Pedro Castillo parece haber ingresado a la fase final de su breve gobierno. El gabinete que ha designado en reemplazo del que encabezaba Valer y que fue repudiado por sus antecedentes de violencia familiar, es sólo un episodio en el camino de su salida que ya preparan los grupos de poder.

Editorial de Bandera Socialista N°135

Castillo fue elegido con inmensa esperanza obrera y popular derrotando en las urnas a la poderosa maquinaria empresarial aupada detrás de Keiko Fujimori como garante de la continuidad de sus negocios. Pero traicionó esa esperanza y por ello hoy su gobierno se tambalea.

¿Por qué fracasó?

Se acusa a Castillo de incapaz y poco preparado. Sobre sus limitaciones hasta los llamados “progres” hacen escarnio y burla, mostrando desprecio por la gente del pueblo pobre que no sería capaz de gobernar nunca, ocultando que son precisamente los preparados hijos de la burguesía –PPK, Alan García…– los que llevaron a la ruina al país y robaron a raudales.

Castillo no fue elegido por su “preparación”. Fue elegido por su compromiso con los obreros y pobres con un programa que ofrecía “no más pobres en un país rico”. Su fracaso no es porque sea incapaz sino porque abandonó este compromiso para dedicarse a conciliar con sus enemigos cediendo al chantaje patronal.

Desde las filas castillistas se arguye como explicación que los constantes ataques de derecha no lo dejan avanzar. Pero la verdad es que no avanza porque no la enfrenta y más bien cede ante ella. Castillo solo tenía un camino para honrar sus compromisos y era apoyarse en la movilización obrera y popular para vencer los arrebatos de esa derecha y al no hacerlo se debilitó al mismo tiempo que ella vino creciendo.

Al ceder ante sus enemigos y postergar el cumplimiento de sus promesas, Castillo permitió que todo continuara igual, es decir que las mayorías siguieran sufriendo la catástrofe de la pandemia mientras los grandes empresarios, orondamente, realizan grandes negocios, al mismo tiempo que vulneran más los derechos obreros en los lugares de trabajo. Esto explica por qué el apoyo a Castillo en las bases obreras y populares fuera decayendo, hasta el momento de producirse la actual crisis.

En todo esto obra como agravante la responsabilidad del mismo Castillo por su improvisación y la estela de sospechas que levanta por conductas dudosas. Pero en esto el problema de fondo es la izquierda que lo acompaña y que no ha sido capaz de organizar una administración eficiente. Perú Libre y Juntos por el Perú (JP) hicieron un pacto para gobernar, pero en todo este tiempo solo se enfrascaron en disputas por ministerios y otros cargos contribuyendo al caos en la gestión de gobierno y la reaparición de la corrupción. En estas condiciones estalla el gabinete de Mirtha Vásquez y se da pie a la torpe elección de Héctor Valer en su reemplazo, elección que obliga a toda esa izquierda a pasar a la oposición –muchos gritando “traición”–, lo que suena cínico porque ellos son tan responsables de la crisis como el propio Castillo.

El verdadero responsable de todo el fracaso es esa “izquierda” que fue elegida para gobernar. De ellos es la política de postergar las promesas electorales para transar con la burguesía. Así, los ministros de “izquierda” no hicieron nada para cumplir las promesas de la campaña: en el ministerio de Trabajo todo ha seguido mal para los trabajadores y sus reclamos, y el ministro de Economía Pedro Francke (de JP) fue el que garantizó en este tiempo la continuidad de las políticas neoliberales que benefician a los grandes empresarios y golpean a las mayorías pobres.

Esta política proyectada hacia la clase obrera la aplicó la dirigencia de la CGTP, que también en este tiempo se dedicó a no hacer nada para no molestar a la patronal con quien el Gobierno se encontraba empeñado en “concertar”.

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¿Qué hacer?

Ante esto la esperanza que queda en algunos sectores es que Castillo se dé cuenta y cambie de rumbo. Pero la conformación de su nuevo gabinete tirado a la derecha muestra que es casi imposible. Aun así, en su naufragio la burguesía no le dará la mano y no parará hasta acabar con él. Sus voceros discuten libremente y con apoyo de amplios sectores medios la mejor manera de hacerlo.

Los trabajadores no deben apoyar ninguno de estos planes, como ningún plan de vacancia del Congreso que no nos representa. Cualquier cambio urdido desde ese antro o desde las oficinas de la CONFIEP solo puede ser peor para los trabajadores.

Ante esta situación la clase obrera están ante el inmenso desafío de construir una salida junto a las mayorías pobres. Si ya no es posible esperar que el gobierno de Castillo cumpla sus promesas y que vendrán más ataques de la burguesía, es la hora de retomar la movilización y la lucha para la conquista de las reivindicaciones.

Muchos esperaron que votando por Castillo las soluciones llegarían solas, pero la experiencia muestra que la realidad es más compleja. La única garantía de defender y ganar derechos es luchando: esto lo sabe todo dirigente de base. Y la mayor demostración de esto es que en este breve periodo, la dirección de la CGTP al haber renunciado a la lucha para apoyar al gobierno, solo se ha favorecido a su fracaso y al empoderamiento de la reacción burguesa.

Ahora la vanguardia obrera necesita despercudirse para retomar las calles como centro de su actividad y esperanzas. Los trabajadores forjan su destino luchando, jamás en el juego parlamentario ni en las promesas electorales. Hay que tomar nota que en el debate que copan los medios no existen los despidos y la desocupación sino solo los intereses de los grandes empresarios y en esa línea hasta los costos de la crisis actual serán descargados sobre las mayorías pobres como siempre ha sido.

Se necesita discutir y aclarar esta situación en las bases y organizarlas para pelear constituyendo comités de lucha, coordinando con otras bases e impulsando un Paro Nacional. Quedarse quietos significa dejar el camino libre para que sigan avanzando las huestes reaccionarias al tiempo que sigan creciendo los problemas laborales. Hay que salir a pelear ya para exigir al gobierno de Castillo que cumpla sus promesas y demandar salario mínimo de 1,500, fin a los ceses colectivos, no al Cierre de Cogorno, fin a la tercerización, empleo masivo con un plan de obras públicas…

Hace rato que la clase trabajadora arrastra los pies debido al rol paralizante de la cúpula de la CGTP. Ahora la central se enfoca en pedidos lastimeros a Castillo en lugar de organizar la lucha. La tarea es titánica porque tiene que ir más allá del freno que representan las direcciones. No es imposible. Existen inmensas reservas en la clase obrera y el movimiento popular, y muchos elementos conscientes que son los llamados a colocarse a la cabeza de las nuevas tareas.

El PST que desde el primer momento llamó a no depositar confianza en Castillo y a mantener la movilización permanente, hace este llamado a la vanguardia obrera y juvenil.

Lo hace convencido de que, por este camino es posible poner coto a la derecha y conquistar lo que más nos urge, y poner en pie a la verdadera fuerza de clase y de sus organismos en la perspectiva de conquistar un Gobierno Obrero y Popular que, de verdad, refunde el país y atienda las urgentes aspiraciones de las mayorías empobrecidas.