La política del gobierno de António Costa ha sido una contradicción constante entre las condiciones restrictivas impuestas a los trabajadores y los permisos que son dados a favor del plan económico de sumisión del país.

Por: Em Luta, Portugal, 8/6/2021.-

Durante el confinamiento, mientras se hacía un fuerte ataque a las libertades democráticas con el Estado de Emergencia, las grandes empresas de servicios no esenciales no pararon nunca, mostrando que siempre fueron las ganancias capitalistas las que orientaron la política del gobierno, y no la defensa de la vida y de la salud. Hoy estamos en proceso de “desconfinamiento”, pero esta política de doble cara continúa. Con el caso de la final de la Liga de los Campeones y las tristes imágenes en Porto, se demuestra que los intereses económicos son los que determinan si se puede en unos momentos restringir derechos y libertades y, en otros, liberarlos sin cualquier criterio sanitario, y se muestra también el servilismo del país a los grandes países imperialistas –como los ingleses, y nosotros queremos acá el turismo inglés, vale todo– y un proyecto de país periférico que se contenta con vivir del turismo y de la dependencia y sumisión que esto significa.

El ejemplo de la TAP [línea aérea] y de la Groundforce (GF) [handling – asistencia terrestre al transporte aéreo] son otra cara de esta política de sumisión. Empresas fuertemente afectadas por la pandemia, en que los trabajadores fueron abandonados a su suerte: en la GF por un gobierno que continúa negándose a la nacionalización de un sector estratégico para el país, y en el caso de la TAP sí nacionalizó, pero se aplica una reestructuración orientada por la Comisión Europea, con millares de despidos y brutales cortes de salarios y derechos.

En este contexto, el MEL (Movimiento Europa y Libertad), el Chega [Basta] y el Bloco de Esquerda (BE) realizaron convenciones. A la derecha, se sintió la inexistencia de alternativas al PS. A este espacio político le resta el Chega, que cabalgando el racismo y la xenofobia, capitaliza también un discurso más agresivo, aunque vacío, contra el gobierno. A la izquierda, la Convención del BE demostró que parece no haber quien quiera disputar una oposición firme contra António Costa. En varias mociones alternativas, no hubo quien apuntase baterías al balance de la Geringonça, que dejó aislados a los trabajadores frente a una austeridad que continuó, a pesar de las retóricas.

A las puertas de una situación de crisis económica, es necesario construir un tercer campo. Es necesario crear herramientas de lucha para los trabajadores, independientes de los patrones y gobiernos e, incluso, de las geringonças que pudieran estar al acecho. Un tercer campo que haga oposición seria y sin cálculo electoral al gobierno del PS, y que, al mismo tiempo, levante barreras contra la extrema derecha, la xenofobia y el racismo, armas de quienes nos quieren más divididos para continuar atacándonos. Este campo no puede limitar sus horizontes al Parlamento. Es preciso luchar por otro mundo, por otra lógica, que rompa con la explotación y se organice al servicio de las necesidades de la mayoría: los trabajadores y el pueblo pobre. Es preciso luchar por el socialismo.

Artículo publicado en https://emluta.net
Traducción: Natalia Estrada.