La imagen de los inmigrantes en Ventimiglia (su solicitud para cruzar la frontera, la evacuación que se llevó a cabo por la fuerza) habla de más problemas: habla de un mundo donde el capitalismo impera creando la desigualdad social, la devastación ambiental y las guerras, obligando a millones de personas a abandonar su país y sus hogares en busca de la supervivencia y de un futuro.

Habla de una Europa de los patrones y de los bancos en los que las fronteras, ahora más que nunca, representan muros reales con los que marginan y dividen a la población y al mismo tiempo defienden las arcas de unos pocos capitalistas; habla del viejo truco, siempre peligroso para los asalariados de todo el mundo, a través del cual el poder y sus sirvientes buscan dividir a los pobres y desesperados entre ellos, a los desempleados nativos contra los que huyen de la guerra, desalojados de sus ciudades bombardeadas de Siria, Irak, Palestina; habla de la mentira, una mentira que, con la palabra «invasión», intenta aprovecharse del miedo a la llegada de unas pocas miles de personas frente a una situación mundial que cuenta con millones de personas desplazadas: los refugiados, mujeres, hombres y niños obligados a huir por causa de las guerras, la falta de alimentos y el agua, la falta de esperanza en el futuro, al igual que los eritreos, los etíopes, los somalíes, aún en las rocas de Ventimiglia.

Las leyes de la Europa del patrón

 

El gobierno francés rechaza a los «ilegales» provenientes de Italia. Una práctica que se lleva a cabo siguiendo el llamado «Acuerdo de Chambéry»: un tratado bilateral entre Italia y Francia, firmado en 1997, que permite rechazar mutuamente a los inmigrantes ilegales que llegan desde el territorio del otro país.

Este acuerdo entra en contradicción con otros acuerdos, como los de Schengen, cacareados como la herramienta para abolir las fronteras interiores de la Unión Europea. En referencia a los acuerdos de Schengen, varias voces se han levantado para gritar su ilegalidad porque resguarda el control de las fronteras establecidas por el gobierno francés las 24 horas.

Hay un recrudecimiento de las declaraciones y las críticas, como aquellas contra el gobierno italiano que, según el gobierno francés, no aplica las reglas impuestas por la Unión Europea en la identificación de los inmigrantes a través de las huellas dactilares. Ríos de tinta y horas de salas de televisión se consumen en esta aparente contradicción dentro del capitalismo europeo.

La “invasión” inventada

Incluso el representante de una organización del propio sistema, como Cáritas, denunció la invención de la “invasión”. Oliviero Forti, responsable de Inmigración de Cáritas, dijo el 16 de junio: «Lo que está ocurriendo hoy en Ventimiglia es lo mismo que hemos visto suceder en 2011, con la misma dinámica. Se está creando un caso europeo por algunas decenas de migrantes, pero la historia no va a encontrar espacios en ningún lugar, ni siquiera en las noticias de un periódico local. Ahora, sin embargo, estas pocas decenas de migrantes catalizan la atención de una Europa cerrada en sí misma, que tiene por objeto defender firmemente los límites que pensábamos haber superado con Schengen» (1).

Es claro que las empresas europeas quieren meter sus manos cada vez más en los recursos naturales de África y, al mismo tiempo, el capital advierte la necesidad de organizarse para la represión porque muchos gobiernos locales no han estado a la altura, como lo han demostrado las pasadas recientes revoluciones en el Norte de África y Medio Oriente. Ahora Túnez, de nuevo llena de huelgas, podría ser una señal inquietante.

La considerada “libre y democrática” Unión Europea, muy elogiada por sus partidarios, no permite que unos pocos miles de personas crucen la frontera; construyen las paredes y los beneficios para los que están en el business [negocio] de la guerra, un business al que el capitalismo en crisis histórica nunca ha sido capaz de renunciar: buques, aviones de combate, recursos financieros que se triplicaron para Frontex, Tritón y Poseidón [operaciones de control de fronteras], intervenciones de los servicios secretos y las compañías militares privadas en todos «los países de origen de la migración», construcción de campos de detención.

