El tipo de partido varía conforme su estrategia. Como el PSTU reivindica la estrategia de la revolución socialista, defiende la concepción del centralismo democrático.

Por: Cilene Gadelha

La caída del aparato estalinista en el Este europeo llevó a la mayoría de la izquierda a cuestionar no solo el socialismo sino también el partido de tipo leninista, responsabilizándolo por la deformación estalinista. La polémica era y sigue siendo la siguiente: ¿los trabajadores deben construir un partido revolucionario como el de Lenin en la época de la Revolución Rusa? ¿O es necesario un “nuevo tipo” de partido, que se combinó en llamar de partidos “amplios” (hoy denominados “anticapitalistas”), semejantes al PT y al PSOL?

La diferencia es que ahora esta discusión no se da más en medio de la campaña de que el socialismo murió como en 1994, pos caída del muro de Berlín, sino en el inicio de una brutal crisis económica que cuestiona los pilares de la sociedad capitalista. También se da en un momento en que el primero y mayor ejemplo de “partido anticapitalista”, el PT, ejerció el poder en el Brasil por más de 13 años.

El capitalismo no se desintegra por sí solo. Para destruir el Estado burgués y construir otro se precisa una acción consciente y planeada, que oriente la rebelión de las masas hacia una revolución socialista. Y eso no se da vía elecciones y conquista de bancas en el parlamento de los patrones sino por la transformación de la lucha de clases en lucha política, en lucha por el poder. Eso solo se hace con un partido.

La clase obrera no consigue tomar el poder sin una fuerte organización que tenga claridad programática. Es preciso tener disciplina, dedicación profesional y planificación. Por eso, la clase precisa de un instrumento que es el partido revolucionario. Un tipo de partido especial, cuya principal referencia es el partido bolchevique construido por Lenin.

La demostración de la historia es incuestionable: ese fue el único tipo de partido que posibilitó a la clase obrera tomar y ejercer el poder. Fue creado un Estado obrero, dando inicio a una transición socialista en las condiciones más adversas, en medio de una guerra mundial y en las condiciones precarias de una Rusia semifeudal.

Dos grandes obstáculos: el sentimiento antipartido y el sindicalismo

El PSTU es un embrión que apunta a la construcción de un partido así. Es para eso que dedicamos nuestras vidas. No es una tarea fácil. Precisamos de un partido fuerte que agrupe dentro de sus filas a los sectores más conscientes de nuestra clase, obreros y trabajadores en general, sean hombres, mujeres, jóvenes, negros, gays, lésbicas, inmigrantes, en fin, todos los sectores más oprimidos y explotados de nuestra clase. Queremos convencer a aquellos que se indignan con el mundo de miseria, a cada activista que surja en las luchas y quiera luchar por el socialismo, para que venga a nuestro partido.

Pero, para eso, tenemos que enfrentar varios obstáculos. El primero de ellos es el escepticismo de los trabajadores con la política y los partidos. Su referencia son los partidos mayoritarios que integran las instituciones del Estado, los parlamentarios y los gobernantes. Viene una elección, se va una elección, y la vida no mejora. Lo que se ve todos los días son escándalos y robos.

Frente a eso, la mayoría de los trabajadores y de los activistas honestos concluye que todo partido es igual. El problema de esa posición es que ella no combate en nada la dominación del capital. Al contrario, facilita el trabajo de la burguesía, de mantener su dominación con menos opositores.

Otro gran obstáculo es la idea predominante en sectores de vanguardia de que su papel debe limitarse a las luchas salariales y por mejoras en las condiciones de trabajo en el ambiente sindical. Esa postura es todo lo que los capitalistas quieren. A la burguesía le interesa que la clase trabajadora no se organice políticamente. Como máximo, permite que se organice en sindicatos (que intenta controlar a todo costo), dejando el control del poder político para los patrones y sus representantes.

