La clase trabajadora y los pueblos del mundo se encuentran fuertemente sacudidos no sólo por la pandemia del COVID-19, sino por una crisis sistémica que pone en cuestionamiento las bases mismas de la civilización y la sociedad en su conjunto. La recesión mundial, la peor desde inicios del siglo pasado, está ocasionando una agudización del hambre y cientos de millones de desempleados.

Por Articulación Revolucionaria de Trabajadores

La pérdida de los derechos conquistados por los trabajadores incrementaron el desempleo estructural, el trabajo precario y  el autoempleo, el deterioro de los sistemas de seguridad social, la discriminación de género y raza, la destrucción de la naturaleza, la violencia y la represión, entre otros problemas; han provocado el crecimiento de la desigualdad entre las clases sociales a límites escandalosos. El 1% de la población mundial concentra un incremento grotesco en sus riquezas, un porcentaje cada vez más elevado de personas no logran satisfacer sus necesidades básicas; padecen hambre, desnutrición, no tienen acceso a la salud, la vivienda y  la educación.

Estamos en presencia de un verdadero genocidio que afecta brutalmente a los más pobres, los trabajadores formales, los informales, los desempleados y los que sufren una doble opresión; los cuales no tienen asistencia médica garantizada, ni viviendas adecuadas que posibiliten hacer una cuarentena y tampoco una alimentación digna.

La pandemia agudiza la doble opresión presente ya en el capitalismo, por ejemplo: dentro de los hogares se manifiesta en forma de violencia de género, dando cifras alarmantes de femicidios e incluso abusos infantiles; a nivel etnico los grupos indígenas y afroecuatorianos, son los que menos formalidad de empleo tienen, afectando así su acceso a la salud, la vivienda y la educación digna; los LGBTI ya sufrían una discriminación por su preferencia sexual, a esto se le suma la falta de politicas sociales dentro de la pandemia para asistir a las necesidades de toda su comunidad.

Los países semicoloniales de América, Asia y África son los más perjudicados por la crisis socioeconómica, generada por sus gobiernos burgueses y neoliberales, que desmantelan la salud pública con despidos a los médicos, personal sanitario y privatización de los hospitales. Estas medidas políticas no están orientadas a salvar vidas, ni a proteger a la mayoría de la población, sino a salvar a las grandes empresas que cuentan con la complicidad de gobiernos de derecha clásica así como de “izquierda progresista”.

La coyuntura mundial marcada por la crisis sanitaria que sigue imparable en su secuela de contagios y muerte, no ha hecho sino evidenciar las profundas contradicciones del capitalismo, su incapacidad para solucionar las necesidades materiales y espirituales de la humanidad. La situación de barbarie que estamos atravesando no es causada sólo por el Covit-19, sino por la forma especulativa y mafiosa que caracteriza al capitalismo financiero, monopólico e imperialista en su etapa actual, tal como lo planteaba Lenin.

La realidad nos ha demostrado que es necesaria una revolución socialista mundial que ponga al proletariado al frente de los destinos de la humanidad. Pero para que ese proceso sea victorioso es preciso que tenga a la cabeza una dirección revolucionaria. Por este motivo, la tarea prioritaria en este momento histórico es la construcción de partidos revolucionarios a nivel mundial.

Nuestro objetivo estratégico es luchar sin tregua por la construcción de un proyecto revolucionario que ponga fin al capitalismo, dando paso a un nuevo sistema de igualdad social, donde el poder esté en manos de los trabajadores y existan las condiciones para que impere la fraternidad entre los seres humanos. La gran meta es la sociedad socialista que adquirió una base científica con la teoría marxista y se convirtió en una realidad histórica con la Revolución Rusa de 1917, dirigida por el partido bolchevique, cuyas figuras más destacadas fueron Lenin y Trotsky.

En la actualidad en el plano geopolítico existe una fuerte división entre las potencias y las burguesías mundiales, como la guerra comercial de Estados Unidos con China y el debilitamiento de la Unión Europea; los cuales se disputan como buitres los recursos naturales y financieros del mundo, a costa de la sobreexplotación de los trabajadores y la depredación del medio ambiente.

Vamos a tener un largo y convulsivo período de crisis, con diferencias entre países, pero la tónica común será la quiebra de millones de pequeñas empresas con la consecuencia del desempleo masivo; a la par los oligopolios multinacionales concentran cada vez más propiedades y riquezas en sus manos y se aprovechan de la pandemia para avanzar en la supresión de los derechos laborales y sociales. 

Ecuador es uno de los países más afectado por la pandemia debido a que su economía resulta muy vulnerable, porque depende de unos pocos productos de exportación, especialmente el petróleo, cuyos precios han experimentado una fuerte caída. El sometimiento histórico a las políticas y a  las imposiciones de las grandes potencias imperialistas a través de mecanismos como: el comercio desigual, la dolarización, el endeudamiento externo, la dependencia científica, tecnológica y cultural; han ocasionado que los abundantes recursos naturales del país beneficien a un conglomerado de empresas internacionales y nacionales en perjuicio del bienestar de las mayorías.

Prácticamente todos los gobiernos de las últimas décadas han implementado políticas y medidas de corte neoliberal, que han reflejado los intereses de la burguesía empresarial, conformada por un número reducido de grupos monopólicos que han concentrado el poder y la riqueza, experimentando un notable crecimiento en los últimos años.

