Em Luta se solidarizó con la huelga de los trabajadores de Teleperformance, el 6 de febrero de 2017. A propósito de la huelga realizamos una entrevista con el presidente del Sindicato de los Trabajadores de Call Center (STCC). Danilo Moreira tiene 40 años y trabaja hace 20 años en Call Centers. En esta entrevista nos habló un poco de sus opiniones sobre las dificultades de construir un sindicato en un sector con tantos trabajadores precarios y nos contó sobre la construcción de esta primera huelga conducida por el sindicato.

Em Luta: El STCC organizó ayer una huelga en la Teleperformance. ¿Cuáles fueron las reivindicaciones?

Danilo: Las reivindicaciones fueron aumento salarial a 750 euros y también una política de incentivos que sea justa.

EL: ¿Considera que la huelga fue positiva? Háblenos un poco sobre el proceso de conducción de la huelga.

DM: Considero que la huelga fue muy positiva porque los trabajadores de los call centers, debido a los vínculos precarios, no están habituados a luchar. Los contratos muchas veces son semanales, quincenales o mensuales, y fácilmente un trabajador que reclame puede ser dispensado, no porque no trabaje bien –muy por el contrario–, pero sí por luchar por sus derechos. En este aspecto, fue muy bueno que los trabajadores comenzaran a perder el miedo y a unirse para mejorar las condiciones laborales.

EL: ¿Y cómo fue el proceso de organización de la huelga?

DM: Organizar la huelga fue un desafío. Fue nuestra primera huelga. Hacía años que los trabajadores manifestaban insatisfacción e intentaban mejorar las condiciones, pero no lo habían conseguido. Contactaron al sindicato para pedir ayuda, en el sentido de organizar un plan en conjunto para conseguir mejorar las condiciones. Felizmente, tenemos allá un delegado sindical y conseguimos organizar los plenarios para involucrar a los trabajadores y esclarecerlos, y también para trazar estrategias comunes. Hubo algunos desplazamientos a Setúbal por parte de un dirigente del sindicato. También se dio la cuestión de que los propios trabajadores quisieron organizarse entre ellos y también unirse.

EL: Danilo es Presidente del STCC, que es el Sindicato de los Trabajadores de Call Center. ¿Cómo es organizar un sindicato que representa esencialmente a trabajadores precarios?

DM: ¡Es difícil! Es difícil porque, en nuestro sector, más de 80% de los trabajadores –incluso cargos de jefe– son precarios. Y son precarios, desde luego, los contratos, que son realizados a través de terceros, o sea, empresas de trabajo temporario, empresas de outsourcing. Los propios jefes son fácilmente destituidos, sea por estar de licencia por maternidad/paternidad, o simplemente por razones de preferencia por parte de los Coordinadores de los servicios, o hasta incluso porque fácilmente pueden, en un mes u otro, no cumplir determinados objetivos. En medio de todo eso, la mayor parte de los trabajadores son precarios porque es imposible estar seguro con contratos quincenales o mensuales por años.

Después, las empresas usuarias cambian de empresas de trabajo temporario –a veces casi como quien cambia de camisa– y los trabajadores acaban por no ser efectivos de las empresas de trabajo temporario ni de las empresas usuarias. También en eso son precarios.

Finalmente, a nivel salarial, la base es el salario mínimo. Algunos servicios están enmascarados con planes con comisiones, pero los objetivos son muchas veces difíciles de alcanzar, son exigentes, y cuando las empresas ven que los trabajadores van a alcanzarlos, fácilmente los sustituyen.

EL: Entonces, organizar a los trabajadores precarios es complicado, pero es necesario, ¿es eso?

DM: Es necesario y es complicado, pero si no hacemos nada, si no intentamos organizarnos, los trabajadores seremos siempre precarios. Si nos organizamos vamos a dejar de serlo.

EL: En la huelga, los trabajadores de Teleperformance reivindicaban, correctamente, un salario de 750 euros. El salario mínimo está en 557 euros. ¿Considera ese valor suficiente para un trabajador?

DM: El salario mínimo no es suficiente para un trabajador, de ninguna manera. Incluso un trabajador que vive en un cuarto y pague alquiler acaba por tener dificultades para sustentarse. Esto para no hablar de una pareja. Si recibieran el salario mínimo, la mitad va para pagar el alquiler y lo que queda es insuficiente. Esto afecta también la propia tasa de natalidad y genera inestabilidad. Portugal es un país con una población que envejece a pasos largos. Es necesario aumentar la tasa de natalidad, pero no es con bajos salarios que se va a dar estabilidad a las familias. Hay personas que quieren constituir una familia y organizarse, pero es imposible tomar decisiones con contratos a 15 días y la inestabilidad que existe.

