Acaba de salir el el periódico Al Baián Socialista Nro. 3, editado en Brasil, en árabe y portugués, por la Liga Internacional de Lucha Árabe. De esta edición, hemos extraído el siguiente artículo.


 


Hamas está siendo perseguido por el imperialismo, al servicio del Estado de Israel y su política genocida, no por ser «terrorista», como ellos dicen, ni por ser una dirección fundamentalista religiosa. El problema reside en que, al mantener en su programa el llamado a la destrucción de Israel y su denuncia de los Acuerdos de Oslo, sumado a su papel en la segunda Intifada, está poniendo un obstáculo a traición del Fatah.



Eso es central para que se entiendan los motivos porque Israel y EE.UU se negaron a hacer  ninguna concesión, no aceptaron su victoria electoral y trataron de aislarlos, mientras apoyan con todo a Fatah y estimulan al presidente de la ANP [Administración Nacional Palestina], [Mahmud] Abbás, y su gente a perseguirlos y a intentar golpes, como el fracasado de 2007. No debe haber dudas en ningún revolucionario de que, en Gaza o en cualquier combate de Palestina contra Israel y el imperialismo, se debe estar en el campo militar de Hamas, aunque sin darle apoyo político.



Pero, a la vez, que defendemos este campo y rechazamos la tentativa de Israel los gobiernos imperialistas, sean de derecha o de «izquierda», de aislar y aplastar a Gaza y a Hamas, tenemos que decir que está en marcha una política tan peligrosa como la otra: la de imponer, por la vía de la negociación, lo que no fue posible por la vía de las armas. Al final, a pesar del terrible número de muertes y víctimas del ataque genocida, Israel no pudo desarmar la resistencia ni siquiera pudo obligar Hamas a devolver el soldado Galit, cautivo hace 3 años.



Por ello, está en curso una negociación encabezada por el gobierno de Egipto, que es un agente del imperialismo. Esta negociación, que cuenta con el apoyo del gobierno Obama, se concentra en exigir a Hamas que acepte entregar o «compartir» con la ANP colaboracionista de Abbás el control de las fronteras, a cambio de una tregua. Parte de esa política es una seudo-recomposición de un gobierno de «unidad nacional», compartido por todas las fuerzas políticas. El cinismo de Abbás lo llevó a proponer dividir el control en Gaza, sin mover una coma en Cisjordania, que continuaría totalmente controlada por los sus esbirros.



Es preocupante que, aunque no haya aceptado tal absurdo, la dirección de Hamas haya declarado aceptar la manutención de Fatah en el control de la ANP, en un posible «gobierno de unidad nacional». La unidad que los palestinos necesitan es la unidad de la resistencia, de todos los luchadores, independientemente de su origen y filiación política, no la unidad entre defensores de la causa y los traidores que entregaron hasta los mapas de los locales de los túneles en Gaza para facilitar el trabajo de los sionistas asesinos.



Lo que los palestinos necesitan es un llamado a una política de unir a los trabajadores y el pueblo de Gaza con las masas de Cisjordania con esa perspectiva de la resistencia y a desconocer la ANP colaboracionista. Las negociaciones para el acuerdo entre Hamas y Fatah van a contramano de esa necesidad y permiten la recuperación de los colaboracionistas, que van a usar nuevamente contra la resistencia y el propio Hamas, en cuanto puedan.



La izquierda palestina



Los partidos comunistas de la región siempre estuvieron comprometidos por el apoyo de la ex URSS a la división de Palestina, a la creación del Estado de Israel y a la tesis de los «dos estados». Pero también las otras organizaciones que se reivindican marxistas han venido sufriendo una transformación y cambiando su estrategia desde la liberación nacional de toda Palestina por la de «los dos Estados».



Esta constatación vale con diferentes ritmos para el Frente Democrática para la Liberación de Palestina (FDLP) y el Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP). El FDLP fue pionera en proponer «etapas» en la lucha de liberación. Esto preparó el camino para concesiones estratégicas que ellos consideraban «etapas necesarias» en la lucha.



La FPLP, cuya postura reivindicaba el fin del Estado de Israel y que, en un periodo anterior de la lucha, estaba en la primera línea de la resistencia, un tiempo después, también pasó a aceptar en la práctica  las tesis de las «etapas» y los «dos Estados» en su línea política oficial.



