¿Qué es la ideología del empoderamiento?

Las teorías del empoderamiento tienen un origen complicado y un desarrollo bastante perverso. Si bien sus primeras formulaciones surgieron en la década de los 70, con los debates sobre dependencia y “modernización” de los países “atrasados”, la retórica y conceptos de la dependencia fueron cooptados por la ONU y muchas ONG directa e indirectamente ligadas a los EEUU para hacer frente el ascenso de las mujeres en lucha.

Por: Florence Oppen de la Voz de los trabajadores de EEUU

En boca de la ONU, el Banco Mundial, las grandes empresas y los académicos e instituciones que promueven hoy la versión oficial del empoderamiento, la lucha de las mujeres por su liberación colectiva de la opresión tiene que avanzar siendo una lucha individual por colocar a mujeres en situaciones de y con poder económico, político o social dentro de la actual estructura capitalista y opresiva:

Si queremos crear unas economías más fuertes, lograr los objetivos de desarrollo y sostenibilidad convenidos internacionalmente y mejorar la calidad de vida de las mujeres, las familias y las comunidades, es fundamental empoderar a las mujeres para que participen plenamente en la vida económica, en todos sus sectores.[1]

¿Cuales son las victorias a las que aspira el empoderamiento y la dicha “tercera ola feminista” que la promueve? Que hayan más mujeres presidentas, más mujeres directoras de empresa, más mujeres actrices y científicas, más mujeres multimillonarias, que más mujeres reciban “microcréditos” en la India para empezar sus negocio o puedan cursar cursos de capacitación para ascender en las empresas. Y todo eso con el objetivo de fortalecer “nuestras economías”, es decir el sistema que explota el trabajo del 99% para el beneficio y la acumulación del 1% – además de destruir el planeta.

Para colmo de la farsa del empoderamiento, sólo hace falta ver el eslogan de la cumbre en Nueva York en este marzo del 2016 organizada por la ONU y las multinacionales agrupadas alrededor del empoderamiento: “Equality Means Business” (Igualdad quiere decir negocio).[2] Toda una declaración de amor imperialista. ¿Y donde quedaron los intereses de las mujeres en todo esto? Es muy obvio que el discurso empoderamiento de las mujeres surgió para frenar, captar y desviar las luchas colectivas de las mujeres y de las organizaciones sindicales por mejorar los derechos de las trabajadoras que estaban en auge en la década de los 70.

El “empowerment”: una vieja ideología con nombre nuevo

El marco implícito de la teoría del empoderamiento es que no hace falta cambiar de sociedad para acabar con el machismo y las demás formas de opresión, sino que las mujeres pueden lograr más “poder” dentro de la sociedad actual. Y además, esa lucha por “el poder”, es decir por ocupar las posiciones de poder político y económico prestigiosas que hoy casi monopolizan los hombres, es una lucha individual y no colectiva.

Más bien, según la ONU, el BM y los gobiernos imperialistas, es una lucha que ya no es lucha, sino que tiene que ver con más educación, talleres, cursos, “trainings”, micro-créditos, becas, asesorías y cosas por el estilo; tienen que ver con esforzarse más en lugar de cuestionar las reglas del juego. El empoderamiento es un proceso que se dirige únicamente a las mujeres de la clase dirigente y a las capas medias (las profesionales) pero en ningún caso a las trabajadoras, aunque tenga una retórica engañosamente abierta.

Básicamente es una versión nueva de la ideología meritocrática que promueve el capitalismo, del “self-made man”, ahora la “self-made woman”; de que si las mujeres se esfuerzan, son duras, y hacen sacrificios, van a poder lograr tener más poder. No es otra cosa sino una nueva forma de celebración del individualismo y una renovación del marco ficticio de la libre competencia.

La teoría del empoderamiento no dice otra cosa sino que el capitalismo debería de desarrollar tácticas y formas especiales para ayudar a la las mujeres a competir con los hombres por los mejores puestos. Para que la mitad de la humanidad, las mujeres, se sienta “más representada” en esta sociedad que las explota, las oprime, las viola y las mata, y por lo tanto para el sistema en su conjunto sea, nos imaginamos, más tolerable.