Esa postura sindicalista facilita para la burguesía el seguir dominando con sus partidos. Por eso, precisamos de un partido político de la clase trabajadora, que tenga su confianza y que represente sus intereses, no solo inmediatos sino estratégicos, de luchar por el poder político del Estado.

La lucha sindical, por más conquistas que arranque, solo consigue hacer cambios parciales y momentáneos, que pueden ser quitados en cualquier momento. El porcentaje salarial conquistado hoy y la mejora en las condiciones de trabajo son quitados mañana frente a cualquier caída en las ganancias del capitalista. Es una lucha que no tiene fin y no cambia estructuralmente la situación de explotación continua a que está sometida toda la clase trabajadora.

Estrategia y funcionamiento: el ejemplo del PT

Los objetivos estratégicos de los partidos (declarados o no) definen su programa, estatutos y funcionamiento. Eso es lo que llamamos concepción de partido. La mayoría absoluta de los partidos que conocemos hoy tiene un objetivo esencialmente electoral. El sentido común, la conciencia media de las personas entiende que todos los partidos son así, para la disputa electoral. Pero eso no es correcto. Veamos aquí algunos tipos de partido, y cómo su objetivo estratégico define su funcionamiento.

Comencemos exactamente por el más común, el electoral. Dentro de la izquierda, este tipo de partido fue históricamente asociado a la socialdemocracia, por la adecuación a la democracia burguesa europea. En el Brasil, el mayor ejemplo es el PT.

El funcionamiento de estos partidos es adecuado al objetivo electoral. Formalmente existe una libertad completa, pues no existe centralización política. Pero, en realidad, es un funcionamiento ultraburocrático, un burocratismo parlamentario. Son los parlamentarios y gobernantes los que tienen acceso a los medios y pasan para la sociedad su propia posición.

Defienden lo que quieren, sin ningún control de la base. O sea, la posición política conocida por los trabajadores es la definida por los diputados, prefectos y, en particular ahora, el presidente. Los militantes ayudan a elegir los candidatos, pero no tienen ningún derecho de definir lo que los elegidos van a hacer.

Los núcleos de base son una formalidad, cuando existen. Los militantes fueron sustituidos por los afiliados, que mantienen una relación mucho más laxa. Cuando existe un congreso, los parlamentarios que tienen más aparato y dinero llevan a los afiliados en automóviles para votar y siempre ganan las disputas internas. En las elecciones –la tarea más importante de este partido–, la cúpula define las alianzas, los candidatos, el programa de TV, o sea, todo.

Los congresos del PT no deciden nada. Por ejemplo, el último congreso antes de la elección de Lula definió un programa de gobierno basado en el rechazo al imperialismo, y Lula hizo exactamente lo contrario. Todos los congresos petistas votan por la “ética en la política”, y el PT es hoy uno de los mayores ejemplos de corrupción en el país.

El centralismo burocrático estalinista

Otro tipo de partido es el estalinista, que funciona con un régimen centralista burocrático. El objetivo real del partido es garantizar que su dirección pueda hacer todo tipo de acuerdos con la burguesía. Esos acuerdos son imposibles de ser discutidos democráticamente y, por eso, impera el más absoluto burocratismo.

Este tipo de partido nació con el estalinismo en la URSS y rápidamente se diseminó a los partidos comunistas en todo el mundo. En el Brasil, el mayor ejemplo es el PCdoB. Cualquier diferencia con la dirección es punida con la expulsión. No existe ningún debate interno real y las tendencias no son permitidas.

Como parte de la campaña contra el socialismo en la década de 1990, la burguesía asoció todos los tipos de partidos revolucionarios que funcionan con centralismo a este tipo de funcionamiento burocrático.

El centralismo democrático de Lenin

En realidad, el centralismo democrático definido por Lenin es opuesto al centralismo burocrático estalinista. Como el objetivo estratégico es la lucha por el poder, son necesarias tanto la centralización como la democracia.

