El Salvador al igual que el resto del mundo está siendo golpeado por el COVID19. Principalmente la Clase Trabajadora se encuentra enfrentando una verdadera barbarie ante la coyuntura desatada a partir del impacto de la Pandemia del COVID19 en nuestra tierra, esta crisis sanitaria, ya se ha convertido en una crisis económica, política y social, y vuelve a poner en contexto aquella máxima de Rosa Luxemburgo “Socialismo o Barbarie”.

Por Plataforma de la Clase Trabajadora- El Salvador

Los contagios en El Salvador según cifras oficiales ya se acercan a los 15,000 casos confirmados, 12,000 casos sospechosos y las 500 muertes, sin embargo, el mismo gobierno ha reconocido que el subregistro podría ser de 10 veces estas cifras. Cada día alrededor de nosotros muere un conocido o familiar, nos enteramos que una compañera o compañero de trabajo está bajo sospechas, y en el mejor de los casos algún conocido vence al virus, pero el virus se hace acompañar además del drama humano con despidos, suspensiones de contratos laborales, reducción de salarios, aumentos de jornada laboral, incremento de metas, teletrabajo y pérdida de beneficios para la clase trabajadora.

El capitalismo mata a través del virus.

Se nos dice a diario que el virus es mortal, que existe un grupo de riesgo, que debemos de cuidarnos, de “quedarnos en casa”, sin embargo se nos oculta que principalmente la mayoría de muertos, despedidos, desmejorados salarialmente y en fin los afectados directo por la pandemia son las personas de la Clase Trabajadora, y esto es así porque la naturaleza del capitalismo es, la búsqueda de la máxima ganancia para la burguesía a costa de las vidas de la Clase Trabajadora.

Si la economía estuviese al servicio de la vida y no de la ganancia, se podría tener una cuarentena del tiempo que fuese necesario, garantizando la alimentación y la salud de toda la población además de mantener los salarios y la estabilidad laboral. Que la industria textil y la industria química farmaceútica (que en nuestro país es muy fuerte) estuviese al servicio de dotar a la totalidad de la población de medicamentos, vitaminas, equipos de protección personal a fin  minimizar los contagios y los grandes medios de comunicación estarían enfocados en una agresiva campaña de información y educación a la población, sobre las medidas de prevención y cuidados en casa. Pero esto en el capitalismo no es posible.

Al ser nuestro país una sociedad capitalista, dirigida y encaminada a generar la máxima ganancia para que la burguesía se la apropie a costa del trabajo de miles de personas, la empresa privada ha despedido cerca de 80,000 trabajadores según cifras conservadoras y además ha empujado a la reapertura económica a través de sus tentáculos en los partidos ARENA, FMLN, PDC, PCN en la Asamblea Legislativa y sus magistrados en la Corte Suprema de Justicia. Por otro lado el gobierno central encabezado por Nayib Bukele, impulsó una ley de emergencia que suavizó los controles para el manejo de fondos públicos y ya comienzan a salir a la luz algunos grandes negocios de empresas de sus ministros que se han beneficiado con millones de dólares. Bajo la cobertura del cuidado de la población en general, han utilizado el estado como botín, además de aumentar la represión y su estilo autoritario de gobierno, apoyándose cada vez más en las fuerzas armadas y, como el mismo presidente dice, “esto apenas empieza”.

Por lo tanto, es mentira que el gobierno de Bukele o los partidos políticos burgueses, estén interesados en la población, cada quien desde su trinchera están trabajando para seguir garantizando las ganancias de las grandes empresas, más que en salvar la vida de millones de trabajadores. Es el capitalismo que mata, ahora a través del coronavirus y con el pretexto del mismo.

La pandemia del coronavirus evidencia la lucha de clases y la desigualdad en el sistema capitalista.

