Segunda parte de la entrevista a Joseph Daher:

Florence Oppen: En los EEUU y en el Reino Unido, una parte del movimiento contra la guerra y de la izquierda opina que basta con levantar consignas por la «no intervención» del imperialismo en Siria, sin tener que tomar partido a favor o contra de Assad, en nombre de la «no injerencia». ¿Qué opina de esas posiciones? ¿Podemos construir una verdadera unidad en la lucha antiimperialista sin «tomar partido» en la revolución siria?

Joseph Daher: No, hay que ser claro. Hoy no se puede construir ningún movimiento que esté realmente contra la guerra que se oponga claramente a todas las formas de imperialismo, sin oponerse también claramente al régimen de Assad o a otras dictaduras. Yo opino que hay que reconstruir un movimiento anti-guerra sobre los principios siguientes: no a TODAS las intervenciones extranjeras, no a las dictaduras, y apoyo al movimiento popular en lucha por la democracia y la justicia social y la igualdad. Esos tres elementos están hoy ausentes de los movimientos anti-guerra en los EEUU y en el Reino Unido. Y hay varias razones que lo explican.

Todo movimiento serio que quiera oponerse a las intervenciones extranjeras en Siria, no puede oponerse sólo a las intervenciones occidentales. Debería oponerse también a la intervención de Rusia, de Irán, de Hezbollah y los diversos grupos fundamentalistas chiis iraquíes, que han causado más muertes y destrucción en Siria, además de buscar aplastar el levantamiento popular. Al mismo tiempo hay que oponerse a las intervenciones de las monarquías del Golfo y de Turquía en el pasado, que lo han hecho con intereses propios y han buscado cambiar la naturaleza de la revolución popular democrática, tornándola una guerra confesional. Por eso han apoyado a los grupos fundamentalistas islámicos que han atacado, y continúan atacando, en varias regiones, a revolucionarios, a civiles y a soldados de la ESL.

Hay que decir no al “mal menor”, porque esa es la vía de la derrota. Hay que decir “NO” a Assad, y a Daesh, a Jabhat Al Nusra. Hay que decir “NO” a los EEUU y a Rusia. “NO” a Teherán, a Riad, a Doha y “NO” a Ankara. Y hay que decir “SÍ” a los pueblos en lucha por la democracia, la justicia social y la igualdad. Esa debe ser nuestra brújula política.

Cuando en 1915 Karl Liebknecht afirmaba que el enemigo principal estaba en su propio país, Alemania, también añadió inmediatamente que la lucha debía ser llevada a cabo “cooperando con el proletariado de los demás países cuya lucha es contra sus propios imperialistas.”[1] Y en ese sentido cabe afirmar que los movimientos anti-guerra de los EEUU y el Reino Unido no han sentado como prioridad la colaboración con las masas populares en Siria. Ni tampoco se han opuesto a las políticas llevadas por sus Estados (y otros) para aplastar las revoluciones. Y en este terreno, algunos sectores de la izquierda no se han diferenciado en sus discursos de los distintos poderes imperialistas en el mundo. La cooperación con el proletariado internacional significa que debemos apoyar a los revolucionarios sirios contra las diversas fuerzas imperialistas internacionales y regionales y contra el régimen de Assad, ya que todos ellos conspiran para poner un fin a la revolución popular en lucha por su libertad y dignidad. Lo necesario y correcto es apoyar esas luchas, y no ignorar o negar su existencia y los sacrificios de las masas populares en Siria y otros lugares.

F.O.: Ha explicado en varias entrevistas y textos que Assad no tiene nada de «antiimperialista» como lo pretenden los estalinistas y los castro-chavistas. ¿Puede desarrollar un poco su posición y dar ejemplos?

J.D.: Primero quisiera decir algo sobre cómo analizamos un Estado. Como escribió Pierre Frank, trotskista francés: “Notemos que los más grandes teóricos del marxismo no han definido la naturaleza política de un régimen burgués por su mera política exterior, sino que han analizado única y simplemente la posición que este ocupa en relación a las clases que componen la nación.” [2]

En ese marco, el levantamiento popular en Siria tiene sus raíces en los cambios socioeconómicos que surgieron con la llegada de Hafez al Assad al poder en los años ’70. Este último se enmarca de un proceso regional y mundial de avance de las políticas neoliberales desde los ’70.

