Mié Ago 10, 2022
10 agosto, 2022

Jersón: Ucrania ocupada

Nuestro camino hacia la libertad fue de 5 largos días.

Por Oksana

144 días de ocupación…

Nos sentamos en el balcón. No hay marco… Las ventanas del pasillo están cubiertas con película y cinta adhesiva. Los misiles volvieron a sobrevolar la casa… Los nazis vuelven a mandar muerte a nuestras ciudades. Encima de la ventana de nuestra cocina, justo en la pared, a 5 cm de la ventana, cuelga un fragmento de proyectil. ¡Nada de ayuda humanitaria, ni salitre, como habían dicho que había almacenado! Prueba de que ese depósito de los rusos estaba abarrotado de explosivos y municiones, prácticamente entre los edificios de nuestras viviendas.

Nos sentamos, miramos la ciudad… nos despedimos… Vemos cómo el “segundo ejército del mundo” está robando el correo postal de la oficina de Correos. Condujeron un camión y sacaron los paquetes de encomiendas no recogidos por la ventana. Un ejército de asesinos, violadores y saqueadores. Dijimos adiós a la ciudad… al Dniéper… a la casa…

Mañana intentaremos de nuevo escapar de la ocupación. Encontré un transportista. Nuestro viaje ya ha sido pospuesto varias veces…

Dios quiera que mañana lo logremos…

Día 145…

4:30 am, toque de queda… Tratamos de caminar por los patios entre edificios. No puedes moverte por la ciudad durante el toque de queda, te pueden arrestar… o disparar en el acto. Nos escondimos detrás de unas tiendas, esperando al conductor. El sol va saliendo sobre nuestro amado pueblo… En este momento, el sonido de una poderosa explosión… una, dos… Una jauría de perros abandonados corre a refugiarse… Corren, cayéndose del miedo, se levantan y vuelven a correr…

También tenemos miedo, pero sabemos que son nuestros combatientes que volaron nuevamente un depósito con municiones de fascistas rusos. De nuevo el sonido de una explosión… en este momento un coche se acerca a gran velocidad, cargamos rápidamente la maleta, el bolso… y al gato “Fimochka”. ¡Vamos, al encuentro de la libertad!

La única forma de llegar al territorio controlado de Ucrania es a través de Zaporozhye. Llegamos a este lugar rápidamente, solo había unos pocos retenes de control de los invasores. En el camino, vimos pozos dejados por explosiones de misiles, también el esqueleto de un automóvil quemado, no uno militar… uno civil quemado allí.

Llegamos a la cola de carros… Una cola enorme de gente que quiere salir del infierno. Se extendía por varios kilómetros. Delante de nosotros hay una familia con un niño, detrás de nosotros también. Muchos niños, en casi todos los autos. El sol está saliendo y el calor va creciendo. Una enorme columna de autos, el sol abrasador, la ausencia total de árboles y un deseo para todos: ¡Escapar!

Solo una decena de autos pasaron ese día. Una… ¡De una columna enorme! Así, porque los ocupantes así lo decidieron…

En este camino hacia la libertad, solo puedes estar estacionado de 5 am a 8 pm. Entonces, a esa hora todos se dispersan. Fuimos a buscar alojamiento para pasar la noche. Conocimos a un chico y le pedimos para pernoctar, por poco dinero.

Fimochka estaba llorando… mi gato estaba llorando porque no entendía lo que estaba pasando. Limpié su hocico pelirrojo y susurré, perdónanos… todo estará bien… ¡Definitivamente saldremos!

Día 146… El segundo día en la columna por la libertad.

De nuevo el sol abrasador… los niños lloran… la ausencia total de sombra. El agua se acabó rápidamente.

Los invasores se compadecieron y dejaron pasar a un auto con el bebé. ¡Uno! El resto sigue en línea. O mejor dicho, no se aguantan quietos. Todos buscábamos al menos algún tipo de sombra. Atamos unos trapos entre los carros a modo de toldos, pusimos sábanas sobre el asfalto y pusieron allí a los niños. Cuántos pudieran caber… Puse a Fimochka debajo de los autos, junto con el contenedor en el que lo llevábamos, y lo agarré de la correa para que, dios no lo quiera, no entre en pánico y se escape.

Estamos sentados, tirados al borde del camino… Los vehículos blindados de transporte de tropas de los ocupantes pasan a gran velocidad por delante de nosotros… los niños miran con miedo a sus padres…

Llega la noche… Otra vez no nos dejaron pasar…

Al salir de la fila a pernoctar, pasamos a preguntar en el puesto de control por qué se permitía el paso de tan pocos autos. Nos respondieron: “¡Y pronto cerraremos la carretera y nadie pasará!”

Entonces… nosotros, en nuestra propia tierra, tenemos que pedir permiso a los extraños invasores… Y cuanto más calor hace afuera, menos probable es que vaya. Lo mantienen al calor… a propósito… ¡se vengan por no darse por vencidos!