Por décadas en El Salvador los gobiernos capitalistas neoliberales de ARENA y FMLN, dieron apertura cada vez más al afán de lucro de la burguesía nacional e internacional a través de la privatización de servicios que eran prestados por empresas públicas. Recordamos el caso de las telecomunicaciones, la distribución de la energía eléctrica, la Banca, se eliminó el Instituto Regulador de Abastecimiento, que ejercía control de precios en los productos de la canasta básica, se eliminó la moneda nacional, y una serie de medidas para favorecer la entrega de las empresas del pueblo a la empresa privada nacional y transnacional, incluso trasladando la prestación de servicios de las instituciones públicas, como es el caso de los asocios públicos privados.

Esta política de saqueo fue deteriorando nuestro sistema nacional de salud, los planes de austeridad de los gobiernos cortaron los presupuestos de la salud pública, y de no ser por la lucha decidida de los trabajadores, médicos y usuarios del seguro social en el año 2001, con las jornadas de lucha conocidas como “las marchas blancas” que impidieron la privatización, estaríamos en una situación peor.

Pero la precarización del sistema de salud encabezada por estos gobiernos es la verdadera responsable de las ya centenas de muertes en nuestro país. Pero no mueren todos, ni se contagian todos, la pandemia tiene un signo de clase,  las muertes tienen etiqueta de obrero de la construcción, de trabajadoras del hogar, de trabajador por cuenta propia, de trabajadora de supermercado, de cajera de banco, de empleado público, que es obligado incluso a hacer cosas que no le competen, de trabajador de salud desprotegido y enviado al combate del virus sin equipos de protección suficientes y eficientes, de pensionad, en fin las muertes por Coronavirus son de la Clase Trabajadora, que de tener la suerte de estar insertados en la economía formal cotizan a la seguridad social y pueden tener atención de salud en el ISSS con un poco de mejor calidad y de no ser así son atendidos en el sistema nacional de salud, ambos sistemas ya colapsados a estas alturas de la Pandemia.

En conclusión los muertos y contagiados son principalmente los trabajadores: el pueblo pobre, los ricos, la burguesía están siendo protegidos por hospitales y unidades de cuidados intensivos privadas o incluso en el extranjero, tienen acceso a tratamientos y pueden hacer cuarentena domiciliar, con alimentación y con todas las medidas de bioseguridad, al contrario la clase trabajadora debe de elaborar sus mascarillas a partir de ropa vieja o en el mejor de los casos usar las mascarillas quirúrgicas hasta por un mes, a veces en sus colonias no hay agua potable, y no tiene para comprar alcohol gel o amoniaco cuaternario. En esta realidad capitalista la gran burguesía no tendrá dificultad en ser atendida en los hospitales privados y la Clase Trabajadora morirá por falta de Unidades de Cuidados Intensivos.

La clase trabajadora del sector salud está siendo grandemente afectada en esta situación, se enfrenta en la primera línea sin las armas necesarias. Es como cuando se envía un soldado a la guerra sin fusil. Hemos visto y somos testigos de la multitud de denuncias de quienes trabajan en salud y del abandono al que son dejados. Hay toda una maquinaria de propaganda gubernamental que quiere convencer a la población de que el estado si protege a los que trabajan en salud, llamándoles “héroes”, pero la realidad es otra pues muchos siguen invirtiendo de sus propios bolsillos para adquirir sus equipos de protección personal, las jefaturas obligan a realizar funciones sin equipos de seguridad adecuados para el riesgo, como traslado de pacientes sin equipos tipo 3; cuando se tiene la suerte de recibir algún equipo de protección de parte del gobierno, resulta no sólo insuficiente pero también inadecuado por su calidad y por su cantidad. Todavía a estas alturas nos seguimos dando cuenta de que se obliga a reciclar equipos que deben ser descartables. Ya se habla que somos el país centroamericano con la tasa más alta de muertes de personal de salud por total de casos positivos. Y si comparamos con las estadísticas estadounidenses, la situación es todavía más triste y dramática pues hablamos de un 2% para los EEUU y de un 20% para el caso de nuestro país.

