Por IST Uruguay

Los trabajadores y los pueblos de América Latina se están rebelando. Colombia, Perú, Chile y las recientes movilizaciones contra Bolsonaro en Brasil, muestran que los trabajadores reaccionan y salen a luchar ante los ataques recibidos por parte de sus gobiernos, que para seguir sosteniendo este sistema capitalista someten a una miseria cada vez más insoportable a los trabajadores.

Miseria que también viene en aumento en Uruguay. Los 100 mil nuevos pobres y la desocupación que afecta al menos a 250 mil personas dan cuenta de ello. Y como si esto fuera poco, el gobierno de la coalición de Lacalle Pou aumentó recientemente el precio del supergás y ya van dos aumentos en los combustibles, lo que conlleva al inmediato aumento de precios de todos los alimentos y productos, agravando cada vez más la situación de los trabajadores.

El gobierno continúa los recortes contra los trabajadores y ahora quiere seguir rebajando los salarios en los próximos convenios colectivos en sintonía con lo que ya anuncian y exigen las cámaras empresariales.

Mientras aumenta la miseria por abajo, los banqueros, los dueños de los supermercados, los latifundistas, los propietarios de los frigoríficos, es decir, todas las grandes patronales nacionales y extranjeras representadas por el gobierno, siguen enriqueciéndose.

Esta política de ajuste para perpetuar las ganancias que les brinda este sistema capitalista que defienden, al contrario de lo que promete de forma mentirosa el gobierno, inevitablemente profundizará la desocupación, el hambre y todos los problemas sociales. Configura perspectivas aún más duras para los trabajadores, para quienes por ese camino no hay “luz al final del túnel”.

Al igual que en toda Latinoamérica, la desigualdad existente -que tiende a profundizarse-, junto con la bronca, los conflictos y la crisis capitalista mundial, hacen que la situación se torne potencialmente explosiva, abriendo un panorama de duras luchas para el cual debemos prepararnos los trabajadores.

Luchas, bronca y el ejemplo de los obreros de UPM2

Esta situación viene gestando una creciente bronca por abajo, la cual obligó a la dirección del PIT-CNT a convocar a un paro de 24 horas el pasado 17 de junio. Si bien la dirección mayoritaria intentó utilizarlo como válvula de escape evitando realizar una masiva movilización, la bronca hizo que un grupo importante de trabajadores y trabajadoras desoyeran el “pedido” de la dirección mayoritaria de no concentrarse ni descender de los vehículos al final de la caravana convocada. Muchas personas protestaron frente a la Torre Ejecutiva con sus pancartas y banderas de su sindicato.

El paro y la bronca demuestran que hay disposición para enfrentar en serio a este gobierno y sus medidas antiobreras. Así lo marcan también los conflictos de pesqueros, de judiciales, de los trabajadores de OSE y la lucha contra la LUC.

Al cierre de esta edición, los obreros de UPM2 ya llevan una semana de conflicto rechazando incluso en una asamblea masiva el preacuerdo de la dirección sindical y la empresa. Este es el camino que hay que seguir: asambleas masivas para decidir como seguimos la lucha después del paro.

Hay que unificar todas las luchas y la bronca en una sola gran pelea contra este gobierno antiobrero. Necesitamos un plan de lucha unificado decidido en las bases, desde los barrios, las fábricas, los lugares de trabajo y estudio, que comience con un paro de 48 horas y una movilización masiva contra el gobierno, tomando todos los cuidados sanitarios.

Solo de esta manera podremos comenzar a enfrentar seriamente los ataques del gobierno y abrir perspectivas de derrotarlo sino queremos que sigan profundizando la miseria.

RECUADRO:

¡Que se levante ya la reglamentación del art. 38 que restringe el derecho de protesta!

Debemos exigir el levantamiento de la reglamentación del art. 38 de la Constitución, cuyo único fin real es restringir las movilizaciones. El gobierno “normalizó” casi todas las actividades, viajamos en buses llenos y trabajamos expuestos a contagios, pero no quieren que nos movilicemos. La concentración de los docentes de San José y la marcha del 8M que desafiaron la medida y donde el gobierno no se animó a intervenir, muestran que si luchamos podemos derrotarlo.