Soy hombre, cis y heterosexual. Para los hombres que me van a leer y no saben qué significa cis, les recomiendo que hagan una breve búsqueda en google por el término cisgénero.

Por David Espinosa, del MIT-Chile

Esta carta es dirigida a los hombres, no a las mujeres, que ya tienen una comprensión mil veces superior a la nuestra sobre lo que está en discusión. Nosotros estamos atrasados. Mentalmente atrasados. Y nuestro retraso tiene consecuencias muy graves en la sociedad y principalmente para las mujeres.

Todos estamos acompañando, en las últimas semanas, el caso de Antonia Barra y Martín Pradenas. Después de acusar (a personas cercanas) haber sido violada por Martín Pradenas, Antonia se suicidó. Se abrió una investigación y están surgiendo varios nuevos elementos – más acusaciones en contra de Pradenas, un video que muestra los dos llegando a la casa arrendada por él, el video de Pradenas defendiéndose, etc.

Cada vez que leo una nueva noticia sobre este caso, mi estómago da vueltas. Si a ustedes eso no les pasa, deben preguntarse por qué. Este texto es para que ustedes, nosotros, reflexionemos sobre nuestras conductas, actuales y pasadas.

En primer lugar, quiero que se imaginen en la situación descripta por Antonia. Estaba en un carrete con sus amigas y cuando se dio cuenta estaba en una casa con Pradenas arriba suyo. La investigación cada día aporta nuevos datos e informaciones. Todo indica que Pradenas con un grupo de amigos se aprovecharon de la situación de ebriedad de Antonia y la llevaron hasta la casa que tenían arrendada. No se sabe todavía si le dieron otras drogas. Cuando recupera la consciencia, Antonia está siendo violada por Pradenas. Por lo que todo indica, la violación fue planeada y Martín Pradenas ya tenía un histórico de cometer abusos con otras mujeres. Si eso es así, y todo apunta que sí, no hay nada que discutir. El lugar de Martín Pradenas (y de sus cómplices) es en la cárcel.

Pero imaginemos que Martín Pradenas no haya planeado nada. Que se encontró con Antonia en el carrete, ella ya estaba ebria y decidió, de forma “más o menos voluntaria”, irse con él a la casa que tenían arrendada. Pongámonos ahora en el lugar de Antonia.

¿Cuántas veces nosotros hombres no salimos borrachos de un carrete y nos quedamos en la casa de amigos (o incluso de personas desconocidas) o pasamos la noche con alguna mujer? Eso no nos debería impresionar. Si nosotros ya hicimos esto, las mujeres también lo hacen. Pero con ellas hay una diferencia. En general nosotros hombres no nos preocupamos mucho con lo que nos puede pasar en esos lugares y casi nunca pensamos que nos pueden violar en la noche. Ese riesgo existe, obvio, pero es muy pequeño. A las mujeres sí les pasa y con mucha frecuencia.

Ahora imagina que saliste con una chica después de un carrete, borracho, y se fueron a su casa. Esa noche no querías tener sexo – sea por que no tenías ganas o porque estabas tan borracho que era imposible. Te acuestas a dormir y despiertas con la mujer violándote. Es difícil de imaginarlo, ¿cierto? Sí, es muy difícil, porque son casos muy raros. Muchos pueden incluso haber pensado “qué rico sería despertar con mi pene dentro de ella”. Sí, el machismo nos lleva a pensar ese tipo de cosas. Ahora les voy a poner en una situación un poco más incómoda de imaginar. Imagínense que después del carrete te quedas en una casa con otras personas. En la noche, te despiertas con un varón penetrándote. ¿Cómo te sentirías? Obviamente esta situación sería inaceptable, para un hombre hetero u homosexual. ¿Y cómo reaccionarías? Seguramente en tu cabeza estás diciendo: “yo lo mataría”. Exacto.

Por lo que todo indica, Antonia Barra despertó con Martín Pradenas violándola, teniendo una relación sexual sin su consentimiento, mientras ella dormía. Antonia Barra no lo mató (podría haberlo intentado y sería legitima defensa). Seguramente si intentara reaccionar podría ser aún más agredida, ya que posiblemente Martín Pradenas tenía más fuerza física. Antonia huyó del lugar, sintiéndose humillada, sucia, culpable. Le contó la situación a algunas amigas y a su ex pareja. Su ex pareja no la apoyó, la juzgó y la humilló aún más. Se sintió aún peor. Sucia, humillada, culpable. Se suicidó.

¿Y qué tiene que ver ese caso con nosotros, los hombres que supuestamente nunca haríamos esto?

Tiene todo que ver.

