El berrinche dado por Bolsonaro contra una reportera el lunes [21/6] en Guaratinguetá, al ser cuestionado sobre el porqué había llegado al lugar sin máscara, revela mucho más que el carácter autoritario, su odio a la libertad de prensa y su misoginia. Muestra lo que sintió ante los actos del 19J.

Por: PSTU Brasil

El segundo gran día de protestas por el Fuera Bolsonaro fue mayor que el 29M, prácticamente duplicando el número de ciudades, de 200 a 400, superando el boicot de los grandes medios que habían ignorado la jornada de protesta anterior. Esta vez, la prensa fue obligada a cubrir y en gran medida dar la real proporción que tuvieron los actos.

Una vez más, trabajadores y, principalmente, la juventud precarizada, fueron a las calles, junto con los sindicatos, movimientos sociales y de lucha contra el machismo, el racismo y la LGBTfobia, además de hinchadas de fútbol organizadas y una serie de entidades de los más diversos sectores. Muestra que hay una indignación que crece por abajo, y que basta un llamado unitario a la lucha y a las calles para que ella se exprese.

Tanto el 29M como el 19J fueron fruto justamente de esa presión por abajo, que obligó a las direcciones del movimiento, partidos de oposición, al Frente Fuera Bolsonaro, a convocar los actos de forma unitaria. Es necesario ahora aumentar esa movilización, involucrar a las direcciones de las grandes centrales y presionarlas para que dejen de ser “flojas” y, como defiende la CSP-Conlutas, organicen una huelga general sanitaria, juntos con los actos en las calles.

Manifestación 19J en São José dos Campos. Foto: Roosevelt Cassio.

El genocidio prosigue

Mientras las calles eran ocupadas en todo el país, el Brasil llegaba a 500.000 muertes notificadas por la pandemia. Un número simbólico y subestimado, ya que la subnotificación es un hecho. Relevamientos estiman una tasa de 30% en esta subnotificación, o sea, ya llegamos a las 500.000 muertes probablemente en abril; debemos estar hoy en las 700.000 y rumbo al millón.

La CPI [Comisión Parlamentaria de Investigación] en el Senado viene detallando la sucesión de crímenes de Bolsonaro, que resultó en esta matanza deliberada. Del boicot a las medidas de distanciamiento social, al deprecio por las vacunas, pasando por la promoción de los medicamentos ineficaces (un placebo para dar una falsa sensación de seguridad para que el pueblo salga a las calles [a trabajar]). En verdad, la CPI investiga lo que Bolsonaro dice a las claras. Ahora, el mayor asesino en masa del Distrito Federal declaró guerra a las máscaras y prometió bajar un decreto sacando la obligación de su uso a quien ya hubiese sido infectado o vacunado, lo que va contra todas las recomendaciones de los infectólogos.

Un estudio coordinado por la investigadora Deisy Ventura, de la Universidad de San Pablo (USP), había ya mostrado que el genocidio fue organizado y puesto en práctica de forma deliberada por Bolsonaro para llegar la “inmunización de rebaño” por infección, “aceptando” la contrapartida del gran número de muertos (en su mayor parte negros y pobres). Eso para no contrariar sus intereses electorales y las ganancias de los bancos y de las grandes empresas.

¡Fuera Bolsonaro ya!

19J en Fortaleza, Ceará.

 Además, el avance de la pandemia con el inicio de la tercera ola, el desempleo récord y la profundización de la pobreza y del hambre, resultados directos de la política económica de Bolsonaro y que ya derribó 10% de los ingresos de los brasileños, plantean la necesidad de derrocar este gobierno ya. El aumento del gas de cocina, el 14° seguido, y el aumento de la luz, ambos fruto de la política privatizadora y entreguista del gobierno, evidencian su objetivo de descargar el costo de la crisis sobre las espaldas del pueblo pobre.

