La principal central sindical italiana, la CGIL (5 millones de miembros) y la UIL (2 millones de miembros) hace unos días decidieron proclamar la huelga general para el jueves 16 de diciembre. Por lo tanto, se ha cancelado la huelga de los Metalúrgicos de Fiom del 10 de diciembre, que convergirá el día 16. El CISL, el segundo sindicato más grande por número de miembros, en cambio, ha decidido salirse: el secretario general Sbarra calificó el llamado a la huelga como una elección «equivocada, exasperada y distorsionada» (¡sic!): palabras que se comentan por sí solas.

Declaración del Comité Central del PdAC

Un llamado no tan evidente

La del 16 de diciembre es una huelga proclamada en pocos días, sin la adecuada preparación que sería necesaria y que, sobre todo, verá excluidos a muchos sectores laborales: además de la escuela (que mantuvo la huelga el 10 de diciembre) y la sanidad, probablemente –a pedido de la Comisión de garantía de las huelgas– se excluirán también los transportes, los correos, la limpieza, algunos sectores de la función pública. Por el momento, el sindicalismo de base no se ha pronunciado respecto de la huelga: es probable que solo algunos sectores decidan proclamar huelga el mismo día, mientras otros optarán por una posición sectaria.

Empecemos subrayando los aspectos positivos de esta proclamación. Ante todo, no era en absoluto evidente. Siempre que las direcciones de Cgil y Uil no decidan retirarla a cambio de alguna concesión vacía por parte del Gobierno –hipótesis que no debe excluirse– hay que destacar que hicieron de todo para evitar la proclamación. Desde hace meses se está llevando a cabo una campaña, animada por las realidades más combativas del país, que pide a gritos la proclamación de la «huelga general y generalizada» para contrarrestar los ataques del gobierno Draghi y de los patrones. Durante meses las peticiones han sido desoídas, aunque, sobre todo en la base de Cgil, la presión para la huelga ha comenzado a crecer y a extenderse a partir de los metalúrgicos: la Fiom ya había decidido proclamar un día de huelga nacional el 10 de diciembre con manifestaciones regionales (huelga luego retirada para converger el 16 de diciembre).

Si hasta hoy Landini ha evitado cuidadosamente poner en el orden del día la huelga general, la razón se explica fácil: la burocracia de la Cgil, por sus vínculos con sectores del PD y de la izquierda (Leu) que apoyan al Gobierno, no tenía intención alguna de enfrentarse con el «gobierno amigo». Poco importa que este gobierno esté, desde hace meses, lanzando pesadísimos ataques a los trabajadores y el pueblo: desde el desbloqueo de los despidos (no por casualidad firmado por Cgil, Cisl y Uil) hasta la relajación de las medidas de seguridad en los lugares de trabajo (con el pretexto del green pass).

El nivel del choque, en realidad lo ha levantado el propio Draghi que, anunciando un posterior ajuste sobre las pensiones, decidió abandonar la mesa con los sindicatos confederales (entre otras cosas más que condescendientes a una revisión de la cuota 100). Aquí, entonces, la necesidad de asestar un golpe se ha convertido en obligación. Pero, ¿cómo se llama a una huelga general digna de ese nombre?

¿Acción decidida o un arma ineficaz?

Lo que ha sucedido en otros países en los últimos años –de Francia hasta Cataluña y el Brasil– demuestra que, para construir una acción de lucha incisiva contra los ataques de los gobiernos, es necesario construir la huelga general con una preparación adecuada. La huelga general, en Italia, debía figurar en el orden del día hace meses, preparada en los lugares de trabajo con asambleas, reuniones, llamamientos a la unidad y a la movilización. No basta con marcar en el calendario una fecha en el último minuto y, voilà, la huelga general es un hecho. Los trabajadores en Italia han sufrido durante años humillaciones y ataques violentos. Sus direcciones –sindicales y políticas– en lugar de llamarlos a la lucha, a menudo los han convencido de la necesidad de resignarse: los intereses burocráticos y el apoyo a los gobiernos Conte y Draghi siempre han sido más importantes que los intereses del proletariado (incluso de su necesidad de sobrevivir, si pensamos en los protocolos de seguridad, una farsa peligrosa).