Muchos estamos pensando: yo nunca hice y nunca haría eso. Es verdad. Gran parte de nosotros nunca llegará a ese nivel de machismo. Sin embargo, las mujeres cada vez más desconfían de nosotros. Justamente porque los casos de abusos, acoso o violaciones no vienen de tipos locos o psicópatas. Vienen de hombres “normales”, muchas veces de familiares, parejas o “pinches” en quienes confían. Tienen razón en desconfiar. Sería posible incluso que Antonia haya encontrado a Martín Pradenas un joven guapo, educado, bien vestido. Y decidió irse con él. Nunca esperó que sería violada.

¿Y por qué eso tiene que ver con nosotros? No solo porque las mujeres cada día desconfían más de nosotros. Ellas no desconfían porque son “locas” o “feminazis”. Desconfían porque su día a día, lo que vivieron y lo que viven apuntan que todo hombre es un potencial acosador, agresor o violador.

Desde niños somos educados a naturalizar el acoso y la violencia contra las mujeres. No estoy diciendo que eso sucede con todos los hombres, pero en general es así. Nuestra educación en la escuela, en la familia y entre nuestros amigos nos enseña a ver a las mujeres como nuestros objetos sexuales, nos enseña a ser violentos, nos enseña a no expresar nuestras emociones, porque llorar es cosa de “niñas”, etc. Nuestra educación sexual es casi toda realizada viendo videos porno. Aprendemos a tener relaciones sexuales viendo videos en pornhub y otras paginas. No conversamos sobre las relaciones sexuales en la escuela, ni en la mayoría de las familias. Cuando mucho, recibimos una recomendación de nuestra madre o padre para usar condón. Hasta allí llega. Todo el resto lo hace pornhub.

En la gran mayoría de las paginas de porno, hay miles de videos de mujeres siendo obligadas a tener sexo, muchos de ellos son incluso reales. Las mujeres intentan escapar, dicen que no, pero el varón insiste y después todo “sale bien”, ya que a las mujeres les termina “gustando”. “Solo se estaban haciendo difíciles al principio”. Eso es lo que pensamos, eso es la forma como nos (des)educan. No sabemos recibir un “no”, creemos que las mujeres quieren, pero no saben como decirlo o se hacen difíciles. Por eso insistimos, somos desubicados y muchas veces pasamos a la agresión. Entre ser desubicado y la agresión hay un camino corto. Como no sabemos lidiar con un “no” y no aprendimos tampoco a expresar nuestras emociones, reaccionamos con violencia. La violencia es el lenguaje masculino en gran parte de los casos dónde mucho se podría solucionar con una buena conversación y algunas lágrimas.

Además de todo eso, tampoco conocemos el cuerpo y el placer de las mujeres. Como casi toda la pornografía está volcada al supuesto placer masculino, no sabemos como dar placer a las mujeres. Sí, eso es así. La mayoría de los hombres no sabemos dar placer a las mujeres porque no conocemos sus cuerpos y deseos. Y más. Pensamos que conocemos nuestro propio cuerpo, lo que también no es real. Muchas veces limitamos el sexo a la penetración cuando el sexo puede ser mucho más placentero que eso.

En resumen, la forma como la sociedad nos (des)educa, a la gran mayoría de los hombres, nos transforma en potenciales acosadores o agresores. ¿Cuántos de nosotros nunca tiramos un piropo a una mujer en la calle? ¿O no la miramos de forma que ella se sintiera incomodada? Esas “pequeñas” cosas generan miedo, incómodo y rabia en las mujeres. Las mujeres andan en alerta todo el tiempo. Qué mierda, ¿no?

¿Y qué podemos hacer? ¿Somos los únicos culpables de esta situación?

Como hombres, tenemos mucha responsabilidad en la situación actual. Pero como individuos no tenemos toda la responsabilidad. Para cambiar eso no basta con cambiar nuestras actitudes individuales, tenemos que cambiar toda la sociedad. Las desigualdades entre hombres y mujeres no dependen solo de nosotros como individuos. Hay un sistema económico, social y cultural que hace que las mujeres tengan que sacrificar gran parte de su vida para cuidar de los hijos, familiares enfermos, para hacer las tareas domésticas y además de eso, trabajar fuera del hogar, dónde ganan menos que los hombres, tienen menos posibilidad de ascender socialmente, etc. Hay un sistema social donde la prostitución, la pornografía, la trata de mujeres, los cafés con piernas, etc., generan enormes ganancias para los dueños de esos negocios. Hay un sistema económico y social dónde los empresarios (y empresarias) y gobiernos ahorran plata cuando las mujeres hacen el trabajo doméstico gratuitamente… Y hay un sistema que estimula el machismo, la violencia y la desigualdad de género (y varias otras clases de opresión – a los indígenas, a los negros, etc.) para que las mujeres y los hombres que sufren las peores consecuencias del capitalismo no puedan unirse para luchar contra los que dominan la sociedad y se benefician de la desigualdad y de la explotación.

