¿Cuántas semanas has tenido tu hogar sin agua potable? ¿Cuánto has pagado por un acceder a un barril, si tienes suerte de que una camión pipa llegue a tu colonia?

Por: Plataforma de la Clase Trabajadora

Mientras cientos de familias salvadoreñas atraviesan días de angustia sin agua, existen lugares en El Salvador que tienen acceso a miles de litros para producir sus ganancias, ejemplo de ello es la industria de caña de azúcar y el monopolio de agua embotellada.

Según estudios de economistas salvadoreños, empresas de la industria de caña como COAGRI S.A de C.V disponen de más de 9 mil litros de agua por segundo comparado con la Zona metropolitana de San Salvador que accede a 5mil 588 litros por segundo, manteniendo una profunda desigualdad y sobreponiendo los intereses de las mega empresas ante los miles de hogares salvadoreños, la situación de la zona rural es mucho peor, más de 600 mil personas no tienen acceso al agua potable y cientos de miles más tienen acceso limitado o intermitente, según un estudio de National Geographics.

Los permisos de extracción de agua en los ríos, es una constante que sean otorgados por el Ministerio de Medio Ambiente, y esta situación no es nueva. Desde gestiones anteriores hasta el actual las empresas especialmente azucareras (quienes utilizan glisofato, causante de enfermedades renales crónicas) han venido realizando esta práctica y representan en su actividad el 36% de superficie regadas por cultivo en todo el país.

El agua es un derecho no una mercancía.

Es de esta forma que el agua está siendo manejada como una mercancía, al servicio del mercado porque es priorizada para usos empresariales y de privilegio en zonas de lujo como el campo de golf El Encanto Country club, situado en el departamento de  La Libertad o la industria cañera o de bebidas carbonatadas como la Coca Cola Company.

Esta realidad contrasta con la de amplios sectores de la población salvadoreña que tienen un poco o nulo acceso al agua y cuando lo tienen es, en condiciones no aptas para el consumo gracias al alto nivel de contaminación provocado por las grandes empresas que desechan sus tóxicos en los ríos y lagos, ésta ha sido un constante de conflicto para toda la población especialmente para los más pobres, quienes semana a semana, salen a manifestarse por el no acceso al vital líquido.

Con esta problemática nos venden y justifican la idea que un “ente privado” es la solución, sin embargo es absurdo, hipócrita y contradictorio, porque precisamente la propiedad privada y sus monopolios son los que impiden el derecho al agua a toda la clase trabajadora.

¿Capitalismo sostenible?

Es por esta razón que de manera inmediata es urgente una política que garantice el derecho humano al agua, como diversas organizaciones lo exigen, ésta política debe contener un control estricto y real de los permisos y sancione drásticas a quienes violen los mismos para evitar contaminación y privilegios empresariales.

Sostenemos que la solución para tener ríos limpios y agua en estado apto para toda la población pasa por acabar con el actual sistema de producción, no puede haber medidas “verdes” contra el cambio climático si mantenemos el sistema capitalista que convierte todo a su paso en mercancías.

Sin duda nuestro aporte individual para no contaminar es esencial, pero repetimos que la acción individual, no resuelve el problema estructural, ya que atravesamos un momento de la historia donde la naturaleza nos comunica que lo que hagamos o dejemos hacer impactará en hechos irreversibles, ahora urge seguir y apoyar la lucha de nuestros pueblos indígenas que desde siempre han defendido las tierras y los recursos naturales para el bien colectivo, no es casual que para la cultura indígena esta sea conocida y respectada como la Pachamama, “madre tierra”.

El problema del agua es un problema de clase

Esas tierras que están controladas por la gran burguesía extractivista, son las que  necesitamos expropiar para colectivizarlas cuidarlas y mantenerlas al servicio y necesidades de miles de familias de la clase trabajadora del campo y la ciudad.

La lucha por el agua no debe ser una bandera electoral o palanca de ningún partido burgués, sino debe ser una lucha independiente de los sectores opresores. La clase trabajadora, comunidades, sindicatos, colectivos y todos los sectores populares debemos de tener unidad para defender este derecho.

Especial mención merece la lucha de las comunidades en el Río Sensunapan, que luchan contra la octava hidroeléctrica, no sumamos a su lucha de defensa del río, de la pachamama.

¡EL AGUA ES UN DERECHO NO UNA MERCANCÍA!

¡LA DEFENSA DE LA NATURALEZA ES TAMBIÉN LUCHA DE CLASES!

¡NO MÁS EXTRACCIÓN DE NUESTROS RIOS PARA BENEFICIO DE LAS MEGA EMPRESAS!