¡Organizar el conflicto social, construir la dirección política!

Por: Adriano Lotito

Mientras el centro de atención es (con razón) una situación internacional en fibrilación, por el curso de la crisis griega y la explosión de la crisis asiática con el estallido de la burbuja especulativa en China, la situación económica y social en Italia sigue siendo crítica. Y lo sigue siendo independientemente de la «tímida» recuperación que dominó las páginas de los periódicos (y solo de aquellos).

El aumento del PIB con el cuentagotas del «cero y coma», al parecer no incide sobre las condiciones reales de la clase obrera y de las masas populares en nuestro país, desgarrado por desempleo siempre creciente y por un plan sistemático de ataques por parte del gobierno. 

Una situación que empeora

A finales del mes de mayo toda la prensa italiana ha recitado a coro el “fin de la recesión” sobre la base de las últimas cifras del ISTAT [Instituto Nacional de Estadística], que haya dado el Producto Interno Bruto de nuestro país un crecimiento de 0,3%. Este es el primer crecimiento después de trece trimestres con signo negativo. Siguiendo las estimaciones preliminares publicadas en el mes de agosto, el crecimiento se detiene en 0,2% en relación al trimestre anterior.

Creemos que no es suficiente un simple dato de coyuntura para poner fin a una crisis orgánica estructural como la que está atravesando el capitalismo en la fase actual. Y, en cualquier caso, este aumento imperceptible no se tradujo en una mejora en las condiciones de vida y de trabajo de las masas italianas.

En los primeros cuatro meses del año han cerrado 162 empresas y aproximadamente 10 mil registraron un presupuesto negativo.

La desocupación ha alcanzado 13% (según las estimaciones oficiales consideradas bajas), mientras que entre los jóvenes ha alcanzado un récord de 42,7% (un aumento de 2,7% en comparación con 2013 y más del doble en comparación con el inicio de la crisis (2007).

Es de destacar el fuerte aumento en los llamados NEET [«No (comprometido) en Educación, Empleo o Formación» , en inglés], aquellos que ni estudian ni trabajan y han renunciado a buscar un empleo. Según el OCDE esto hace temer que «las perspectivas de empleo de muchos jóvenes salidos recientemente del sistema escolar sea comprometido de forma permanente”(1).

El Presidente de Unimpresa [Unión Nacional de Empresas], Longobardi, señala que «la salida de la recesión podría abrir las puertas a una fase, muy peligrosa, de estancamiento si el Producto Interno Bruto no comienza a elevarse unos pocos puntos porcentuales en lugar del cero y coma»(2).

En suma, una crisis que considerada como un todo, está muy lejos de terminar y, en cualquier caso, traerá consigo una recesión masiva desde el punto de vista de las condiciones de la clase obrera.

Esto es porque el gobierno Renzi decidió imprimirle una vuelta reaccionaria a las relaciones entre el capital y el trabajo, incluso superior a las de las legislaturas anteriores.

El gobierno Renzi y la progresiva crisis de legitimidad

En el transcurso de poco más de un año, de hecho, el gobierno Renzi ha puesto en marcha una impresionante serie de ataques en el mundo del trabajo y todo ha sido firmado con la docilidad cómplice de los dirigentes sindicales y políticos de la clase obrera.

Recordémoslo, la supresión del artículo 18 del Estatuto de los Trabajadores, extendiendo la flexibilización laboral y reforzando el control de la fuerza de trabajo, produjo un retroceso en los derechos de la clase trabajadora, demostrando ser la culminación de veinte años de contraofensiva llevada a cabo por todos los gobiernos.

Además de esto, el decreto “Soltar a Italia”­, el “Plan de vivienda” y, finalmente, la “Buena Escuela”, que se convirtieron en ley mientras cerramos este número, son todas maniobras que fortalecen las posiciones de la clase dominante a expensas de las categorías sociales más débiles. Pero esto, obviamente, no fue, y no será absorbido pacíficamente.

La última elección registró una pérdida neta de consenso en el Partido Demócrata, que pierde dos millones de electores en comparación con las elecciones europeas del año pasado. El gobierno se vio también afectado por escándalos (desde lo de “Mafia Capital” que azotó al alcalde de Roma, Marino, hasta el intrigante De Luca en la región Campania) que han erosionado profundamente su legitimidad a los ojos de la opinión pública.