El gobierno de Correa tuvo un primer momento en el cual aplicó políticas más desarrollistas, pero cuando se vio obligado a tomar decisiones frente a la crisis económica, prioriza los intereses del imperialismo y los sectores más ricos del país, donde no faltaron los procesos de corrupción generalizada. La política autoritaria correista mediante el control de todos los poderes del estado, realizó una serie de actos de represión contra sus opositores, criminalizando la protesta social, que desembocó en una división y debilitamiento de las organizaciones sociales más representativas del país.

El actual gobierno de Lenin Moreno siguió los pasos del último período de Correa, pero para frenar la movilización social ha recurrido a la represión y al miedo de la población, contando con el apoyo del gobierno norteamericano para fortalecer los aparatos represivos del estado.

En este momento, cuando la pandemia obliga a los movimientos sociales a reinventarse para poder combatir los ataques que continúan, es fundamental que retomemos las lecciones del ascenso de Octubre. En ese proceso, las masas demostraron su fuerza y capacidad de organización; al mismo tiempo que la CONAIE y las direcciones sindicales se vieron limitadas para dar respuesta al descontento social. Frente a esta realidad necesitamos construir una alternativa para alcanzar la revolución socialista mundial de forma consecuente, apoyándose en las lecciones de los procesos reales de lucha, como Octubre.

El periodo electoral ha comenzado donde se medirán fuerzas los desgastados partidos políticos de la derecha, frente a las golpeadas fuerzas del correísmo y las expectativas creadas por el movimiento indígena representado legalmente por Pachakutik, el mismo que adquirió prestigio por su protagonismo en las luchas insurgentes de Octubre. Nosotros sabemos que las elecciones son un juego de cartas marcadas, por lo tanto, si bien son un espacio de disputa política, debemos organizarnos para ir más allá de ellas; el verdadero cambio de sistema será por medio de una revolución.

Con este fin, refundamos nuestra organización como simpatizante de la Liga Internacional de Trabajadores, Cuarta Internacional, por lo tanto, presentamos un programa que nos lleve a construir una nueva sociedad al servicio de la mayoría de las personas, donde la riqueza que se produce sea redistribuida entre toda la población. La apropiación privada debe dar paso a la producción colectiva y debe surgir una sociedad realmente democrática donde los trabajadores y el pueblo pobre sean quienes gobiernen; es decir una sociedad socialista. Para alcanzar estas metas tiene que producirse una revolución social que saque del poder a la burguesía, que sea encabezada por los obreros, los trabajadores y el pueblo pobre en general, con un partido revolucionario que defienda un programa socialista.

Las principales tareas y consignas de nuestro programa de transición frente a la crisis son las siguientes:

– ¡Por el derecho a una cuarentena sin hambre para la clase trabajadora! ¡Por un plan de emergencia para garantizar la vida y la alimentación del pueblo durante la pandemia!

– ¡Nacionalización del sistema de salud privado! ¡Por un sistema único, público y universal de salud! ¡No al recorte del presupuesto al sector público!

– ¡Por vivienda digna para todos y todas! ¡Por un plan de emergencia habitacional!

– ¡Por un plan de obras públicas para enfrentar el desempleo y resolver problemas de vivienda, educación, salud y sanidad!

– ¡Que la crisis no la paguen los pobres! ¡No al pago de la deuda externa! ¡Por la ruptura con el FMI y el BM!

– ¡Por la expropiación de las empresas petroleras! ¡Por la nacionalización de la extracción, la refinación y la distribución del petróleo! ¡Por una extracción que respete el medio ambiente! ¡Por expropiación y cierre de la minería a gran escala!

– ¡Por el cambio del modelo extractivista y primario exportador a un modelo de industrialización endógena orientado a satisfacer las necesidades fundamentales de la población y que aproveche nuestros recursos naturales con protección del medio ambiente!

– ¡Por una reforma agraria integral que permita el acceso a la tierra, el agua y la tecnología a los pequeños campesinos!

– ¡Por la nacionalización de los medios de comunicación y la unificación de estos en el CNT bajo el control de los trabajadores! ¡Por la expropiación de las grandes empresas exportadoras y que las mismas estén bajo control de los trabajadores!

-¡Por un combate efectivo a la corrupción! ¡Prisión a los corruptos y confiscación de sus bienes!

– ¡Por el derecho a la autodeterminación de las nacionalidades indígenas!

– ¡Basta de opresión! ¡No a la violencia machista! ¡Por los derechos de la población LGBTI! ¡No a la xenofobia y el racismo!

– ¡Por la unidad de las organizaciones de los trabajadores, los indígenas, campesinos y sectores populares contra la crisis instaurada! ¡Por un Parlamento de los Pueblos con asambleas de base unitarias para organizar la lucha!

– ¡Contra la criminalización de las luchas sociales y la persecución a las organizaciones de los trabajadores e indígenas!

– ¡Por una república plurinacional socialista! ¡Por un gobierno de los trabajadores, los indígenas y el pueblo pobre basado en Asambleas Populares que implementen este programa!

– ¡La revolución socialista será internacional o no será! ¡Por la construcción de un partido nacional como parte de uno internacional: la Liga Internacional de los Trabajadores, Cuarta Internacional!