La pandemia beneficia a los sectores burgueses que logran reconvertirse y afecta a los trabajadores por cuenta propia y pequeños negocios.

En medio de la pandemia que para la Clase Trabajadora es hambre, dolor y luto, la gran burguesía como clase parasitaria aprovecha para incrementar su capital, ya sea por la vía de la reducción de su costos laborales a través de la reducción de su planilla laboral, suspensión de contratos, eliminación de beneficios a los trabajadores, reducción de salarios, entre otras medidas; como la reconversión de las empresas que tienen la capacidad de adaptarse, transformando sus empresas, subsumiendo a los pequeños negocios para que sean sus distribuidores, además de implementar el teletrabajo sin regulación y eliminando conquistas laborales históricas, las grandes empresas distribuidoras de alimentos como Callejas, Wallmart o la industria farmacéutica, entre otras han incrementado exponencialmente sus ganancias, mientras miles de micros y pequeñas empresas quiebran y al ser estas el 99% del parque empresarial y que ocupan a cerca del 40% de la población económicamente activa, se instala como consecuencia directa de la imposibilidad del capitalismo de atender la crisis sanitaria por el COVID19: La crisis económica. Sin embargo, esta crisis capitalista en el mundo y en el país, ya estaba instalada y no terminaba de sobreponerse desde 2008, lo más grave es que según estimaciones de varios economistas reconocidos, esta situación está llevándonos a una nueva recesión mundial incluso con consecuencias más graves que la crisis de 1929.

El manejo de la pandemia expresión de la lucha de clases:

El gobierno de Nayib Bukele toma medidas para proteger a la gran empresa a pesar que mantiene un “enfrentamiento” aparente con la ANEP.

Para el actual gobierno de Nayib Bukele, la pandemia ha servido para fortalecer su carácter populista al construir con su aparato ideológico la figura del “padre abnegado que quiere cuidar de sus hijos”, sin embargo, en los hechos ha demostrado estar siempre al servicio de la burguesía, además de dejar claro que en este gobierno quienes siguen mandando son las familias más acaudaladas de la gran burguesía salvadoreña.

En medio de una “supuesta” confrontación con la Asociación Nacional de la Empresa Privada-ANEP y las fracciones de ARENA y FMLN en la Asamblea Legislativa por obtener una cuarentena “estricta”, un régimen de excepción y por un plan de reapertura económica que supuestamente “privilegiaría la vida”. El presidente Bukele se reunió con los dueños del país, las principales cabezas de importantes conglomerados empresariales de la región centroamericana, en dicha reunión estuvieron presentes Ricardo Poma (grupo Poma), Roberto Murray Meza (Grupo Agrisal), Francisco Calleja (Grupo Calleja), Roberto Kriete (Kingsland Holdings y AVIANCA), Alexandra Araujo (INCAE), Mario Salaverría (Asociación Azucarera de El Salvador), Victor José Saca (Industria farmaceútica VIJOSA), Andrés Tesak (Servicios Financieros y Bocadeli), Diego de Sola (De Sola Groups-Inversiones Bolivar), Eduardo Alfaro (Hencorp-sector financiero y Bolsa de valores de El Salvador) entre otros, además de tanques de pensamiento de la derecha salvadoreña y centroamericana como la  Escuela Superior de Economía y Negocios-ESEN y el Instituto Centroamericano de Administración de Empresas-INCAE.

Producto de esta reunión se aprobó una ley de cuarentena obligatoria por 15 días y un plan de reapertura económica; dos puntos que no fue posible desentrampar en sendas reuniones con la oposición, se acordaron en una tarde con la gran burguesía del país.

