Mié Jul 24, 2024
24 julio, 2024

Hacia la construcción de un Partido Revolucionario en Chile: La campaña del Apruebo crítico en Valparaíso

La crisis general es un episodio propio del ciclo económico. Allí, junto con visibilizarse el conjunto de contradicciones propias de una formación social, se evidencian los posicionamientos políticos de clase entre los actores que intervienen en un escenario determinado.

Por MIT-Chile

La situación revolucionaria, de octubre del año 2019, sirvió para sacar una serie de lecciones, relacionadas al rol de colaboración de las direcciones reformistas, los avances y retrocesos ideológicos del proletariado chileno, así como de la ausencia de una dirección revolucionaria.

Pero, en tal escenario, la jornada del 12 de noviembre marcó un punto de inflexión, donde la clase trabajadora demostró su poder, amenazando con la caída de Piñera y del propio régimen.

Diferentes corrientes revolucionarias comparten estos elementos, así como el que la falta del factor subjetivo operó como un elemento clave para el triunfo del Acuerdo del 15N. Así, la contención social y desvío institucional, salvaron a Piñera y al Parlamento, contando con el activo apoyo de los partidos del régimen, desde el Frente Amplio hasta Chile Vamos.

El Partido Comunista, que suele jactarse de su tradición revolucionaria, ha celebrado en reiteradas ocasiones una política de alianzas con los partidos burgueses, como son la Democracia Cristiana y Revolución Democrática. Ello, supuestamente, le ha servido para “entrenar a su militancia en el ejercicio del poder”, pero, en concreto, ha terminado jugando como “ala izquierda” o “progresista” de la burguesía, sirviendo a las políticas del FMI y del Banco Mundial, que discursivamente dice combatir.

De igual modo, en el marco de lo que fue nuestra campaña por la nacionalización de la gran minería, el Partido Comunista se mantuvo inmóvil, esto pese a su capacidad de convocatoria, limitándose a apoyar supra estructuralmente en la Convención, pero sin incentivar la participación y discusión entre sus bases.

Es por tal motivo, que la clase trabajadora (chilena y mundial) necesita de la construcción de una nueva dirección. Esto es un partido revolucionario de masas, que sea capaz de acaudillar al conjunto de luchas que se despliegan hoy y mundialmente contra el modo de producción capitalista.

La campaña por el Apruebo, desde nuestra posición, ha sido asumida de modo crítico. Esto involucra el intento por develar al conjunto de mentiras que enarbolan la campaña del Rechazo y del Apruebo.

Los sectores más reaccionarios aluden a que no habrá vivienda propia, que se expropiarán fondos de pensiones, que los pueblos originarios tendrán más privilegios que el resto del país, entre otras falsedades.

A su vez, los sectores del reformismo pequeñoburgués señalan que la Nueva Constitución conquistará algo así como un “paraíso en la tierra”, asegurando derechos sociales que elevarán el nivel de vida de la población. Eso es igualmente falso.

Por ejemplo, se negaron a la nacionalización del cobre y hoy promueven una tímida reforma tributaria. Esta dista en su formulación de recaudar lo mínimamente necesario para financiar derechos sociales contenidos en el propio programa de Apruebo Dignidad, sin señalar que se encuentra supeditada a la negociación parlamentaria con la derecha, de la cual resultarán concesiones que restringirán aún más sus ya modestos términos.

Desde el MIT reconocemos que el proceso constituyente, al igual que los retiros de las AFP, fueron resultado de la lucha de clases, expresada como movilización social, que dejó muertos, mutilados y encarcelados por la burguesía.

Pero sabemos igualmente que la economía capitalista y el sistema político de la democracia burguesa se encuentran en una flagrante crisis, ante las cuales proliferan rebeliones populares y desastres ecológicos. Dichos episodios suelen amenazar con la caída de gobiernos, ante lo cual los sectores más reaccionarios rumorean instaurar dictaduras.

Tal proceso de avance se encuentra una vez más amenazado por el poder de fuego económico, político e ideológico de la oligarquía. Esta tiene hoy al Partido Socialista y al Frente Amplio conduciendo un proceso de reestructuración político económica, cuyo horizonte es consolidar un proyecto de conciliación de clases en favor del gran capital.

Ante ello, el PC se mantiene inmóvil, recibiendo concesiones que no van más allá de su aparato (como cargos en la administración pública y prelaciones en las próximas listas electorales), siendo consecuente con su histórica política de coexistencia pacífica y de revolución por (falsas) etapas.

Como MIT consideramos que el despliegue de nuestra campaña debe realizarse prioritariamente entre los sectores estratégicos de la estructura productiva, como lo son el portuario y minero en Chile. La realización de acciones de agitación y propaganda en dichos espacios, la construcción de organizaciones revolucionarias en los mismos constituye orientación central para nuestros equipos.

Dicha tarea requiere ser complementada activamente con un trabajo hacia la juventud, que desde la década del 2000 ha protagonizado y/o impulsado procesos de ascenso de masas.

La construcción revolucionaria es una tarea ardua. Requiere de disciplina y entrega, pero también fraternidad y solidaridad. Como MIT nos disponemos a avanzar en tal dirección, dando pasos concretos en lo que significa hoy el puerto de Valparaíso.

Ven a construir el MIT.

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