Las organizaciones que tradicionalmente habían representado la izquierda entre los palestinos tuvieron una posición equivocada desde la formación de la ANP, tras los Acuerdos de Oslo. Esa política hacía que las organizaciones de izquierda se comportasen como una especie de «oposición de su majestad» en los marcos del proceso de Oslo y de conformación de la ANP, aceptando la autoridad de Fatah.



Por ello, fueron perdiendo apoyo en la base de la población palestina, y ese espacio acabó ocupado, en gran parte, por las corrientes islámicas, como Hamas o Yihad. Los islamistas, que insistían en la liberación de toda Palestina y en la negativa a reconocer la legitimidad de la entidad sionista, y que habían mantenido la lucha de resistencia armada, fueron ganando fuerza frente a ellos.



Ese papel de la izquierda tradicional fue todavía más nefasto cuando Abbás, ya convertido en agente directo del imperialismo y del sionismo, intentó dar un golpe tras la elección que dio la victoria al Hamas, un año antes. Ese golpe fue orquestado en asociación con Israel y con la supervisión de la CIA, pero fracasó y las fuerzas del Fatah fueron expulsadas de Gaza. Sin embargo, la izquierda palestina pasó a llamar a la «unidad», como si se tratase de una pelea entre fuerzas de la resistencia, como si fuesen todos (Fatah y Hamas) igualmente responsables,.



Todavía hoy, en vez de saludar la acción que llevó a expulsar los agentes del imperialismo de  Gaza, esas organizaciones mantienen una posición de considerar ambos lados como «divisionistas» y llaman a la unidad con ellas. El principal dirigente del Frente Democrática de Libertación de Palestina, Nayef Hawatmeh, en una entrevista reciente al periódico vasco Gara, declaró: «El diálogo que se llevó a cabo  en Egipto es consecuencia del golpe militar del movimiento Hamas, que provocó la separación de Gaza y Cisjordania. Por lo tanto, la lucha es para recuperar la unidad del pueblo, de la resistencia y del territorio palestino. Nosotros estamos participando activamente en el diálogo, y en esta última reunión se llegó a un estancamiento, el 2 de abril, por la intransigencia de ambos, pero sobre todo de Hamas, que no quiere retroceder de su control sobre la Franja de Gaza».



Es decir, fuerzas que se dicen de «izquierda» continúan  hablando de  la unidad de todas las corrientes para un «gobierno de unidad nacional», incluidos los agentes del imperialismo y del sionismo. Sería como proponer la unidad en Francia, durante la II Guerra Mundial, entre las Fuerzas Libres de Francia y el gobierno de Philippe Pétain (1940-1944) conocido como «régimen de Vichy» (ciudad el sudeste de París), que quedó encargado de gobernar dos quintos de Francia, cooperando y legitimando la ocupación nazi. Este gobierno mantenía el orden, protegía fronteras, reprimía manifestantes y entregaba militantes de la resistencia a la Gestapo.


 


Sería también como sustentar una alianza, en la década de 1970, entre el Frente de Liberación Nacional vietnamita con el gobierno títere de Vietnam del Sur, sostenido por el imperialismo, con sede en Saigón. Estaríamos, entonces, exigiendo de las fuerzas de resistencia de Vietnam que compartiesen el control de alguna zona liberada con el gobierno colaboracionista de Saigón.

¿Qué es el gobierno Abbás si no la dirección de los agentes apoyados y pagados por el imperialismo para controlar y reprimir la resistencia a servicio del proyecto de los ocupantes? Para no dejar margen de dudas, Abbás acabó de nombrar un gobierno encabezado nuevamente por el funcionario del Banco Mundial Salam Fayad, hombre de confianza del imperialismo y odiado por las masas en Cisjordania y Gaza, y sólo acepta el acuerdo por la unidad si consigue imponer una fuerza de seguridad de 15.000 hombres para actuar en Gaza.


Por todo eso, buscar la unidad con el traidor Abbás y exigir de Hamas que acepte las exigencias del dictador egipcio Mubarak y de EE UU. (recomponer las fuerzas de seguridad de Gaza bajo la autoridad del «nuevo gobierno unificado» con Fatah a la cabeza) es una política que, en vez de unir fuerzas para resistir, como dicen sus defensores, desarma la resistencia y facilita la tarea de los traidores de la causa palestina.