Apertura económica y doble discurso del Ministerio de Trabajo

En el marco de la cuarentena obligatoria y en la primera fase de la reapertura económica el gobierno a través de su ministro de trabajo ha planteado que será duro con las empresas que no cumplan los derechos laborales, que no se permitirían despidos, ni suspensiones de contratos, ni desmejoras en las condiciones laborales. Pero ya se cuentan por miles los despidos, además de disminuciones salariales y muchos abusos a la clase trabajadora, mientras el ministro de trabajo aparece respaldando a empresarios de maquilas estadounidenses que supuestamente cumplen los protocolos de bioseguridad, mientras las obreras de Florenzi S.A. de C.V. exigen que el ministerio de trabajo cumpla su rol y se le indemnice conforme a la ley.

Plan de apoyo millonario a la gran empresa privada y migajas a la clase trabajadora.

El gobierno de Nayib Bukele además aprobó un plan millonario de apoyo a la gran empresa, pero éste se ha vendido como plan de apoyo a las MIPYMES; sin embargo es apoyo directo para la gran empresa, este apoyo se divide en tres programas: 140 millones de dólares subsidio para la mitad de la planilla de dos meses de las empresas inscritas como patrono en el instituto salvadoreño del seguro social, 360 millones de dólares en créditos flexibles para capital de trabajo de las empresas formales, y únicamente 100 millones de dólares para supuestamente el “sector informal” en créditos blandos, sin embargo debe de estar calificados como categoría A o B en el sistema financiero, un sueño para muchos trabajadores por cuenta propia. En conclusión, se otorgan 500 millones para la gran empresa y miseria para la clase trabajadora.

Es importante destacar que este plan de reactivación económica fue diseñado entre el gobierno y la Asociación Nacional de la Empresa Privada, este fue presentado además de la Ministra de Economía Maria Luisa Hayem, por el presidente de la ANEP en aquel momento, Luis Cardenal; el presidente de la Cámara Agropecuaria y Agroindustrial (CAMAGRO), Agustín Martínez; el presidente de la Asociación de Distribuidores de El Salvador (ADES), José Mayorga; el presidente de la Asociación Salvadoreña de Radiodifusores (ASDER), Manuel Flores; el presidente de la Asociación Salvadoreña de Beneficiadores y Exportadores (ABECAFÉ), Juan Francisco de Sola; el presidente de la Asociación Azucarera, Mario Salaverría; y el presidente de la Corporación de Exportadores de El Salvador (COEXPORT), Marvin Melgar. Ninguna de las medidas fue discutida o diseñada con las micro y pequeñas empresas, los trabajadores por cuenta propia o las confederaciones, federaciones y sindicatos de la clase trabajadora.

Por otro lado, mientras se incrementan a diario los despidos, el gobierno reparte una canasta de víveres que podría durar una semana, para una familia de 5 personas, mientras otorga un subsidio millonario a las grandes empresas.

Corrupción en beneficio de las empresas de sus allegados, en el marco de la emergencia nacional.

Por si todo lo anterior fuera poco, comenzamos a enterarnos de terribles escándalos de corrupción en el manejo de los fondos de la emergencia nacional, compra de insumos médicos, equipos de protección, mascarillas, caretas, botas, entre otras, que el gobierno a través de sus ministros han comprado a empresas propias o de familiares, es el caso de Jorge Aguilar quien fue removido de su cargo como presidente del Fondo Nacional Ambiental de El Salvador-FONAES, o el caso del actual Ministro Francisco Alabi, o el Viceministro de Hacienda Alejandro Zelaya; y ya se cuentan por montones estos casos de corrupción, en beneficio de las empresas del grupo allegado a Nayib Bukele. Con estos ejemplos podemos reconocer el carácter de clase de este gobierno y como sigue sirviendo a los intereses de la gran burguesía y no de los trabajadores.

Incremento de la deuda y compromisos con los organismos financieros internacionales.

