Diariamente nos dicen: El mundo ha cambiado,  todo por causa del Covid 19. Sin embargo, esta pandemia lo que ha hecho es revelar lo ya existente: las desigualdades en que viven los pueblos principalmente en sociedades capitalistas que agudizan los problemas a partir del enriquecimiento de la burguesía sobre la explotación de la clase trabajadora.

Por: Sonia Viñerta, Secretaria General de la Unión Sindical de Trabajadoras y Trabajadores del Instituto Salvadoreño para el Desarrollo de la Mujer USTTISDEMU e Integrante de la Plataforma de la Clase Trabajadora-PCT.

No estamos en el mismo barco

Se escucha  frecuentemente es estos días  un discurso pro solidaridad,  bajo un supuesto que la pandemia afecta a todas las personas por  igual. Nada más errado que eso. Considerando el factor naturaleza, cualquier persona estaría en probabilidad de contraer el virus pero existen determinantes socioeconómicos que  a aumentarían o   disminuirían esa probabilidad.  A manera de  ejemplo, si la movilidad de la personas ocurre en transporte publico la probabilidad aumenta exponencialmente comparativamente a quienes lo hacen en vehículo propio. Asi mismo, una familia que   viva hacinaba con pocos metros por persona, frente a otras que disponga de espacio suficiente, con habitaciones propias para cada miembro de la familia,  el contagio puede ser mas controlado con medidas preventivas, tal como ocurre entre quienes  cuentan con recursos económicos para comprar permanentemente guantes, mascarilla o gel de excelente  calidad  y aquellas personas que apenas han logrado obtener estos productos para su poco uso y/ o de baja calidad o elaborar mascarillas de manera artesanal. Por tanto, la ubicación en la pirámide social y económica asegura fuertes o débiles medidas para  procurarse la salud o enfermedad, la condición de clase está siempre presente.

Género y Clase en la Pandemia

En esta pandemia también se ha evidenciado la opresión que enfrentan las mujeres trabajadoras a partir de ser obligadas  a realizar  en casa, tanto las tareas reproductivas como las productivas, en especial a quienes se les exigió para ser merecedoras de un salario el “Teletrabajo”. Las mujeres en situaciones de crisis son responsables mayoritarias del cuidado y atención  de la niñez, la adultez mayor y personas con  enfermedades, casi siempre  en detrimento de su calidad de vida,  sin que el Estado ni gobierno apliquen  políticas públicas   efectivas para el alivio de la explotación doméstica familiar de las mujeres  o puesta en práctica real de la corresponsabilidad familiar, aun cuando El Salvador dispone de un  conjunto de leyes que les mandata hacerlo, éstas son ignoradas flagrantemente.

Durante esta Emergencia Nacional, las mujeres han tenido que permanecer en sus casas donde el uso del tiempo  en diferenciado, ya que mas del 90% de las tareas reproductivas son realizadas por niñas y mujeres, basadas estas responsabilidades  en los roles tradicionalmente asignados, teniendo que responder simultáneamente a sus empresas o instituciones.  Esto  dio al gobierno la oportunidad de iniciar la aplicación, sin estar vigente,  de la Ley de Teletrabajo, poniendo las mujeres, y hombres también, sus recursos a disposición del Estado y las empresas. Todo este escenario ha implicado desgaste físico, mental y económico  para las mujeres especialmente las  trabajadoras.

La otra pandemia: la violencia machista.

Los hechos de violencia contra las mujeres  durante la cuarentena a causa de la pandemia por COVID 19 se han elevado, constituyendo otra pandemia dentro de la primera, en especial los relacionados a la violencia intrafamiliar, violencia sexual y feminicidios que se cometieron contra mujeres jóvenes y adultas mayores.

