Los hechos son tan conocidos que no hacen falta ser detallados. Y no es para menos, pues la llegada de Colón a América fue uno de los hechos más importantes de la toda la Historia. Por eso, pese a los 523 años que pasaron, aún vale preguntarse ¿cuáles fueron las causas y consecuencia del 12 de octubre de 1492?

Carabelas en busca de riqueza

Lejos de “civilizar” o “evangelizar”, el objetivo de los viajes de Colón siempre se menciona como algo secundario: la búsqueda de oro y especias. Lo que no se dice, es que el oro y las especias eran las “commodities” de aquella época, como hoy lo son la soja o el petróleo: mercaderías cuyo valor las convierte en el eje de la economía. De hecho, fue la escasez de estas mercaderías lo que llevó a los algunos países a lanzarse al mar buscando alternativas. Así, mientras Portugal usó la ruta alrededor de África para llegar a Asia, España optó por cruzar el océano, hallando un continente desconocido.

Este hallazgo transformó todo. Los recursos naturales descubiertos expandieron la economía de Europa a niveles impensados, acelerando el desarrollo de los medios de producción y la ciencia, llevando a involucrar en esa cadena productiva no solo a América sino a África e incluso al Lejano Oriente. Había nacido un mercado mundial, que conectó y conecta la vida de cada país a la situación del mundo entero. En cierto modo, más que “venir” en carabela, la civilización moderna nació de esos viajes.

En la mayor parte de América, las potencias europeas establecieron explotaciones basadas en la extracción inmediata de recursos naturales, empleando mano de obra por lo general esclava: un tipo de industria muy rentable para Europa, pero que obstruía el desarrollo en América: una realidad económica que se ha mantenido casi imperturbable a través de los siglos, y que aún hoy hay que revertir con una segunda y definitiva independencia.

La “raza” americana, cuyo nacimiento muchos países festejan cada 12 de octubre, se desarrolló como subproducto de esta forma de hacer negocios, y nunca dejó de reflejar el “orden étnico” impulsado por los conquistadores: sociedades en las que los “blancos” eurodescendientes tienen el poder, mientras que negros e indios son marginados y desposeídos.

El paraíso de los originarios: mito y realidad

Basándose en esto último, muchos afirman que la colonización tuvo principalmente un carácter nocivo. Quienes comparten esa visión –que no tiene en cuenta que el aislamiento de los pueblos originarios respecto del resto del mundo, constituía una traba para su desarrollo- suelen describir las culturas originarias casi como utopías. Incluso hay quienes llegan a menospreciar la resistencia aborigen, sobre la base de esta creencia.

Por el contrario, no solo casi todos los pueblos originarios tenían o tuvieron conflictos entre sí y con otros pueblos, sino que además en ciertas regiones existían estados fuertes, bien organizados y gobernados por castas, que oprimían a naciones enteras. Es el caso de los aztecas de Tenochtitlán (hoy Ciudad de México) que fueron vencidos por los españoles con ayuda de los tlaxcaltecas, frecuentemente oprimidos por los aztecas. En cuanto a la resistencia de los originarios, en el afán por denunciar el genocidio de los conquistadores, suelen menospreciarse las luchas contra los invasores europeos, que en muchos casos tuvieron éxito por largo tiempo. De hecho, es recién con la segunda revolución industrial que se logra acabar con las últimas zonas en manos de nativos, es decir, a fines del siglo XIX. Además, los partidarios de las idealizaciones de la América originaria también pasan por alto, o tratar de “excepciones” los no pocos casos de líderes y nobles aborígenes que fueron absorbidos por la sociedad colonial y los posteriores países americanos como parte de las clases dirigentes.

Lo cierto es que la lucha de los pueblos originarios más que contra los invasores europeos era contra la propia historia. Poco podía hacer su aislamiento –y los consecuentes errores políticos y organizativos- contra el mercado mundial que se creaba a partir de la colonización. Eso le sumó un tono aún más trágico a su resistencia

El capitalismo nació salvaje

Por otro lado, al centrarse en repudiar en general todos los crímenes, destrucción y saqueos cometidos por los conquistadores, los partidarios de la visión idílica del pasado nativo diluyen la causa de tales acciones, como si fuera la simple maldad personal o el “espíritu de época”, lo que llevó a los europeos a actuar así. En realidad, fue la misma razón que los llevó a cruzar el mar la que les hizo derramar ríos de sangre: buscar ganancias, abastecer al mercado. Los “conquistadores” solían provenir de la baja nobleza, el sector menos favorecido por el reparto de riqueza en el viejo continente, y la colonización les ofrecía un atajo. Esa es la causa tanto de su avidez como de su falta de escrúpulos. Pero ellos solo cumplían su función social: no existía en ese entonces, ni ahora, una forma “civilizada” o “humanitaria” de saciar la voracidad del capital. El capitalismo nació brutal y nunca dejó de serlo. En ese sentido, los crímenes de los conquistadores solo fueron un adelanto de lo que vendría después.

El “nuevo mundo” está por construirse

Aun así, la entrada de América en el mercado mundial fue lo que permitió el salto vivido en estos cinco siglos en el desarrollo y en todos los niveles de vida. Eso hace que, pese a todo, la colonización haya sido un paso adelante para la humanidad.

Es cierto que las injusticias y desigualdades creadas con la conquista de América generaron contradicciones que han ayudado a acabar con la capacidad del capitalismo de crear progreso. Y que de haberse incorporado a los pueblos originarios integrándolos en vez de esclavizarlos o exterminarlos, tal vez el propio desarrollo de la ciencia, la industria y la agricultura hubiesen sido más rápidos: basta imaginarse a los astrónomos mayas investigando con Galileo.

Pero la historia no puede volverse atrás, solo queda pelear por el futuro. Por eso, ante la decadencia del capitalismo, es hora de reemplazar este sistema que nació destruyendo culturas enteras, esclavizando y saqueando; con una sociedad más justa, que integre los conocimientos y capacidades de cada individuo y grupo humano para satisfacer las necesidades de cada persona: un mundo socialista. Y aunque suene paradójico, fue la violenta colonización de América, al unificar el mundo en un solo mercado, la que sentó las bases para permitir construir una sociedad así.