Un tema del cantautor argentino Alberto Cortez dice: “Cuando un amigo se va, queda un espacio vacío…”. Y eso es exactamente así. Cuando la muerte nos arrebató hace un año a nuestro amigo y camarada Dirceu Travesso, Didi, quienes lo conocimos y tuvimos el privilegio de compartir con él luchas, algunos logros, y derrotas, claro, sentimos ese vacío.

Por: Marta Morales

Porque Didi fue un revolucionario. Y cuando decimos esto no es para nada una palabra vacía, carente de contenido y/o expresión de moda. Cuando decimos Didi revolucionario, estamos diciendo un militante (como muchos otros, tal vez menos conocidos y reivindicados) que entregó cada día de su vida a la construcción de una herramienta que condujera a la clase obrera a la toma del poder.

Todos sus esfuerzos, aun cuando ya su salud se quebrantaba de forma acelerada, estuvieron puestos al servicio de esa construcción, en la lucha por la unidad internacional de la clase trabajadora, en la búsqueda de esos activistas y de esa vanguardia que en todo el mundo quiere destruir este sistema corrupto y decadente para construir en su lugar una sociedad nueva y libre, una sociedad socialista.

Y Didi, por sobre todas las diferencias, las discusiones, los errores, fue nuestro amigo solidario, abnegado y honesto. Adjetivos estos que muchas veces son difíciles de encontrar tan visiblemente en las personas. Fue alumno, porque siempre estaba aprendiendo de la realidad y de las experiencias de la clase, y fue maestro, porque como pocos era capaz de transmitir eso que aprendía a los más jóvenes y nuevos revolucionarios.

Era también un excelente “orador de barricada” como suele decirse en nuestra jerga. Y eso significa que su palabra, por ejemplo, levantaba el espíritu y la voluntad de lucha de los trabajadores bancarios en huelga e impregnaba de ese mismo espíritu y voluntad a los militantes del partido, nos llenaba de energía para la lucha que teníamos que encarar, nos “convencía” de que nada era imposible en la batalla por cambiar esta sociedad.

Y era, además, un tipo simple, cabrón y simpático, atento y gentil… Cuando volvía de algún viaje, al que en los últimos tiempos había ido sobreponiéndose a los dolores y malestares que provocaba su enfermedad, no olvidaba nunca traer un buen vino francés o español o un salame italiano para nosotros, sus compañeros de lucha. Y cuando estaba aquí y salía del hospital, preparaba algún paté de berenjenas, de queso gorgonzola (que él ni podía comer), compraba pan italiano y pasaba a dejárnoslos y a conversar un poco para hacernos el día más feliz.

Didi fue un revolucionario. Por eso su partida dejó un vacío tan grande. Aún así, quienes seguimos en esta lucha hemos tomado la posta y su ejemplo para continuar. Así, la CSP-Conlutas logró concretar este año su segundo congreso, la Red Solidaridad Internacional pudo hacer su segundo encuentro internacional, nuestra compañera Juliana consiguió ser parte de la mesa directiva del Banco do Brasil en representación de los trabajadores… y la lista de pequeñas y grandes batallas de cada día es infinita.

La realidad empuja hacia adelante y aunque él no esté más entre nosotros, está con nosotros en días como hoy, en el que hacemos uso de nuestras fuerzas y experiencias para mover a la clase brasileña en la búsqueda de una alternativa de los trabajadores contra el gobierno Dilma y la oposición burguesa; en la lucha política e ideológica que se da en Grecia, por ejemplo, frente al imperialismo, la troika y la burguesía; en la terrible situación que en Europa y en todo el mundo afecta a los refugiados y los inmigrantes; en las huelgas y enfrentamientos que nuestra clase lleva a cabo en todas partes contra el corte de derechos y contra toda la ofensiva capitalista; y hasta en esta propuesta de actualización de nuestro programa revolucionario para encarar la realidad y dar una respuesta y una salida a los trabajadores de todo el mundo.

El vacío que dejó su partida es grande; aún así intentamos llenarlo cada día, en cada lucha, en cada encuentro con los compañeros que en todo el mundo lo conocieron y respetaron por sus posiciones, por su rebeldía innata, por su sonrisa amigable y su energía revitalizadora, y sobre todo, por su dedicación a la causa del socialismo.

Por eso, aunque parezca trillado, a un año de tu ausencia, tus camaradas de ruta, tus compañeros del partido y de la LIT-CI y tus amigos te decimos: Compañero Didi, hasta el socialismo siempre!