Todos estos planes se han financiado principalmente con dinero de la deuda, que actualmente representa ya el 90% del producto interno bruto, esto amenaza aún más la ya precaria situación de la clase trabajadora salvadoreña, ya se han iniciado las conversaciones con el Fondo Monetario Internacional para firmar un acuerdo precautorio que obligaría al gobierno a realizar un duro ajuste fiscal que implicaría reducción del gasto público e incremento de los impuestos, en conclusión mas recortes de los beneficios de la población, como subsidios a los servicios públicos, despidos de empleados del sector público, aumento del impuesto al valor agregado y nuevos impuestos, reducción de los presupuestos de salud, educación y seguridad, entre otras medidas.

Ante esta situación cual debe ser el papel de los revolucionarios y trabajadores organizados

Otra de las realidades de la pandemia ha sido el silencio de las organizaciones de la clase trabajadora, los sindicatos, federaciones y confederaciones están paralizados, mudos y ciegos ante tanto atropello, no hemos visto a los grandes dirigentes pronunciarse desde una posición de clase, los despedidos y suspendidos, no encuentran apoyo ni en sus propias organizaciones sindicales y las organizaciones de los trabajadores del sector público que tienen garantizado el pago de su salario, viven una cuarentena cómoda y no se solidarizan con el drama humano que enfrentan los trabajadores del sector privado y por cuenta propia.

Por  otro lado el gobierno aprovechando la crisis, ha cooptado a un minoritario sector de sindicatos del sector salud y otros tantos dirigentes del sector público y ha organizado un núcleo de apoyo en la clase trabajadora, que se ha dedicado a defender e impulsar las medidas del gobierno y a mirar a otro lado ante los graves problemas del país.

La debacle política y electoral del fmln ha impactado en sus sindicatos satélites, que ante no tener una línea clara de acción o al no verse beneficiados directamente, cambian de partido político dirigente y ahora siguen los deseos de nuevas ideas, apareciendo incluso sus dirigentes en las nómicas a alcaldes a diputados por este partido, mientras la lucha real de los trabajadores ha pasado a segundo plano.

Por otro lado hay un grupo minoritario de organizaciones sindicales que intentan mantener una postura clasista, independiente y combativa, acompañando y promoviendo la movilización de los trabajadores, acompañando los grupos de despedidos y pronunciándose en contra de las medidas del gobierno, pero es una posición aún muy débil, producto de la desideologización, dispersión y atomización de las organizaciones de la clase trabajadora, las pequeñas organizaciones que se reivindican revolucionaria tampoco han aparecido en escena son pocas las posiciones políticas que se logran conocer y su accionar en la pandemia es anulado por la avalancha de la propaganda gubernamental y de los partidos políticos burgueses.

Es por esto que creemos que el único camino es la unidad de los revolucionarios salvadoreños y la consolidación de un bloque sindical clasista e independiente y combativo, que se organice en su propio partido de la clase trabajadora, en torno a un programa de emergencia de la Clase Trabajadora para enfrentar esta crisis sanitaria, económica, política y social, que no se logrará a través de las elecciones, el parlamento o la democracia burguesa, sino por la movilización y la lucha de los trabajadores organizados y sus aliados, es por esto que proponemos las siguientes medidas para un Programa de Emergencia de la Clase Trabajadora y a partir de éste nuclear a los revolucionarios salvadoreños.

Programa de emergencia de la Clase para enfrentar la crisis

Nosotros defendemos que la vida de los trabajadores es más importante que las ganancias de las grandes empresas. Por eso, proponemos un programa anticapitalista para enfrentar esta crisis.

  • La única medida real para contener el desarrollo de la pandemia, ante la ausencia de tratamiento médico y vacunas, siendo las personas el vector que transmite el virus es el aislamiento social, es decir la cuarentena manteniendo al pueblo trabajador en sus casas. impulsamos el derecho a quedarse en casa, pero manteniendo el salario y la alimentación para todos los trabajadores. Es un absurdo que el gobierno impuse el aislamiento social, pero mantengan las fábricas, bancos y otras industrias funcionando.

Defendemos la paralización de todas las empresas, con excepción de las volcadas a la producción de alimentos, medicamentos y productos farmacéuticos y equipos de protección necesarios para enfrentar la crisis. Los trabajadores de esas empresas y trabajadores de salud y seguridad deben estar protegidos en su trabajo con equipos de protección adecuados para cada nivel de riesgo.