Hafez al Assad fue alabado y acogido con gran alegría por la gran burguesía de las ciudades de Alepo y Damasco, y construyó una serie de relaciones de lealtad, particularmente económicas, pero también con personalidades de distintas comunidades religiosas, étnicas y tribales, poniendo un fin a las políticas radicales de los años ’60, que habían cuestionado tanto el patrimonio como el poder político de la gran burguesía.

La llegada de Assad al poder tranquiliza a los sectores más importantes del mundo de los negocios (tanto a los grandes comerciantes e industriales, concentrados en Damasco y Alepo, como a los grandes terratenientes), cuya influencia en las autoridades políticas no dejará de crecer. Pero Assad también se asocia de a poco con nuevos sectores burgueses promovidos por el rápido desarrollo del aparato de estado y que se desenvuelven en su seno.

Durante 30 años, el régimen de Hafez al Assad promovió una lenta liberalización económica ligada a una creciente corrupción, lo que llevó a una marcha atrás o ralentización del desarrollo de una economía independiente para el país, pero que fue artificialmente compensado por la ayuda de las monarquías del Golfo, ya que recibía una fracción de la renta petrolera.

En 1986, la crisis de la moneda nacional se torna un signo de la consolidación acelerada de las nuevas redes económicas construidas por el régimen, y van a ser estas las que dominarán desde 1991 amplios sectores económicos del país.

Esta “nueva clase”, orgánicamente ligada al Estado, tenía la necesidad de invertir su riqueza en los distintos sectores de la economía. El Decreto n.10 (1991) fue el medio que les permitió “blanquear” los ingresos acumulados. [3] La ley buscaba estimular la inversión privada nacional y extranjera en los sectores de actividad que hasta antes habían sido monopolio del sector público: industria farmacéutica y agro-alimentaria, agricultura, hostelería y transportes. La ley facilitó las inversiones privadas y abrió las posibilidades de importación y exportación gracias a una bajada de las tarifas y otras ayudas fiscales, controladas por el Estado. Este fenómeno contribuyó a que los miembros del Estado mejor colocados se enriquecieran y el sistema de corrupción generalizado y el “capitalismo de los amiguetes” se generalizó.

Por lo tanto, la década de los ’90 vio surgir esta “nueva clase” de nuevos ricos y de una burguesía híbrida, producto de una fusión entre la burocracia del estado y los supervivientes de la antigua burguesía “privada”. El resultado fue que la familia de al Assad empieza a reunir en sus manos nuevos monopolios, como es el caso del primo hermano del nuevo dictador, M. Makhlouf, que controlaba, antes del levantamiento de 2011, grandes sectores de la economía privada del país. [4]

La otra cara del proceso de liberalización de la economía es que la calidad de los bienes y servicios públicos disminuyó, en particular en la salud y la educación, donde las instituciones privadas se han multiplicado, junto con los bancos. A partir de 2004 surgen los primeros grandes bancos privados, dominados por capitales sirios y de las petro-monarquías del Golfo, y también se expanden las compañías de seguros, surgen la Bolsa de Damasco, las casas de cambio…

Pero estas políticas aplicadas en estos últimos 20 años conllevan hoy al derrumbamiento del sector público y a la dominación de la economía por el sector privado, que maneja hoy 70% de las actividades económicas. Y eso, claro está, ha obligado a la población a tener que ir al sector privado, más caro, para poder beneficiarse de servicios básicos.

F.O.: ¿Y las privatizaciones y las inversiones extranjeras alentadas por los al Assad, a quién beneficiaron?

J.D.: Las inversiones directas extranjeras pasaron de $120 millones de dólares en 2002 a 3 500 millones en 2010, y se concentraron sobre todo en el ámbito de las exportaciones, de los servicios y del turismo. [5] Además, el régimen sirio reformó el sistema de subvenciones públicas, lo que penalizó sobre todo a las clases populares y las más pobres, mientras se multiplicaban las privatizaciones.