Para que cambiemos nuestras actitudes como hombres debemos estar conscientes de lo que somos, de cómo fuimos educados, de cómo funciona esta sociedad, de lo que sienten las mujeres, etc. Desafortunadamente, la mayoría de los hombres (y de las mujeres) tenemos poco tiempo para buscar ser conscientes de algo. La vida en el capitalismo es enajenada. En el trabajo, en la familia, en las relaciones personales y amorosas. La lucha para cambiar a los hombres y acabar con el machismo en todas sus formas tiene que ir de la mano con la lucha para cambiar toda la sociedad, o fracasaremos. Si no logramos, como sociedad, crear las condiciones para que las mujeres no sean las principales responsables de las tareas domésticas y darles tiempo para organizarse e disponer de su vida, si no logramos conquistar una reducción en la jornada laboral para que tengamos más tiempo, hombres y mujeres, para pensar, disfrutar nuestras familias, estudiar, organizarnos, si no logramos tener mejores sueldos que nos permitan vivir sin tener la preocupación inmediata y permanente de buscar la forma de sobrevivir… si no logramos estas cosas, será imposible tener hombres (y mujeres) completamente nuevos y conscientes.

Por ello, es fundamental que luchemos, mujeres y hombres, principalmente las trabajadora, los trabajadores y la juventud, para acabar con este sistema. El capitalismo condena la mayoría de las mujeres y hombres al hambre, a la miseria y a la violencia. Solo en otra sociedad, organizada de forma completamente distinta, donde todo sea organizado para satisfacer a las necesidades de las personas y no a la ganancia de un puñado de familias ricas, será posible crear las condiciones para acabar con las raíces del machismo, del racismo, de las opresiones contra los pueblos originarios, etc.

Identificar que hoy vivimos en un sistema económico, social y cultural que estimula el machismo y que gana mucho con él y que debemos cambiarlo no significa quitarnos las responsabilidades como individuos.

Como hombres, no podemos estar en silencio mientras vemos casos como el de Antonia Barra. Tenemos que hacer algo, tenemos que cambiar.

¿Por dónde podemos empezar?

No siendo una traba para que las mujeres que tenemos en nuestro entorno puedan tener tiempo para dedicarse a estudiar, trabajar y organizarse (sindicalmente, políticamente, culturalmente). Esto significa compartir el trabajo doméstico, cuidado de los hijos, etc. Si somos dirigentes sociales o sindicales, debemos estimular y crear las condiciones para que las mujeres participen de los espacios de organización en su lugar de trabajo, barrio, etc.

Debemos reflexionar permanentemente sobre nuestras actitudes:

NO debemos acosar las mujeres en la calle, no debemos tirarle piropos o decirle cosas a mujeres que no conocemos. A las mujeres que conocemos, tenemos que saber diferenciar entre un elogio y un piropo. Y que estemos preparados para corregirnos cuando una mujer dice que estamos siendo inconvenientes.

NO debemos mirar las mujeres en las calles como si quisiéramos tener relaciones sexuales con ellas.

NO debemos gritar con nuestras parejas, hijas u otras mujeres. Si estamos en una discusión fuerte y vemos que la cosa está saliendo del control, es mejor detenerla y seguir conversando después.

Aprendamos a entender que cuando una mujer nos dice “no” está diciendo exactamente eso. Si no quiere besarte, no quiere besarte. Si no quiere tener relaciones sexuales contigo, no quiere tener relaciones sexuales contigo.

NUNCA debemos aprovecharnos de una mujer que esté ebria. Lo mejor en estos casos es evitar hacer cualquier cosa si nos damos cuenta que la mujer está ebria, ya que ella incluso puede no estar totalmente consciente de lo que está haciendo.

Conversemos sobre nuestras emociones, sea con amigos varones, familiares, amigas y con nuestras parejas. Hablar sobre lo que estamos sintiendo nos ayuda a entender todo eso. Cuando no hablamos, acumulamos las emociones y eso nos puede llevar a explotar de forma violenta.

Busquemos información sobre la desigualdad de género, la violencia contra las mujeres, la sexualidad, etc. Informémonos.

Y por último, luchemos con las mujeres para cambiar la sociedad y a los hombres. Debemos combatir las actitudes machistas de nuestros amigos y familiares. Debemos INTERVENIR cuando vemos alguna agresión contra una mujer – sea de un vecino o incluso de un desconocido. No podemos estar silenciosos en casos como el de Antonia Barra.

Tenemos que exigir JUICIO y CASTIGO a todos los violadores. Si no es por el convencimiento, que sea por el castigo.

Por Antonia Barra, por todas las mujeres que fueron asesinadas, violadas, agredidas y acosadas, y por nosotros mismos, ¡CAMBIEMOS!, combatamos diariamente nuestro machismo para que podamos luchar codo a codo con nuestras compañeras por una sociedad libre de opresión y explotación.