El problema de violencia como forma de opresión del régimen y estado burgués, no se limita a las violencias señaladas cometidas por personas particulares, individuales sino que se ven enfrentadas a la violencia del Estado, “cometida por sus agentes” tal como lo señalan  instrumentos internacionales, quedando expuesta esa forma cuando representantes del Ejecutivo hablan de la eficacia de sus planes contra la violencia social pero  sin relevancia a la que enfrentan las mujeres; sin dar a conocer datos reales; sin  pronunciarse en contra, sin reconocer con el enfoque apropiado sobre  feminicios,  significando una preocupación por la posición oficial carente  de cientificidad. Además, durante todo lo que va de la Emergencia se ha ignorado a  la institución Rectora del Estado encargada de  dirigir y aplicar las políticas de igualdad  para la garantía de los derechos humanos de las mujeres,  lo que puede limitar aun  mas el accionar del Ejecutivo, a   pesar de toda la evidencia estadística, científica y empírica que da cuenta de la existencia real y grave de la violencia y discriminación contra las mujeres y los compromisos internacionales de Estado que en esta materia deben cumplirse.

El impacto desigual en la mujer trabajadora

La pobreza que esta provocando la Pandemia,  agravada con los despidos, las suspensiones,  el impago salarial o los cierres de empresa,  tiene a su base la estructura de explotación del modelo económico el cual genera miles de  Trabajadoras al borde de la supervivencia y la extrema pobreza, porque muchas ya vivían en precarias condiciones  y para quienes ahora, a casi 3 meses de cuarentena, es imposible hablar de una  canasta básica o renta básica universal en El Salvador ya que  por ahora es un sueño.

Existen sectores de la producción nacional en la que predomina la presencia de mujeres, mismas que han sido cerradas como las  maquilas, mercados, pequeños negocios, entre otros y que están por caer, sino es que ya, por debajo del umbral de pobreza al haberse agotado los recursos de las familias. Las medidas de alivio o compensatorias , tanto económicas  como alimentarias  no han logrado  llegar a toda  la población vulnerable, dentro de las cuales se encuentran las mujeres y dichas medidas, a pesar de las buenas intenciones que pudiera tener el gobierno, han resultado insuficientes ante el  tiempo que las mujeres estan sin percibir ingresos.

De acuerdo al PNUD, existen seis privaciones relacionadas con lo que denominan el Índice de Pobreza Multidimensional (IPM) que da cuenta de: 1-acceso a agua potable, 2-acceso a servicios de salud, 3- el hacinamiento, 4-acceso a saneamiento, 5-el subempleo y el 6-acceso a la seguridad social. Estima que el 85.8 % de los hogares nacionales sufren de al menos una de las seis privaciones señaladas, lo cual equivale a más de 1.6 millones de hogares. A este dato en tiempo ordinario habrá que agregarle los efectos de la  pandemia en hogares cuyas  jefaturas  son mujeres: representan 31.1 % del total de hogares a nivel nacional y casi 230 mil hogares.

Contradictoriamente los mismos  organismos financieros  internacionales, entre estos el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), sostiene que la pobreza en El Salvador se incrementaría de un 28 % a un 39 %. En esta estimación, el  número de personas pobres en el país se podría incrementar en 600,000, cuyo impacto también será hacia el 31.1% de los hogares jefeados por mujeres en su mayoría con una inserción laboral mas precarizada, por trabajo en la informalidad, sin seguro social, menor salario. Todo esto antes de la pandemia y con esta,  el panorama para las mujeres es sombrío ante la ausencia de capacidad estatal para procurar una vida digna y un ejercicio pleno de derechos.

Los efectos de la pandemia  que agudizan no solo  la situación  de salud sino también   la social, económica y política,  aun cuando ningún país ha logrado controlar plenamente,  en gobiernos con intereses  capitalistas  las consecuencias para las mujeres de la Clase Trabajadora no son prevenibles por que las prioridades de las políticas publicas  y planes gubernamentales  no corresponden a los intereses por las grandes mayorías.

Unidad de Clase y Organización, la única salida para las mujeres de la Clase Trabajadora

Queda entonces la urgente necesidad  que la Clase Trabajadora se re agrupe  organizadamente para seguir en  lucha  por condiciones de vida dignas y justas; oportunidades y beneficios porque es quien hacen producir la riqueza de los países,  las empresas  y  por consecuencia las reivindicaciones de las Trabajadoras también son determinantes  para su  desarrollo y de los pueblos por lo cual  son irrenunciables.