Mié Ago 10, 2022
10 agosto, 2022

El hambre en Brasil tiene rostro de mujer

La Fundación Getúlio Vargas divulgó una investigación que muestra que el número de personas que viven en situación de inseguridad alimentaria creció de 30% a 36%, de las cuales 64% son mujeres. O sea, de cada tres personas que pasan hambre en el Brasil, dos son mujeres.

Por: Érika Andreassy, Secretaría de Mujeres del PSTU Brasil

Brasil se encuentra entre los cinco mayores productores y exportadores de alimentos del mundo. En el cultivo de granos, el país ocupa el cuarto lugar. Es el mayor productor de azúcar y café, el mayor exportador de maíz y el mayor productor de soja. Solo en 2020 se exportaron al exterior casi 2,2 millones de toneladas de carne bovina.

Estos datos contrastan con el aumento de la miseria y del hambre. Una dolorosa realidad retratada en las escenas grotescas que fueron noticia a principios de este año, con personas hurgando en camiones de basura en busca de comida o disputando un lugar en la fila de reparto de huesos. La mayoría de las personas que viven en estas condiciones son mujeres negras y madres solas. Con el aumento de la inflación, la caída de los ingresos y las tasas de desempleo femenino, la tendencia es que esta situación empeore.

De vuelta al mapa del hambre

El aumento de la inseguridad alimentaria en Brasil sigue la huella de una realidad mundial. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la pandemia empujó a otros 118 millones de personas al hambre en el mundo, en 2020. En este período, entre 720 y 811 millones de personas pasaron hambre, un retroceso de 15 años.

Pero, por primera vez, la inseguridad alimentaria brasileña superó la media mundial. El país cuadruplicó el escenario de hambre, siendo la inseguridad alimentaria femenina seis veces superior a la media. La situación en el Nordeste es una de las más graves. Según una encuesta nacional de la Red Brasileña de Pesquisa sobre Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional, en 2020 el índice de inseguridad alimentaria alcanzó a 70% en la región.

El hambre en el país aumenta en la misma proporción que la fortuna de los multimillonarios. En plena crisis sanitaria, la fortuna de los más ricos aumentó 30% y el Brasil ganó diez nuevos multimillonarios. El 1% más rico pasó a concentrar la mitad de la riqueza del país, siendo que solo 20 personas poseen hoy más riqueza que 60% de la población.

Una combinación cruel para las mujeres

Ni la desigualdad social ni el corte de género y raza de la pobreza y el hambre son producto de la casualidad, sino del modo de producción capitalista, donde la riqueza de unos pocos se da a costa del empobrecimiento de la mayoría y por la combinación de opresión y explotación. La opresión de las mujeres y los negros sirve para dividir y estratificar a la clase trabajadora, ayudando a mantener un ejército de desempleadas y desempleados que, ante condiciones de vida miserables, aceptan someterse a la superexplotación, a ganar salarios más bajos y a relaciones precarias de trabajo.

La opresión funciona como un mecanismo de regulación del mercado de trabajo, ya que el sistema no garantiza empleo para todos. En el caso de las mujeres, a la menor señal de crisis capitalista, son enviadas a casa alegando que el salario de la mujer es “complementario”, a pesar de que 45% de las familias brasileñas están encabezadas por mujeres.

La naturalización de las tareas domésticas y de cuidado por parte de las mujeres ayuda a disfrazar que el problema es el capitalismo, porque si el trabajo doméstico fuese socializado (con guarderías y escuelas para todos los niños, lavanderías públicas y restaurantes populares, espacios de convivencias para ancianos y de cuidados para enfermos y personas con necesidades especiales, etc.), no habría excusas para que las mujeres quedaran fuera del mercado de trabajo. Al mismo tiempo que aliviaría la sobrecarga doméstica, parte de estos servicios también ayudarían a combatir la pobreza y el hambre y a mejorar la vida de la población.

Atacar el problema de fondo

Al hambre se suman treinta millones de personas que no tienen un hogar donde vivir, las tragedias producidas por la emergencia climática, los ataques a los derechos y conquistas sociales, el desmantelamiento de los servicios públicos, etc.  Esta situación, que no es de hoy, se agravó con el gobierno Bolsonaro y su proyecto de rapiña, pero no vamos a salir de ella si no atacamos el problema de fondo. Por eso, la estrategia electoral del PT y del frente amplio es una falacia, pues significa aliarse precisamente con la burguesía, que se beneficia de esta situación. Es necesario responder a esta realidad con un programa de independencia de clase que apunte a la superación de este sistema, y ​​la candidatura de Vera está al servicio de este programa y de esta estrategia.

Artículo publicado en www.pstu.org.br, 8/6/2022.-
Traducción: Natalia Estrada.

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