Este 17 de marzo, el Brasil sobrepasó por primera vez los dos mil muertos en promedio móvil de óbitos por Covid-19. Son 19 días seguidos de récords en la media mundial. Concentramos, en el momento, 20% de las muertes diarias por Covid-19 en todo el mundo.

Por: Ari Blinder, médico del Sistema Único de Salud (SUS) en San Pablo, 17/3/2021.-

Las causas de este crecimiento continuo y su sostenibilidad son varias. La primera es la diseminación por todo el país de la variante P.1, también conocida como cepa de Manaus. Ella es más transmisible, más letal y alcanza a personas más jóvenes que la cepa original. La segunda razón es lo que está correctamente siendo denominado colapso sanitario. El día 16 teníamos 18 capitales con ocupación mayor a 90% de las unidades de terapia intensiva (UTI), creando colas de espera para lechos con centenas de personas, dependiendo de la región. Por ser pacientes graves e inestables, que necesitan de procedimientos complejos, se tornó común que ocurran muertes de enfermos en las colas de espera de la UTIs. Eso está ocurriendo en varias ciudades, incluso en las más ricas, como San Pablo.

Hay preocupación también con la inminente posibilidad de falta de abastecimiento de oxígeno hospitalario, insumos medicamentosos para procedimientos de UTIs, como entubación, y riesgo de colapso funerario, con el crecimiento acelerado de los óbitos, lo que provoca falta de ataúdes. Una pesquisa de la Folha de S. Paulo concluyó que desde el inicio de la pandemia, 72.264 personas murieron en hospitales por Covid sin haber conseguido ser transferidas a una unidad de terapia intensiva. Este dato retrata el colapso sanitario de la manera más cruda posible. Importante es puntualizar que estas muertes no se dieron solo en el SUS, también ocurrieron en el sector privado.

Este escenario parece no haber llegado aún a su pico. Incluso con los alcaldes y gobernadores siendo obligados a crear restricciones de circulación de las personas para disminuir el contagio, falta coraje político a los principales gestores para decretar un lockdown de verdad, como ocurre en otros países que tuvieron más éxito en el control del Covid. Casos graves como los de San Pablo, Porto Alegre y Rio de Janeiro exigen restricciones de circulación mucho más rígidas para evitar la propagación del virus. Es triste ver las escenas del transporte público lleno, pero este cuadro solo puede ser revertido por acción de las tres esferas estatales, en una combinación de aislamiento social rígido con auxilio de emergencia para trabajadores, desempleados, informales y pequeños empresarios.

Mientras tanto, en Brasilia, en el reino encantado bolsonarista, el presidente resolvió cambiar el ministro de Salud, sin explicar el motivo del cambio. Esta explicación es más que necesaria, ya que Bolsonaro dio innumerables declaraciones altamente elogiosas sobre el ahora despedido Pazuello. Todos saben que la gestión de Pazuello fue un desastre de proporciones catastróficas, que trajo al Brasil para este escenario de colapso sanitario. Pazuello está bajo investigación en varios procesos, comenzando por el tristemente famoso episodio de falta de oxígeno en Manaus. El escogido por el presidente para ser el nuevo ministro es Marcelo Queiroga, médico cardiólogo. La primera declaración de Queiroga fue que su gestión será de continuidad y que quien manda es el presidente. Un comienzo nada auspicioso, que indica que el cuarto ministro de Salud en el período de un año probablemente será un nuevo fracaso. Eso durante la peor crisis de salud que el Brasil enfrenta en décadas y en este escenario de colapso sanitario.

Pazuello con el nuevo ministro de Salud, Marcelo Queiroga. ABr

Queiroga declaró también que pretende unir a los gestores de la salud en las tres esferas, que quiere romper la actual polarización. Si el objetivo es ese, precisa hacer un giro de 180 grados en la política del Ministerio de Salud. Tiene que comenzar bancando las medidas de aislamiento social y ayudando a los gestores estaduales y municipales. Para eso, tiene que chocar con Bolsonaro. Tendrá que lidiar también con un Ministerio militarizado, donde cerca de 20 militares ocupan posiciones clave, la mayoría con poco o ningún conocimiento de salud pública.