En Italia, mientras los representantes y ministros de los partidos están involucrados en todas las investigaciones por corrupción y mafia, dicen tonterías sobre la necesidad de «destruir las organizaciones criminales», trabajan al mismo tiempo para aumentar los intereses económicos de los patrones de la Unión Europea y están más que nunca comprometidos en continuar con la rentable operación que hace cada vez más difícil el ingreso a Europa, incluso con controles más amplios. Al mismo tiempo, tienen el objetivo de aterrorizar, disciplinar para el silencio y el trabajo duro a los explotados ilegales, o al ejército de desocupados compuesto por los que sobreviven a rechazos y expulsiones.

Por otra parte, lo que está sucediendo con los gobernadores de las regiones del norte de Italia, que se niegan a aceptar a los refugiados (con el apoyo electoral obtenido por la Liga de Salvini [sucesora de la racista Liga Norte, NdT], demuestra de manera concluyente para qué les sirven los refugiados. Les sirven no solo para ganar votos, sino que utilizan a los despedidos y desalojados principalmente para dar a los nativos un chivo expiatorio fácil; sirven para legitimar las fuerzas racistas y de extrema derecha, que históricamente son útiles a los capitalistas, en un momento en que la clase obrera podría organizarse para recuperar lo que le corresponde.

Entre la clase trabajadora europea, se difundió la noticia de que en todos los países se están reduciendo los salarios, la salud, el estado de bienestar; que para los países europeos, los refugiados son “demasiado costosos” para soportar. Al mismo tiempo, se organizan amigos para contar el dinero que vendrá gracias a los inmigrantes, como ha sido evidente en Italia con el escándalo de la Mafia Capital: una inversión económica y política muy beneficiosa no solo para las asociaciones ilegales sino también para los circuitos legales (iglesias, asociaciones, organizaciones sin fines de lucro) que hacen negocios con la gestión de los «centros de acogida», la documentación relacionada con la inmigración, etc.

La verdadera invasión: ¡la del capital!

La “invasión” no es ciertamente la de los inmigrantes llegados en barcazas. Los 1.700 migrantes que han muerto en lo que va de este año al tratar de llegar a Italia, no muestran una invasión sino una tragedia humana que tiene sus orígenes en el sistema económico en el que nos vemos obligados a vivir. La «invasión» real sobre sus vidas, la verdadera barbarie, la encontramos cada día los trabajadores [activos] y los trabajadores despedidos, los desempleados, los que mueren por falta de atención médica, las familias desalojadas.

Esta guerra cotidiana hecha de recortes al salario, a la educación y a la salud, esta guerra social que habla de desempleo, de violencia, de contaminación ambiental, de muertes en el trabajo, es llevada a cabo contra las masas populares de Europa, precisamente por aquellos que gritan “invasión” ante los ojos perdidos y asustados de niños, mujeres y hombres migrantes que llegan por mar, arriesgando sus propias vidas y las de sus hijos, dejando su país paralizado por la guerra, el hambre, la enfermedad y los estragos al medio ambiente, causados ​​por los intereses de las grandes empresas y las multinacionales europeas capitalistas.

Los patrones gritan “invasión” para preparar su ejército, para militarizar la ciudad, para levantar las paredes, para preparar la defensa de sus cajas fuertes, y no por las mujeres, los hombres, los niños iraquíes, sirios, palestinos, etíopes, y todos aquellos de los países pobres y en guerra que llegan a Europa sin armas.  [También] contra todos nosotros: la clase obrera explotada y empobrecida, las masas populares europeas, que podrían decidir organizarse y rechazar el ataque en curso, como está ocurriendo en Grecia, más evidentemente que en otros lugares, donde se golpea a los trabajadores para salvar a los bancos.

Es necesario no caer en la trampa y las consignas racistas de la Liga Matteo Salvini sobre las “políticas de gestión” de la migración de carácter militar, como la implementada por el gobierno italiano. ¡Es necesario responder con consignas sobre el derrumbe de todas las paredes y de todas las fronteras, por la solidaridad internacionalista de los pueblos contra el capitalismo y su barbarie!

Traducción: Natalia Estrada.

Nota:

1 http://www.redattoresociale.it/Notiziario/Articolo/485797/Migranti-sgomberati-a-Ventimiglia-Caritas-E-il-fallimento-dell-Europa