Día 147…

Por la mañana dejaron pasar a 2 decenas de autos. Esperábamos que después de las 5 pm definitivamente pasaríamos.

Pero no… después de las cinco no dejaron salir a nadie…

Hambrientos, quemados por el sol, deprimidos, regresamos nuevamente para pasar la noche. ¡La radio funcionó en el patio, sonó el himno de Ucrania! ¡Un himno de Ucrania en un territorio ocupado por las tropas de Putin! ¡La piel de gallina… y emoción hasta las lágrimas! ¡Me dio la esperanza de que todo estará bien!

Día 148…

Día 4 del viaje… 4 am… Casi no dormimos, cada vez teníamos menos fuerzas…

Fimochka bebió un poco de agua y se subió a su recipiente. Rápidamente empacamos y salimos a la pista. Nuestros vecinos están allí. La columna es cada vez más grande… Muy poca gente pasó estos días. Y cada día hay más gente que quiere irse. Son muy pocos los coches que entran en el territorio ocupado, en su mayoría los transportistas van por personas.

Por la mañana dejaron pasar dos decenas de autos. Nos estamos acercando al puesto de control.

Ya estamos entre los diez primeros, ahora sextos… ¡Alto!

¡Detenernos de nuevo! Bajamos los brazos… No puedes llorar, tienes que aguantar…

Esperamos hasta las cinco de la tarde… la columna empezó a moverse…

Primer puesto de control, inspección… Segundo, inspección…

Tercero, inspección… Me obligaron a salir del auto. No entiendo por qué.

Cuarto puesto de control. Están hojeando nuestros pasaportes… Mientras ellos estaban hojeando, logré repetir todas las oraciones…

¡Nos dejaron pasar!

Estamos recorriendo a toda velocidad a través de la “zona gris”, a través de un pueblo absolutamente vacío, completamente bombardeado. Casas quemadas… sábanas desgarradas, colgadas de una cuerda… No se puede parar…

Hay un coche detenido en la carretera, hay cosas dentro… no hay gente. Apenas pasamos junto al mismo en un camino angosto…

Suena una explosión, otra segunda… ¡Nos están disparando!

Nos apresuramos lo antes posible… ¡Ya ni siquiera da miedo! ¡Solo un gran deseo de correr hacia los nuestros!

Dos perros están sentados en el camino… como liebres, levantando sus patas delanteras, esperando un trozo de pan, arrojado desde la ventana de los que pasan corriendo a toda velocidad…

Las lágrimas fluyen sin cesar… Todo lo que se ha acumulado durante los cuatro días de viaje…

¡Primer puesto nuestro, ucraniano! ¡De nuestro ejército! ¡Lagrimas de felicidad! ¡Señor, gracias!

No sé cómo describir este sentimiento… ¡Llorando, abrazándome!

Estamos esperando nuestra columna. Los militares nos tranquilizan, nos hablan… ¡prometen que todo irá bien!

Toda la columna va a Zaporozhye, acompañada por la policía.

Nos recibieron en Zaporozhye, revisaron nuestros documentos, nos alimentaron y nos colocaron para pasar la noche.

Mañana será un nuevo día. Y una nueva historia.

Y hoy, cansancio… y alegría! ¡Nos escapamos!

Día 150 de la ocupación

La región de Jerson se está convirtiendo en un desierto, o mejor dicho, en un desierto quemado. Casas sin ventanas, sin techos… La gente se va en masa. Más bien, se van aquellos que tienen al menos alguna oportunidad y posibilidad de irse.

Tuvimos suerte, pudimos escapar. Salimos temprano en la mañana con el sonido de las explosiones. Vimos manadas de perros, ahora sin dueño y sin hogar, corriendo aterrados por los patios. También nosotros corrimos a una velocidad vertiginosa, huyendo de los invasores. Nuestro camino hacia la libertad fue de 5 largos días. Un camino que antes, en tiempos de paz, tomaba 5 horas. Bajo el sol abrasador, sin comida ni agua, estuvimos parados en medio del campo durante 4 días en una enorme columna. Niños pequeños, ancianos y un calor enloquecedor. Y los fascistas rusos que deciden el destino de las personas… librarlas o no. Y los que se libran reciben disparos a su zaga. ¡Tuvimos suerte, nos libramos! Atravesamos luego una zona gris, un pueblo absolutamente vacío, y perros… perros hambrientos esperando un trozo de pan de los que pasan.

¡Y llegamos al primer retén nuestro, ucraniano! Lágrimas de alegría… excitación… No podemos creer, que ya estamos entre los nuestros… Nuestros soldados se encuentran con nosotros, nos tranquilizan, nos dan la mano y prometen que liberarán definitivamente nuestra ciudad y podremos volver a casa.

Algunos de los que llegaron tienen que volver para atrás, a casa, para traer a los próximos familiares y amigos. Y así varias veces… a riesgo de volver a caer bajo el fuego de los ocupantes.

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