Otra grave dificultad para la misión del nuevo ministro es la cuestión presupuestaria. Hay una previsión presupuestaria con caída de más de 20% en la asignación para la Salud, fruto de la “responsabilidad fiscal”. Enfrentar el colapso de la salud con una caída en el presupuesto y siendo teleguiado por el peor presidente de la República de nuestra historia es una misión próxima de lo imposible.

Un elemento asustador es que incluso en el parlamento esa visión de cuento de hadas sobre la pandemia, propagada por Bolsonaro, tiene eco. Los nuevos presidentes de la Cámara de Diputados y del Senado se omiten frente al gravísimo colapso sanitario y preparan un auxilio de emergencia ínfimo para una situación mucho más grave que la de 2020. El líder del gobierno en la Cámara, diputado Ricardo Barros (que fue ministro de Salud en el gobierno Temer) afirmó que la situación “no es tan crítica, es hasta confortable”. No cuesta nada recordar que hasta el 10 de marzo ya habían muerto nada menos que 21 asesores del parlamentarios en Brasilia.

La salida es la vacunación en masa

Como ya dijimos muchas veces, la salida definitiva de este caos solo puede darse con la vacunación en masa de la población. La vacunación está muy lenta, muy abajo del potencial de resolución del SUS, por falta de vacunas. La culpa es sí de Bolsonaro, que negó propuestas desde agosto del año pasado e, incluso, desautorizó públicamente al ex ministro Pazuello, que se había comprometido a comprar vacunas del Butantan luego de la presión de los gobernadores y secretarios estaduales de salud. Solo este episodio es ya suficiente para llevar a Bolsonaro y a Pazuello a juicio por traición de su misión constitucional de defensa de la vida del pueblo.

Además de hacer sabotaje de la importancia de las vacunas, en sus lives por internet Bolsonaro decía que las empresas fabricantes eran las que tenían que procurar al Brasil para ofrecer vacunas y no el gobierno el que debía ir atrás de ellas. El resultado es que estamos extremadamente atrasados en la vacunación y el ritmo de entrega de vacunas sigue muy lento. Pazuello, antes de ser despedido, dejó una planilla que llegaba a 562 millones de vacunas encomendadas, pero el grueso de estas para el segundo semestre de 2021. En lo más inmediato, cada declaración que dio en el mes de marzo fue para disminuir la previsión de entrega de vacunas.

Para complicar aún más el escenario brasileño, debido a los errores criminales de gestión del gobierno federal, objetivamente solo tenemos la CoronaVac y la de la Oxford-Astra/Zeneca de la Fiocruz. En esta semana, varios países europeos suspendieron provisoriamente la aplicación de la vacuna de Astra/Zeneca debido a la sospecha de haber causado casos de trombosis en treinta personas. Esta actitud fue criticada correctamente por la agencia europea EMA y por la OMS, pues aunque siempre haya que investigar y estudiar los casos de posibles efectos colaterales de medicamentos y vacunas, el número de casos frente a la población que tomó la vacuna es hasta inferior a lo que se espera estadísticamente de casos de trombosis en una población en la franja etaria que tomó la vacuna en estos países europeos.

En otras palabras, la no aplicación de las vacunas es de lejos mucho más dañina. Evidentemente, si los estudios e investigaciones encuentran datos más graves, las agencias fiscalizadoras tendrán que rever la liberación de esta empresa. Pero es importante no ser ingenuos y entender que existen altos intereses políticos y económicos por detrás de las actitudes de los países europeos y también de los Estados Unidos. Esta semana fue divulgado, por ejemplo, que el gobierno Trump hizo mucha presión sobre varios países, incluso el Brasil, para que no comprasen la vacuna rusa Sputnik V.

Mientras la vacunación en masa no se completa, la única forma conocida y confirmada en varios países para amenizar el colapso sanitario es el aislamiento social para disminuir la propagación del virus. Para que el aislamiento social sea bien sucedido es primordial que el auxilio de emergencia de verdad llegue a quien lo precisa, desde el desempleado hasta el pequeño empresario. Si estas medidas no son aplicadas rápidamente, estaremos caminando para la lamentable cifra de 500.000 muertos por Covid en pocos meses.

Lea también: “Paremos el genocidio | Ruptura inmediata de las patentes de las vacunas”, disponible en este mismo sitio.

Artículo publicado originalmente en www.pstu.org.br
Traducción: Natalia Estrada.