El paliativo del auxilio de emergencia y la promesa de “impulsar” el Bolsa Familia, por su parte, tienen un costado electoral y no resuelven en nada la tragedia de la clase trabajadora, hundida en una secuencia interminable de muertes y en la pobreza. Al mismo tiempo, Bolsonaro reafirma sus sucesivas amenazas de golpe y de dictadura, diciendo ya claramente que no aceptará ningún resultado en 2022 que no sea la victoria.

Dejar a Bolsonaro en el poder y apostar a su desgaste, como hacen las direcciones del PT y de parte del PSOL, junto con la oposición parlamentaria, es dejar que el genocidio siga, además de dar más espacio para que Bolsonaro consolide su proyecto autoritario. Es preciso sacarlo, y ya.

Y solo la lucha directa puede derrocar este gobierno. El presidente del la Cámara, Arthur Lira (PP-Alagoas), acabó de decir que “no hay circunstancia para impeachment” y que la CPI no va a dar en nada. No solo hay circunstancia para sacar a Bolsonaro como hay pruebas más que suficientes para meterlo en prisión por asesinatos en masa. O sea, no se puede confiar en este Congreso para sacar a Bolsonaro. La oposición no quiere, de hecho, sacarlo, sino simplemente desgastarlo hasta 2022, y el centrão [partidos de centro] comprado por el gobierno, ya dijo que va a impedir cualquier tentativa que eventualmente avance.

Es preciso aumentar la movilización, las manifestaciones y organizar, desde ya, una huelga general sanitaria, parando todos los sectores no esenciales. Solo así será posible sacar a Bolsonaro y su proyecto genocida y autoritario.

19J en Rio de Janeiro.

Vacuna ya, auxilio de emergencia y empleo

Precisamos profundizar la lucha por la vacunación en masa ya, con la quiebra de patentes, auxilio de emergencia de R$ 600 (debería ser de un salario mínimo) para tener una cuarentena de verdad y contener la tercera ola. Es preciso luchar incluso por la protección de los empleos, por salarios y por la revocación de la reforma laboral, contra la precarización del trabajo.

Solo hay una forma de garantizar un plan de emergencia para los trabajadores y para la juventud precarizada: atacar los privilegios de multimillonarios, de los banqueros y de los grandes empresarios. Parar de pagar la mal llamada deuda a los banqueros e invertir de forma masiva en salud, educación, y en la generación de empleos. Prohibir la remesa de lucros, estatizar bajo control de los trabajadores el sistema financiero y, con eso, dar ayuda y subsidio a la clase trabajadora y al pequeño negocio que el gobierno dejó en la penuria para privilegiar los banqueros.

O sea, tanto para atacar la crisis, profundizada por la pandemia, como para resolver de hecho los problemas históricos de la clase trabajadora, es preciso un programa de clase, que saque de los banqueros y de los grandes empresarios y todos los sectores que, en estos 500 años, lucraron con nuestra pobreza y explotación.

manifestación en Belo Horizonte, Minas Gerais.

Alternativa revolucionaria y socialista

Si en las calles y en la lucha es preciso unificar con todos los que estén contra Bolsonaro, cuando se trata de programa y proyecto de país, precisamos fortalecer una alternativa independiente de clase, sin banqueros ni el gran empresariado y los latifundistas. Para eso, es preciso, en la lucha, avanzar en la autoorganización de la clase trabajadora, de la juventud en las periferias, y del pueblo pobre. Es preciso avanzar en la construcción de una alternativa revolucionaria y socialista.

Solo un gobierno de los trabajadores puede poner en práctica un programa que enfrente a los multimillonarios y a los banqueros, y garantizar empleo, salario y derechos, además de vivienda, saneamiento, salud y educación. Solo con los trabajadores y el pueblo pobre movilizados y organizados en el poder vamos a enfrentar la explotación, el machismo, la violencia racista y contra los pobres y la LGBTfobia.

Artículo publicado en www.pstu.org.br
Traducción: Natalia Estrada.