El 1 de agosto tuvo su cierre la Conferencia Latinoamericana y de los Estados Unidos, realizada en forma virtual, convocada por el FIT-U de Argentina.

Por Secretariado Internacional de la LIT-CI

El evento había despertado expectativas en muchos compañeros, de organizaciones o independientes, en el sentido de que allí pudiera debatirse cómo responder a los desafíos que presenta la situación latinoamericana y mundial, y profundizar en los debates que se dan dentro de la izquierda y entre quienes nos consideramos revolucionarios. También resultaba atrayente la posibilidad de que el llamado abriera las puertas, sin sectarismos ni mezquindades, a otras organizaciones que no pertenecen al FIT-U. Lamentablemente, el evento estuvo muy lejos de responder a estas expectativas.

Desde la LIT-CI y el PSTU de Argentina, luego de ser convocados por primera vez a una reunión con el FIT-U pocos días antes del evento, planteamos nuestra intención de participar. Expresando nuestros acuerdos, pero sin esconder en ningún momento las importantes diferencias que tenemos con los convocantes, tanto en las cuestiones programáticas como políticas generales, de manera honesta y planteando los debates y desacuerdos que consideramos centrales.

Hay una serie de debates abiertos entre quienes nos reivindicamos trotskistas, que para los revolucionarios son estratégicos. Por ejemplo, el debate sobre si en la actual etapa está planteada la pelea por el poder, por destruir el Estado burgués e implantar la dictadura del proletariado, cosa que muchas organizaciones han retirado de su programa. O cuando en la actualidad se están dando en el mundo procesos revolucionarios, con enfrentamientos violentos, el debate de cuál debe ser nuestra política hacia las fuerzas armadas, el cual adquiere una importancia fundamental, ya que en nuestra opinión no hay posibilidad de triunfo de la revolución sin tener una política para dividirlas. Sin embargo, algunas corrientes como la FT-PTS se niegan a levantar alguna política al respecto, lo cual en procesos revolucionarios como el que se dio recientemente en Chile actúa contra la estrategia de la revolución.

Un tema fundamental en el que tenemos claras diferencias con los convocantes tiene que ver con el tipo de Partidos y de Internacional que debemos construir. Este tema es fundamental, incluso porque en varias ocasiones los convocantes han lanzado convocatorias públicas a construir un partido común. No coincidimos con que sea posible la construcción de organizaciones comunes junto con los reformistas, como claramente propone el MST, pero también llevan a la práctica el PTS-FT siendo parte del NPA en Francia o, junto a la UIT, integrando el PSOL en Brasil, el cual marcha a pasos acelerados a una confluencia electoral con el PT y otros sectores burgueses (y nos referimos nacionalmente, ya que a nivel de varios Estados ya lo han concretado).

Pero quizás aún más importante que la política de alianzas que sostienen, con sus desigualdades, los componentes del FIT-U, sea la polémica con relación al carácter de nuestros Partidos. Sostenemos que la tarea central de nuestras organizaciones debe ser la intervención en la lucha de clases, con la agitación y la propaganda revolucionarias, construyendo partidos que se preparen para intervenir en los procesos revolucionarios. Este debe ser el centro de nuestra concepción, y todo lo demás, la participación electoral o parlamentaria, la disputa por cargos sindicales, etc. debe estar al servicio de eso. Este es un debate central ya que encontramos actuaciones disímiles en los procesos. Por ejemplo, en el reciente proceso revolucionario chileno tuvimos con los compañeros del PTR-FT dos estrategias opuestas. Mientras nuestra organización, el MIT, se ubicaba en el centro de la Plaza de la Dignidad, impulsaba el proceso de autoorganización de las asambleas barriales y de los “primera línea” y utilizaba todos los espacios para propagandizar la necesidad de derrumbar al gobierno y dar una salida revolucionaria, los compañeros del PTR-FT actuaban con el centro en obtener la legalidad electoral, planteando la necesidad de preparar un frente para esa ocasión. Esto que podría justificarse como una diferencia política o táctica, deja de serlo cuando actúan de manera similar en Francia al interior del NPA, construyendo un agrupamiento de tendencias, junto con los reformistas, que se ha mostrado obsoleto a la hora de la lucha de clases, o el citado ejemplo del PSOL. Lo que unifica todas estas “tácticas” es una misma visión de disputa de espacios con una visión electoral y de comprender los “tribunos del pueblo” propuestos por Lenin como la disputa de cargos electorales dentro de la democracia patronal.

Una política similar desarrollan los compañeros de IS-UIT, que posiblemente tenga su mayor expresión en la actualidad con su integración en el Frente Amplio en Perú, una coalición policlasista, con la misma estrategia de disputa de diputaciones u otros cargos dentro de la institucionalidad “democrática”.  Estos son, por citar solo algunos ejemplos, temas profundos que podríamos debatir de cara a la vanguardia.