Sin embargo, esto todavía no se traduce en una conciencia colectiva y una movilización general capaz de cuestionar realmente a este gobierno. A pesar de la disponibilidad de conflicto que existe (y las protestas contra la Buena Escuela lo han demostrado) y de que han habido varias quejas contra el gobierno, los sindicatos y políticas que deberían representar los intereses económicos de los trabajadores han preferido capitular ante los ataques del gobierno en lugar de llevar adelante una batalla unitaria y hasta el fin. 

El crecimiento de la Liga y los ataques a los inmigrantes

Por el contrario, estamos asistiendo a una reorganización perturbadora en el terreno reaccionario y populista, que se mueve poco a poco, al menos en algunos sectores, en la orientación de “Cinco Estrellas”, mucho más agresiva y xenófoba que la Liga Norte de Salvini, que tiene consenso en algunos sectores del Sur (especialmente en Sicilia).

La retórica ganadora en este caso es el odio directo suscitado por la crisis y la austeridad contra los trabajadores inmigrantes, lo que desató una guerra entre los pobres, que solo puede debilitar a la clase y facilitar las políticas antipopulares. Retórica basada en la construcción artificial de una «emergencia migratoria» y apoyada de forma compacta por todos los medios de comunicación (sin lo cual Salvini no podría reflotar el proyecto racista de la Liga).

También cabe destacar que los «fascistas del tercer milenio» [como ellos se definen] de CasaPound [una organización fascista italiana] están yendo a remolque de Salvini, participando juntos en desfiles y manifestaciones nacionalistas y consolidando una línea de acción común que en el futuro podría convertirse en un grave peligro para las luchas de los trabajadores. Se trata de una deriva aún más reaccionaria, de la que es responsable en primer lugar la izquierda política y sindical, por haber dejado un vacío en la dirección de la clase como resultado de las continuas capitulaciones al oficialismo.

Organizar el conflicto social, construir la dirección política

Mientras lo que queda de la izquierda reformista busca construir nuevas organizaciones y nuevas aperturas que carecen de una perspectiva de lucha anticapitalista (desde Posible de Civati a la Coalición Social de Landini [dos embriones de nuevas organizaciones de la izquierda reformista]), es el deber de los revolucionarios ir a las masas y hacerlo con consignas de ruptura, unidad y movilización. Más precisamente, hay que insistir en dos niveles: la organización de los conflictos sociales y la construcción de una dirección política consciente y capaz de guiar el conflicto a sus lógicas consecuencias, es decir, para el derrocamiento del gobierno Renzi por un gobierno de los trabajadores y para los trabajadores. Ambos niveles requieren consignas adecuadas a la situación y una intervención específica.

Organizar el conflicto social significa en primer lugar construir una red de solidaridad que permita la comunicación entre las diferentes luchas, que aunque marginales, se dan en nuestro territorio. La unidad y la solidaridad de la clase obrera parece una obviedad, pero aplicarlas en la práctica significa tener que vencer a diario el sectarismo de las diferentes direcciones sindicales que tratan de dividir a los trabajadores y ponerlos a unos contra otros.

Esta lucha, aunque sea difícil y llena de obstáculos, es de fundamental importancia para la reconstrucción de “un tejido” de clase, y es por eso que los compañeros y la compañeras de nuestro partido están a la vanguardia de la construcción de la Coordinación No Austerity, un frente unido que busca respetar las luchas obreras, estudiantiles y de género con una plataforma contra el racismo y anticapitalista.

La Coordinación nació hace no mucho y ya ha jugado un papel importante en la movilización contra el acuerdo de representación sindical del 10 de enero 2014 (el Acuerdo de la «Vergüenza»), así como el lanzamiento, más recientemente, de una campaña nacional contra la represión en los lugares de trabajo.

La construcción de una dirección política, no obstante, es construir un partido revolucionario que del interior de las organizaciones de la clase trate de reafirmar una perspectiva teórica y práctica de superación del capitalismo

en favor de una economía planificada democráticamente por la sociedad. Una vanguardia seleccionada en el curso de la lucha, formada y dirigida en el espíritu de un programa, el del marxismo revolucionario, que creemos es el único capaz de proporcionar una verdadera salida al impasse en el que nuestra sociedad está cayendo en todos los niveles.

Los militantes de nuestra organización están comprometidos todos los días para contribuir a crear esta vanguardia, pero es una tarea de todos, y en la que todos los que entienden la necesidad de avanzar deben asumir su propia responsabilidad. (08/27/2015)

Traducción: Natalia Estrada.

Notas

(1) http://tiny.cc/pc530101

(2) http://tiny.cc/pc530102

Artículo publicado en: Progetto Comunista n.° 53, setiembre de 2015.-

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