourão es una necesidad, una tarea de vida o muerte.

Vimos, desde el punto de vista del movimiento de masas, que un sector de la pequeña burguesía se movió espontáneamente golpeando cacerolas, y que golpearon amplios sectores de masas en las ciudades, incluso algunos barrios populosos de la periferia.

Vimos también que el movimiento obrero y la clase trabajadora responden al llamado a la paralización. El Sindicato de los Metalúrgicos de São José dos Campos y la CSP-Conlutas comprobaron eso en la práctica, así como la construcción civil de Belém, y varios otros lugares. La propuesta de parar los lugares de trabajo (excepto los sectores esenciales) es de masas. Eso demuestra aún más el crimen de las burocracias (direcciones de las centrales, movimientos y partidos que poseen relación con la clase), que no mueven un dedo.

Obreros de São José dos Campos paran actividades. Foto: SindmetalSJC.

La excelente iniciativa de Luta Popular en los movimientos populares indica también la enorme disposición de lucha, lo que se ha expresado además en experiencias de autoorganización en varios barrios de periferia.

La falta de respuesta a la catástrofe sanitaria y social por parte de Bolsonaro, de los patrones y gobiernos capitalistas, llevando al hambre, al desempleo, a la imposibilidad de defender la vida contra la pandemia, tiende a llevar a la radicalización, a la lucha y a la rebelión social. En las favelas y comunidades ya hay hambre, y en las periferias comienza a faltar el gas de cocina.

La clase trabajadora que está en el mercado formal, por su parte, si no da una respuesta unificada, verá a la burguesía rebajar enormemente sus condiciones de vida, como está haciendo con la MP 936, además de obligar a sectores no esenciales a trabajar, poniendo en riesgo la vida de todos. Los obreros de la CSN de Volta Redonda denunciaron esta semana la irresponsabilidad de Steinbruch, dueño de la empresa, de poner a trabajar a los más de 13.000 operarios, amenazando infectar la ciudad entera.

El PT y el PSOL están sumergidos en el campo de los gobernadores y del Congreso. En el PSOL se abrió incluso una polémica a partir de la iniciativa de un grupo de diputados que protocolaron en el Congreso un pedido de impeachment a Bolsonaro. La mayoría de la dirección se posicionó en contra. Aparentemente, en el PT ocurrió algo parecido, aunque con una señal cambiada: un sector critica a la dirección por haber firmado un manifiesto a favor de la renuncia.

La pandemia, sin embargo, desnuda mucho más que el gobierno y el régimen político, desnuda el propio sistema capitalista. Muestra la incapacidad de parar todo para cuidar de las personas; la incapacidad de planificarr el combate a la enfermedad y de asegurar por algunos meses que todo el mundo pueda quedarse en casa; amenaza con colapso, desempleo en masa, rebaja del nivel de vida y desabastecimiento, oponiendo la vida a la economía capitalista. Esa situación y coyuntura muestran la necesidad y la posibilidad de una respuesta más allá del capitalismo. La solución está fuera del sistema, exige la defensa del socialismo, de otra sociedad, de la revolución, y de un mundo completamente diferente.

Nuestra política y tareas: Fuera Bolsonaro y Mourão

Construir una amplia mayoría por la caída es una necesidad, y también la mejor defensa contra un autogolpe, al contrario de lo que argumentaban hasta ayer el PT y la mayoría del PSOL.

Esa consigna es la que mejor expresa esta tarea, que si no fuera asumida por la amplia mayoría de los trabajadores y sus aliados, no va a ocurrir.

No debemos depositar confianza ni en que el Congreso ni el Supremo Tribunal Federal (STF) ni los gobernadores garanticen nuestras necesidades. Basta ver que, a pesar de tener diferencias con Bolsonaro y su proyecto de dictadura, están juntos con Bolsonaro a favor de innumerables “reformas” que arrojan la crisis en nuestras espaldas, en pro de los banqueros, como hicieron con la Previsión, así como en la defensa de la reducción de la jornada y de los salarios de los trabajadores.

En ese sentido, no nos oponemos e incluso orientamos a firmar la petición por el impeachment de Bolsonaro, presentada por los diputados del MES/PSOL, porque esta no se contrapone al movimiento general por la debilidad de este gobierno. Pero, pensamos que la mejor forma hoy de llevar adelante esa tarea no es la canalización de la misma en el Congreso, sino sí ganar la conciencia de la mayoría de los trabajadores para sacar a Bolsonaro y a Mourão con nuestra lucha, y avanzar más allá de este régimen y de este sistema.

Es preciso parar el Brasil para detener el virus, y presentar un plan de emergencia para que el personal pueda quedarse en casa. Y defender un gobierno socialista de los trabajadores y la autoorganización: no esperar de los gobiernos, realizar desobediencia civil y movilización, pues se trata de defender la vida, contra el gobierno, el régimen y el sistema.

Debemos seguir denunciando que la política de los gobernadores y del Congreso es insuficiente: exigir testes en masa, exigir que paren todo.

Defendemos la unidad para luchar. Pero nos oponemos a hacer un frente amplio electoral con la burguesía para gobernar, o repetir la experiencia de gobierno de conciliación de clases del PT.

Es necesario apuntar y construir una alternativa socialista y revolucionaria. La situación actual muestra la necesidad de defender el poder para los trabajadores. La solución para toda esta situación del mundo y del Brasil está fuera de este sistema, la solución solo puede ser el socialismo.

Artículo publicado en www.pstu.org.br
Traducción: Natalia Estrada.