Nuestra propuesta a los organizadores, un panel sobre “Las tareas de los revolucionarios frente a la democracia burguesa y el parlamento”, que también fue rechazado con el argumento de que no era bueno colocar un tema “en el que se sabe que tenemos diferencias”, iba también en este sentido. Este debate, junto a cómo actuar frente a las organizaciones reformistas es fundamental entre los revolucionarios, sobre todo porque hay prácticas y teorías bastante encontradas, ya que en nuestra opinión las organizaciones que integran el FIT-U actúan con fuertes elementos de adaptación al régimen democrático burgués.

También, como decíamos antes, existe un importante debate sobre qué tipo de organización internacional construir. En nuestra opinión, la estrategia de revolución socialista mundial exige desde ahora, la construcción de una internacional centralizada, bajo un programa revolucionario y con un método centralista democrático. No coincidimos con los planteos de internacionales de tendencias, sin programa claro ni centralizadas, como propone el MST, tampoco con una internacional-movimiento con el centro en desarrollar un medio de comunicación alternativo, dejando uno de tipo leninista para más adelante, como plantea el PTS-FT, o que el centro sea el llamado a construir frentes electorales.

Para eso propusimos criterios y que [se] nos diera el espacio para poder intervenir y plantear nuestras posiciones, con tiempo suficiente para hacer estos debates tan necesarios. Lo que también correspondiera con el peso de nuestra corriente, con presencia en más de una decena de países de América Latina y en EUA, y tomando en cuenta el llamado de los organizadores a una Conferencia que se abría a otras organizaciones.

Lamentablemente, la respuesta que nos fue dada exigía un pronunciamiento previo de acuerdo con los documentos presentados en la preparación de la Conferencia y sin que aún fuesen hecho los debates conferenciales, y ofreciendo a la LIT un espacio que prácticamente no daba lugar más que para un saludo. Solicitamos tiempo igualitario a las otras organizaciones que participaban del evento en las mesas, para tener condiciones de igualdad para plantear nuestras posiciones políticas y hacer el debate; nos fue contestado que tendríamos 5 minutos en cada mesa y dos intervenciones de 4 minutos en el último plenario.

Eso dejó al descubierto el verdadero carácter que pretendían dar los convocantes a su llamado, más cerca de una actividad interna de propaganda del FIT-U que otra cosa.

¿Para qué podía ser necesaria una conferencia?

Siendo evidente que la Conferencia convocada por el FIT-U no era el espacio para discutir puntos estratégicos entre los revolucionarios, vale preguntarnos cual debería ser el debate.

No creemos sea necesaria una conferencia de esta magnitud para discutir un plan de unidad de acción o solo un acto en contra la explotación mundial, que finalmente fueron las resoluciones del evento. Aunque sea necesario discutirlos y avanzar en todos los tipos de acciones que sean posibles.

Pero lo fundamental y necesario es hacer un debate profundo sobre la coyuntura internacional en medio de la pandemia, la política del imperialismo que está llevando a millares de muertos en el mundo y su aprovechamiento de esta situación para aumentar la explotación sobre la clase trabajadora, generalizando el hambre y la miseria. A partir de ahí, presentar un programa de emergencia que apunte una perspectiva de cambio de esta situación y la estrategia de avanzar hasta una revolución socialista que implante gobiernos revolucionarios de la clase trabajadora.

Que tampoco hubiera un espacio suficiente para este debate es un error lamentable.

Además, tampoco se debería reducir a los que allí participaran. La falta de apertura real a otras organizaciones, no solo se reflejó con la LIT-CI sino con otras organizaciones de cierto peso (PO-tendencia de Altamira, Nuevo MAS, etc.) que tampoco fueron parte.

En el balance posterior, los organizadores intentan presentar como algo exitoso la participación de casi 50 organizaciones. Sin embargo, lo cierto es que las mismas son casi en su totalidad los diversos grupos o sellos de los propios convocantes en algunos países, como alguno de los propios convocantes reconoce con gran heterogeneidad “no solo en cuanto a su grado de incidencia real en la vanguardia de sus respectivos países, sino que algunas de ellas no cuentan con publicación alguna donde puedan seguirse sus actividades y otras a lo sumo cuentan apenas con una página de Facebook”[1]

Al final, las resoluciones no pasaron de ratificar el programa mínimo de 10 puntos que se planteó en la convocatoria allá por el mes de marzo cuando ni existía la pandemia, un par de actividades de unidad de acción para los próximos meses. Como los mismos convocantes reconocen, no lograron dejar planteada una continuidad de la convocatoria ni los mecanismos que ellos mismos habían propuesto (tipo boletín de discusión) para desarrollar algún tipo de debate.

Por eso que creemos que las expectativas que la convocatoria pudo haber despertado en varios sectores y militantes de la vanguardia, infelizmente no resultaron en absolutamente nada.

