Desde hace cinco años, el ejército brasileño lidera una ocupación militar contra el país más pobre de las Américas. Al contrario de lo que se dice, las tropas no están allá para ofrecer una supuesta «ayuda humanitaria» al pueblo haitiano. Por el contrario, en estos años, han acumulado una gran cantidad de denuncias de violación a los derechos humanos y de represión a las luchas de los trabajadores.


 


El 15 de octubre, el Consejo de Seguridad de la ONU (Organización de Naciones Unidas) va a renovar la permanencia o no de la Misión de Estabilización de Haití (Minustah). Entrevistamos Franck Seguy, activista haitiano de la ASID (Asociación Universitaria Dessaliniana), organización que actúa en la universidad pública del país y que, recientemente, estuvo al lado de los trabajadores en las luchas por aumento de sueldo. Los activistas de la ASID han conocido la «mano pesada» de la represión conducida por la Minustah: muchos fueron presos o quedaron heridos durante la reciente jornada de luchas.



El Consejo de Seguridad de la ONU vota en los próximos días la permanencia de la misión en Haiti. ¿Qué balance hace la ASID de la ocupación? ¿Qué piensa usted sobre la posible permanencia de las tropas?



FS: En primer lugar, quiero decir que el pueblo haitiano no tiene más ilusiones sobre el papel de la Minustah. Quedó claro para el pueblo que la misión tiene el papel de reprimirlo, para asegurar el capital transnacional que es invertido en el país. El discurso de «misión de paz», «ayuda humanitaria», etc., no engaña más. Cinco años ya han pasado y nada cambió de manera positiva. Todos los cambios que ocurrieron en Haití fueron negativos. La presencia militar empeoró mucho la situación. El pueblo sufre con la represión. Cada vez que la ONU vota la renovación, viene con ese argumento de «misión de paz». Pero Haití no vive una guerra. No hay un conflicto militar de un grupo contra otro. Lo que tenemos en Haití es una misión que está asegurando los negocios del capital transnacional, reprimiendo el pueblo.


La miseria en Haití es grande. Ponen fuerzas armadas para asegurar cualquier explosión. Para comprobar lo que estoy diciendo, basta ver los acontecimientos desde mayo hasta ahora. La clase trabajadora del país pasó dos años luchando por el reajuste de su sueldo. El salario mínimo era de menos de 2 dólares por día. En 2007, un diputado propuso una ley para reajustar ese sueldo, pero el proyecto tardó dos años para ser evaluado en el Congreso. En mayo de este año, la ley fue aprobada. Pero la burguesía no la aceptó. El presidente tenía entonces dos posibilidades: derribar la ley o sancionarla. Cumpliendo su papel de felpudo de la burguesía, el presidente reenvío el proyecto al Congreso para ser reevaluado. Todo eso generó una situación de lucha entre los trabajadores. ¿Cuál fue el papel de la Minustah en esa situación? Reprimió todas las luchas de los trabajadores que exigían aumento del sueldo. ¿Qué sucedió después? Una misión de empresarios brasileños llega a Haití a finales de septiembre para identificar los sitios donde implantar las maquiladoras [industrias textiles que se aprovechan de la mano de obra barata].
Los Estados Unidos aprobaron una ley llamada Hope [Haitian Opportunity For EconomicEnhancement] que permite que los productos industriales fabricados en Haití lleguen a EE UU sin tributación de impuestos. Esa ley va a beneficiar a los empresarios brasileños que están invirtiendo en Haití y podrán vender sus mercancías a EE UU., sin tasas aduaneras. La verdadera razón de que la Minustah reprima al pueblo es mantener el salario mínimo barato para beneficiar a los empresarios brasileños. En Brasil, el salario mínimo es de poco más de 450 reales (230 dólares). En Haiti es mucho más bajo.



Recientemente, el ex presidente Bill Clinton visitó Haití. En esa ocasión, miembros de su delegación dijeron que Haití podría ser una opción «más barata» que China para los empresarios norteamericanos…


 


FS: Él tiene razón. Como se ve, su preocupación no es con el pueblo haitiano sino con los empresarios. La ley Hope beneficia a los empresarios norteamericanos y brasileños, mientras al pueblo haitiano sólo le queda más explotación y represión. El bajo costo de la mano de obra haitiana hace posible que haya empresas que son desmontadas en EE UU., por ejemplo, para ser montadas en Haití. Con la crisis económica que ellos no pueden resolver, Haité se acaba volviendo una plataforma de exportación. Bajo su mirada, Haití no es una nación.

Usted dijo que la relación entre el pueblo y la Minustah cambió, que las tropas son vistas como portadoras de la violencia y de la opresión. ¿Esa relación también se transformó con el gobierno del presidente René Préval? ¿Como el pueblo lo percibe hoy?


 


René Préval fue elegido con el apoyo de la Minustah, pero también contó con una fuerte participación del pueblo. En la primera vuelta de los comicios en 2006, tenía 49% entre 34 candidatos. Es decir, tenía un peso muy fuerte. Muchas de las personas que votaron por él son ligadas al ex presidente [Jean Bertrand] Aristides, que hasta vislumbró la posibilidad de volver al país, tras la elección de Préval. Y hoy, incluso en la clase media, que acostumbra tener posiciones más reaccionarias, aumenta la percepción de que la Minustah se constituye como enemigo del pueblo haitiano. Esa percepción está hoy más o menos establecida en la población y la relación del pueblo con el presidente cambió mucho.


El problema, sin embargo, es la flojera del sector popular, que no tiene bastante fuerza para dirigir y orientar la lucha popular. Eso ayuda mucho el gobierno de Préval que, incluso con su fragilidad en el sector popular, consigue mantenerse en el poder. La presencia de la Minustah ayuda mucho, pero si el sector popular tuviese una organización fuerte, comprometida con las luchas populares, las cosas podrían cambiar.



En Brasil hay un boicot  de la gran prensa sobre todo lo que pasa Haití. No se habla de la represión, de las protestas por aumento de sueldos, nada…


 


FS: Los medios no tienen interés en hacer referencia a lo que está aconteciendo. Tienen interés en hablar que el ejército brasileño cumple una «misión de paz». Llevaron hasta el MV Bill (NdR; cantante popular de hip hop brasileño] para «ayudar» a Haití, enviado por la Red Globo. La presentación de su visita fue realizada en el Domingão de Faustão [uno de los programas más populares de la TV brasileña].  El pueblo brasileño, que no tiene otros medios de saber lo que está aconteciendo en Haití, va a creer que el gobierno brasileño es  «bueno», que el ejército está «ayudando a un país que enfrenta dificultades, una misión humanitaria… Es esa visión la que el pueblo brasileño va a tener.


La verdad, desgraciadamente, sólo es dicha por algunas organizaciones como la Conlutas y la Intersindical, entre otras. La verdad es que el pueblo haitiano no necesita la ocupación. Y lo que existe en Haiti es una ocupación que desobedece a las leyes haitianas.  Por otro lado, la prensa y las empresas brasileñas que están explorando Haití están ligadas. Sus intereses son los mismos. Si contasen al pueblo brasileño lo que realmente pasa en mi país, correrían el riesgo de ver a los brasileños manifestando su solidaridad con el pueblo haitiano, pidiendo la retirada de las tropas. Esa es justamente la principal reivindicación del pueblo haitiano.