El crecimiento real del PIB y de los ingresos por habitante han disminuido desde el inicio de los ’90. En las vísperas de la revolución de marzo de 2011, la tasa de desempleo llegaba a 14.9% según las cifras oficiales, pero era de 20 a 25% según otras fuentes. Pero en el sector joven alcanzaba 33.7% (20-24 años) y 39.3% (15-19 años). [6] En 2007, el porcentaje de sirios viviendo bajo el umbral de la pobreza llegaba a 33%, lo que representa 7 millones de personas, y otro 30% de la población vivía justo por encima. [7] El número de pobres es más elevado en las zonas rurales (62%) que en las zonas urbanas (38%). La pobreza más extendida, marcada y anclada se ve en el noroeste (58.1%) y en el noreste, es decir en las provincias de Idleb, Alepo, Raqqa, Deir Ezzor y Hahhakeh donde vive 45% de la población. [8]

El crecimiento económico de Siria, que ha sido de una media de 5% durante los años que precedieron al levantamiento popular, no ha beneficiado a las clases populares. Las desigualdades, de hecho, no han dejado de aumentar. Por ejemplo, entre 1997 y 2004, el coeficiente de Gini, que mide la desigualdad de los ingresos, pasó de 0.33 a 0.37.[9] En los años 2003-2004, el 20% de los pobres solo representaban 7% del consumo, mientras que el 20% más rico representaba el 45% de este. [10] Una tendencia que no ha dejado de aumentar desde el inicio de la revolución.

En la agricultura, la privatización de las tierras desde 2008 con el pretexto de la sequía se ha hecho a costa de varias centenas de miles de campesinos del noreste. En 2008, 28% de los agricultores explotaban 75% de las tierras irrigadas, mientras que 49% de estos sólo poseía 10% de las tierras.[11] Eso muestra cómo han aumentado las desigualdades en el mundo agrícola. Además, tanto el aumento y la intensificación de la explotación de tierras por el agro-negocio (incluyendo tierras antes reservadas para pasto y donde se perforaban pozos ilegales) como la instalación de sistemas de irrigación únicamente para satisfacer las necesidades de los nuevos propietarios han facilitado la corrupción de la administración local que conlleva la crisis agrícola.

Fueron la ausencia de democracia y el empobrecimiento creciente de grandes sectores de la sociedad siria, en un clima generalizado de corrupción y de desigualdades sociales crecientes, las que prepararon el terreno para la insurrección popular. Sólo faltaba una chispa que encendiera la mecha.

F.O.: ¿Y la política exterior de Assad, [es] antiimperialista o conciliadora con Occidente?

J.D. : Bueno, para hablar ahora de la política extranjera, quiero aclarar primero que el régimen de Assad tiene una larga historia contrarrevolucionaria.[12] Fue el régimen de Assad el que aplastó tanto al movimiento palestino como al movimiento progresista del Líbano en 1976, poniendo fin a su levantamiento contra la burguesía confesional maronita y el partido de los falangistas, Kataeb. Además, Assad apoyó el movimiento confesional chiita libanés Amal durante la guerra de los campos entre 1985 y 1988 contra el pueblo palestino.

Pero eso no es todo, el régimen de Assad participó en la primera guerra imperialista contra Irak en 1991, formando parte de la coalición dirigida por los EEUU, [13] y colaboró de nuevo con este cuando el presidente Bush llamó a la guerra contra el terrorismo. Eso, sin olvidar la invitación del presidente francés Nicolas Sazoky en 2008 al palacio nacional del Elysée.

En estos últimos 30 años, el régimen sirio ha arrestado a todos y todas los que intentaron desarrollar en Siria un movimiento de resistencia para la liberación del Golán y de Palestina. Y fuentes militares israelíes han declarado varias veces que existe un consenso en los círculos poderosos de Tel-Aviv sobre la importancia de mantener el régimen de Assad.

Varios representantes del gobierno sirio ha declarado en varias ocasiones que están dispuestos a firmar un acuerdo de paz con Israel en cuanto Israel termine la ocupación de la meseta del Golán, sin mencionar nada de la cuestión palestina. Rami Makhlouf, el primo de Bashar Al Assad y el capitalista más grande de Siria, llegó a declarar en mayo de 2011 que “si no hay estabilidad aquí [Siria], no habrá estabilidad en Israel”, y añadió que “nadie puede garantizar qué va a ocurrir si le pasara algo, Dios no lo quiera, a este régimen”. [14] Por lo tanto, no es difícil entender la satisfacción de Israel con la preservación del estatus quo bajo el régimen sirio actual.

