Mientras más empeora la situación económica del país a causa de la crisis, cuanto menos zanahorias y más látigos recibe el pueblo por parte de Putin, con más esfuerzos éste último busca un chivo expiatorio con el cual se pueda desquitar el descontento social en ascenso.

En su época, en la Alemania nazi fueron elegidos los judíos como ese enemigo. En la Rusia moderna, son los inmigrantes. Este verano pasado en el país sucedieron verdaderos y demostrativos pogromos nazista-policiacos y operaciones de la OMON [policía antidisturbios] contra inmigrantes, detenciones de obreros inmigrantes “no rusos” en un campamento con condiciones de ganado. El gobierno golpea a los tadjikos [de Tayikistán] por las consecuencias de su política y. a juzgar por todo lo ocurrido, esto es solo el comienzo. Putin publicamente bendijo el movimiento en ese sentido.

Bajo condiciones de crisis económica y en lucha por el mercado reducido, los patrones intentan abaratar costos de producción al máximo ahorrando en salarios y gastos sociales en el presupuesto. Para esto, reducen salarios y disminuyen el número de actividades. Con ese mismo objetivo, el gobierno de Putin  reduce el empleo en el sector público, recorta en el área social y privatiza la propiedad estatal, creando nuevas áreas para la extracción de lucro por los oligarcas, que son liberados de “carga impositiva”. El aumento de todas las tarifas habidas y por haber y de los precios permanentemente extrae dinero del bolsillo del ciudadano entregándoselo a los oligarcas.

La pregunta es: ¿cómo hacer que la gente común no se interponga al empeoramiento de sus condiciones de vida? La respuesta parece evidente: la gente común no tiene que permitir a los oligarcas y al gobierno imponer semejantes medidas. A su vez, es evidente el hecho que eso es posible hacerlo solo conjuntamente, porque fragmentados nunca hay resultado positivo.

Pero los nacionalistas rusos (fascistas) y el gobierno le refriegan en la cara a la gente otra respuesta: los obreros inmigrantes son los culpables de todo. Al escuchar la propaganda de los fascistas y la revelación de la televisión se puede comprender que resulta que los obreros de la construcción kirguisos [del Kirguistán}  elevan el precio de las tarifas comunales y del transporte. Los yeseros moldavos saquean el petróleo del país y serruchan el presupuesto. Las costureras vietnamitas se llevan mensualmente del país miles de millones de dólares a los bancos occidentales. Los pícaros comerciantes uzbecos destruyen a verdurazos la Academia de Ciencias. Los astutos tadjikos limpiacristales impusieron la nefasta “Ley de Educación” e instalaron una base de la OTAN en el Volga. Si cerraron una policlínica, hay que atacar las vendedoras de rábano uzbekas y si no sale agua del grifo hay que echar a todos los tadjikos, y entonces el agua empezará a correr y, por supuesto, ¡cobrará vida la Sacra Rusia!

No importa cuan primitiva y ridícula sea la propaganda antiinmigrantes, siempre encuentra resonancia. ¿En qué se basa? Se apoya en la miopía de aquellos que no ven que los ataques a los obreros inmigrantes van en conjunto con una serie de ataques del gobierno a la educación, la Academia de Ciencias, la salud y las jubilaciones. Miopes aquellos que no comprenden que las deportaciones de los obreros inmigrantes del país van de la mano con las “deportaciones” de profesores (de las recortadas en el presupuesto de las escuelas), de los médicos (de las reducidas policlínicas), de los obreros y empleados de oficinas (de las compañías).

Ingenuos aquellos que no están al tanto de que las nuevas iniciativas de Putin introducen el régimen de registro de los mismos ciudadanos de la Federación de Rusia en pleno territorio ruso con castigo penal en caso de violación de las leyes. La histeria antiinmigrantes está atornillada a la intoxicación chovinista de los que no entienden que las redadas a los obreros inmigrantes, a los profesores, médicos, estudiantes, jubilados, obreros industriales y empleados de oficina es una redada general contra todos que tiene como objetivo el abaratamiento general de la mano de obra para los oligarcas y los capitales occidentales, a los que, a propósito, les preocupa menos el origen nacional  de los obreros que lo que le preocupa a un granjero la raza de su ganado: lo importante es que trabajen más, coman menos y estén callados.

La amenaza para los oligarcas y el poder se resume en una cosa: ante una potencial posibilidad de que, cuando todos los que sufren por la política del gobierno, independientemente de la nacionalidad, edad o área profesional, salgan todos juntos a las calles a saldar cuentas con el régimen de los oligarcas. Para desviar esta perspectiva, a los oligarcas y Putin les es de suma importancia cizañar a la gente entre sí  y conservar el poder. Así como el gobierno etiqueta a los obreros inmigrantes, actúa con otros sectores de la clase obrera. Permanentemente en la sociedad emanan ideas tales como que los científicos son vagos que toman té gracias al dinero público; que los profesores son sádicos y roban preparando los alumnos para el teste final escolar. Que los médicos reciben sobornos. Que los trabajadores desocupados son perezosos y parásitos. Que la juventud quiere todo e inmediatamente. Que los empleados de oficina son trabajadores de guante blanco que no quieren ir a la fábrica, y que los obreros de fábrica son fracasados que no encontraron otro lugar donde trabajar. Que los huelguistas son saboteadores financiados desde el extranjero. Que los moscovitas se bañan en dinero. Que la gente del interior son personas de segunda categoría. Que los musulmanes son salvajes. Que los ateos son enemigos de la cultura rusa. Que los activistas de izquierda son espías extranjeros. En general, cada uno tiene lo suyo. Semejantes apodos se ponen los trabajadores entre sí para que, dispersos, sea posible tenerlos bajo control de los oligarcas y del gobierno. Y en caso de que el poder comience a estimular pogromos, actuando por medio de la Policía Antidistubios o utilizando engendros de organizaciones fascistas, es una  muestra inicial del idioma que pretende usar el gobierno para comunicarse con los trabajadores.

Por eso, los trabajadores deben tener en claro que cuando, a causa de las consecuencias de su propia política, el gobierno y su grito “¡gloria a Rusia!, dan palizas a los tadjikos, a veces lamentablemente, contando con simples tontuelos que aprueban dichas acciones creyendo que “la mano firme pone orden”, no se da más que un paso más hacia la esclavitud de todos.

 

Epílogo

 

Hay un chiste conocido de tiempos de Gorbachov. Un hombre hace cola para recibir vodka [era el deficit en el tiempo de desabastecimiento del fin de 80s, consecuencia de la restauración capitalista y la quiebra de la economía – NdA]. Y cuando viene su turno el vodka se acaba y el hombre le da una trompada al de atrás. Este grita “¿Qué haces, loco?!!” Y el primero responde “¿y qué otra cosa se puede hacer??!!”

La pregunta “¿qué hacer?, por supuesto es filosófic y en una frase no se responde. Pero una cosa está clara: mientras  los trabajadores rusos desahoguen su descontento con las consecuencias de la política del gobierno de Putin con los trabajadores tadjikos parados atrás en la cola, se verán condenados a ser un pueblo sumido ante los oligarcas siendo la más grande victima de su propio chovinismo nacional.

Para darse una idea casi aproximada de los últimos acontecimientos, he aquí un video realizado por los mismos fascistas.

http://www.youtube.com/watch?v=3Ju4LUSMFu8

http://www.youtube.com/watch?v=aAn7tN9GgHE