Desde la LIT-CI, seguiremos participando de las todas las acciones conjuntas que podamos realizar, reivindicando siempre que sea amplia y democrática, de manera que estos eventos puedan de verdad desarrollarse en el sentido de profundizar los tantos debates necesarios para la clase trabajadora y su vanguardia en todo el mundo.

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¿Cómo buscar la unidad de los revolucionarios?

Desde la LIT-CI estamos a favor de explorar toda posibilidad de unidad entre los revolucionarios, tal es así que hoy somos parte de nuestra corriente camaradas que venimos de distintas tradiciones y recorridos. Los propios PSTU argentino y brasileño, por ejemplo, son resultados de fusiones de distintos agrupamientos. Estamos a favor incluso de debatir con organizaciones centristas que puedan evolucionar completas o en parte hacia posiciones revolucionarias. Lejos estamos de cualquier tipo de autoproclamación o de creer que somos la Cuarta Internacional reorganizada.

Pero no acordamos con la visión que fue planteada por la UIT-IS. En uno de los artículos de balance de la conferencia, su dirigente Miguel Sorans se pregunta: “¿Qué es para la UIT-CI la tarea de unir a los revolucionarios?”, y responde: “Coordinar campañas comunes, tanto en actividades políticas como sindicales, alrededor de tareas en las cuales todos coincidamos. Lograr que, en otros países, donde haya condiciones, se formen experiencias semejantes a la del FIT-Unidad…”[2], sin embargo, el propio Sorans luego reconoce que “… Lo que se reflejó en la conferencia es parecido a lo que nos pasa en el FIT-Unidad. Cuesta que, además de ser un frente electoral, pase a tener más protagonismo unitario en las luchas y en los diversos frentes de acción.” Es decir, reconoce que el FIT-U no logra ir más allá de un frente electoral, como no podía ser de otra manera, pero propone como tarea para unir a los revolucionarios hacer experiencias semejantes, o sea, frentes electorales.

Para otros como el MST-LIS no importa el programa ni el carácter de los partidos, incluso las fronteras de clase pueden ser difusas. Para el PO la necesidad de construcción de una internacional adquiere un lugar secundario y un carácter federativo, poniendo por delante la construcción del partido nacional.

Nosotros creemos que la unidad de los revolucionarios, la construcción de una internacional y partidos nacionales con ese carácter deben darse bajo la elaboración de un Programa para la revolución mundial. Por eso, la primera tarea para unir a los revolucionarios no es solo “buscar algunos puntos de acuerdo”. Eso puede ser muy útil para una lista sindical o un frente electoral. Pero el fundamental es que los revolucionarios nos preparamos para disputar el poder a la burguesía y pasarlo a manos de la clase obrera, y eso exige tener un programa que responda a esa necesidad. Esto significa que no tenemos solamente que discutir. La experiencia en común en la lucha de clases no solo es fundamental sino que se transforma en una herramienta útil también para la elaboración programática, siempre y cuando no perdamos de vista el objetivo central.

En segundo lugar, es importante, para los revolucionarios, llegar a una concepción común de qué tipo de Partido e Internacional debemos construir, su concepción, su carácter y su régimen. Esto es fundamental, ya que construimos partidos con la estrategia de disputar el poder, de prepararnos para una revolución.

Para eso es fundamental partidos o internacionales con centralismo. Para construir eso es esencial la máxima democracia interna, donde los debates políticos estratégicos puedan ser desarrollados con tiempo suficiente.

Además, los partidos nacionales que no se construyan con la concepción de ser apenas una parte del partido mundial de la revolución, una internacional, inevitablemente están condenados a derrumbarse como un castillo de cartas al llegar la hora de la revolución.

El método para eso, entre los revolucionarios, tal como enseñaron nuestros maestros, no puede ser “buscar los puntos de acuerdo y no las diferencias”. Eso es un discurso falsamente unitario que puede sonar bonito pero lejos está de permitir avanzar en la unidad de los revolucionarios. Los puntos de acuerdo pueden identificarse rápidamente, es la parte más simple. Pero la principal tarea es debatir a fondo las diferencias, sin sectarismos y recurriendo a la teoría revolucionaria (sin la cual no hay práctica revolucionaria, según Lenin) para explorar si pueden ser superadas y entonces avanzar sobre bases sólidas.

Lamentablemente, nada de esto sucedió en la Conferencia convocada por el FIT-U. De allí que, de continuar en ese camino, no tenga otro destino que no [sea] la construcción de frentes electorales y la realización de algunas actividades de unidad de acción.

Notas:

[1] http://www.laizquierdadiario.com/Un-primer-balance-de-la-conferencia-virtual-de-America-Latina-y-EE-UU

[2] La conferencia y el debate de unir a los revolucionarios, Miguel Sorans, El Socialista Nº 471.