Después que los aparatos sindicales explicaran por meses que «huelga no sirve», desacostumbrando a los trabajadores a luchar, ahora los llaman a movilizarse… ¡con una semana de anticipación! Llamar a la huelga general de esta manera, por cierto en vísperas de las fiestas, corre el riesgo de ser un arma ineficaz. Y, probablemente, sea este precisamente el objetivo de las burocracias sindicales de Cgil y Uil: transformar el 16 de diciembre en un inofensivo paseo romano, quizás entre copos de nieve, para justificar, una vez más, la enésima capitulación al gobierno burgués. Es también improbable que los secretarios de Cgil y Uil no sepan que las leyes antihuelgas –que ellos mismos reivindicaron– impiden a muchos sectores llamados «esenciales» participar la huelga: la intención de las burocracias es restarle el máximo de potencia a la jornada del 16 de diciembre. Las declaraciones del propio Landini, por lo demás, parecen ir en este sentido: «por lo que a nosotros respecta, el diálogo no se interrumpe, se puede volver a dialogar en todo momento». Un poco como prepararse para una batalla y asegurarle al enemigo que no se le hará daño. Igualmente paradójico es el intento por parte del secretario general de Cgil, de presentar a Draghi como un primer ministro «sensible a las demandas sindicales», pero rehén de su propia mayoría, que lo obligaría a levantar el enfrentamiento «contra su voluntad».

También es vergonzosa la capitulación de las direcciones de Cgil y Uil a los “diktat” de la Comisión de garantía de las huelgas: si quisieran, Cgil y Uil (que agrupan a millones de trabajadores y tienen presupuestos millonarios) tendrían la fuerza para ignorar estos dictados y proclamar huelga incluso en los sectores sometidos a las leyes antiguelgas (cubriendo económicamente las eventuales multas que se impusieran a los trabajadores). Hay que añadir que la misma exclusión consciente de la salud en la huelga –el sector que más sufre y que más que todos necesitaría de la huelga para contrarrestar el desastre en curso– da la idea de cómo las direcciones sindicales quieren dar al gobierno garantías de «responsabilidad».

¿Un posible punto de partida?

Si se mantiene la huelga general a medias, se abren dos posibles escenarios. El peor es que este día se convierta en una acción meramente demostrativa, totalmente controlada por las direcciones sindicales que pretenden conducirla hacia un nuevo acuerdo con el gobierno patronal. Pero también existe la posibilidad de que esta huelga se convierta en el comienzo de una acción prolongada de lucha. Todo dependerá de la capacidad que tengan las realidades obreras en las fábricas más combativas para ir más allá de las intenciones de sus direcciones sindicales.

Las huelgas obreras de marzo de 2020, así como las páginas más importantes de la historia del movimiento obrero en Italia, han demostradp que esto es posible. A tal fin, sería importante que, a pesar de todos los límites burocráticos de la huelga, también los sindicatos de base y combativos, en lugar de limitarse a criticar (con razón) las modalidades del llamado, decidieran cruzar los brazos el mismo día, con una plataforma alternativa, intentando dar a este día un significado diferente, es decir, combativo y de lucha. Es lo que hacen los sindicatos de base de otros países –de Solidaires en Francia a la Csp-Conlutas en el Brasil– que, aunque atacando a las direcciones sindicales capituladoras, no abandonan las calles y las huelgas llamadas por los sindicatos burocráticos, para construir una acción unitaria con la base de todos los sindicatos y elevar el nivel de enfrentamiento de clase.

Alternativa comunista no hace concesiones a las burocracias de la CGIL y de la UIL (ni mucho menos a las de la CISL): los consideramos cómplices de la masacre en curso e invitamos a los trabajadores y a las trabajadoras a no depositar en ellos ninguna confianza. La propia convocatoria de la huelga, absolutamente inadecuada, confirma el nefasto papel desempeñado por estos aparatos. Pero el 16 de diciembre estaremos en huelga y en las plazas junto a los trabajadores que cruzarán los brazos: lucharemos para que la huelga se convierta en el inicio de una acción prolongada que llegue a expulsar el gobierno Draghi y para poner en el orden del día la construcción de un gobierno de los trabajadores que expropie las fábricas que cierran y despiden, incremente el subsidio de pensión reduciendo la edad de jubilación, dé por fin dignidad y seguridad al trabajo.

Artículo publicado en www.alternativacomunista.it, 12/12/2021.-
Traducción: Natalia Estrada.