La más reciente encuesta del Datafolha mostrando la recuperación en la popularidad de Bolsonaro, pocos días después de que el país registrase la marca oficial de 100.000 muertos por la pandemia, sorprendió a muchos.

Por: Redacción PSTU Brasil

Realizada entre los días 12 y 13 de agosto, la encuesta muestra el aumento de evaluación de “bueno” y “óptimo” de 32% a 37%. Al mismo tiempo, “malo” y “pésimo” disminuyen de 44% a 34%, volviendo a los niveles anteriores al inicio de la pandemia.

De los cinco puntos de aumento de la evaluación positiva, tres vienen de trabajadores y desempleados con renta mensual de hasta tres salarios mínimos. Solo entre los desempleados, la evaluación positiva subió 12 puntos, mientras la negativa cayó 9.

Justamente es en los sectores más afectados por el auxilio de emergencia de R$ 600, entre los cuales la evaluación positiva del presidente llega a 42%.

No se puede decir que sea una situación confortable para Bolsonaro, pero es innegable que representa una recomposición significativa de una base social de apoyo que lo garantizaría, caso las elecciones fuesen hoy, en un segundo turno. ¿Por qué Bolsonaro crece en medio de una política genocida, prisión del miliciano Queiroz y sucesivos ataques a las libertades democráticas?

Las razones de la “recuperación” de Bolsonaro

Es incontestable la influencia del auxilio de emergencia en la movilización de 15 puntos en la evaluación de Bolsonaro. Y no es difícil entender el motivo. Por más insuficiente que sea (tanto en el valor como en el número de beneficiados), el auxilio llega a 65 millones de personas, impactando en el total a 40% de la población del país. En el Nordeste, llega a 60%. Si casi 12 millones de trabajadores tuvieron reducción salarial, y 41 millones se ven sin trabajo, para los sectores más empobrecidos, ya históricamente fuera del mercado de trabajo, hubo hasta una “ganancia” en la renta.

Estudios apuntan una reducción histórica en la desigualdad social, nivelado hacia abajo: los trabajadores más pobres e impedidos quedan mucho más pobres, y los miserables quedan un poco menos miserables. Más que el impacto del auxilio de emergencia, eso revela la brutal desigualdad, pobreza y miseria en un país en el que, antes mismo de la pandemia, más de 60% de la población sobrevivía con hasta un salario mínimo.

Si eso explica gran parte de la mejora de la popularidad del gobierno, no explica todo, ya que hubo un aumento en prácticamente todos los estratos de renta y en todas las regiones. Y eso ocurre, muy probablemente, por la propia postura de Bolsonaro que, luego de la prisión de Queiroz y la investigación de las fake news, dio una tregua en las amenazas diarias de golpe y dictadura. Así como ocurrió en las elecciones, en que escapó de los debates y de la exposición pública, ahora irónicamente se beneficia de sus propios infortunios, reduciendo los titulares negativos. Y posibilitando que la mayoría de la burguesía, incomodada con un escenario de crisis diaria, retomase un apoyo más enfático de su gobierno.

En ese marco, las más de 100.000 muertes por la pandemia y la mortandad diaria van siendo, en buena medida, normalizadas por la población, aunque con contradicciones. Aquí tampoco es difícil encontrar la razón. En el inicio de la pandemia, Bolsonaro encontró un contrapunto en los gobernadores, que impusieron algún tipo de aislamiento social, aunque completamente insuficiente. La presión del empresariado por el retorno de la economía de forma completamente precipitada, sin embargo hizo que esa diferencia desapareciese. Está retornándose a la “normalidad” sin que siquiera la curva de contagio hubiese sido derribada.

La cuarentena “fake” de los gobernadores, aliada a los innumerables casos de corrupción y la abertura precipitada desembocaron en este índice altísimo de muertes. Dieron base, con eso, a la narrativa de Bolsonaro, provocando cierta resignación en la población, como si, al final, no fuese posible hacer grandes cosas.

Eso aunque la mayoría de la población trabajadora sepa que no se trata de una “gripecita” y quiera medidas para evitar el contagio y un número aún mayor de muertes, como quedó evidente en la encuesta realizada que revela que 80% de la población está en contra de la vuelta a las clases durante la pandemia.

Perspectivas

Es importante apartarse de cualquier impresionismo con la encuesta del Datafolha. Bolsonaro gana un respiro tirándose en los brazos del centrón [partidos de centro] y, con ese nivel de apoyo social, sale de las cuerdas alejando por ahora la amenaza de perder su mandato. Pero está lejos de tener motivos para soltar fuegos artificiales.

Primero, porque estamos viendo una fotografía del momento. El auxilio de emergencia de R$ 600 tiene un plazo para acabar y la crisis profundizada por la pandemia provoca importantes escisiones dentro del gobierno. Bolsonaro, que por ironía se enfrentó con el auxilio de R$ 600, ahora ve en el mecanismo una posibilidad de reelegirse y va a intentar mantener ese apoyo a través de un Bolsa Familia renombrado como “Renta Brasil”.

El problema es que eso no entra en la cuenta de la política ultraliberal de Paulo Guedes o de la mayoría de la burguesía. No sería un obstáculo caso la extensión del auxilio no interfiriese en sus ganancias, o sea, si fuese bancado por una nueva rodada de rebaja en los salarios y renta de los trabajadores empleados y sectores medios. Por eso mismo, se estudia la posibilidad de bancar esa política con aumento en los impuestos, incluso en la canasta básica, fin de las deducciones en el Impuesto de Renta de la clase media, y severos ataques a los trabajadores como el fin del Plan de Integración Social (PIS), además de una reforma administrativa contra los servicios públicos.