Lo que importa es para quién se gobierna y cómo

Ahora por ejemplo en la campaña electoral en EEUU tenemos que oír cosas similares de Hillary Clinton y los que la apoyan, las que oímos cuando Cristina Kirchner (Argentina), Laura Chinchilla (Costa Rica), Michelle Bachelet (Chile), Dilma Rousseff (Brasil), o Angela Merkel (Alemania) se presentaban a las elecciones: que su victoria sería, por extensión, la victoria de todas las mujeres y, a veces, que oponerse a su candidatura es ser machista o chovinista.

Ser mujer, no nos hemos hartado de decirlo, no garantiza ningún programa político progresivo, ya que Clinton, mejor amiga de las corporaciones, en particular de Walmart que tiene sanciones por discriminación salarial hacia las mujeres, no es garantía ninguna de que los problemas actuales de la mayoría de las mujeres, que son mujeres trabajadoras y campesinas, se resuelvan. Ni Clinton ni Merkel, (como Tatcher en el pasado) tienen nada de progresivo, son mujeres que vienen de la clase dirigente, con las que las mujeres trabajadoras no tienen la más mínima confluencia.

Y es hora de enfrentar y cuestionar duramente la “política de la identidad”, casi hegemónica desde el giro neoliberal de los 90. Porque la identidad no es política, la identidad es una realidad poco estable, ya que es el producto de relaciones sociales (de clase, género, raza, nacionalidad, sexualidad, construcción de género, etc.). La identidad personal es sólo una superficie más lisa o rugosa sobre la que proyecta o con la que se hace política. Pero la que sí es política es la lucha colectiva, organizada y consciente. Esa sigue siendo la política que organiza nuestra sociedad de clases. Y esa lucha se da de manera deformada en las elecciones. Porque las fuerzas sociales que representan los intereses de las grandes multinacionales y conglomerados financieros se organizan para encontrar un o una candidata político que podrá renovar la promesa de la “democracia”, de la “ilusión”, de la “igualdad” o lo que toque, para aplacar y cooptar las luchas, para obtener un nuevo mandato “democrático” que legitime su actuar. ¿Y nosotras, las trabajadoras y trabajadores, vamos a caer en la farsa de la política de la identidad o vamos a reconocer que hay dos partidos de la burguesía imperialista organizados disputándose el poder político?

Las mujeres trabajadoras y el poder

Para las mujeres trabajadoras, el 99% de las mujeres, el 8 de marzo no debe ser un día de “empoderamiento”, es decir un día para celebrar aquellas que lograron difícilmente insertarse en posiciones de poder y alegrarse por ellas. Debe ser un día para cuestionar las estructuras de poder, y para ser más precisos, para debatir cómo la opresión de las mujeres se combina con la explotación de la clase trabajadora en su conjunto, como esa opresión no es sólo un fenómeno ideológico, sino que tiene una base material: por un lado el invisible trabajo reproductivo (que incluye el trabajo esclavo doméstico) asignado de facto en la familia y por la sociedad a las mujeres, y por el otro la discriminación sistemática de las mujeres que conduce a mayor explotación (salarios más bajos, mayor precariedad, facilidad de despido, trabajos menos cualificados etc.).

Además, por desgracia, la sociedad en la que vivimos, en la que las mujeres trabajadoras deberían simplemente buscar “empoderarse”, se acomoda también muy bien a la violencia machista, que mata a decenas de miles de mujeres, de las violaciones y el acoso, de las ejecuciones de mujeres por casos de infidelidad, de la discriminación de las mujeres no heterosexuales o que no se identifican siquiera como “mujeres” (grandes sectores del colectivo LGBTTI). ¿Es esa la sociedad en la que nos queremos empoderar?

Entonces, la pregunta para este 8 de marzo es: ¿Vamos a buscar el “empoderamiento” individual en esta sociedad, sólo accesible a las capas medias altas, o vamos a organizarnos con el resto de los explotados para tomar el poder y cambiar de sociedad?

[1] http://www.unwomen.org/es/partnerships/businesses-and-foundations/womens-empowerment-principles

[2] http://weprinciples.org/