Además, el régimen de Assad ha reprimido a varios palestinos en Siria desde el inicio de la revolución. Durante la primera semana del levantamiento de marzo de 2011, Bouthaina Shaaban, consejera de Bashar al-Assad, culpó a los palestinos de la crisis social, y acusó a los palestinos de los campos de Deraa y Lattaquié de ser los responsables de las manifestaciones contra el régimen, la subida de tensiones religiosas y el caos creciente en esas ciudades…[15]

El campo de refugiados palestinos de Yarmouk conoce una situación humanitaria catastrófica, ligada al estado de sitio estricto que le ha sido impuesto desde el verano de 2013, con la prohibición de circulación de personas y alimentos hacia los barrios del sur de Damasco.[16] Ese estado de sitio fue decidido por Assad y las organizaciones palestinas que están ligadas al régimen, como el Frente Popular de Liberación Popular- Comandancia General (FPLP-CG), dirigido por Ahmad Jibril. En noviembre de 2014, ya solo quedaban entre 17 000 y 20 000 personas, hoy aún menos, cuando en 2001 habían más de 180 000 palestinos.[17]

El régimen de Assad también ha asesinado y encarcelado a miles de palestinos en Siria, y aún hoy más de 20 000 de ellos son buscados por las fuerzas de seguridad sirias.[18] Lo decimos con toda simplicidad, pero también con franqueza y honestidad: ¡aquellos y aquellas que niegan las revoluciones populares están negando la posibilidad de una emancipación desde abajo o, en otras palabras, por el pueblo!

F.O.: Desde la LIT-CI tenemos un gran debate con en sector de la izquierda que dice apoyar la revolución siria pero que no quiere enviar armamento a los rebeldes y aún menos exigirle a los gobiernos imperialistas que envíen gratuitamente comida, medicamentos y armas a los rebeldes en lucha para que puedan acabar con el régimen de Assad. ¿Cómo entiende ese debate?

J.D.: Nosotros debemos apoyar y expresar nuestra solidaridad con todas las fuerzas democráticas progresistas en Siria que resisten contra los agentes de la contrarrevolución: el régimen de Assad y sus aliados en el territorio, por un lado, y los jihadistas y las fuerzas reaccionarias islámicas, por el otro.

Dentro de esa perspectiva tenemos que defender una dinámica de lucha y de defensa legítima local, y no aumentar el dominio del imperialismo, y por eso deberíamos también reivindicar el envío de armas a las fuerzas democráticas en lucha contra las fuerzas contrarrevolucionarias. Esto es un elemento importante que podría reforzar a las fuerzas democráticas presentes en el territorio y darles herramientas para defenderse.

Para aquellos que no se sienten cómodos con el hecho de exigir armas a Occidente [sin] condiciones políticas, quisiera invitarles a que leyeran el texto del revolucionario León Trotsky “Aprendan a pensar, una sugerencia amistosa a ciertos ultraizquierdistas”:

Supongamos que mañana estalla una rebelión en la colonia francesa de Argelia bajo la bandera de la independencia nacional y que el gobierno italiano, motivado por sus propios intereses imperialistas, se prepara para enviarle armas a los rebeldes. ¿Cuál debe ser la actitud de los obreros italianos en este caso? Intencionalmente he tomado un ejemplo de rebelión contra un imperialismo democrático con la intervención a favor de los rebeldes de un imperialismo fascista. ¿Deben los obreros italianos evitar el envío de armas a los argelinos? Dejemos que los ultraizquierdistas se atrevan a contestar afirmativamente esta pregunta. Cualquier revolucionario, junto con los obreros italianos y los rebeldes argelinos, repudiarían tal respuesta con indignación. Aunque al mismo tiempo estallase una huelga general marítima en la Italia fascista, los huelguistas deberían hacer una excepción en favor de aquellos barcos que llevasen ayuda a los esclavos coloniales en rebelión; de otra forma no serían sino viles sindicalistas, no revolucionarios proletarios.

Al mismo tiempo, los obreros marítimos de Francia, aunque no se enfrenten a ninguna huelga, estarán obligados a realizar cualquier esfuerzo para bloquear el embarque de municiones que se pretenda usar contra los rebeldes. Sólo una política tal, por parte de los obreros italianos y franceses, constituye la política del internacionalismo revolucionario.

Sin embargo, ¿no significa esto que los obreros italianos moderan su lucha, en este caso, contra el régimen fascista? Ni en lo más mínimo. El fascismo presta «ayuda» a los argelinos tan sólo para debilitar a su enemigo, Francia, y extender su mano rapaz sobre sus colonias. Los obreros revolucionarios italianos no olvidan esto en ningún momento. Hacen un llamado a los argelinos para que no confíen en su «aliado» traicionero y, al mismo tiempo continúan su propia lucha irreconciliable contra el fascismo, «el principal enemigo en su propio país». Sólo de esta forma pueden obtener la confianza de los rebeldes, ayudar a la rebelión y fortalecer su propia posición revolucionaria.”[19]

Eso no significa que no somos críticos de las secciones democráticas del PYD y del ASL, que no disponen de una dirección socialista. Pero ni la Organización por la Liberación de Palestina [OLP], ni el Frente Nacional de Liberación en Argelia [FNLA] tenían una dirección socialista, y eso no impidió, por suerte, el apoyo militar de los revolucionarios a esos movimientos.

