“Más allá de lo que digan los antisemitas y los antisionistas, Israel representa una democracia donde la democracia no existe”. Es trágico no espantarse más con el hecho de que el autor de la frase sea un diputado identificado con la izquierda brasileña. Tratándose de Jean Wyllys (PSOL-RJ), lamentablemente es el caso. Él hizo esa declaración en entrevista a la Fierj.TV (canal de la Federación Israelí del Estado de Río de Janeiro), el 21 de febrero.

Por: Soraya Misleh y Fabio Bosco

En esa fecha, el diputado participó de una palestra en la Congregación Judaica del Brasil (CJB) y nuevamente destiló desconocimiento, arrogancia y preconceptos con relación al mundo árabe (Vea el video aquí: https://www.facebook.com/fierj.federacaoisraelita/videos/815384858590427/). A contramano de la solidaridad al pueblo palestino, que enfrenta la limpieza étnica desde hace más de 67 años, reiteró aún su posición contra la campaña de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) a Israel. Reprodujo, en contraposición, la propuesta de diálogo con la “izquierda progresista” israelí, cuyas características ya fueron elucidadas en el artículo “Contra la solidaridad que precisamos, Jean Wyllys y la izquierda sionista”.

En una afirmación que hace temblar a quien lucha por un mundo justo, deslizó en la entrevista que la izquierda precisa romper el dogma de que Palestina es “la buenita” e Israel “el villano”. Así, demuestra que los años de militancia junto a la izquierda no le sirvieron para aprender lo básico: ser neutro frente al apartheid y la colonización es ponerse del lado del opresor. Bajo esa retórica, Jean Wyllys reproduce la desgastada propaganda de los ocupantes de las tierras palestinas, confundiendo antisemitismo y antisionismo y reivindicando a Israel como la democracia en medio de pueblos que no comparten ese valor. Una visión que el intelectual palestino Edward Said denominó orientalista, al contraponer un Oriente de “bárbaros” con un Occidente “civilizado”.

Su actitud refleja el preconcepto que lleva a la deshumanización de los palestinos. El mayor ejemplo es el que el diputado se negó a ver en su visita a la Universidad Hebraica de Jerusalén: Jean Wyllys cerró los ojos para los barrios árabes vecinos al campus en territorio ocupado, en los cuales es acelerado el proceso de limpieza étnica por parte de Israel. Sería imposible no ver por lo menos uno de ellos: al-Issawiyeh (vea en la TV CSP-Conlutas).

En el lugar, el 17 de febrero último, en una nueva embestida israelí, áreas agrícolas fueron destruidas por las fuerzas de ocupación. Calles de tierra utilizadas por los campesinos fueron arruinadas, graneros demolidos, olivares y cipreses arrancados. El terreno está localizado en área que consta del plano denominado “11092”, cuyo objetivo es crear un parque nacional israelí, mediante la usurpación de 70 hectáreas de tierras palestinas en los barrios de al-Issawiyeh y al-Tur, en Jerusalén Este. El consejo israelí de planificación ordenó su suspensión en setiembre de 2014, pero afirmó en seguida que mantenerlo no era “ilegal”: el plan continúa en ejecución allí y en diversas localidades vecinas.

La iniciativa integra la política de desarabizar la región, en curso en el lugar desde la ocupación militar israelí de 1967 –así como se hizo en otras áreas palestinas, a partir de 1948, año de la creación del Estado de Israel (la nakba, catástrofe palestina).

Un informe publicado en 2014 por la Al-Maqdese for Society Development revela que entre 2000 y 2014 fueron demolidas 1.342 casas y establecimientos comerciales, lo que resultó en la expulsión de 5.760 palestinos, incluyendo 1.506 mujeres y 3.031 niños.

Jean Wyllys ignoró las medidas draconianas de castigo colectivo por Israel en curso, también en la región donde se ubica la universidad. Las órdenes de expulsión emitidas por las fuerzas de ocupación a Samer Abu Eisheh y Hijazi Abu Sbeih, de Jerusalén, son emblemáticas de esa acción y de la resistencia heroica de la nueva generación de palestinos, que da color a la nueva Intifada (levante popular) desde octubre último. Ambos se negaron a dejar su tierra. El periodista Gabriel Huland cuenta: “Los dos jóvenes recibieron en sus casas, sin mayores explicaciones, notificaciones según las cuales deberían abandonar la ciudad en pocos días. En lugar de obedecer y dejar a sus familias, amigos y trabajo, dieron no, basta, y se quedaron. La Cruz Roja les negó la autorización para quedarse en el lugar y los jóvenes decidieron montar un campamento-protesta en el patio del edificio. Tuvimos el placer de hablar con ellos durante una actividad cultural organizada por sus familias (…). Hace algunos días, los dos valientes fueron presos”.

Mientras Jean Wyllys habla sobre democracia israelí, lo que se ve es la saña colonialista de un Estado fundado en la limpieza étnica del pueblo palestino. En apenas seis semanas de 2016, 404 palestinos fueron expulsados de sus tierras en Cisjordania –incluidos 215 niños–, número que equivale a la mitad del total de 2015. Entre el 1 de enero y el 15 de febrero, 283 casas fueron demolidas. Aún en este mes, un joven palestino fue asesinado por Israel con más de 50 tiros en el portón de Damasco, en Jerusalén.

No obstante, los palestinos resisten. Allí sobran héroes, como Samer y Hijazi. Como también el palestino de al-Issawiyeh, Samer Al-Issawi, que se hizo conocido mundialmente por protagonizar una de las más largas huelgas de hambre en las cárceles israelíes, de 287 días. Samer Al-Issawi fue suelto en cambio de prisioneros y seis meses después, Israel le quitó nuevamente la libertad. Actualmente, él y dos hermanos se encuentran en las cárceles de Israel. Así como el periodista palestino Mohammed Al-Qeeq y más de 600 palestinos (de un total aproximado de 7.000 presos políticos), se encuentran en detención administrativa por Israel, o sea, sin ninguna acusación formal, con la prisión renovada de seis en seis meses arbitrariamente, sin juicio.

Al-Issawi anunció una nueva huelga de hambre, en solidaridad con Al-Qeeq, que está desde hace más de 85 días sin alimentarse, en lucha por libertad y justicia. Una muestra de la generosidad y el coraje del pueblo oprimido. Algo que Jean Wyllys debería aprender.

Traducción: Natalia Estrada

Vea también la entrevista con el padre de Samer Al-Issawi.