Sin centralización no existe lucha por el poder, pues es preciso enfrentar el Estado burgués centralizado. No existe ningún ejemplo en la historia de revolución socialista victoriosa sin un organismo centralizado en su dirección, sea un partido o un ejército.

Y, como el objetivo es que la clase obrera tome y ejerza el poder (y no solamente el partido), es fundamental la existencia de la democracia para precisar la política concreta para cada movilización y formar auténticos dirigentes de las luchas. Esos dirigentes tienen que formarse en el debate con libertad, o no tendrán iniciativa, autonomía y capacidad para dirigir la revolución.

Por ese motivo, en el centralismo democrático existe un amplio debate interno. Después del debate, se vota y todos aplican centralizadamente la política de la mayoría. Después de la aplicación se hace el balance de la política votada, se corrigen los errores, etc.

La mayor instancia de la democracia es el congreso, en el que la base decide, a través de los delegados electos, la política que el conjunto del partido va a aplicar. Eso significa que la dirección electa en el congreso tiene que aplicar lo que fue decidido por el conjunto de los militantes. Y, evidentemente, los parlamentarios, cuando existen, también están obligados a aplicar la misma política definida por todos.

Diferencias de concepción entre el PSTU y el PSOL

Existe muchos activistas con expectativas en el PSOL. Entre ellos, militantes y grupos que defienden una estrategia socialista revolucionaria. Lamentablemente, el PSOL no es un partido revolucionario y, por eso, no existe defensa de la revolución socialista en su programa. Es un partido reformista, electoral. Es uno de los “partidos anticapitalistas” que están siendo organizados en el mundo.

No es el primero en el Brasil. Esa propuesta de un partido que une reformistas y revolucionarios, con un programa anticapitalista difuso, sin definición por la revolución socialista y con un funcionamiento socialdemócrata tuvo su estreno en el Brasil con el PT, el primero de los “partidos anticapitalistas”. No por casualidad dio en lo que dio.

En general, en la polémica con el centralismo democrático, los defensores de los partidos electorales resaltan la “amplia democracia” de partidos como el PT y el PSOL. Ya está claro en el ejemplo petista que eso no existe. Y es impresionante cómo el PSOL, lamentablemente, sigue los pasos del PT con enorme rapidez.

Los núcleos de base no funcionan. Por eso, cada una de las corrientes del partido tiene una posición diferente en las luchas. Eso no es fundamental para el PSOL, porque el centro del partido está en las elecciones y no en las luchas directas de los trabajadores. La política del PSOL es la divulgada por sus parlamentarios y figuras públicas y no la definida por la base en los congresos.

La base del PSOL solo tiene derecho a buscar votos en las elecciones, exactamente como en el PT. Y los congresos son definidos también como en el PT: quien tiene más aparato (o parlamentarios) puede llevar en automóviles a más afiliados para votar y ganar las votaciones. Ganan los que tienen más aparato y no los que tienen mejores argumentos.

La experiencia del PSTU

El PSTU es un partido revolucionario que tiene el centralismo democrático como base para su funcionamiento. Es un partido de rebeldes, de dirigentes de las luchas, que defienden sus opiniones en reuniones casi siempre polémicas. En casi todos los congresos existen tendencias con posiciones distintas de la mayoría de la dirección, que pueden defender sus opiniones libremente y publicar sus textos con los mismos derechos que la dirección.

Los núcleos del partido tienen ese mismo funcionamiento, decidiendo la política, por ejemplo, para una huelga. Después del debate, el núcleo vota una posición, todos la aplican, y después se hace el balance. Como se trata de un partido que tiene centro en las luchas directas de todos los días, no en las elecciones, ese funcionamiento es absolutamente necesario.

El resurgimiento del debate sobre el socialismo debe reencender también la discusión sobre concepción de partido. Y, de la misma manera que el PSTU reivindica la estrategia de la revolución socialista, defiende la concepción del centralismo democrático.

Traducción: Natalia Estrada.

Publicado originalmente en la edición especial de los 15 años del PSTU.