La cuestión es que ni eso sería capaz de bancar la extensión del auxilio con los valores y el alcance de hoy, y aún provocaría la reacción de amplios sectores y de la clase trabajadora y la clase media.

El gobierno, de cualquier forma, en la imposibilidad de mantener los R$ 600 estudia ampliar el “Bolsa Familia”, que sería renombrado como “Renta Brasil” tornándose la marca de Bolsonaro como la BF fue marca de los gobiernos petistas.

Aunque sea concretado, eso por sí solo ya representaría una rebaja de algo como 2/3 de los que hoy están recibiendo el auxilio de emergencia que, sin empleo, pasarán a recibir nada. E incluso los que están recibiendo R$ 600 y pasarán a recibir la mitad o poco más que eso.

Pero no es solo esa cuestión de la renta de emergencia o básica que compone la situación del país, del mundo y de su inserción en él. La tentativa de reeditar una política “lulista” se choca con la coyuntura nacional e internacional que ya no es más aquella que tuvo el gobierno social liberal del PT. En la época, había una coyuntura muy favorable: un ciclo de crecimiento económico capitalista mundial, junto con un boom en los precios de las materias primas. Y, claro, no había una pandemia mundial.

El “PAC” de Bolsonaro y la falta de gasolina del Puesto Ipiranga

Bolsonaro y el ala militar del gobierno buscan mantenerse en el poder aproximándose del centrón, del viejo toma-lá-da-cá [te doy y me das], del mantenimiento y la ampliación de la política de distribución focalizada de la renta en la extrema pobreza y, a contramano del ultraliberalismo de Paulo Guedes, de una política “neodesarrollista” como la de Dilma, centrada en hacer algunas obras. Aprovechan, para eso, que la pandemia llevó al agotamiento de la política ultraliberal “pura” de Guedes.

Paulo Guedes, sin embargo, aún es el fiador del gobierno Bolsonaro junto con los banqueros y grandes empresarios, y su salida indispondría al gobierno con esos sectores (a no ser que fuese sustituido por algún otro de sus exponentes). Esa pelea entre esos sectores burgueses, entre una política puramente ultraliberal y otra “keynesiana”, está muy lejos de representar proyectos distintos de país y aún más lejos de beneficiar a la clase trabajadora. Ambos prevén que los pobres y los trabajadores continúen pagando la cuenta de esta crisis, pero exponen diferencias que no son menores en el piso de arriba y tienen potencial para traer problemas adicionales al gobierno.

Se diseña, por lo tanto, un escenario de equilibrio muy inestable y precario para el gobierno, debido a la magnitud de la crisis económica mundial del sistema, y también la nacional; de la crisis sanitaria y la dimensión de la pandemia; de la crisis social y política. Junto con eso, los escándalos de corrupción involucrando a Queiroz y sus relaciones con las milicias [parapoliciales] traen aún más inseguridades y gestan futuras conmociones.

La responsabilidad de la oposición liberal burguesa y también de los sectores de conciliación de clases

No son pocos los que culpan a la propia población por los resultados mostrados por el Datafolha. Posición que viene tanto de la prensa como de la oposición burguesa de centro-derecha, como Doria, Rodrigo Maia, PSDB o incluso Ciro Gomes, como también de la oposición de conciliación de clases, como el PT, PCdoB, PSOL, además de sectores de la burocracia sindical. La verdad es que los partidos de colaboración de clase y la llamada izquierda parlamentaria tienen gran responsabilidad en esto. Por ejemplo, cuando fue aprobado el auxilio de emergencia de R$ 600, cantaron victoria como si eso resolviese los problemas históricos del país. ¿Y ahora que el gobierno saca el proyecto? E, increíblemente, gran parte de esos sectores continúan defendiendo solo una “renta básica” como alternativa.

Evidentemente, debemos oponernos a que el gobierno quite los R$ 600. Pero, es obligación decir que eso es poco, alcanza a menos gente de la que debería y podría, y que, incluso si fuese mayor, no basta y no resuelve la pobreza y la desigualdad. Que es necesario tener pleno empleo, disminución de la jornada de trabajo sin disminución de salario y que los ricos son los que deben pagar por la crisis, de verdad, no solo con mera tasación irrisoria de sus fortunas. Sino con medidas profundas y eficaces, que puedan iniciar un camino de verdadera transformación de esta sociedad desigual.

La realidad es que esa izquierda no presenta una alternativa de clase a este gobierno y al modelo económico de los capitalistas que haga que sean ellos los que paguen por la crisis. Al contrario, muchas veces se ponen del lado de Rodrigo Maia y del viejo establishment, mirando las elecciones como estrategia. En los Estados, reproducen la política de reapertura de la economía y la política económica de Guedes. Con un proyecto en los límites del orden vigente y del sistema, de la misma forma como los gobiernos del PT, no tocan en el 1% que lucra mucho y siempre con la tremenda desigualdad y los sufrimientos de los trabajadores y de la mayoría de la población brasileña.

Mientras tanto, Bolsonaro, al mismo tiempo que se lanza de cabeza en el centrón, continúa monopolizando el discurso cínico antisistema para buena parte de su electorado ya bombardeado por fake news. Y, por las orillas, avanza con medidas autoritarias, como la tentativa de resucitar el célebre SIN de la dictadura, produciendo dossiers contra opositores políticos.

Artículo publicado en www.pstu.org.br, 18/8/2020.-

Traducción: Natalia Estrada.