Como principio fundamental, los revolucionarios debemos primero apoyar militarmente esas formas de liberación y emancipación incondicionalmente, antes de poder tener el derecho de criticar la manera como están dirigidas.

[1] Karl Liebknecht, “El enemigo principal está en casa” (volante mayo 1915).

https://www.marxists.org/espanol/liebknecht/1915/mayo/00001.htm

[2] “Let us note that the greatest theoreticians of Marxism did not at all define the political nature of a bourgeois regime by the positions which the latter held in the field of foreign policy but solely and simply by the position it occupied in relation to the classes composing the nation.” Pierre Frank, “Democracy or Bonapartism in Europe”, November 1954, From Fourth International, Vol.7 No.2, February 1946, pp.45-49

[3] B. Haddad, Business Networks in Syria, the Political Economy of Authoritarian Resilience, Stanford California, Stanford University Press, 2012, XIV.

[4] Barout M. J., Al – Aqd al Akhir fi tarikh surya : jadaliyyat al jumud wal islah, Doha, 2012 ; Al Markaz al Arabi lil Abhath wa Dirasat al Siyasat, 2012.

“Su imperio económico abarca el sector de las telecomunicaciones, el petróleo, el gas, pasando por la construcción, los bancos, las líneas aéreas y el pequeño comercio. Es incluso propietario de la única empresa de Duty Free del país y de varias escuelas privadas donde van los hijos de los dignatarios y de la gran burguesía. La fortuna personal de Rami Makhlouf está evaluada a unos 6 000 millones de dólares.”

Blog, Un oeil sur la Syrie, Ignace Leverrier : Rami Makhlouf,« de l’affairisme à l’illusionnisme », 28 juin 2011 (http://syrie.blog.lemonde.fr/2011/06/28/rami-makhlouf-de-laffairisme-a-l…).

[5] Yazigi J., Syria Report, juin 2010.

[6] Central Bureau of Statistics, Damas (http://www.cbssyr.org/).

[7] Syrian Arab Republic, Third National MDGs Progress Report 2010, http://www.undp.org/content/dam/undp/library/MDG/english/MDG%20Country%20Reports/Syrian%20Arab%20Republic/MDGR-2010-En.pdf.

[8] FIDA, République arabe syrienne, programme d’options stratégiques pour le pays, 2009 Décembre, http://www.ifad.org/gbdocs/eb/98/f/EB-2009-98-R-22.pdf.

[9] The First Poverty Assessment Report (UNDP 2005).

[10] The First Poverty Assessment Report (UNDP 2005).

[11] FIDA, République arabe syrienne, programme d’options stratégiques pour le pays, décembre 2009, http://www.ifad.org/gbdocs/eb/98/f/EB-2009-98-R-22.pdf.

[12] Sobre la política de Assad con Palestina, recomendamos la lectura de “¿Quien defiende a Assad?” (2012) http://litci.org/es/archive/iquien-defiende-a-assad/

[13] http://articles.chicagotribune.com/1991-03-12/news/9101220963_1_syria-president-hafez-assad-peacekeeping-force

[14] “If there is no stability here, there’s no way there will be stability in Israel,” he said in an interview Monday that lasted more than three hours. “No way, and nobody can guarantee what will happen after, God forbid, anything happens to this regime.” http://www.nytimes.com/2011/05/11/world/middleeast/11makhlouf.html

[15] http://www.aljazeera.com/news/middleeast/2011/03/2011327112341831461.html

[16] Sobre el sitio al campo de refugiados palestinos de Yarmouk recomendamos: “Yarmouk, libertad a Siria y liberación de Palestina” (2014) http://litci.org/es/mundo/medio-oriente/siria/yarmouk-libertad-a-siria-liberacion-de-palestina/

[17] http://www.telegraph.co.uk/news/worldnews/middleeast/syria/10686208/Syrian-forces-committing-war-crimes-by-starving-Palestinian-camp.html

[18] https://en.zamanalwsl.net/news/12229.html

[19] https://www.marxists.org/espanol/trotsky/ceip/escritos/libro5/T09V234.htm