De ahí la justeza de las reivindicaciones de la huelga. Por ejemplo, pagar 750 euros a un trabajador de call center es más que justo porque el ritmo de trabajo es muy intenso (hay quienes llegan a atender 200 clientes en un día) y el trabajo es muy exigente a nivel psicológico (por eso hay también muchos casos de burnout [síndrome del quemado] [1] y de agotamiento). 750 euros es el valor mínimo que el trabajador debe recibir frente al control excesivo, el ritmo de las llamadas y la exigencia del propio servicio. Es un trabajo muy exigente y también es un trabajo que tiene su complejidad, no solo a nivel del discurso sino también de conocimientos.

En cuanto a las comisiones justas: las reglas tienen que estar claras, tienen que ser transparentes, no pueden cambiar del día a la noche, y el propio trabajador tiene que tener la posibilidad de controlar la producción. Por ejemplo, hay trabajadores que reciben determinado premio porque la empresa dijo que lo deben recibir, pero no hay forma de controlar si aquello efectivamente está correcto, a menos que el trabajador aún tenga que trabajar dos días más para hacer ese control.

Desde el punto de vista del jefe, de las jefaturas, de los patrones, la situación como está acaba por ser buena: pagan menos a los trabajadores, pagan menos impuestos, y consiguen más ganancias. Con la tercerización de los servicios acaba por haber más intermediarios, y cuanto más intermediarios, más administradores. Los cargos de administración, los asociados al negocio, socios y accionistas consiguen tener más ganancia, ven más riqueza, pero el Estado no tiene ventajas en esto porque no recibe nada de impuestos. Incluso porque muchas de estas empresas tienen sedes fiscales en el extranjero.

El tercer punto: una empresa que realmente tiene dirigentes y quiere mejorar los servicios tiene que apostar en la calidad de los trabajadores –y cuando hablamos de calidad de los trabajadores estamos hablando del reclutamiento, de los planes de formación adecuados a las exigencias del servicio, etc.– y tiene que intentar mantener a los trabajadores satisfechos. Y hay varias formas de satisfacer a los trabajadores. Por ejemplo, dar formación y material de trabajo adecuado a cada una de las funciones, en lugar de dar material obsoleto. Los propios espacios de trabajo también tienen que ser funcionales. Por ejemplo, ¿cómo es posible que una persona trabaje 8 horas en una silla poco confortable o en una sala con 200 personas y un ruido brutal?

EL: Es un hecho que los trabajos precarios aumentan. ¿Cómo podemos combatir la precariedad?

DM: Tiene que haber un involucramiento de los trabajadores en la lucha por sus derechos, tienen que buscar esclarecerse. Tiene que haber empresas que quieran pasar de las palabras a los actos. Muchas veces en las misiones y valores de las empresas está escrito una cosa, pero en la realidad hacen totalmente lo contrario. Con esta política no da para progresar y acabar con la precariedad.

Tiene también que haber una posición de los partidos y de quien está en el poder. Tiene que haber una legislación que proteja los derechos del trabajo, pero no apenas en el papel. Tiene que haber más fiscalización. Tiene que haber penas, multas y sanciones pesadas para las empresas, como forma de disuadir la prevaricación. Y tiene que haber legislación, tiene que haber interés del Estado.

Antes de dar incentivos a las empresas tiene que haber un análisis que permita percibir el tipo de negocio, los lucros, y analizar también los balances de las empresas porque algunas de ellas presentan poco lucro pero no quiere decir que no estén saludables financieramente, ya que llegan al final del año y compran material informático, flotas de automóviles, en fin, hacen una serie de inversiones para pagar el mínimo posible de impuestos.

Y tiene que haber una legislación en la que el Estado tampoco pierda dinero porque al no controlar la cuestión de los derechos de los trabajadores y apostar también en planes de incentivos para las empresas de una forma que no es igualitaria acaba por privilegiar a algunos y perjudicar a otros. De la misma forma, los salarios de los propios trabajadores no deben acompañar el desarrollo de las empresas.

 

[1] El síndrome de burnout es un padecimiento que a grandes rasgos consiste en la presencia de una respuesta prolongada de estrés en el organismo ante factores estresantes emocionales e interpersonales que se presentan en el trabajo, que incluye fatiga crónica, ineficacia y negación de lo ocurrido. En algunos países europeos este síndrome es diagnosticado como síndrome de neurastenia siempre que sus síntomas estén asociados al trabajo, y es considerado como una forma de enfermedad mental [N. de T.].

Artículo publicado originalmente en: https://emluta.net

Traducción: Natalia Estrada.