  • Los trabajadores por cuenta propia deben parar de trabajar pero sin morir de hambre: se deberá de dotar de un subsidio igual al salario mínimo de un trabajador, para todos los que no tienen trabajo o no pueden más trabajar, incluyendo los autónomos, del comercio, artesanos y por cuenta propia y los trabajadores agrícolas.
  • Quedarse en casa sigue siendo una necesidad imperiosa en esta pandemia. Pero, ¿cual casa? Una gran parte de los trabajadores vive en casas insalubres, con muchas personas, incluyendo niños y viejos. impulsamos la expropiación de las casas y apartamentos deshabitados, así como de los hoteles, para el alojamiento de los que no tienen casa.
  • Atención médica gratuita y general para toda la población, utilización de los edificios que fuese necesario, adecuación de emergencia para hospitales y puestos de salud, así como tomar control por parte del estado de los hospitales privados y ponerlos al servicio de la población en general. Estatización de los servicios de salud, con expropiación de los hospitales privados y de toda la red de Unidades de Cuidados Intensivos.
  • Distribución gratuita de alcohol gel, mascarillas y medicamentos para la población.
  • Aplicación completa y gratuita de la prueba del coronavirus en todos los pacientes enfermos y en las zonas más afectadas, y de ser posible a la mayoría de la población, así como a la totalidad de los trabajadores de salud y seguridad. Eso es esencial para el diagnóstico de casos con pocos o ningún síntoma, que diseminan la enfermedad, sin esta medida no se puede saber el número real de infectados y mucho menos controlar la enfermedad.
  • Expropiación de la industria farmacéutica para garantizar la fabricación y distribución gratuita de medicamentos para la población.
  • Restringir el acceso a la tierra a la Agroindustria Privada (Azucarera, de Cereales, entre otros), que producen prioritariamente para la exportación; y garantizar su acceso a las campesinas y campesinos, por ser quienes contribuyen con su producción a la canasta alimentaria de la población salvadoreña. Por otra parte, el Estado debe subsidiar su producción y proporcionarles el paquete tecnológico agrícola y biosanitario necesario para la generación de alimentos. Para mitigar la crisis alimentaria desencadenada por la Pandemia del COVID – 19.
  • Es necesario reactivar el IRA para poder suplir el programa de apoyo alimentario a la clase trabajadora y poner a disposición de la población alimentos a bajo costo.
  • Para financiar este plan se dirá que no hay dinero suficiente. Sin embargo, si existe. Para eso es preciso revertir los planes económicos neoliberales. Basta de entregar dinero para las grandes empresas. Es hora de usar ese dinero para salvar la vida de los trabajadores y no para aumentar las ganancias para las empresas. No al pago de la deuda externa, rompimiento de los acuerdos con los organismos financieros internacionales, y usar este dinero para financiar los planes económicos para garantizar empleos y salarios para los trabajadores, así como los planes de salud de emergencia para el país.

Es necesario cambiar el sistema económico para responder a la catástrofe que nos amenaza.

Es urgente aplicar un plan de emergencia, bajo control de los trabajadores para enfrentar la pandemia.

Nuestro país puede ser completamente diferente si la economía es volcada para responder a las necesidades de los trabajadores y no para las ganancias de las grandes empresas. Por eso defendemos el socialismo, con la expropiación de las grandes empresas, la planificación de la economía y una democracia de la Clase Trabajadora.

¡PARA DETENER LA PANDEMIA, DESTRUYAMOS EL CAPITALISMO!

¡CONSTRUYAMOS LA ALTERNATIVA POLÍTICA DE LA CLASE TRABAJADORA!

¡SOCIALISMO O BARBARIE! 

PLATAFORMA DE LA CLASE TRABAJADORA

San Salvador, 20 de Julio de 2020