Este 7 de setiembre, Lula lanzó un video haciendo un balance de la depravación del gobierno Bolsonaro y poniéndose a disposición para “arreglar” las cosas. Como siempre, un gran orador, con la particularidad de hablar aquello que el espectador quiere oír. La cuestión principal de su discurso es lo que él no dijo.

Por: Alex Leme*

Buena parte del descalabro que denuncia hoy ya existía en la gestión de 14 años del PT, la diferencia es solo de grado.

La entrega de las riquezas del Pré-Sal, criticada por Lula, comenzó con el remate del Campo de Libra en el gobierno Dilma, el 21 de octubre de 2013, en una asociación de la Petrobrás con la Shell, la Total y otras dos empresas chinas (CNPC y CNOOC), iniciando los remates bajo el régimen de reparto. Como decía un artículo de la época, “el gigantesco prospecto de Libra es el mayor Pré-Sal y su potencial de petróleo recuperable puede aproximarse de los 12.000 millones de barriles”.

Los remates de áreas de explotación de petróleo se iniciaron en el gobierno FHC [Fernando Henrique Cardoso], que realizó cuatro rondas y quebró el monopolio de la Petrobrás. Continuó con el gobierno Lula, con cinco remates, y el de Dilma, que remató la mayor extensión (181 km2).

La cuestión del petróleo no son solo los remates sino también el control de la Petrobrás, donde el capital privado tiene parte significativa de las acciones, lo que determina el rumbo de la empresa. Situación que Lula y Dilma mantuvieron.

La sumisión de Bolsonaro al imperialismo es escandalosa, pero Lula no dejó de ser sumiso. Mandó las tropas brasileñas para la ocupación de Haití, para garantizar mano de obra barata utilizada por las empresas norteamericanas, donde nuestros soldados mataron y violaron. Mantuvo el pago del agiotaje de la deuda, que consumió más de 8.000 billones de reales solo en los gobiernos del PT. No en vano el entonces jefe del imperialismo llamó a Lula “el Hombre”, y una de las principales revistas capitalistas (The Economist) lo colocó como “Hombre del Año”.

La legislación que Bolsonaro está utilizando para atacar los movimientos sociales vino de los gobiernos anteriores, como la Ley de Seguridad Nacional, profundizada por Dilma con la Ley 13.260/2016, la célebre Ley Antiterrorismo. El racismo también se profundizó durante el gobierno del PT, con el aumento de la tercerización, de la informalidad y de la desigualdad social. La Ley de las Drogas de 2006 hizo crecer mucho el encarcelamiento de la juventud pobre y, especialmente, negra.

La Policía Militar (PM) que mata a la población pobre y negra en las periferias es la misma que mataba en los gobiernos del PT. Dilma y Lula mantuvieron la misma estructura de la policía montada por la dictadura.

Los generales y oficiales de corte nazifascista que están en el gobierno Bolsonaro prestaron sus servicios al gobierno del PT.

El ataque a los derechos de los trabajadores, que viene siendo implementado con la reforma laboral, donde lo “acordado vale más que lo legislado”, no es una mera invención de Temer y de Bolsonaro. Nació en el acuerdo entre Dilma y el Sindicato de los Metalúrgicos del ABC, que permitía la reducción salarial (PPE).

Viene desde el gobierno Lula con su famosa reforma sindical y laboral, que solo no fue implementada en 2003 debido a la reacción del movimiento sindical. Lo mismo con relación a la reforma de la previsión, cuyo eje fue desarrollado ya en el gobierno Dilma. Sin contar que quien hizo la primera reforma de la previsión de los empleados públicos fue el propio Lula.

Podemos aquí desarrollar una hilera de medidas y políticas adoptadas en los 14 años del gobierno del PT, mostrando que hay una continuidad de proyecto y que la diferencia es de grado y no de contenido. Eso tiene una razón de ser, pues esos gobiernos todos se dispusieron a administrar el capitalismo, o sea, administrar la explotación.

Lo que Lula hace en su discurso es hablar lo que las personas quieren oír para postularse como candidato y volver a ser el capataz al servicio del gran capital. Él sabe que el alto grado de explotación que se profundiza con la crisis puede llevar a explosiones y el sistema precisará nuevamente de alguien que frene las luchas, como el sistema precisó en el final del gobierno FHC.

No hay posibilidad de independencia real y eliminación de los problemas enumerados por él en su discurso sin romper con el capitalismo, y Lula sabe eso. El gran servicio que él presta a los poderosos del mundo es vender la ilusión de la posibilidad de arreglar las cosas en esta sociedad podrida, para que las masas no hagan una revolución.

No precisamos de un nuevo gobierno Lula con la burguesía. Precisamos de un gobierno de trabajadores sin patrones, un gobierno socialista donde el pueblo tome su destino en sus propias manos.

Alex Leme es metroviario jubilado y ex director del Sindicato de los Metroviarios de San Pablo.

Artículo publicado en www.pstu.org.br, 9/9/2020.

Traducción: Natalia Estrada.